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viernes, 29 de agosto de 2014

Parto natural versus cesárea: cómo volver a lo simple

En el Roque Sáenz Peña cinco primerizas ya parieron utilizando un banquito que permite pujar en cuclillas. En lo privado, un médico logró bajar el número de cesáreas gracias a las doulas. Qué dice la ley que promueve el respeto de las mujeres al momento de parir


Argentina tiene una ley de "parto respetado". (Pequelia.es)      
Virginia Giacosa / Lisandro Machaín


Volver a lo simple, redescubirlo. Esa es la bella tarea que persiguen quienes trabajan en la ciudad por un parto natural y ante todo respetado. "Hay que entender que no se trata de una enfermedad. Con los años el parto pasó de ser un acontecimiento natural a un acto médico y quirúrgico", advierte Gustavo Baccifava, director de obstetricia del hospital Roque Sáenz Peña, que desde hace varios años se encamina hacia una serie de modificaciones en el sistema de salud que apuntan al respeto de los tiempos biológicos y psicológicos de las mujeres al momento de parir. En lo que va de 2012 cinco mujeres dieron a luz a sus hijos en un banquito de madera que permite el parto vertical y quieren tener a futuro un espacio que permita integrar en una misma sala: trabajo de parto, parto y reposo de la mamá sin necesidad de traslados a quirófano.

A veces sólo las mujeres son concientes, aunque más no sea una vez que ya parieron, de las situaciones de violencia obstétrica que padecen desde que ingresan a un centro de salud. “Calláte mamita”, “Bien que te gustó cuando te lo hicieron”, "¿Qué? ¿Nunca te metieron un dedo?", "Vamos, no seas llorona" y "Aguantatelá" son algunas de las frases que resuenan en el interior de hospitales públicos y clínicas privadas. Situaciones que de tan naturalizadas hasta forman parte, a modo de ironía, de campañas que defienden la posición de elegir de las mujeres e invitan a tomar conciencia sobre la violencia obstétrica.

Desde 2004, en la Argentina existe la ley 25.929 de parto respetado. La norma ordena una serie de premisas que la salud pública y privada deben tener en cuenta a la hora del nacimiento. Entre ellas figuran: evitar prácticas invasivas, suministro de medicación innecesaria e informar sobre las diferentes intervenciones médicas y, ante todo, la posibilidad de que la parturienta pueda elegir. Pero no siempre se cumplen.

"A veces la misma familia cuestiona algunas pautas porque están acostumbrados a otra cosa. Preguntan: ¿No le va a colocar un suero? ¿No le va a romper la bolsa? Son recursos humanos y tecnológicos que siempre están a mano pero que no corresponde utilizarlos por rutina", aclara Baccifava.

Pero cómo no sentirse "enferma" si cuando una mujer llega a la institución se le coloca una bata, un suero que rara vez le permite una buena movilidad, se le hacen llenar planillas y, en definitiva, se la interna. "No hay que perder de vista que para parir somos mamíferos, no hay que usar la intelectualidad. Por eso no hay que estimular a la mujer en ese momento, no hay que hablarle ni preguntarle demasiadas cosas. Tiene que irse a otro mundo", explicó el obstetra.
Y sobre todo, para el profesional, tiene que estar acompañada de la persona que ella elija. Porque además de lo que establece la ley de parto respetado (25.929), una normativa provincial (12.443) establece el derecho de ser acompañada en ese momento que no es uno más en la vida. En la actualidad, los partos respetados son un porcentaje pequeño y casi siempre se dan fuera de la institución médica. Porque ahí, el parto se reduce a un acto quirúrgico que pareciera que ante todo hay que apurar.
Pese a que la Organización Mundial de la Salud recomienda que el número de cesáreas no debe superar el 15% en la realidad ese número es muy superior. Entre lo público y lo privado la cantidad de cesáreas va del 30 al 70% y se estima que el 41% se realizan por conveniencia del médico. En la maternidad Martin ese número logró bajarse al 23% y en el Roque Sáenz Peña a 21% en 2012.
En Rosario, existen pocas pero valiosas experiencias que van hacia un parto respetuoso. En el hospital Roque Sáenz Peña, desde hace un año y medio existe un banquito que permite el parto vertical. Es el único en la ciudad y hasta ahora parieron cinco madres primerizas.

