Viernes 18 de octubre de
2013 | 08:23
Maica es madre de la
primera beba gestada en un vientre prestado en la Argentina; su esposo escribió
un libro sobre esta experiencia inédita
Por Verónica Dema | LA NACION
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| Maica Moraes junto a su hijo. Foto: Gentileza Maica Moraes |
Maica Moraes había
perdido dos embarazos, el último de los cuales la dejó una semana en terapia
intensiva, cuando una amiga le ofreció su vientre para que creciera su bebe.
"Quiero ofrecerte mi panza", le dijo. Al principio pensó que le hacía
una broma. Pero su amiga -de quien preserva su identidad- insistió. Explicó que
la había visto sufrir mucho, que sabía de su deseo inmenso de ser madre y que
estaba segura de que podría con eso. Maica, que se había quedado helada,
retrucó con los riesgos y los miedos; entonces, su amiga contestó: "Soy
mamá, sé lo que vos querés ser madre; ese bebe no va a ser mío, va a ser tu
bebe, yo voy a ser como una casita".
Este fue el principio de
una historia que terminó con el nacimiento de la primera beba gestada en un
"vientre prestado". Técnicamente es la primera subrogación legal en
la Argentina. La familia de Maica y Juan, su esposo, abrió el camino legal para
la inscripción de una hija en función de su "verdadera identidad": la
de las dos personas que la concibieron y desearon ser padres.
En diálogo con LA
NACION, en vísperas del Día de la Madre, Maica empieza a relatar la experiencia
desde el principio. Su nena de un año y medio se escucha al otro lado del
teléfono. "Mamá, acá", pide. Entonces su madre le ofrece pintar. Se
escuchan ruidos de papeles y algunos gorjeos indescifrables.
Fue un embarazo de tres.
Y hasta el nacimiento los tuvo a los tres en la sala de parto.
Maica y Juan hace once
años que están juntos. En 2006 se casaron y empezaron a buscar un hijo. Juan tenía
dos -Lucas y Julián- de un matrimonio anterior. La búsqueda se alargó. En 2008
Maica quedó embarazada por primera vez y, por trombofilia, un problema en la
sangre, lo perdió. Insistieron con inseminaciones artificiales. No tenían
suerte.
A fines de 2009 volvió a
quedar embarazada, pero también lo perdió. Esta vez, era un embarazo avanzado
que le costó caro: una cesárea de urgencia le produjo una hemorragia que
terminó despojándola del útero, aunque logró conservar los ovarios y Maica pudo
seguir ovulando. En ese momento, tener los ovarios para ella no significaba
mucho. Luego lo valoró.
Maica Moraes y su marido Juan De
Gregorio.
Ante esa pérdida, y
siempre convencida de su deseo de ser madre, se anotaron en el registro de
adopción. De la primera entrevista se fueron decepcionados: no podían
asegurarles cuánto tiempo llevaría la búsqueda y ni siquiera podían prometerles
que ese día llegaría. Puede pasar un año, dos o nunca, escucharon en aquella
oficina. "Me quedé helada. Me desmoralizó porque me parecía loco sentarme
a esperar algo que podía no salir nunca y me desesperaba saber que no estaba en
mis manos hacer nada", cuenta.
Era 2010. El tiempo
biológico seguía corriendo: Maica tenía 38 años.
Ahí fue cuando empezaron
a evaluar con su marido la posibilidad de la subrogación de vientre, algo que
habían escuchado sólo al pasar. Buscaron por Internet, contactaron a algunas
agencias en el exterior, se comunicaron por skype con algunos médicos y hasta
viajaron a Brasil, un país donde esta práctica está más difundida, pero donde
la legislación establece que quien puede prestar la panza debe ser un familiar.

