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martes, 10 de diciembre de 2013

¿Por qué nos llamamos mamíferos?

“Cuando se expulsa el feto a la luz del día, éste mama 
la leche de los pechos para nutrirse, sin que nadie se lo enseñe. 
Las mamas están situadas en el pecho y provistas de pezones.
 Están formadas por un material glandular que, mediante una fuerza innata, convierte en leche la sangre que las venas le envían”.





En 1758, el sueco Carl von Linné, profesor de Medicina, catedrático de Biología y autor de la moderna taxonomía de los seres vivos, en la 10ª edición de su obra Sistema Naturae, crea el término mammalia (“de mamas”) para nombrar una clase de vertebrados, entre los que nos encontramos los humanos, caracterizados, entre otros hechos, por tener glándulas mamarias.

Aunque algunos contemporáneos de Linné como el naturalista Buffon se oponían al término, en el siglo XVIII el interés por el pecho femenino entre los ilustrados y las políticas que defendían la lactancia materna estaban tan en boga, que la nueva nomenclatura para el grupo de animales denominados cuadrúpedos por y desde Aristóteles (384 a 322 a.C.) ganó amplia aceptación.

Esta denominación o sus variantes (mammals, en inglés) ha sido adoptada en los países de habla inglesa mientras que términos significando “portador de mamas”10 Lactancia materna: Guía para profesionales (mamífero, en español) se emplean en las lenguas romances y el que significa literalmente “que maman” (Säugetiere), en alemán.

Pese a todo el cúmulo de pruebas en pro de los beneficios de la lactancia materna exclusiva, la prevalencia de la misma es baja o muy baja en prácticamente todo el mundo, estimándola la OMS inferior al 50% en niños de hasta 4 meses en muchísimos países.

Esta situación, que se ha agravado a lo largo de la segunda mitad del siglo XX con la sustitución indiscriminada de la lactancia natural por fórmulas derivadas de leche de vaca, es en realidad, nueva en el devenir de la humanidad: desde el principio de los tiempos y hasta hace menos de 150 años la inmensa mayoría de recién nacidos humanos habían sido alimentados con leche de la propia especie, sea de sus madres, sea de mujeres contratadas para tal fin.

Fuente Lactancia Materna: guía para profesionales
Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría

viernes, 16 de agosto de 2013

Canguro, otro mamífero

El término canguro es el nombre común que se utiliza para designar a las especies de mayor tamaño de la subfamilia Macropodinae, tal como el término ualabí se utiliza para denominar a las de menor tamaño. Se utiliza también a veces en un sentido más amplio, o extenso, para referirse a casi todos los miembros de la familia de los macrópodos. Sin embargo, el término no responde a una clasificación científica, por lo que especies pertenecientes a un mismo género (agrupación de especies estrechamente relacionadas entre sí) pueden ser llamadas canguro, ualabí o ualarú, sólo dependiendo de su tamaño. Por ejemplo, Macropus parma es conocido como el ualabí de Parma,1 mientras que Macropus antilopinus, es denominado indistintamente como canguro antílope o ualarú antílope.2
La subfamilia Macropodinae incluye, además de las especies de canguros, ualabíes y ualarúes, otras comúnmente conocidas como canguros  arborícolas, cuocas, dorcopsis y pademelones.
    

                                     
Existen muchas especies denominadas canguro, y aquí se ven reflejadas tres de ellas:
  • El canguro rojo (Macropus rufus), el cual es el mayor de los canguros y el mayor de los marsupiales aún en existencia. Los canguros rojos ocupan el centro árido y semi-árido de Australia. Un macho adulto puede medir 1,5 m de altura y pesar 85 kg.
  • El canguro gris oriental (Macropus giganteus), menos conocido que el canguro rojo, pero avistado más frecuentemente, ya que su rango cubre el área oriental fértil australiana.
  • El canguro gris occidental (Macropus fuliginosus), de tamaño menor y encontrado al sur de la Australia occidental, sur de Australia cerca de la costa y en la cuenca del río Darling.

Los canguros poseen grandes y poderosas patas traseras, grandes pies diseñados para saltar, una cola larga y musculosa para mantener el equilibrio y una cabeza pequeña. Los canguros son herbívoros, alimentándose de pasto y raíces. Todas las especies son nocturnas y crepusculares, usualmente pasando el día en quietud y alimentándose durante las tardes y noches frías, generalmente en grupos. Tienen una esperanza de vida de 18 años aproximadamente.

Los canguros se encuentran principalmente en Oceanía. Popularmente el canguro es conocido como el animal más representativo de Australia.

Origen del nombre
La palabra canguro deriva de gangurru, una palabra del Guugu Yimidhirr (una lengua aborigen australiana), que se refería al canguro gris. El nombre fue escrito por primera vez (en su versión inglesa kangaroo) por el Teniente James Cook el 4 de agosto de 1770.

