martes, 23 de junio de 2015

Los riesgos de la falta de piel con piel para los recién nacidos


Por Ángeles Cano



Mucho se ha hablado de los beneficios del cuidado piel con piel entre madre y recién nacido. Se ha comprobado en estudios (Hospital Joan XXIII de Tarragona, Adolfo Gómez Papi, 2005) que el ingreso de los recién nacidos prematuros o enfermos se reducía drásticamente, así como el uso de fármacos durante el mismo. Y que los padres tenían más seguridad a la hora de cuidar a sus bebés tras el alta, cuando ya formaban parte activa de los cuidados dentro de la UCI Neonatal. Y que la lactancia era más fácil y se alargaba lógicamente, si se respeta al máximo la unidad madre-bebé tras el nacimiento, es decir si se promueve el contacto piel con piel ininterrumpido nada más nacer el bebé. Es una larga lista de beneficios para todos los implicados a corto, medio y largo plazo.

Si nos detenemos en cómo se ha tratado el tema de la lactancia materna, vemos que ya hubo un cambio de paradigma que se traslada al lenguaje “oficial”. Ya no se habla de los beneficios de la Lactancia Materna, sino de los riesgos de la lactancia artificial. Que un bebé se alimente de su madre es lo normal, lo que debe ser una excepción es que se alimente con sucedáneos artificiales que nunca llegarán a imitar la calidad de la leche humana.

Esto mismo se debería aplicar a las necesidades y cuidados esenciales de los bebés y niños ingresados. No se trata de favorecer el contacto piel con piel, sino de garantizarlo. Deberíamos atrevernos ya a hablar de cuáles son los riesgos para un bebé ingresado que no tiene contacto físico con su madre y su padre, que no recibe cuidados continuados de sus padres. ¿Cuáles son los riesgos de separar a un bebé de su madre, de privarle de sus primeras necesidades en un momento crítico como es el nacimiento?

Los riesgos que suponen que un recién nacido no encuentre su hábitat, que su entorno no cumpla las expectativas con las que nace, sí, de supervivencia, de satisfacer su instinto. Que no pueda reconocer a su madre, tocarla, olerla, reencontrarse con ella. Que no pueda tomar su calostro cuando tiene sed. Que no pueda disfrutar de su calor para no perder temperatura en esos momentos frágiles tras el nacimiento. Que no pueda buscar consuelo en sus brazos. El sentirse desorientado por estar lejos del cuerpo de la madre que lo es todo para un bebé recién nacido: calor, alimento, seguridad, consuelo, protección y amor.

Los principales riesgos son, entre otros:

ü Falta de apoyo para la regulación de la temperatura corporal
ü Dificultades en el comienzo del vínculo y apego con su madre
ü Dificultades para el establecimiento de la lactancia materna
ü Alteración del ritmo cardiaco y de la respiración, ansiedad, estrés
ü Hambre, sed y dolor
ü Falta de movimiento y estímulos por parte de la madre
ü Llanto excesivo (que implica pérdida de temperatura, etc.)
ü Pérdida de peso
ü Dificultad para conciliar el sueño, falta de descanso
ü Desorientación y soledad


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