"No es nada tecnológico. Es de madera, está hecho por un artesano y se utiliza para hacer el trabajo de parto y pujar sentada o en cuclillas", expresó el médico. Y añadió: "Algunos piensan que se trata de un retroceso, pero está comprobado, no sólo por la ley de gravedad, que parir en esa posición es mucho mejor que de manera horizontal y en una camilla". 

Hacia el futuro, el hospital piensa en habilitar una sala llamada TPR que integre el área de trabajo de parto y reposo o recuperación donde las mujeres puedan realizar todo el proceso de parto sin necesidad de ser trasladadas a quirófano .

A estas iniciativas, que se dan más que nada en el espacio público, se suman algunas, aunque aisladas, que se pueden destacar en las clínicas privadas. Desde hace seis años el obstetra Hugo Páez no trabaja solo en el momento del parto. La mayoría de las veces es asistido por doulas. Sabe que lo suyo no es común. Y reconoce que cuando las pacientes llegan a la clínica con contracciones, pero también con sahumerios, pelotas, música y pujan en cuclillas o se sientan en el suelo, sus colegas se ríen un poco y ya saben a qué médico vienen a ver.

"Las mujeres que trabajan previamente con las doulas llegan de una manera diferente al parto", sintetiza el médico obstetra del Sanatorio Británico. Y añade: "La mayoría de las pacientes llega y me dice que sabe que trabajo por un parto vaginal y que quieren tener un parto natural, sin nada. Poder caminar, tomar agua y que no le estén escuchando el bebé con una cinta de monitoreo. Y entonces vamos por eso". 

Páez confiesa que antes de trabajar con las doulas el índice de cesáreas que tenía en su haber profesional era del 20 por ciento, mientras que con la llegada de estas acompañantes descendió a un 10 por ciento. "Para el parto natural es que nos preparamos los obstetras, por eso no somos cirujanos", concluye.

martes, 30 de julio de 2013

Así nació mi hijo en el ala pública del hospital de St. Mary’s de Paddington

INTERNACIONAL
Borja Bergareche / Corresponsal en Londres
Día 23/07/2013 - 12.10hs

Nuestro corresponsal en Reino Unido describe su propia experiencia al tener un bebé en la sección de la Seguridad Social del centro donde dio a luz ayer la Duquesa Catalina
ABC


Entrada al Ala Lido, sección privada y de pago del Hospital de St. Mary’s en Paddington

Luces bajas, nada de batas verdes, y sin potro a la vista. Tener un bebé en un hospital público del Reino Unido después de haber pasado por la misma experiencia en clínicas españolas desenmascara el incomprensible apego en España al modelo quirúrgico de parto, pensado más para la propia comodidad de ginecólogo que para las necesidades de la embarazada, o del cuerpo humano. ¿Por qué tumbar a la mujer y humillarla con las piernas arriba cuando la anatomía humana y la ley de la gravedad piden verticalidad a gritos?

Cada parto es una experiencia diferente, cada mujer un mundo, y cada pareja, cuando la hay (el 47,5 por ciento de los bebés británicos nacen ya de madres no casadas), un territorio personal e intransferible. Por ello, esto no es un intento de sentar cátedra, sino de describir una experiencia. Hace casi un año mi mujer dio a luz en el hospital de St. Mary’s de Paddington, el mismo en el que ingresó ayer la Duquesa Catalina. Títulos nobiliarios aparte, nuestro bilbaíno nacido en Londres -por esa conocida prerrogativa de poder nacer donde queremos- asomó la cabeza en la maternidad del hospital, un centro público -y gratuito- de la Seguridad Social británica (NHS), y no en el Ala Lido, el anexo privado donde nació el nuevo Heredero al trono.