Una leyenda extendida afirma que en realidad el nombre canguro habría surgido al preguntar los occidentales el nombre de aquel animal y ser esto (Kan Ghu Ru) lo que respondían los aborígenes; su significado, sin embargo, no era el nombre del animal, sino la frase "no le entiendo".3

Reproducción
Su reproducción es sexual y varía mucho con las especies. El canguro rojo es un reproductor oportunista, ya que se aparea y reproduce cuando las condiciones estacionales son favorables para la cría de la prole. Los canguros grises procrean durante todo el año, pero paren más crías en los meses de verano, pues salen de la bolsa en la época ideal, la primavera. Otras especies tienen una estación reproductora más restringida.

El galanteo puede durar unas pocas horas o prolongarse 2 ó 3 días. El macho sigue a la hembra que está en celo, husmeando con frecuencia la abertura de la bolsa urogenital y tocando la cola de la hembra con la pata. El ualabi macho hace característicos movimientos laterales y sinuosos con la cola, que producen chasquidos; el apareamiento puede ser breve o durar más de una hora, como en el caso del canguro gris.

En bastantes especies, como el cuoca, el apareamiento tiene lugar después del parto (estro post partum); en estos casos se suele producir un blastocito en reposo, que se desarrolla más tarde, cuando la cría del parto anterior abandone el marsupio. Las crías nacen entre los 28 y 36 días tras el apareamiento, estando aún muy poco desarrolladas, sin pelo y con los ojos y oídos aún embrionarios y sin función.4 Los canguros rojos hembras, que pesan unos 27 kg paren una cría de tan solo 800 miligramos de peso.4 El parto es rápido, y en cuanto queda libre la cría comienza a avanzar hacia la mama, moviendo su cabeza de un lado a otro arrastrándose a lo largo del vientre materno, y una vez dentro del marsupio, toma firmemente la mama en la boca, y el extremo de ella se dilata hasta llenar la cavidad bucal.4 Todo el proceso tiene lugar en unos pocos minutos.4 Permanecen en la bolsa unos 8 meses, pero siguen volviendo a ella para mamar alrededor de seis meses más; en ese tiempo ya habrá nacido otra cría. Los jóvenes suelen relacionarse con sus madres hasta que alcanzan la madurez sexual. Normalmente nace una sola cría, pero se han dado casos de nacimiento de gemelos.

Locomoción
Los canguros son los únicos animales grandes que se desplazan dando saltos. Los saltos, que los hacen moviendo sus piernas a la vez, son un modo de locomoción rápido y económico, pues a altas velocidades consumen una fracción de la energía que consumirían desplazándose de otra manera.5

La velocidad de desplazamiento confortable del canguro rojo es de 20–25 km/h, pero puede alcanzar velocidades de hasta 70 km/h en distancias cortas, y puede mantener una velocidad de unos 40 km/h por casi dos km.6

Debido al largo de sus pies, no puede caminar correctamente. Para moverse a velocidades bajas usa su cola como un trípode, junto con sus patas delanteras. Así puede mover sus pies un paso hacia adelante.6

jueves, 1 de agosto de 2013

La Ballena Franca



Existen 11 especies de ballenas, de las cuales dos se conocen como ballenas francas. La ballena franca austral, que vive en el hemisferio sur, y la franca boreal, que vive en el norte.

Las ballenas son mamíferos, y por lo tanto, respiran aire, mantienen estable la temperatura del cuerpo y paren y amamantan a sus crías. A pesar de su tamaño, se alimentan de pequeños organismos de pocos milímetros.

La cabeza ocupa el 25% del largo de su cuerpo, que está cubierto, en algunas zonas, por callosidades vistosas de queratina originadas en la piel. Su aliento es expulsado por dos espiráculos que dibujan en el aire dos chorros en V.

Las hembras son reproductoras cuando alcanzan los 13 metros, es decir, a los 3 ó 4 años, edad a la que los machos sólo llegan a los 12 metros. El largo máximo observado en ejemplares en península Valdés es de 16 metros para las hembras y de 15 metros para los machos. Los ballenatos (los cachorros) nacen con unos cinco metros de longitud y, ya adultos, pueden llegar a pesar unas 5 toneladas.

Otros datos
Nombre científico: Eubalaena Australis
Medida: 14 Metros
Peso: Alcanza los 40.000 kilos

Pese a sus dimensiones se mueve con gran destreza. Sus saltos y movimientos estremecen al público...

Hábitat y población
Se distribuyen entre los 20º y 64º de latitud sur.
La población mundial se estima en sólo 3000 individuos.

Durante siglos y hasta hace algunas décadas estuvieron expuestas a una intensa cacería. Hoy están protegidas por normas internacionales.

Reproducción
La gestación es de 12 meses, y la hembra amamanta a sus cachorros durante, más o menos, un período similar.
Tiene un ballenato cada tres años, momento en el que regresan a la península Valdés. Raramente son vistas ahí durante los años que transcurren entre cada parición. Los machos, tienden a retornar al lugar cada año.

Otras curiosidades
Las callosidades de las ballenas son diferentes en cada una de ellas, por lo que pueden servir para identificarlas, así como las huellas digitales en los seres humanos.
Desde 1970, en la Patagonia han sido identificadas más de 1300 ballenas. Cada año se agregan a la lista alrededor de 130 adultos y unas 30 crías.
La población patagónica de la ballena franca austral está creciendo a una tasa del 7,6% anual y es una de las poblaciones más importantes del mundo para una especie poco abundante.

