lunes, 30 de septiembre de 2013
domingo, 29 de septiembre de 2013
Expertos de Unicef piden mejorar la atención de prematuros en el país
Sábado 28 de septiembre
de 2013 | 19:02
"Falta una buena
articulación, comunicación y sistemas de traslados entre centros de baja y alta
complejidad", señala el informe
Con motivo de la
celebración de la " Semana del prematuro " en Argentina, expertos en
salud de Unicef reclamaron hoy una mejora en las condiciones de las
maternidades del país para que los niños puedan nacer "en un lugar
adecuado" y recibir atención especializada.
A través de jornadas
científicas y cursos de capacitación, Unicef Argentina quiere concienciar a la
sociedad de la importancia de los controles prenatales para evitar los nacimientos
prematuros, que cada año aumentan en Argentina y pueden llegar a convertirse
"en un problema de salud pública".
"En muchos casos,
falta una buena articulación, comunicación y sistemas de traslados, entre los
centros de baja complejidad, y aquellos que están preparados especialmente para
recibir niños de bajo peso y nacidos prematuramente", explicó la doctora
Analia Messina, y miembro de la organización de la "Semana del
Prematuro".
De acuerdo a los datos
facilitados por el Ministerio argentino de Salud, en 2011, de 585 maternidades
valoradas, sólo el 44 % cumplían totalmente con las condiciones definidas por
la Organización Mundial de la Salud (OMS), según un informe elaborado por
Unicef Argentina. La principal deficiencia era la disponibilidad de sangre para
las transfusiones, que sólo se cumplía en el 54 % de los casos.
Durante la presentación
de la campaña en la provincia de Río Negro, la responsable de Salud de Unicef,
Zulma Ortiz precisó que "de 715 maternidades públicas en la Argentina, el
56 % no cumplen condiciones obstétricas, si bien representan apenas al 17 % de
los niños nacidos".
"Ese 17 %
representa unos 73.000 niños que nacieron en lugares inadecuados, entre ellos,
14 grandes maternidades y 309 pequeños centros", explicó.
Según Ortiz, "en el
90 % de los casos, de un total de 750.000 nacimientos anuales ocurridos casi
totalmente con atención sanitaria, no hay que hacer nada; pero en el 10 % hay
que actuar con alguna medida, entre ellas, en el 1 % de los casos, con
reanimación, unidad de terapia neonatal, incubadoras y respiradores"
Para que un hospital
cumpla con todas la condiciones necesarias que ayuden a proporcionar la mejor
asistencia a los recién nacidos y a sus madres, "debe brindar cirugías
como la cesárea, anestesista, sangre segura, antibióticos, además de poder garantizar
un eventual traslado a otro centro" si fuera necesario.
Reducción de la
mortalidad infantil
Si bien la mortalidad
infantil se redujo en un 54 % en los últimos 20 años en Argentina, el informe
de Unicef alerta sobre la disparidad de cifras que existen entre las distintas
provincias del país.
Un ejemplo es el de la
provincia de Neuquén, que presentó la tasa más baja de mortalidad en el grupo
de niños y niñas que nacieron en con menos de 1500 gramos, 20,3 de cada 100,
mientras que en otras como Formosa, Corrientes, la Rioja y Tucumán presentaron
valores hasta 2,5 veces más elevados, según datos de 2010.
"Las razones que
podrían explicar las diferencias entre provincias están íntimamente
relacionadas con la implementación de la regionalización de la atención
materno-neonatal", indicó Messina y agregó: "La regionalización es
una forma de garantizar la capacidad de atención altamente especializada, y que
se ha puesto en marcha en los países más desarrollados demostrando que es una
estrategia muy efectiva para lograr mejores resultados y evitar las muertes
evitables en los recién nacidos prematuros".
La situación del país
podría mejorar, según los especialistas, si disminuyeran esas diferencias entre
las distintas provincias. "Si todas (las provincias) hubiesen tenido la
misma tasa de mortalidad de Neuquén en recién nacidos, con menos de 1.500
gramos, se hubiesen prevenido 906 muertes neonatales bajando en 1,5 puntos la
tasa de mortalidad infantil", señala el informe de Unicef.
Algunos datos destacados
En 2010/2011 menos de la
mitad de 630 maternidades evaluadas en todo el país cumple con las Condiciones
Obstétricas y Neonatales Esenciales (CONE) definidas por la OMS.
La Argentina presentó el
segundo incremento más elevado (+4,2%) en la tasa de nacimientos prematuros en
los últimos 10 años entre 39 países de renta media y media alta.
La Semana del Prematuro
2013, que va del 28/9 al 6/10 cuenta con el apoyo de 280 instituciones de todo
el país que realizan diversas actividades. El calendario completo puede verse en:
http://semanadelprematuro.org.ar/
¿Cómo se puede
garantizar una adecuada cobertura de la atención materna y neonatal?
Redes perinatales
regionalizadas y reguladas. La regionalización de la atención materno-neonatal
es una de las estrategias con mayor impacto en la reducción de las muertes de
los recién nacidos prematuros y en la prevención de las complicaciones
asociadas a esta condición. Se requiere que el sistema de salud se organice de
manera tal que asegure la accesibilidad de la atención a la embarazada y que,
según los riesgos que presente ella y/o su bebé, reciban la atención necesaria.
La evaluación de las
maternidades públicas en Argentina mostró, entre otros aspectos, que el número
total de instituciones en el país es muy elevado, y su promedio de nacimientos
es bajo. Esto contribuye a tener plantas físicas sin la adecuada dotación de
personal y los suministros esenciales para una correcta atención materno-
perinatal, lo que impactó negativamente en la calidad de la atención y el
incremento del gasto. Argentina tiene registradas 472 establecimientos (217
públicos y 165 privados) con oferta de Terapia Intensiva Neonatal, tres veces
más que las que tiene Reino Unido para atender un número similar de partos, y
16 veces más que las que tienen Canadá o Chile, países estos con tasas de
mortalidad maternas e infantiles menores que las nacionales.[ii][2]
¿Cómo prevenir la
prematurez y evitar las muertes neonatales?
