Mostrando entradas con la etiqueta nacimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nacimiento. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de diciembre de 2015

Nacimiento



En estos días que nos toca vivir, tan alterados, complicados, llenos de temores, se me ocurrió escribir sobre el nacimiento, justamente del nacimiento de un hijo, algo que muchas veces se espera, se anhela, que suceda ya, como por arte de magia. Pero la espera se hace larga, tan larga como los nueve meses del embarazo, mucho tiempo, poco tiempo, los días corren rápidamente para quien espera con calma.

El nacimiento de un hijo es un momento único e irrepetible como cada hijo que nace, por eso la espera se convierte en curiosidad, en un montón de preguntas, que solo se contestarán cuando se produzca el nacimiento
El día del nacimiento, que luego será el día de cumpleaños, es un día para compartir con los más cercanos, los más entrañables, con la esencia de la familia.

Madre, padre e hijo, en un minuto se vuelven familia. Ese minuto es para guardarlo en un rincón del alma, para siempre, para compartirlo de ahí en más, con la alegría y la angustia, sentimientos que produce el nacimiento de un hijo.

¿Qué deseos tenemos para este nacimiento? ¿Qué se espera de ese hijo por nacer?
Tendrán miles de respuestas estas preguntas. Pero tal vez deberíamos pensar que espera ese hijo.
Creo que este tiempo, cercano al nacimiento, a la llegada de un hijo a un hogar, es un tiempo para reflexionar.
Estoy segura que ese niño espera amor, cobijo, sostén, abrigo, caricias, palabras amables, cuidados y alimento para el cuerpo.
Luisa Bengolea 
Enfermera perinatal y asesora en amamantamiento

martes, 5 de mayo de 2015

Intentémoslo sin violencia



Frédérick Leboyer, allá por 1974 escribió un libro llamado Por un nacimiento sin violencia. El libro se lee como una poesía, y lleva imágenes espeluznantes, que hielan la sangre. Imágenes en blanco y negro que seguro que este buen hombre se imaginaba que habrían quedado obsoletas para cuando lo leyéramos en el siglo XXI los bebés que estábamos naciendo mientras él escribía.

Si supiera, el pobre Leboyer, que esos bebés, ya madres y padres, tenemos las mismas imágenes de nuestros bebés recién nacidos, colgando de los pies, en manos de médicos sonrientes y orgullosos, imágenes a todo color y digitales.

"El bebé siente todo de forma más aguda, más potente, porque las sensaciones son todas nuevas, y porque su piel es tan fresca, tan tierna, mientras que nuestros sentidos adormecidos están casi muertos" (la traducción es mía).

Nuestros sentidos adormecidos están casi muertos porque han olvidado el calor. Han olvidado lo que era estar en un medio perfecto, donde no existen las necesidades, donde todo es calor y amor. En el vientre de mamá el bebé está seguro, cuidado, mecido y amado siempre.

De pronto, parece haber sido desgarrado de ese paraíso, colgado boca abajo como un prisionero de guerra. Sus manos buscan tocar, su grito pelado retumba en oídos adormecidos. "El niño está loco con ansiedad por la simple razón de que ya nadie lo acurruca" continúa Leboyer. Lo único que conocía el bebé era el tacto permanente, omnipresente del útero de su mamá.

Al nacer "en vez de acoger su cuerpecito, lo amarramos de los pies, dejándolo colgar en el vacío. Y la cabeza (...) la dejamos colgar, y le damos al bebé la sensación de que todo gira, mareado, de que el universo es puro vértigo insoportable".

Fijaos en las manos de ese bebito. Manos desesperadas que buscan a su mamá, como si fuera parte de su propio cuerpo, como si fuera lo único que conoce, su única paz.

¿Como si fuera? ¿A caso no lo es?

Quizás un nacimiento sin violencia solo requiera de paciencia, humildad, silencio y amor, como dice Leboyer. Quizás requiera que recordemos que se trata de un nuevo ser que viene al mundo, y lo recibamos con el amor y el respeto con que recibimos a una visita importante que estuvimos esperando por meses y meses.

 Leboyer termina con las siguientes frases:

“¿Qué más se puede decir? Solo una cosa.

Intentémoslo.”