Autor: Redacción Milenium

martes, 25 de junio de 2013

Mamíferos humanos!!!!

Las lobas, las perras, las gatas, las vacas, las focas, las elefantas, las leonas, las gorilas, las ovejas, las ballenas, las yeguas, las monas, las jirafas, las zorras y las humanas tenemos algo en común: el instinto de proteger nuestra cría. Sin embargo somos especialmente sensibles si algo se interpone entre nosotras y nuestros cachorros después del parto: por ejemplo, si alguien toca a uno de ellos impregnándolos de un olor ajeno, perdemos el olfato que los hace absolutamente reconocibles como propios. Si permanecen alejados del cuerpo materno, vamos perdiendo la urgente necesidad de cobijarlos.





Entre los humanos del mundo “civilizado”, pasa algo raro: Las hembras humanas no desarrollamos nuestro instinto materno de cuidado y protección, porque una vez producido el parto, tenemos prohibido oler a nuestros hijos, que son rápidamente bañados, cepillados y perfumados antes de que nos los devuelvan a nuestros brazos. Perdemos un sutil eslabón del apego con nuestros cachorros. Luego raramente estaremos bien acompañadas para que afloren nuestros instintos más arcaicos, difícilmente lograremos amamantarlos, -cosa que todas las demás mamíferas logran siempre y cuando no hayan parido en cautiverio-… seguiremos reglas fijas ya sean filosóficas, culturales, religiosas o morales que terminarán por enterrar todo vestigio de humanidad...






A esa altura sentimos que estos niños no nos pertenecen. Esperamos que se arreglen solos, que duerman solos, que coman solos, que jueguen solos, que controlen sus esfínteres, que crezcan solos y que no molesten. Hemos dejado de “oler” eso que les sucede. No hemos aprendido el idioma de los bebés, no sabemos interpretar ni traducir lo que les pasa. Cuando estamos ausentes, o incluso cuando estamos cerca -con tal de estar tranquilos- los dejamos completamente expuestos. Entonces puede aparecer el más feroz de los lobos feroces. Ya que en realidad somos nosotros, sus más temibles depredadores."
 Laura Gutman

lunes, 11 de marzo de 2013

Los humanos también somos mamíferos


¿Por qué nos llamamos mamíferos?

“Cuando se expulsa el feto a la luz del día, éste mama la leche de los

 pechos para nutrirse, sin que nadie se lo enseñe. 

Las mamas están situadas en el pecho y provistas de pezones.

 Están formadas por un material glandular que, mediante una fuerza innata, convierte en leche la sangre que las venas le envían”. 

Andreas Vesalio (1514-1564)

Dehumani corporis fabrica libri Septem (Basilea, 1543)

lunes, 5 de noviembre de 2012

Por qué nos llamamos mamíferos?

“Cuando se expulsa el feto a la luz del día, éste mama la leche de los pechos para nutrirse, sin que nadie se lo enseñe. Las mamas están situadas en el pecho y provistas de pezones. Están formadas por un material glandular que, mediante una fuerza innata, convierte en leche la sangre que las venas le envían”.Andreas Vesalio (1514-1564) Dehumani corporis fabrica libri Septem (Basilea, 1543)
 En 1758, el sueco Carl von Linné, profesor de Medicina, catedrático de Biología y autor de la moderna taxonomía de los seres vivos, en la 10ª edición de su obra Sistema Naturae, crea el término mammalia (“de mamas”) para nombrar una clase de vertebrados, entre los que nos encontramos los humanos, caracterizados, entre otros hechos, por tener glándulas mamarias. Aunque algunos contemporáneos de Linné como el naturalista Buffon se oponían al término, en el siglo XVIII el interés por el pecho femenino entre los ilustrados y las políticas que defendían la lactancia materna estaban tan en boga, que la nueva nomenclatura para el grupo de animales denominados cuadrúpedos por y desde Aristóteles (384 a 322 a.C.) ganó amplia aceptación. Esta denominación o sus variantes (mammals, en inglés) ha sido adoptada en los países de habla inglesa mientras que términos significando “portador de mamas”(mamífero, en español) se emplean en las lenguas romances y el que significa literalmente “que maman” (Säugetiere), en alemán. Pese a todo el cúmulo de pruebas en pro de los beneficios de la lactancia materna exclusiva, la prevalencia de la misma es baja o muy baja en prácticamente todo el mundo, estimándola la OMS inferior al 50% en niños de hasta 4 meses en muchísimos países. Esta situación, que se ha agravado a lo largo de la segunda mitad del siglo XX con la sustitución indiscriminada de la lactancia natural por fórmulas derivadas de leche de vaca, es en realidad, nueva en el devenir de la humanidad: desde el principio de los tiempos y hasta hace menos de 150 años la inmensa mayoría de recién nacidos humanos habían sido alimentados con leche de la propia especie, sea de sus madres, sea de mujeres contratadas para tal fin.
 Fuente Lactancia Materna: guía para profesionales Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría
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