Los controles durante el
embarazo pueden prevenir la prematurez; y que el parto se produzca en un lugar
adecuado puede evitar la muerte materna e infantil.
El control durante el
embarazo permite:
a) Indagar sobre la edad
de la madre, sus hábitos, si tuvo hijos y cuántos. Se sabe que las madres
adolescentes o que tuvieron muchos hijos anteriores, así como las embarazadas
que no se alimentan bien, fuman o consumen drogas o alcohol, tienen más riesgos
de tener un hijo prematuro.
b) Saber si una mamá ya
tuvo un bebé que nació prematuro. De ser así, tiene entre 5 y 7 veces más
posibilidades de volver a tener un hijo que nazca antes de término.
c) Detectar
tempranamente enfermedades cardiovasculares, hipertensión y diabetes en la
mujer y el retardo de crecimiento del feto.
d) identificar si la
mujer está bajo una situación stress, como un embarazo no deseado o ser víctima
de violencia familiar o laboral.
Se ha demostrado que la
privación social y afectiva, definida como: la falta de educación, de controles
prenatales y de contención emocional de la mujer embarazada, afecta
negativamente su salud y la de su bebé.
Acerca de Fundasamin
Es una Organización sin
fines de lucro creada en al año 2005 cuya misión es promover cuidados en salud
humanizados y basados en evidencias científicas entre los profesionales de la
salud y la comunidad. La Campaña Nacional "Semana del Prematuro"
impulsada por Unicef está estructurada sobre "El Decálogo de los Derechos
del Prematuro". Este documento describe la problemática de la prematurez y
sus derechos vulnerados. Desde Fundasamin participamos activamente en la
campaña y en lo cotidiano, capacitando e investigando en temáticas que aportan
en la atención de estos niños y apuntan a garantizar el ejercicio de sus
derechos enunciados por Unicef.
Fundasamin lleva
adelante las siguientes acciones vinculadas al Derecho 2 : "Nacer en el
lugar adecuado"
Capacitación en
enfermería neonatal: el equipo de salud que asiste a los prematuros debe ser
altamente especializado. Esta capacitación está dirigida a mejorar las
destrezas y el conocimiento de las enfermeras neonatales y ha capacitado
enfermeras tanto del área metropolitana como del interior del país.
Móvil MAMI: capacitación
itinerante para médicos generales, neonatólogos, pediatras, obstétricas,
enfermeros y otros profesionales que asisten RN con el curso de RCP neonatal,
sistemática de reanimación imprescindible en la recepción de RN que requieren
ayuda al nacer, especialmente los prematuros. Realiza un recorrido en diversas
Regiones de la Provincia de Buenos Aires y ciudades del interior del país.
Programa de Asistencia
Técnica a diversas instituciones del interior del país que asisten partos, para
la identificación de embarazos de riesgo que requieren traslado a niveles
superiores de atención y ante el nacimiento inminente de prematuros,
capacitación para atención inmediata adecuada, estabilización y condiciones de
traslado.
Escuela de
capacitadores: formación de profesionales del área materno infantil que lideren
iniciativas de educación continúa en sus maternidades de origen.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Volver al trabajo…¡Ahhhhhhhhhh !!! Segunda parte Maternar en Tribu 4
Antes de arrancar con el
tema, quería contarles que estoy esperando a mi primer hijo. Se llama León.
Deseaba compartirlo con ustedes porque, de alguna manera, me siento cerca de
cada una de las mujeres que leen esta querida revista. Ahora sí, con la sonrisa
dibujada me propongo continuar con la segunda parte de la nota.
En el número anterior
hablamos de la organización como el eje que nos tiene que guiar y, en ese mismo
sentido, vamos a hablar ahora de cómo continuar la lactancia, aún fuera de
casa. Lo primero que voy a afirmar es que se puede. ¡Sí, se puede! Con
constancia y voluntad, podés perfectamente seguir lactando a tu hijo.
Lo más importante es
continuar estimulando los pechos para que tu producción no baje. Este tiene que
ser tu norte y no la cantidad de leche que te extraigas cada vez. En base a
esto, lo que debés tener en cuenta es la cantidad de horas que vas a estar
fuera de casa, incluyendo las del viaje, y extraerte la misma cantidad de veces
que tu bebé hubiese tomado en ese tiempo. Así vas a poder mantener la
producción, que es lo que más nos interesa.
¿Cómo te extraés? En
principio, buscá el lugar más tranquilo que puedas. Es necesario el
correctísimo lavado de manos y los masajes al pecho con movimientos circulares
y verticales descendentes antes de extraerte.
Conectate mentalmente
con tu bebé. Podés ayudarte con alguna ropita con su olor, su foto o lo que
quieras. Después, colocá el recipiente y comenzá. La extracción puede ser
manual o con sacaleche y no te fijes cuánto estás sacando, es muy difícil
llenar una mamadera. Acá lo que importa es que el pecho no pierda el estímulo.
Si tenés la suerte de que el lugar sea limpio, podés conservar lo que te
sacaste y mantenerlo refrigerado (recipiente de telgopor y conservante para
vacunas es una opción). Sino, pedile al pediatra que te recomiende alguna leche
de fórmula para que tu cachorro tome mientras vos no estás.
Todas sabemos las
ventajas que tiene la leche de mamá, pero considero que la obsesión puede
llevarnos a la angustia. Si se puede, maravilloso, pero si no se puede, se
completa con fórmula (si ésta no es en polvo puede mezclarse con la materna) y
le das pura teta cuando están juntos.
Mientras estés en casa,
dale sólo teta. Una apenas se despiertan, otra justo antes de irte (aunque tome
muy poquito) y apenas llegas también: lavado de manos, a la teta y el resto del
mundo que espere. Y los fines de semana, por supuesto, todo el tiempo. Esto es
fundamental para regularizar la producción.