El plato de pasta era tan incomible que decidimos irnos a casa
El coste para los Cambridge, entre 5.000 y 12.000 euros en función del tiempo que pasen en la habitación individual, con aire acondicionado y televisión por satélite. El coste para nosotros, cero. En el ala pública no hay tele, pero eso da igual. El plato de pasta era tan incomible que decidimos ir a casa apenas unas horas después del parto, sin desprecio a la confortable cama de matrimonio que tienen las 4-5 habitaciones de este tipo de «birth centres».

¿Quién habrá decidido en España que a los hombres nos gusta conciliar el sueño retorcidos en una butaca? La llegada, en todo caso, sería similar. Los Duques en coche, nosotros en taxi. Ambos pronto por la mañana. Ambos sin escolta policial. Salvo complicaciones, no se pisa el quirófano. Ni una sala quirúrgica, con focos blancos y batas de colores dando vueltas. Se espera al reloj biológico en una habitación en la que, en principio, se dará a luz. El criterio de admisión es claro: estar ya en la tercera fase del parto, con una dilatación de 3-4 centímetros y contracciones periódicas. Las matronas no dudan un segundo en mandar a casa a los padres precipitados. O a un hotel cercano si vienen de lejos.

Un 56% de partos con matronas, solo 38% con ginecólogo
En la habitación, la luz es baja. Cada cual puede llevar su música, o velas. Los hay para todos los gustos, suelen explicar las matronas. Del registro new age pasado de moda -con mucho incienso en la maleta- a los que pasan de ambientarse. A diferencia de la sanidad pública, Catalina tuvo ayer a su lado a su ginecólogo -prestado en realidad por Isabel II- en todo momento.

En las salas de maternidad inglesas, las matronas son las reinas. En plural si hay cambio de turno. Nosotros pasamos de una joven de origen africano y fuerte acento en inglés que incrementó considerablemente la angustia a una veterana irlandesa que deshizo con agilidad de pantera la triple vuelta en torno al cuello que traía el cordón umbilical del bebé. El 56,6% de los partos en Inglaterra en 2011-2012 fueron asistidos por matronas, según los datos oficiales [puedes consultarlos aquí]. Y solo el 38,4% lo fueron por ginecólogos. En 2005, las cifras fueron 62,2% frente a 34,5%.

En la habitación, las necesidades y las decisiones de la parturienta son el centro de gravedad de un proceso orientado a la intimidad y la naturalidad. Se les recomienda andar, no estar quietas, o subirse a una enorme pelota de Pilates para estimular la zona pélvica. El momento del parto es un ejercicio único con estilos múltiples. En función de los deseos de la embarazada, y si todo discurre con normalidad, podrá dar a luz tumbada, semiapoyada en algún mueble, en cuclillas agarrada a unas cuerdas de gimnasia que cuelgan del techo o, en ciertos escenarios, en una bañera. Mi mujer decidió tirarse a la piscina.

A una pequeña bañera, en realidad, de unos 5 metros cuadrados. Y no, el acompañante no entra al agua. En este caso, no se administra epidural. Las contracciones son a pelo, con la ayuda -si se quiere- de un inhalador de gas hilarante (gas de la risa, mezclado con oxígeno) que supuestamente disminuye el dolor. Las luces siguen bajas. El olor de la vela pasa a un segundo plano. Pero la naturaleza sigue su curso, sin ginecólogos malhumorados armados de fóceps y bisturís o matronas encaramadas a la parturienta clavando el codo entre cadera y costilla.

En Reino Unido un 40% de los partos fueron con epidural en 2011, frente a un 17% en 1990. Y el 25% son por cesárea, una proporción similar a la española. Se rumoreó con que la Duquesa de Cambridge quería probar la auto-hipnosis, otro método «analgésico» alternativo. Nadie lo ha confirmado, y nosotros no lo probamos. La presunción es que el miedo y la ansiedad interfieren con el proceso natural. La embarazada repite unos mantras que, al parecer, le inducen en trance que le ayuda a relajarse y generar oxitocina, la hormona que estimula los músculos del útero.

