miércoles, 2 de abril de 2014

Una cuestión de piel a piel

Sociedad › Científicos promueven el contacto físico con el recién nacido

Un estudio de la Universidad de Vanderbilt determinó los beneficios para el bebé cuando, apenas nacido, toma contacto directo con la piel de la madre, e incluso del padre. Otros, en Japón y en Argentina, llegaron a conclusiones semejantes.



 Por Pedro Lipcovich
“Yo soy firme partidario del contacto piel a piel con mi mamá”, sostuvo un recién nacido. “Yo, que acabo de nacer por cesárea, estoy muy conforme con el contacto piel a piel con mi papá”, agregó otro. “Yo, aunque no soy tan chiquito como ustedes, también hago piel a piel, porque mamá me saca la ropita para darme la teta, y por eso lloro menos”, intervino otro que había cumplido tres meses. La opinión de los bebés entrevistados por Página/12 es consistente con las investigaciones más actuales: “El contacto temprano piel a piel hace decrecer el llanto en el bebé y tiene efectos beneficiosos sobre la lactancia y la estabilidad cardiorrespiratoria”, según un estudio de la Universidad de Vanderbilt, Tennessee, Estados Unidos. Conviene que este contacto empiece, siempre que sea posible, inmediatamente después del nacimiento y que se extienda por lo menos durante la primera hora, posponiendo los exámenes de rutina que no sean urgentes pero siempre bajo control del personal del salud. Aun en unidades de terapia intensiva pediátrica este contacto se propicia siempre que sea posible, incluso en bebés bajo respiración asistida. Para la madre, el piel a piel implica no sólo beneficios emocionales, sino que, por estimular la secreción de hormonas, reduce el sangrado posparto y propicia la relajación. Si se efectuó cesárea bajo anestesia general, el contacto piel a piel con el padre también demostró sus beneficios. Y, a lo largo de los primeros meses de vida, el piel a piel puede continuar cada vez que se da la teta.

Entre los estudios sobre el tema se destaca el que elaboraron Elizabeth Moore y su equipo de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Vanderbilt, para la base de datos Cochrane, que revisa y sintetiza investigaciones previas. “La separación madre-bebé después del nacimiento es común en la cultura occidental. El contacto temprano piel a piel comienza idealmente en el nacimiento y, de acuerdo con los estudios de neurociencia sobre mamíferos, suscita conductas que aseguran la satisfacción de necesidades biológicas básicas. Ese tiempo puede representar un ‘período sensitivo’ para programar la fisiología y conducta futuras.” Los investigadores revisaron ensayos clínicos concernientes a 2177 díadas madre-hijo y concluyeron que el contacto piel a piel “beneficia la lactancia materna y la estabilidad cardiorrespiratoria y hace disminuir el llanto de los bebés, sin que presente efectos negativos a corto o largo plazo”.

Otra investigación fue realizada por Katsumi Mizuno y su equipo de la División Neonatología del Hospital Chiba de Japón, y publicada en la revista Acta Paediatrica: tomaron un grupo de sesenta recién nacidos saludables, de los que sólo la mitad había experimentado contacto piel a piel. En el cuarto día después de su nacimiento, les presentaron diversos estímulos olfativos: el olor de la leche de su madre, el de otra leche materna humana, el de una leche maternizada. Filmaron las reacciones de los bebés, especialmente la frecuencia de movimientos de la boca. Los que habían tenido contacto piel a piel mostraron una mayor respuesta: más intensidad en los movimientos de la boca cuando se les presentaba la leche de su mamá, con relación a los otros estímulos. Además, se hizo seguimiento de la lactancia de estos nenes y resultó que los que habían tenido contacto piel a piel fueron amamantados, en promedio, durante dos meses más que los otros.