Tenés que saber que con
tu vuelta al trabajo puede que tu hijo comience a despertarse más seguido de
noche. Él sabe y entiende todo lo que ocurre a su alrededor y es claro que sabe
que ya no estás tanto en casa, por lo cual, se despertará más seguido para
asegurarse de que estas ahí. Te sugiero que continúes con el colecho y que no
introduzcas ningún cambio hasta que estén acomodados a esta nueva situación.
Y para finalizar, cuatro
temillas importantes para empezar con el pie derecho:
• Comenzá a extraerte
unos 15 días antes de volver al trabajo, para ir agarrándole la mano. Con dos
veces por día es suficiente. Estas dos extracciones podés acumularlas y que
alguien más se la dé con mamadera o vasito para que vaya practicando. Si se la
das vos, no va a querer. Te va a buscar la teta.
• Si lo va a cuidar
alguien en casa, que venga cuando todavía no empezaste a trabajar para que tu
bebé se vaya habituando. Si es en algún maternal, atendé las indicaciones que
te den en cuanto a la adaptación y, en lo posible, comenzá a trabajar un jueves
para comenzar la separación de a poco.
• En cuanto a la conservación,
la leche se puede acumular por día. No olvides fecharla. En el freezer dura 15
días y en la heladera (en el fondo, no en la puerta) entre 2 o 3, según sea
invierno o verano. Para descongelarla, bajala la noche anterior o colocala bajo
el chorro de agua caliente. O bien, calentá agua en la hornalla, apagala, y
colocá el recipiente adentro. En todos los casos, después agitala para que
vuelva a homogeneizarse.
• Guardá de a 40 o 60
ml, ya que lo que tu hijo no tome hay que tirarlo.
Sé que parece muuucho
trabajo, pero la verdad no es tanto y los beneficios son enormes. Y si te
quedan dudas o hay algo en el proceso que creés que puedemejorar, consultá con
cualquier puericultora que te va a asesorar y apoyar en este complejo, pero
satisfactorio, camino de sostener la lactancia en el tiempo. ¡Éxitos madres!
Giselle López Ponce es puericultora
universitaria FUNDALAM / UNSAM
Extraído de Maternar en
Tribu
LA LEGISLACIÓN LABORAL:
Fuentes: www.anses.gov.ar
Los 90 días son 45 antes
y 45 después, pudiendo trabajar hasta 30 días antes dejando 60 para el momento
luego del nacimiento.
Se puede solicitar la
extensión de la licencia por 6 meses más después de los 90. El pago, en este
caso, es no remunerativo. Pero el monto a cobrar debe ser igual al monto que
hubiera percibido en caso de estar trabajando.
En relación a la
lactancia, la madre tiene derecho a dos períodos de 30 minutos dentro del
horario laboral para poder salir a amamantar a su hijo. En algunos casos, puede
llegarse a un acuerdo informal con el empleador para tener la posibilidad de
acumular esos 30 minutos y retirarse una hora
antes.
Volver al trabajo…¡Ahhhhhhhhhh !!! de Maternar en Tribu 3
El retorno al mundo
laboral nos despierta sentimientos como angustia, incertidumbre y miedo.
Cómo organizarnos y que
hacer para enfrentar esa vuelta Primera parte
Por: Giselle López Ponce
Este es un tema difícil
de abordar en pocas líneas, ya que presenta varias aristas.
Las puericultoras
podemos asesorar en crianza además de lactancia, pero también, conocemos los
derechos de las futuras madres. Esto también es parte de nuestro rol de cuidar
al que cuida.
La vuelta al trabajo
despierta varios sentimientos en una mamá. Por un lado, angustia por tener que dejar a su cachorro tan chiquito (y en este aspecto 45 días o 9 meses es lo
mismo… para una madre siempre es chiquito). Por el otro, incertidumbre de no
saber si se podrá sostener la lactancia en el tiempo. Además, el miedo de no saber
si lo estamos dejando en buenas manos (en casos donde el cuidador es una
persona ajena a la familia). Como vemos, ninguno de estos sentires es positivo
y es importante para las mujeres contar con la ayuda y el apoyo necesarios para
poder enfrentar esta situación.
Pero, ¿Quiénes son los
encargados de sostener y apoyar? Podemos decir que el primer cuidador debería
ser el Estado. En países europeos como Suecia, por ejemplo, los afortunados
bebés gozan de 16 meses compartidos entre mamá y papá. Pero aquí, y en varios
más, contamos sólo con 90 días si trabajamos de manera formal (en blanco).
Dicho esto, vamos a
abocarnos a dos ejes centrales de la vuelta al trabajo: organización y
lactancia.
Sabemos que de por sí,
llevar adelante una casa no es simple. Con un bebé y muchas horas fuera, se
puede complicar aún más. Mi sugerencia es que se pueda delegar lo más posible y
organizarse.
Por ejemplo:
•Armar un plan semanal
de comidas, cocinar los fines de semana la mayor cantidad posible y freezar.
•Dedicar un día para
hacer las compras en base al plan semanal.
•Si hay abuelas
macanudas en la familia, pueden ser ellas las que se encarguen de ayudar a las
mamás, lavando o planchando la ropa, por ejemplo. Cada una sabe con qué ayuda
puede contar. Lo que intento decir es que sé que, a veces, nos cuesta pedir esa ayuda porque nos gusta hacernos cargo de todo: Pero finalmente terminamos agotadas y en el poco tiempo que nos queda para disfrutar de nuestro hijo seguimos
trabajando, esta vez en casa.
Un tema para nada menor
es hablar con la pareja. Si los dos trabajan y el hijo es de ambos, considero
que ambos tienen que ocuparse. Hoy en día esto es más simple que en la época de
nuestras madres, en la que los maridos no levantaban ni un plato de la mesa.
Propongo un diálogo del tipo: “Mi amor, yo sé que estás cansado tanto como yo,
pero si me ayudas con el gordo y con algunos quehaceres, vamos a terminar más
rápido y más rápido vamos a poder descansar” ¡Vamos mujeres! Ustedes seguramente tienen más de un as bajo la manga para llevar adelante esta conversación.