No se sabe cómo pasó el quite la duquesa Catalina. Esperemos que no fuera como la Reina Victoria, que dio a luz a su octavo hijo en 1853 tras inhalar cloroformo de un pañuelo durante una hora. O quizás aquello era el auténtico parto sin dolor y, todo lo demás, modernidades.


lunes, 29 de julio de 2013

“Entender que el parto natural es protector”


JUJUY ENTREVISTA A MARINA LEMBO
28.07.13
LILIANA ALFARO


Especialista en atención de Partos Domiciliarios, partera universitaria, licenciada obstétrica y docente de la UBA, dictó charlas sobre “El parto humano, cómo vivirlo y acompañarlo de la mejor manera”, y “Fisiología del parto humano”. Planteó un modelo posible.

-Ha dictado un curso sobre el parto natural como un concepto singular, para madres y médicos, ¿en qué consiste?

En realidad no es nada nuevo. Son conocimientos y formas de trabajo que están aplicándose hace décadas. Incluso, estos modelos asistenciales nunca dejaron de usarse en algunos países del tercer mundo y del primer mundo. En el tercer mundo por cuestiones culturales o mal entendidas por escasez de recursos. Por el alarmante índice de cesáreas, que es muy peligroso, vergonzoso y el reflejo de lo mal que están trabajando los profesionales de la salud. Lo que vengo a compartir en Jujuy es otro tipo de conocimientos científicos. Tendrían que cuidar sus recursos financieros y atender correctamente a las mujeres en situación de parto. El  cambio de paradigma de nacimiento empezó con las mujeres cansadas de sus partos separadas de sus afectos, de sus bebés, que no las dejen amamantar, que las operen, le pongan fórceps. Eso está llegando acá, están pidiendo otro tipo de atención y los profesionales de la salud no tienen alternativas para brindarles si la mujer no quiere una peridural.

¿Cuál es la sugerencia en este sentido?

- Sacarles su ropa y ponerle bata transparente que no la cuida en su pudor, la manera agresiva en que tocan a la mujer, el maltrato verbal, el aspecto de las instituciones no va. Y todos los aparatos e instrumentos médicos sólo pueden ser necesarios en un 5 ó 10 % de los casos.  El resto de las mujeres necesitan lugares cómodos para poder agacharse, descansar, estar con su marido o su familia y que las dejen parir tranquilas.  Es explicar desde la ciencia cómo funciona la hormona, la adrenalina, la ocitocina, las hormonas del estrés, la de la calma, y de qué manera se puede disminuir el dolor y hacer que la madre tenga mayor tolerancia con prácticas muy simples basadas en evidencia. Son explicaciones científicas de por qué hacerle un masaje a una mujer en la espalda, puede hacer que llegue al parto sin una peridural.
¿Estas técnicas son accesibles o es una cuestión más bien económica por las que no se las incorpora?
-Sí, seguramente el masaje es menos redituable que una peridural, pero para la salud pública es más redituable el masaje que la peridural porque va a traer mujeres y niños más sanos. Depende de dónde se mire, si uno piensa en un Estado corrupto si le interesa un sistema de salud que no satisface a la población sino a sus propios intereses.

¿Cuáles serían los pasos para un parto natural que deberían incorporarse?

Primero hay que capacitar al recurso humano. Es para mí inentendible que los especialistas en nacimientos solamente conocen un parto operatorio, nunca han visto un parto vaginal natural, sin que nadie rompa la bolsa, acueste a la mujer y le corte la vagina. La capacitación de recursos humanos está sucediendo en universidades del país,  incorporándose materias en la carrera de parteras en la Universidad de Buenos Aires, y en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo; en la especialidad de los médicos generalistas. Empiezan a haber cambios a nivel legislativo en el Congreso Nacional, y hay que capacitar a los profesionales. Es simple pero se ponen en juego otras variables como los intereses de la corporación médica, pero el empuje más fuerte está llegando a Córdoba y en Mendoza, falta que suba un poquito más. 

¿Las mujeres pueden hacer un curso o cómo pueden prepararse para el parto natural?

