jueves, 9 de diciembre de 2010

Nacimiento

En estos días que nos toca vivir, tan alterados, complicados, llenos de temores, se me ocurrió escribir sobre el nacimiento, justamente del nacimiento de un hijo, algo que muchas veces se espera, se anhela, que suceda ya, como por arte de magia. Pero la espera se hace larga, tan larga como los nueve meses del embarazo, mucho tiempo, poco tiempo, los días corren rápidamente para quien espera con calma.
El nacimiento de un hijo es un momento único e irrepetible como cada hijo que nace, por eso la espera se convierte en intriga, en un montón de preguntas, que solo se contestarán cuando se produzca el nacimiento
El día del nacimiento, que luego será el día de cumpleaños, es un día para compartir con los más cercanos, los más entrañables, con la esencia de la familia.
Madre, padre e hijo, en un minuto se vuelven familia. Ese minuto es para guardarlo en un rincón del alma, para siempre, para compartirlo de ahí en más, con la alegría y la angustia, sentimientos que produce el nacimiento de un hijo.
¿Qué deseos tenemos para este nacimiento? ¿Qué se espera de ese hijo por nacer?
Tendrán miles de respuestas estas preguntas. Pero tal vez deberíamos pensar que espera ese hijo.
Creo que este tiempo, cercano al nacimiento, a la llegada de un hijo a un hogar, es un tiempo para reflexionar.
Estoy segura que ese niño espera amor, cobijo, sostén, abrigo, caricias, palabras amables, cuidados y alimento para el cuerpo.
Luisa Bengolea
diciembre de 2009
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