¿O no?
Giselle Lopez PoncePuericultora
universitariaFUNDALAM / UNSAM
Extraído de Maternar en
Tribu
Mitos falsos sobre la lactancia - (Breastfeeding False Myths)
Por Lisa Marasco
Información
perteneciente a la revista NUEVO COMIENZO, Vol. 17 Numero 4 Año 2005
A lo largo y ancho del
mundo existen ideas, concepciones o certezas acerca del manejo de la lactancia.
Unas apoyan a las madres, las dignifican en su quehacer, otras entorpecen el
desarrollo de la lactancia o lo truncan tempranamente y al final afectan la
salud y sano desarrollo de los bebés, a la vez que llenan de incertidumbre a
sus madres. Escogimos algunos mitos que comentamos para tranquilidad de las
familias.
![]() |
| Lactancia (Babilonia. 6000 a. C.) |
Mito 1: Amamantar
frecuentemente al niño reduce la producción de leche, produce un reflejo de
eyección débil y el fracaso de la lactancia
Realidad: La cantidad de
leche que una madre produce llega a su punto óptimo cuando se le permite al
niño sano amamantar tantas veces como lo necesite. El reflejo de eyección de la
leche opera más fuertemente en presencia de un buen suministro de leche, que
normalmente ocurre cuando se alimenta al niño a demanda, es decir, sin imponer
horarios.
Mito 2: Una madre
necesita amamantar únicamente de cuatro a seis veces cada 24 horas para
mantener una buena cantidad de leche.
Realidad: Los estudios
científicos demuestran que cuando una madre amamanta frecuentemente desde que
nace el niño, con un promedio de 9,9 veces cada 24 horas durante los primeros
15 días, su producción de leche es mayor, el niño aumenta mejor de peso y la
madre amamantará durante un período de tiempo más largo. La producción de la
leche ha demostrado estar relacionada con la frecuencia de las tomas. La
cantidad de leche empieza a disminuir cuando las tomas son poco frecuentes o
restringidas. No hay que olvidar que muchos bebés recién nacidos comen cada
hora y media o cada dos horas, lo cual es normal y frecuente.
Mito 3: Los niños
obtienen toda la leche que necesitan durante los primeros cinco a diez minutos
de mamar.
Realidad: Aunque muchos
bebés mayorcitos pueden tomar la mayor parte de su leche en los primeros cinco
a diez minutos, esto no es generalizable a todos los niños. Los recién nacidos,
que apenas están aprendiendo a mamar, no siempre son tan eficientes al pecho y
a menudo requieren mucho más tiempo para comer. Poder mamar también depende del
reflejo de bajada de la leche materna. Aunque a muchas madres les baja la leche
casi inmediatamente, a otras no les sucede igual. En algunas mujeres, la bajada
de la leche es escalonada, tiene lugar varias veces durante una sola toma. En
vez de adivinar, es mejor permitir que el niño mame hasta que muestre señales
de satisfacción, tales como soltarse él solo o tener los brazos y las manos
relajados.
Mito 4: Las madres
lactantes deben espaciar las tomas para que puedan llenársele los pechos.
Realidad: Cada pareja
madre/hijo es única y diferente. El cuerpo de una madre lactante siempre está
produciendo leche. Sus senos funcionan en parte como "depósitos de
reserva", algunos con mayor capacidad que otros. Cuanto más vacío esté el
pecho, más rápido trabajará el cuerpo para reabastecerlo. Cuanto más lleno esté
el pecho, más lenta será la producción de leche. Si una madre espera
sistemáticamente a que se le "llenen" los pechos antes de amamantar,
su cuerpo puede recibir el mensaje de que está produciendo demasiada leche y,
por tanto, reducir la producción.
Mito 5: A las ocho
semanas de edad el niño sólo necesita entre seis y ocho tomas de leche materna;
a los tres meses sólo requiere de cinco a seis tomas; y a los seis meses, no
más de cuatro o cinco tomas al día.
Realidad: La frecuencia
de las tomas del niño alimentado al pecho varía de acuerdo con varios factores:
la producción de leche de la madre y su capacidad de almacenamiento (las madres
con más pecho en general tienen mayor capacidad de almacenamiento), así como
con las necesidades de crecimiento del niño. Los días en que se producen picos
de crecimiento (días de mayor frecuencia) o el pequeño está enfermo, pueden
cambiar temporalmente los patrones alimenticios del bebé. Es importante tener
en cuenta que el consumo calórico del niño aumenta al final de la toma, así que
imponer límites arbitrarios sobre la frecuencia o duración de las tomas puede
desembocar en un consumo demasiado bajo de calorías por parte del niño.
Mito 6: Es la cantidad
de leche que el niño consume, no si es leche materna o de fórmula, lo que
determina cuánto tiempo aguanta un niño entre dos tomas.
Realidad: Los niños
amamantados vacían el estómago más rápidamente que los niños alimentados con
biberón: aproximadamente en 1,5 horas en vez de hasta 4 horas. Esto se debe al
tamaño mucho menor de las moléculas de las proteínas que forman parte de la
leche materna y las cuales se digieren con mayor rapidez. Aunque la cantidad de
leche que se consume es uno de los factores que determinan la frecuencia de las
tomas, el tipo de leche es de igual importancia. Los estudios antropológicos de
las leches producidas por los diversos tipos de mamíferos confirman que los
bebés humanos están diseñados para recibir alimento con frecuencia y que así lo
han hecho a través de la historia.
Mito 7: Nunca despiertes
al niño que duerme.
Realidad: Aunque es
verdad que la mayoría de los niños indican cuándo tienen hambre, es posible que
los recién nacidos no se despierten tan a menudo como lo necesitan, por lo que
hay que despertarlos para que coman por lo menos ocho veces cada 24 horas.
