viernes, 11 de abril de 2014

PARA ADELIR, PARA TODAS


Querida Adelir:
Lo siento, lo siento mucho. Cuando supe que diez policías entraron en tu casa estando tu de parto y te llevaron contra tu voluntad al hospital para hacerte una cesárea sin tu consentimiento sentí un dolor enorme. Cuando me enteré de que tu “delito” era haber tenido la osadía de intentar un parto vaginal después de dos cesáreas tuve que acariciar la cicatriz de mi vientre. Cuando leí que la médico del hospital había obtenido autorización del juez para hacerte la cesárea sacando la siniestra “carta del bebé muerto” (dead baby card) me hirvió la sangre. Cuando vi tu cara en las noticias y te escuché decir que te sentías frustrada por la cesárea tuve ganas de darte un abrazo enorme, y decirte que no estás sola.

Tu historia me resulta demasiado familiar. Yo también intenté un parto vaginal después de dos cesáreas. Yo también dilaté en casa, con una matrona, y pensé que llegando al hospital con el parto avanzado sería más probable ser respetada en mi deseo de parir si todo iba bien. Como tu, yo también sufrí un maltrato brutal en el hospital. Fui cesáreada en contra de mi voluntad menos de media hora después de llegar en dilatación completa. Antes me gritaron, me amenazaron, me trataron de loca. Todavía recuerdo mis lágrimas mientras les suplicaba: “¿Cómo podéis tratarme así? ¿Cómo podéis tratar a nadie así?”. Todas aquellas personas mirándome mientras el ginecólogo metía sus dos manos en mi vagina y me pedía que me tranquilizara. Su voz al dictar sentencia: “cesárea“, mi ruego,” no por favor, no por favor“, la carta del bebé muerto “la vida del bebé corre peligro“, mi derrota, mi llanto, el terror, la anestesia general, mi silencio, la morfina al despertar, las doce horas sin ver a mi hija, la extrañeza…Los meses tan difíciles que vinieron después, cada vez que lo vivido se repetía en mi cabeza sin aviso previo cual macabra pesadilla. El estrés postraumático y la impotencia cada vez que alguien me decía “de que te quejas si tienes una bebé sana”.

Afortunadamente Adelir yo tampoco estuve sola. Encontré a otras mujeres, en ICAN, en Apoyocesareas, en El parto es nuestro, que me ayudaron a ir sanando mis heridas. Comprendí que no era la única, que eramos muchas, muchísimas, demasiadas. Entendí que la violencia obstétrica es un problema mundial y tristemente ancestral.




Por eso hoy iré a la Embajada de Brasil en Madrid a entregar mi carta de protesta. Por ti, por todas nosotras, por nuestras hijas. Por todas las mujeres que cada día en el mundo se ven sometidas a cesáreas innecesarias, a violencia obstétrica, que son amenazadas de formas sutiles e invisibles, forzadas de muchas formas, mutiladas.
Porque entre todas tenemos que detener esta barbaridad.
Un abrazo grande Adelir. Estamos contigo.

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