-Antes de preparar un parto natural, vaginal normal es la preparación en el embarazo. Tiene que ver con informar a la mujer, que empiece a confiar en su capacidad biológica, en su sabiduría inconsciente, contactarse con mujeres que han parido con historias de nacimientos positivos, e ir sacándose condicionamientos que le infunden los médicos para luego someterlas más fácilmente. La mujer debe adquirir confianza de que es sana, en que el bebé sabe cómo nacer, que un aparato y goteos pueden ponerla en peligro y a su bebé, y entender que el parto natural es protector. Puede aprender posturas, estar con una figura de apoyo que respira con ella, que le de masajes en la espalda, darse una ducha, un baño en bañera o piletita. También elegir posturas verticales para parir, que no les impongan tiempos, que no las medicalicen, presentar planes de partos en las instituciones, que tienen peso legal y las mujeres podrían hacer denuncias si no se cumplen. Entonces hay cada vez más herramientas.

jueves, 11 de julio de 2013

Divinos nacimientos


"Hay un solo niño bello en el mundo y cada madre lo tiene."
José Martí poeta cubano 1853 –  1895

jueves, 16 de mayo de 2013

¿Qué es “parto natural”?



La expresión “parto natural” en muchos ámbitos se interpreta como una nostálgica vuelta al pasado: parir sin epidural, sin oxitocina, parir sin esto y sin lo otro. Allí donde la tasa de cesáreas es alta (España y Sudamérica, por ejemplo), hay quien utiliza ese término para referirse a un parto vaginal.

Pero parto natural no es simplemente un parto “sin”, sino aquel que se produce gracias a la maravilla de la fisiología, y en el que los procedimientos obstétricos se aplican únicamente en caso de necesidad. Es lo opuesto al parto medicalizado, atendido por la obstetricia convencional, en el cual la tecnología sustituye la fisiología de la mujer, desvirtuando la experiencia del nacimiento, y generando riesgos innecesarios para la madre y el bebé.
En el primer caso la técnica está al servicio de la naturaleza, en el segundo, la naturaleza es doblegada por la técnica.

Las tasas de cesáreas en los países y hospitales que respetan los procesos naturales no suelen superar el 10%. Cuando la asistencia es de corte intervencionista, la tasa de cesáreas siempre es superior.

No es posible asistir dignamente a una mujer parturienta sin comprender la verdadera naturaleza del parto: es un acontecimiento involuntario, tanto como el sueño o el orgasmo, aunque mucho más complejo.

Todos sabemos lo que ocurre cuando uno trata de controlar o dirigir mentalmente estos procesos: simplemente no ocurren. La sola pretensión de controlar un proceso involuntario lo inhibe, y eso es lo que sucede con el parto hospitalario. Ese es el motivo por el cual cuando la mujer llegar al hospital, la dilatación a menudo se estanca.

Cuando el parto se inhibe, se prepara el terreno para todo tipo de procedimientos que sustituyen la función de una naturaleza que en estas condiciones, obviamente, no puede funcionar: estimulación con oxitocina, episiotomía, anestesia, fórceps, cesáreas innecesarias… se sustituye un proceso natural sofisticado y sabio por un conjunto de técnicas encaminadas a resolver los problemas a menudo creados por ella misma.

Y también para someter un proceso con un ritmo propio al ritmo acelerado que establece el hospital. Dice Michel Odent que de las muchas preguntas que se hacen los estudiantes de obstetricia hay una que continúa ausente de los planes de estudios. Esa pregunta es:

¿Cuáles son las condiciones idóneas para un parto fluido?
Intimidad, seguridad y apoyo emocional
Lo mejor que podemos hacer para favorecer un proceso involuntario es conocer y crear las condiciones idóneas para que se produzca solo. Puede resultar paradójico que la única forma de “humanizar” el parto sea recapitulando el hecho de que somos una especie “mamífera”.

El parto es un acontecimiento instintivo, llevado a cabo por nuestro cerebro mamífero, y en el que la participación de nuestra mente racional tiene un efecto contraproducente. Lo más que se puede hacer es rendirse a la experiencia y permitir que ocurra, para lo cual el ambiente en que transcurre y la calidad humana y actitudes de los asistentes es esencial.