Quizá no se despiertan a causa de los medicamentos que recibió la madre durante
el parto, por ictericia, trauma, chupete de entretención, medicamentos maternos
o comportamiento introvertido por parte de los niños a los que se les hace
esperar cuando dan señales de hambre. Además, las madres que quieran aprovechar
la infertilidad natural que produce la amenorrea durante la lactancia
comprobarán que el regreso de la menstruación se demora más cuando el niño
sigue mamando de noche.
Mito 8: El metabolismo
del niño se encuentra desorganizado al nacer y requiere que se le imponga una
rutina u horario para ayudar a resolver esta desorganización.
Realidad: Los niños
nacen programados para comer, dormir y tener períodos de vigilia. No es un
comportamiento desorganizado, sino un reflejo de las necesidades únicas de cada
recién nacido. Con el transcurso del tiempo los bebés se adaptan gradualmente
al ritmo de vida de su nuevo ambiente sin precisar entrenamiento ni ayuda.
Mito 9: Las madres
lactantes deben ofrecer a su bebé siempre ambos pechos en cada toma.
Realidad: Es mucho más
importante dejar que el niño termine de tomar del primer lado antes de ofrecer
el segundo, aunque esto signifique que rechace el segundo lado durante esa
toma. La última leche (que contiene más calorías) se obtiene gradualmente
conforme se va vaciando el pecho. Sucede a algunos niños, si se les cambia de
lado de forma prematura, que se llenarán de la leche primera, más baja en
calorías, en vez de obtener el equilibrio natural entre la leche primera y
segunda. Como resultado, el niño no se satisfará y perderá peso, y probablemente
tendrá cólicos. Durante las primeras semanas, muchas madres ofrecen ambos
pechos en cada toma para ayudar a establecer el suministro de leche.
Mito 10: Si un niño no
aumenta bien de peso, es porque la leche de su madre es de baja calidad.
Realidad: Los estudios
demuestran que aún las mujeres desnutridas son capaces de producir leche de
suficiente calidad y cantidad para suplir las necesidades de crecimiento del
niño. En la mayoría de los casos, el escaso peso se debe al consumo insuficiente
de leche materna derivado de horarios estrictos, de una inadecuada succión o un
problema orgánico del niño.
Mito 11: Cuando una
mujer tiene escasez de leche, generalmente se debe al estrés, la fatiga o el
bajo consumo alimenticio y de líquidos.
Realidad: Las causas más
comunes de leche escasa son: tomas poco frecuentes y/o problemas con el
afianzamiento y postura del bebé al mamar. Ambos problemas se deben en general
a información incorrecta que recibe la madre lactante. Los problemas de succión
del niño también pueden afectar de forma negativa la cantidad de leche que
produce la madre. El estrés, la fatiga o la mala nutrición rara vez son causas
de baja producción de leche, ya que el cuerpo humano ha desarrollado mecanismos
de supervivencia para proteger al lactante en tiempos de hambruna.
Mito 12: Una madre debe
tomar leche para producir leche.
Realidad: Una dieta
saludable y balanceada que contenga verduras, frutas, cereales y proteínas es
todo lo que una madre necesita para nutrirse adecuadamente y producir leche. El
calcio se puede obtener de una gran variedad de fuentes no relacionadas con los
lácteos, como las verduras verdes, semillas, frutos secos y pescados como la
sardina y el salmón con espina. Ningún otro mamífero toma leche para producir
leche.
Mito 13: Chupar sin el
propósito de alimentarse (succión no nutritiva) no tiene objeto.
Realidad: Las madres con
experiencia en lactancia aprenden que los patrones de succión y las necesidades
de cada niño varían. Aunque las necesidades de succión de algunos niños se
satisfacen primordialmente cuando comen, otros niños requieren más succión al
pecho, aun cuando hayan acabado de comer hace unos minutos. Muchos niños
también maman cuando tienen miedo, cuando se sienten solos o cuando algo les
duele.
Mito 14: Las madres no
deben prestarse a ser el "chupo de entretención" de su hijo.
Realidad: Consolar y
suplir las necesidades de succión al pecho es el diseño de la naturaleza para
madres e hijos. Los chupones (chupetes, chupos, bobos, pepes) son un sustituto
de la madre cuando ella no está. Otras razones de ofrecer el pecho para
apaciguar al niño incluyen un mejor desarrollo oral y facial, la prolongación
de la amenorrea, evitar la confusión de succión y estimular una producción
adecuada de leche que asegure un índice más elevado de éxito de la lactancia. Y
sobre todo, un niño tranquilo que encuentra consuelo en su madre, lo cual
fortalece su desarrollo emocional.
Mito 15: La confusión
tetina-pezón no existe.
Realidad: La
alimentación al pecho y la alimentación por biberón requieren diferentes
técnicas orales y motrices. Los chupos o tetinas artificiales proveen una
especie de "sobreestimulación" en la que los niños pueden fijarse y
preferir al pezón, más suave. Como resultado, algunos bebés desarrollan la
confusión de succión y usan técnicas no adecuadas para mamar al pecho cuando se
les ha ofrecido biberón y pecho. Esto hace que no sean eficientes obteniendo
leche y en ocasiones agrietan a su madre.
Mito 16: La lactancia
frecuente puede dar lugar a la depresión postparto.
Realidad: Se cree que la
causa de la depresión post parto es debida a las hormonas fluctuantes que se
presentan después del nacimiento del niño y que puede agudizarse por la fatiga
y por la falta de apoyo social. Sin embargo, se da en mujeres que han
presentado problemas anteriores al embarazo. Por otra parte, se sabe que las
mujeres que amamantan con frecuencia presentan con menos frecuencia depresión
post parto.
Mito 17: Alimentar al
niño a demanda no facilita el vínculo maternal.
Realidad: Responder de
forma sensible y rápida a las señales del niño une a la madre con su hijo de
tal forma que se sincronizan, lo cual crea un vínculo mayor. Adicionalmente, un
bebé que no llora porque es atendido con prontitud, no genera situaciones de
estrés familiar debido a su llanto.