Hoy las maternidades cuentan con el informe “Práctica clínica del contacto piel a piel en neonatología”, del Capítulo de Enfermería de la Sociedad Iberoamericana de Neonatología. Por la Argentina lo suscriben las licenciadas en enfermería Ana Quiroga y Rose Mari Soria. El texto advierte que “aún existen importantes obstáculos para el libre acceso de la familia en muchas unidades neonatales de la región iberoamericana”, pese a que “se han documentado los efectos perjudiciales de la separación precoz y continua y se ha demostrado que las primeras horas tras el parto son cruciales para la aparición del vínculo madre/padre-hijo y para la instauración de la lactancia materna”.

¿Cómo concretar ese contacto? Básicamente se trata de “colocar al neonato desnudo sobre el tórax o abdomen de su madre”; si es necesario se lo protege con una mantita previamente calentada. “Se debe permitir el libre movimiento del bebé, que probablemente, estimulado por la caricia de la madre, buscará el pecho –precisa el informe–, y señala que “los recién nacidos sanos demuestran capacidades notables: el bebé tiene fuerzas para reptar hasta el pezón, y el estímulo de sus piernas sobre el abdomen de la madre estimula las contracciones uterinas, favoreciendo la involución del útero”; todo esto, ciertamente, “bajo vigilancia estrecha del personal sanitario para evaluar clínicamente a ambos y detectar cualquier anormalidad”.

Además, en favor de la madre, ese primer contacto “produce un potente estímulo del nervio vago, que libera oxitocina materna produciendo un incremento de la temperatura de la piel de las mamas, lo que proporciona calor al recién nacido, mejorando la regulación de la temperatura. La oxitocina también ayuda a la expulsión de la placenta, reduce el sangrado materno y favorece la relajación en la madre”. En los partos por cesárea, los niños también deben tener contacto piel a piel con sus madres luego del nacimiento; en casos de anestesia general, se ofertará al padre realizar contacto piel a piel en el quirófano o en una sala anexa”.

Ana Quiroga, una de las autoras de “Práctica clínica del contacto piel a piel...”, comentó que esta práctica “no debe entenderse como un mandato que las madres deban cumplir durante las 24 horas; también puede suceder que, si el bebé es muy prematuro o tiene algún problema clínico, primero haya que tomar algunas medidas de tratamiento y recién después ir al contacto piel a piel. Lo importante es que todas las unidades de neonatología favorezcan esta práctica, que trae enormes beneficios para la madre y el recién nacido”. E insistió: “No se trata simplemente de hacerle ‘upa’ al bebé, sino del contacto entre los torsos desnudos del nene y su madre”.

Bernardo Chomski, ex jefe de Neonatología del hospital Argerich, agregó que “actualmente en los servicios de terapia intensiva neonatal se trata de que también los recién nacidos muy prematuros, de muy bajo peso, accedan al contacto piel a piel: aun cuando estén recibiendo asistencia respiratoria pediátrica, sin retirarles el tubo del aparato los ponemos sobre el pecho de la mamá”.

En rigor, el contacto piel a piel se inscribe en “el libre acceso de la familia a las unidades neonatales”, tal como se lo nombra en “Práctica clínica...”. Este informe destaca que “en las unidades de terapia intensiva neonatal se debe involucrar a las familias en la toma de decisiones, en los pases de guardia y en las tareas de cuidado”, ya que “los padres no son visitas, sino los cuidadores naturales”. Y “si la madre por circunstancias clínicas no es capaz de hacer contacto piel a piel con su hijo, el padre puede realizarlo las 24 horas del día, con igual técnica”. Los padres así involucrados “muestran menores niveles de ansiedad y, además, desarrollan mayor confianza en el cuidado de sus hijos y mayor atención a sus necesidades”.

La práctica bien puede continuar durante la lactancia, ya que –observó Chomski– “en los primeros meses, el contacto piel a piel es el principal estímulo madurativo: una recomendación para los meses iniciales es cuando se le da de mamar, sacarle toda la ropita y que la mamá también se saque la ropa que cubre el torso, para permitir el contacto”.

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