Ese cerebro mamífero primitivo es también nuestro cerebro emocional (sistema límbico). Es una constante en todas las especies mamíferas que la parturienta necesita una atmósfera de intimidad y recogimiento, de seguridad física y emocional, que le permita entrar en el estado de consciencia especial propio del parto.

Cuando este estado de intimidad se impide, cuando una hembra mamífera se siente amenazada, o incluso indiscretamente observada, el parto se interrumpe: las hormonas del estrés inhiben las hormonas del parto. Esto pone de relevancia la enorme importancia del estado emocional de la madre y cómo influye en él el soporte emocional y el trato que recibe, así como las condiciones y el ambiente en que transcurre el parto.

La forma en que se trata a la mujer de parto puede condicionar totalmente su progreso. Por ello, las primeras recomendaciones de la OMS no se refieren a los aspectos técnicos, sino emocionales y psicológicos: debe fomentarse una atención obstétrica crítica con la atención tecnológica al parto y respetuosa con los aspectos emocionales, psicológicos y sociales del parto.

Ambiente y entorno apropiado
El parto es dirigido por el cerebro mamífero (emocional), pero inhibido por el neocórtex (racional).
Decía Michel Odent que es suficiente preguntar a una mujer su número de la seguridad social para que el parto se interrumpa. Debe pues evitarse todo lo que active el pensamiento racional en la mujer de parto: hablarle sin necesidad, darle órdenes o interrumpirle en su “viaje interior”.

También interfieren las luces, los ruidos, el frío, la prohibición de comer, la incomodidad de tener que mantener una postura determinada o estar en un lugar poco apropiado, como es el paritorio. Las condiciones necesarias para un parto fluido no difieren mucho de las condiciones idóneas para dormirse: intimidad, penumbra, silencio… todo lo que permita a la mujer ensimismarse.



Dice Sheila Kitzinger que “el lugar ideal para dar a luz
 es el mismo que para hacer el amor”.

Libertad de expresión
La represión de la expresión de dolor durante el parto tiene la consecuencia de reprimir la evolución del parto mismo.

Beatrijs Smoulders, comadrona holandesa, afirma en su libro “Parto Seguro” (Editorial Médici):“Hace años, de una parturienta se esperaba que fuera fuerte y no dijera ni pío al dar a luz. En estos casos, el personal sanitario del hospital podía afirmar: “¡Qué bien lo hace la señora!”. Mientras que la comadrona de hoy en día más bien pensaría: “¡Suelte un berrido de una vez, señora, y así como mínimo pasará algo”.

Sumergirse y aceptar el dolor es condición necesaria para la producción de endorfinas, “opiáceos” internos que amortiguan y modifican la percepción del dolor.

Libertad de movimientos y postura para el expulsivo
La posición tumbada para dilatar (enganchada al gotero y al monitor) y el potro obstétrico para el expulsivo pasarán a la historia como uno de los mayores y persistentes errores de la obstetricia.
Numerosos estudios demuestran que la posición vertical favorece el parto y la horizontal lo entorpece. En horizontal, el canal del parto se alarga y estrecha y el coxis se dirige hacia lo alto, convirtiéndose en una vía de paso más angosta para el bebé, y además cuesta arriba.

En posición vertical la vagina se amplía y acorta, pero además la presión de la cabeza del bebé sobre el cuello del útero ejerce un efecto hormonal que estimula la producción interna deoxitocina, y por tanto la dilatación. La posición vertical acorta y amplía el canal del parto, permite que las articulaciones de la cadera se abran más para dar paso al bebé, facilita sus movimientos de rotación y permite que la fuerza de la gravedad le ayude en su descenso.

Episiotomía y fórceps son procedimientos técnicos que sustituyen la fisiología de la mujer y la gravedad con evidentes y penosos efectos secundarios para la madre y el bebé.

La mujer debe tener la libertad de dilatar y parir en la postura que más le convenga: en cuclillas, sentada en el taburete obstétrico, a cuatro patas, de lado, colgada de alguien, de pie… El instinto indica en todo momento cuál es la postura idónea mediante un lenguaje infalible: la más cómoda es también la más fisiológica.