Mito 18: Las madres que
miman a sus hijos demasiado y los llevan demasiado en brazos los malcrían.
Realidad: Los niños a
quienes se lleva en brazos a menudo lloran menos horas al día y muestran
mayores rasgos de seguridad al crecer. Los bebés necesitan la seguridad de los
brazos de su madre más de lo que imaginamos.
Mito 19: Es importante
que los demás miembros de la familia alimenten al niño para que también ellos
desarrollen un vínculo.
Realidad: Alimentar al
niño no es la única forma con la que los demás miembros de la familia pueden
acercarse al niño. Cargar, acariciar, bañar y jugar con el bebé son muy
importantes para su crecimiento y desarrollo, así como para su vínculo con los
demás.
Mito 20: El hecho de que
sea el niño quien dirija su alimentación (con la lactancia a demanda) tiene un
efecto negativo sobre la relación de la pareja.
Realidad: Los padres
maduros se dan cuenta de que las necesidades del recién nacido son muy
intensas, pero también, que disminuyen con el tiempo. De hecho, el trabajo en
equipo que se realiza al cuidar de un recién nacido puede unir a la pareja
conforme ambos aprenden a ser padres juntos.
Mito 21: Algunos niños
son alérgicos a la leche materna.
Realidad: La leche
materna es la sustancia más natural y fisiológica que el niño puede ingerir. Si
el bebé muestra señas de sensibilidad relacionadas con la alimentación, en
general se deben a alguna proteína ajena que ha logrado entrar a la leche
materna, y no a la leche materna en sí. Esto se remedia fácilmente eliminando
el alimento ofensivo de la dieta materna durante un tiempo.
Mito 22: La lactancia
demasiado frecuente causa obesidad en el niño cuando él crece.
Realidad: Los estudios
científicos demuestran que los niños amamantados autocontrolan sus patrones
alimenticios y la cantidad que ingieren, que tienden a consumir la cantidad de
leche adecuada para su propio cuerpo. Es la alimentación con biberón y la
introducción precoz de alimentos complementarios la causa de que se vean
afectados de obesidad al crecer, no la lactancia natural.
Mito 23: Dar el pecho
mientras el niño está recostado causa infecciones de oído.
Realidad: Dado que la
leche materna es un fluido vivo y lleno de anticuerpos e inmunoglobulinas, el
bebé lactante tiene menor probabilidad de desarrollar infecciones de oído,
independientemente de la postura que utilice. De hecho, cuando la madre
amamanta sentada, el bebé está horizontal en sus brazos. Además, la disposición
de los músculos al momento de succionar cierra la comunicación con el oído.
Mito 24: La lactancia
prolongada más allá de los 12 meses del niño carece de valor, ya que la calidad
de la leche materna empieza a deteriorarse a partir de los seis meses de vida.
Realidad: La composición
de la leche materna cambia de acuerdo con las necesidades del niño conforme
éste madura. Aun cuando el niño ya es capaz de recibir otro tipo de alimentos,
la leche materna es su fuente primordial de nutrición durante los primeros 12
meses. Se convierte en complemento de los alimentos al segundo año de vida.
Además, el sistema inmunológico del niño tarda entre dos y seis años en
madurar. La leche materna continúa complementando y ayudando al sistema inmune
mientras el niño la siga tomando. Investigaciones recientes nos muestran que la
leche materna es más rica en grasa y energía después de un año de lactancia:
contiene casi 12% más de calorías que la leche de una madre de un bebé recién
nacido. Igual sucede con los factores protectores.
Publicado en Leaven, La
Leche League International.
Traducción por Norma
Escobar y Yanet Olivares. Adaptación para su publicación en Nuevo Comienzo por
María Cristina Sáenz en Colombia. http://www.lalecheleague.org/Espana.html
Un mamá, una mantita y su beba!!!
Este breve cuento es una historia real de la vida de Graciela, que me permitió publicarlo en mi blog y compartirlo con todos los que me siguen. Aprovecho para invitarlos a contar sus historias y poder publicarlas si lo desean. Muchas gracias a las
visitas al blog, un saludo desde Buenos Aires para todos, Luisa
Hola Luisa,
Hola Luisa,
Hoy quiero compartir con vos y tus seguidoras esta breve historia. Es una historia común, cotidiana, de esas que nos suceder a todos. No tiene duendes, ni hadas ni princesas.
Había una vez una mujer que no se sentía habilidosa y hasta solía reírse de su propia torpeza. Las manualidades parecían no conjugar bien con sus manos. Pero, cuando esa mujer esperaba el nacimiento de su hija, decidió tejerle una mantita para que ésta fuera la que le brindara calor cuando la beba no estuviera en sus brazos y con su calidez, le ayudara a evocar su presencia y su amor.
Comenzó a tejer pensando lo segura y contenida que su niña se sentiría al abrazarla con su manta, y así tejió y tejió hasta que estuvo terminada. Ella misma se sorprendió de ver que su torpeza no había sido tan grande.
La beba nació y ella la cubrió con su manta, deseando lograra percibir todo su amor.
La niña crecía y preguntaba qué tenía de especial esa manta. Su mamá le contestaba que estaba tejida con “el amor de mamá y los hilos de la felicidad”, y así crecía pero nunca olvidaba su “mantita de amor”. Pasaron muchos años, la niña se convirtió en una deliciosa muchacha y aún hoy, cuando ella siente frío en el alma, cuando alguna tristeza se acerca demasiado y un dolor le nubla la mirada, corre y se cubre con su “mantita de amor”,
Esta es la historia de la “mantita de amor” que yo tejí para mi adorada hija. Ver lo que para ella ha significado esta prenda me ha conmovido siempre y me ha hecho agradecerle a la vida el haberla tejido.
Ojalá, todas las mujeres logren aceptar que ese Amor que sienten por su hijo puede superar cualquier obstáculo y que ninguna se prive de tejer “sus mantitas de amor”, para que muchos niños vivan la alegría de sentirse amados y protegidos siempre por el “amor de mamá.”
Te mando un fuerte abrazo.
Graciela M. Losada
Por qué los niños son así
Es la gente del mundo
que más ama
a sus hijos y mejor
tratamiento les hace.
Alvar Núñez Cabeza de
Vaca,
Naufragios
Se
lamentan algunos de que los niños vengan al mundo sin manual de instrucciones,
o de que no se pidan estudios y un título para ser padres. Detrás de estas
frases pretendidamente graciosas subyace la peligrosa creencia de que no se
puede criar adecuadamente a un niño sin seguir los consejos del experto de turno.
En realidad, los padres lo hacen en general bastante bien, como lo han hecho
durante millones de años. La mayoría delos errores que cometen no se les ha
ocurrido a ellos, sino que provienen de expertos anteriores. Fueron médicos los
que recomendaron hace un siglo dar el pecho diez minutos cada cuatro horas, lo
que llevó al fracaso casi total de la lactancia. Fueron farmacéuticos los que
hace apenas sesenta años vendían «polvos para la dentición» a base de mercurio,
sumamente tóxicos, que había que administrar a los bebés para hacerles babear,
pues la «baba retenida» causaba graves enfermedades. Fueron médicos y
educadores los que hace dos siglos advirtieron que la masturbación «secaba el
cerebro», e idearon terribles castigos y complejos aparatos para evitar que los
niños se tocasen. Fueron expertos los que hace cinco siglos recomendaban
envolver a los niños como momias para que no pudieran gatear, porque tenían que
andar como las personas y no arrastrarse por el suelo como animales. Es posible
que todos los errores que cometemos al educar a nuestros hijos sean el sedimento
de siglos de consejos erróneos de psicólogos, médicos, sacerdotes y hechiceros.
¡Menos mal que los niños no traen instrucciones, menos mal que no nos piden aún
el título de padre!
¿Cómo
ha de criar la coneja a sus conejitos? Hay una manera muy fácil de averiguarlo:
vamos al campo y observamos a cualquier coneja. Todas lo hacen perfectamente,
en la mejor forma que sus genes y su entorno permiten hacerlo. No necesitan leer
ningún manual de instrucciones; nadie les explica lo que deben hacer. Una
coneja que viva en cautividad también cuidará a sus crías perfectamente, lo
mejor que le permita su precaria situación. Toda su conducta maternal está
controlada por los genes. Pero con los grandes primates no es exactamente así;
las gorilas nacidas y criadas en cautividad, sin contacto apenas con otros de
su especie, son incapaces de cuidar adecuadamente a sus hijos. Muestran conductas
aberrantes que pueden causarla muerte de la cría. En algunos zoológicos han
recurrido a poner a las monas jóvenes junto a otras con más experiencia que
están criando para que observen; o a pasarles vídeos, o incluso a veces han
buscado madres humanas que dieran el pecho y cuidasen a sus hijos varias horas
al día delante de la jaula de una gorila embarazada.
¿Y
las personas? ¿Cuál es la manera normal de criar a un niño humano? Sólo tenemos
que observar a unas cuantas madres que vivan en libertad. Éste es el problema,
porque ya no quedan seres humanos «en libertad», es decir, guiándose únicamente
por sus instintos y sus imperativos biológicos.
Todos
vivimos «en cautividad», es decir, en ambientes artificiales y en el seno de
grupos humanos con normas culturales.
Como
las monas del zoo, muchas madres actuales parecen haber perdido la capacidad de
criar a sus hijos siguiendo sus propios instintos. Dudan, tienen miedo,
consultan libros, preguntan a expertos... Incluso se sienten culpables cuando,
años después, otro libro u otro experto les dice todo lo contrario.
En
Europa, en los últimos doscientos años, la forma de cuidar a los niños ha
sufrido cambios radicales, a veces oscilantes, que han afectado a los aspectos
más básicos: cuánto tiempo dar el pecho, a qué edad dar otros alimentos, dónde
ha de dormir el niño, cómo se le ha de poner a dormir, quién le hade cuidar
durante las veinticuatro horas del día, a qué edad puede empezar a ir a una
escuela o guardería, cómo vestirlo, dónde ha de jugar, qué normas se le han de
inculcar y con qué métodos... Cada generación de padres ha respondido a estas
preguntas de forma totalmente distinta, y muchos ya no sabríamos qué responder.
¿Era correcto lo que hacían nuestros bisabuelos? ¿Es correcto lo que hacemos
nosotros? O tal vez todo es correcto (y entonces, ¿para qué preocuparse tanto por
hacerlo «bien»?). O, peor incluso, a lo mejor tanto nuestros bisabuelos como
nosotros nos hemos equivocado, hemos seguido normas arbitrarias de falsos
expertos en vez de hacerlo que sería normal para nuestra especie.
Sin
duda las madres de hace cien mil años no necesitaban libros y expertos para
tomar en cada momento la decisión más acertada; lástima que no estuviéramos
allí para verlo. ¿Llevaban a sus hijos en brazos o en un cochecito? ¿Dormían
los niños con los padres o en otra habitación? ¿Hasta qué edad les daban el
pecho? ¿A qué edad empezaban a caminar? ¿Qué hacían las madres cuando los niños
decían palabrotas o se peleaban?
¿Cómo
les inculcaban disciplina, cómo les imponían límites?
Jamás
lo sabremos. Pero podemos hacer algunas suposiciones lógicas, puesto que no
había ni habitaciones ni cochecitos.
Ante
la falta de datos sobre nuestros antepasados, sentimos la tentación de fijarnos
en los pueblos a los que llamamos «primitivos». Hace muchos, muchos años,
cuando yo tenía nueve o diez, leí en un álbum de cromos que los aborígenes
australianos jamás pegaban a sus hijos. Aquella frase se marcó en mi cerebro y
marcó mi vida. No, mis padres no me pegaban; pero yo no sabía por qué. Pensaba,
como muchos niños que leían las aventuras de Zipi y Zape, o escuchaban por la
radio las historias de Matilde, Perico y Periquín, que pegar a los niños era lo
normal. En cada episodio, Zipi, Zape y Periquín acababan huyendo de sus padres,
que les perseguían para pegarles.