Asistencia profesional respetuosa
Siendo la fisiología del parto tan sensible al entorno, el papel del profesional asistente es estar disponible en un discreto segundo plano, sin interferir, confiando en los recursos de la mujer para dar a luz, y aplicar los procedimientos obstétricos únicamente si hacen falta. El protagonismo del parto corresponde a la mujer.

Procedimientos naturales de abordar el dolor
La producción de endorfinas se favorece cuidando al máximo las condiciones en que transcurre el parto y evitando todo lo que pueda producir estrés.

Actualmente la tendencia es recurrir a formas inocuas y agradables de amortiguar el dolor: cambiar de postura, baño de agua caliente, masaje en la zona lumbar, masaje de pies, sentarse en pelota de goma …

Intimidad y tiempo para recibir y acoger al bebé
El momento del nacimiento es un momento especial, mágico, en el que el estado hormonal propio del parto natural crea las condiciones para que produzca el vínculo madre-hijo, un vínculo que tiene consecuencias duraderas sobre esa relación, sobre la confianza de la mujer en su capacidad para amar y criar a su hijo, sobre el desarrollo emocional del bebé.

El vínculo que el bebé crea con su madre es el troquel, la base de su capacidad para crear vínculos posteriores. Por ello el nacimiento medicalizado tiene consecuencias no sólo físicas, sino psicológicas y sociales. Madres y bebés deben estar juntos tras el nacimiento, y en todo momento, y no se justifica que un recién nacido sano sea apartado de su madre.

Incluso los prematuros progresan mejor con el “método canguro” que con la incubadora, o al menos con un sistema mixto.
La OMS recomienda iniciar la lactancia antes de abandonar la sala de partos.

 Cordón umbilical
El respeto por la fisiología del parto implica reconocer la función del cordón umbilical, que continúa latiendo y suministrando sangre oxigenada al bebé durante varios minutos tras el nacimiento.

La naturaleza no hace nada que no sea necesario, y esos minutos son el tiempo que el recién nacido necesita para comenzar a utilizar sus pulmones sin angustia ni riesgo de privación de oxígeno.

El recién nacido tiene el derecho de disponer de esos minutos y de esa sangre, y con mayor motivo si ha tenido sufrimiento fetal, ya que al iniciar la respiración la sangre acude a los pulmones en detrimento del cerebro. Pinzar el cordón inmediatamente tras el nacimiento es una práctica que, a la luz de la evidencia científica, debería haber sido abandonada.

Contrariamente a lo que se piensa, parto natural no es volver al pasado, sino recuperar la capacidad y la confianza en la propia naturaleza y rendirse ante ella. Tampoco es renunciar a la tecnología, sino adjudicarle el lugar que le corresponde: las complicaciones, los casos de riesgo. Y es que las prácticas de rutina en el paritorio no son buenas ni malas, son oportunas o inoportunas. Y cuando se imponen de forma sistemática e indiscriminada a mujeres que no las necesitan son inoportunas.
La evidencia científica demuestra que el parto natural no sólo es más digno para la mujer, es también el más seguro. Por ese motivo, la Organización Mundial de la Salud recomienda una calidad de atención basada en el protagonismo de la mujer y en su fisiología, y el mínimo grado de medicalización posible.

Isabel F. del Castillo
Autora de “La Revolución del Nacimiento”. Ed. Granica 2006
holistika.net

jueves, 6 de diciembre de 2012

Parto de mellizos!!!


Esta foto fue sacada apenas nacio Bodhi. Maia aún estaba en el útero. 
Maia estaba en posición pelviana y cuando su hermano nació 
tuvo el espacio para rotar y nacer en cefálica, 18 minutos después. 
En la foto se la ve a Maia rotando y preparándose para nacer.

This is SO cool...
"The photo was taken moments after baby Bodhi had been born into 
his mothers arms, and his twin sister, Maya was still in the womb. 
Maya had been in the breech position until Bodhi had birthed leaving 
her room to manouver and birthed head down 18 minutes
 after Bodhi made his way into the world. 
In the picture you can see Maya getting into position to birth."
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