El
saber que era posible criar a los hijos de otra manera, que toda una
civilización había decidido no pegar a los niños, no por casualidad o porque se
portaran bien, sino por principio, fue para mí toda una revelación. He dejado
un momento el ordenador para ir a buscar aquel álbum que no abría desde hace
más de treinta años, pero que cambió mi vida, la de mis hijos y tal vez
también, amiga lectora, cambie la de los suyos.
Aquí
está la cita exacta:
La
vida de los niños australianos es muy agradable, ya que por grandes que sean
las dificultades que atraviesa el grupo al que pertenece su familia, ellos
reciben la mejor parte de la comida, son tratados siempre con gran cariño por
sus padres, que les regañan si hacen travesuras, pero nunca les castigan. ¡Mejor
todavía de lo que yo recordaba! No sólo no les pegan, sino que ni siquiera les
castigan. No soy ni mucho menos el primero que admira la manera de criar a sus hijos
de otros pueblos. En la cita que encabeza este capítulo, cabeza de vaca,
soldado y explorador del siglo XVI, no habla de los cultos aztecas ni de los
poderosos incas, sino de una tribu de indios desharrapados, pobres, hambrientos
y afligidos por las epidemias, que sin embargo acogieron a docenas de españoles
llegados en patera a las costas de Florida y, sin pedirles los papeles,
compartieron con aquellos emigrantes ilegales europeos lo poco que tenían.
¿Casualidad?
Parece que las personas que fueron tratadas con cariño en su infancia se convierten
en adultos más pacíficos, más amables, más comprensivos, y también más sanos y más
felices. Encontrará amplia información sobre estos efectos a largo plazo del
cariño en un libro excelente, Lazos vitales, de Shelley Taylor. Pero, por
supuesto, no vamos a tratar con cariño a nuestros hijos «porque así serán
más... ». No. Les trataremos con cariño porque les queremos. Si además eso les
hace a su vez más cariñosos, pues mejor todavía. Pero les trataríamos con el
mismo cariño aunque de mayores fueran a ser antipáticos, porque son nuestros
hijos.
Sería
un error creer que los «pueblos primitivos» tienen la respuesta, porque no
existen pueblos primitivos. Todos los pueblos que existen en la actualidad son,
por definición, actuales.
Todos
tienen detrás los mismos milenios de historia que nosotros.
Existen
centenares de culturas humanas distintas, y cada una tiene su propia forma de
criar a sus hijos. En algunos aspectos coinciden casi todas: el niño toma el
pecho, su principal cuidadora es su madre, durante los primeros años está en contacto
físico con su madre o con otra persona casi todo el tiempo. Es probable que
estos aspectos en que casi todos coinciden representen «lo normal», la forma en
que los primeros humanos criaban a sus hijos... y, en tal caso, debería
preocuparnos que nuestra cultura sea, precisamente, casi la única excepción.
Los
Human Relations Área Files (Archivos del Área de Relaciones Humanas) son una
organización internacional que agrupa a universidades y centros de
investigación en más de 30 países. Intenta recopilar todos los documentos de
investigación antropológica que existen, desde libros y revistas hasta notas y
escritos que jamás fueron publicados, y dispone de un millón de páginas de
información sobre 400 culturas pasadas y presentes. Los documentos relativos a
60 de esas culturas, representativas de los cinco continentes, han sido
incluidos en una base de datos electrónica que contiene 200.000 páginas de información.
Unos
científicos analizaron con detalle esa base de datos electrónica para comparar
la crianza de los niños en 60 culturas humanas (por desgracia, la información
es incompleta, y en muchos casos no se dispone de los datos necesarios). En 25
de las 29 culturas para las que se conocía este dato, los niños dormían con la
madre o con ambos padres. En 30 de 30 eran transportados a espaldas de su
madre. En ninguna, entre las 27 en que constaba el dato, dormía el bebé por la noche
en una habitación separada, y sólo en una de 24 estaba en una habitación separada
durante el día. En 28 de 29 culturas, el lactante estaba constantemente con
otra persona o vigilado. En 48 de 48 se amamantaba a los niños siempre a demanda.
En 35 casos había datos sobre la edad habitual del destete: antes del año en
dos culturas; entre un año y dos en siete,
entre dos y tres en catorce, y más de tres años en doce.
Casi
todos coinciden en lo fundamental; pero en otras costumbres, como el vestido o
la alimentación, cada cultura es distinta, y seguro que muchas han encontrado
soluciones igualmente correctas. La conducta de los chimpancés es más variada y
adaptable que la de los conejos; seguro que la conducta humana es más adaptable
aún, seguro que existen muchas maneras distintas de criar bien a un hijo.
Pero
también hay costumbres tradicionales de algunas sociedades, como ciertos
tatuajes y mutilaciones, que son perjudiciales para el niño. Y seguro que
muchas cosas de nuestra cultura, como llevar zapatos o aprender a escribir, son
beneficiosas y no tenemos por qué renunciar a ellas. No, la respuesta no es
intentar criar a nuestros hijos igual que los bosquimanos o los esquimales.
Así
que no va a resultar fácil decidir qué es lo mejor para nuestros hijos, cuál es
la manera normal de criar a un ser humano. Tendremos que observar lo que hacen
otros mamíferos, sobre todo nuestros parientes los primates. Tendremos que
comparar lo que hacen diversas sociedades humanas y elegir aquellas cosas que
parezcan funcionar mejor. Tendremos que usar nuestra razón para intentar
adivinar cómo vivían nuestros antepasados y por qué los niños son como son.
Sobre
todo, tendremos que usar nuestro corazón; mirar a nuestros hijos y pensar en la
manera de hacerles felices.
Fuente:
Bésame Mucho, Dr. Carlos González, pediatra catalán
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