Creo que eso es poco a poco lo que vamos haciendo. Porque el parto es nuestro, pero el nacimiento es suyo.
 Sobre la foto: Se titula ‎"Momento único" y fue tomada en el hospital Evangélico de Londrina, de Brasil.

lunes, 30 de marzo de 2015

Profesionales que recomiendan que los recién nacidos no reciban visitas

17 de abril de 2012 | 09:09 CET
Eva Paris
Editor en Bebesymas

Final del formulario
Los primeros nacimientos en una familia o en un grupo de amigos, los primeros nietos o bebés de la pandilla, suelen estar muy solicitados en sus primeras horas de vida. Nadie quiere perderse el gran acontecimiento del nacimiento del bebé, y todo estaría bien si no fuera porque, para la madre y el propio pequeño, no es lo más aconsejable que el recién nacido reciba tantas visitas.

Por ello en algunos hospitales y algunos profesionales médicos ya están haciendo lo posible para concienciar a los padres (y a las visitas) de que los recién nacidos y sus madres necesitan tranquilidad, por su bienestar.

Madre y bebé acaban de pasar por una situación más o menos estresante, la madre a menudo está exhausta, el bebé cambia el mundo de tranquilidad del interior del vientre por el ruidosos y luminoso exterior, y lo que más necesita esas primeras horas es sentir el calor de la madre, el contacto piel con piel, y ser amamantado precozmente.

Y todo ello es mucho mejor en un entorno tranquilo, que permita a la madre estar más relajada. Y es que nacer en un entorno acogedor y respetuoso no tiene por qué estar limitado al momento del parto, también en el postparto es necesaria la intimidad, ya hablemos de parto vaginal, ya de cesárea.

Por ello cada vez más médicos recomiendan que por lo menos las primeras 24 horas transcurran para el bebé solo con la compañía de su mamá y su papá, sin visitas, lo cual muchas veces puede generar resquemores entre los parientes cercanos.
De este modo se favorece el vínculo con la madre y se facilita la lactancia, pues la madre está más tranquila y en esos momentos en que no sabes ni cómo coger al bebé se agradece no tener espectadores que te pongan nerviosa. También se evita la transmisión de gérmenes, de más personas que tocan al bebé.

Las primeras horas y los primeros días del bebé
Todo esto es positivo porque las primeras doce horas son el momento más sensitivo para el bebé, particularmente en cuanto al oído y el olfato, por lo que es importante el contacto y la intimidad con la madre.

Incluso, hay profesionales que suelen aconsejar a sus pacientes que extiendan esa costumbre el mayor tiempo posible, al menos los primeros quince días, ya que si hay visitas en la casa la mamá tiende a estar menos con su hijo.

Y, por supuesto, la propuesta es tanto para la mamá como para el papá, el cual tiene cada vez más participación en todo el proceso, desde la sala de partos.

Por suerte, y aunque todavía queda mucho camino por recorrer, en los últimos años se han ido instalando con fuerza conceptos que tiene que ver con el respeto a los tiempos del proceso de parto y a los deseos de la madre, así como todo aquello vinculado al bienestar tanto de ella como del niño en un momento tan decisivo.

De todas formas, hay que señalar que hay distintos tipos de familias en la planta de maternidad de un hospital, desde las más escandalosas a las discretas, y por supuesto siempre la última palabra en cuanto a visitas la debería tener la madre o los padres.

Los padres deciden quién quieren en su habitación las primeras horas de vida del bebé. Ésta debería ser una decisión respetada y no cuestionada por familiares y amigos que pueden quedar excluidos de las visitas en esos primeros momentos.

Claro que se trata de una sugerencia y no de una imposición, pues son los padres los que tienen la última palabra, y no creo que nunca veamos carteles en la puerta de la planta de Maternidad de “Prohibidas visitas familiares”.

Además, hay otra cuestión importante, y es que generalmente no hay una única madre por habitación, por lo que las visitas de una molestarán aún más a la otra, que no conoce a esa gente ni tiene por qué tener espectadores extraños. El silencio y respeto en estos momentos también es importante para el resto de madres y bebés que comparten habitación o planta.
Pero no está mal que se informe a estos y a sus familias de las necesidades de madre y bebé tras el parto, y por eso me parece estupendo que haya profesionales que recomiendan que los recién nacidos no reciban visitas durante esas primeras horas.

Vía | Los Andes
Foto | Footloosiety en Flickr

martes, 23 de diciembre de 2014

Nacimiento


En estos días que nos toca vivir, tan alterados, complicados, llenos de temores, se me ocurrió escribir sobre el nacimiento, justamente del nacimiento de un hijo, algo que muchas veces se espera, se anhela, que suceda ya, como por arte de magia. Pero la espera se hace larga, tan larga como los nueve meses del embarazo, mucho tiempo, poco tiempo, los días corren rápidamente para quien espera con calma.

El nacimiento de un hijo es un momento único e irrepetible como cada hijo que nace, por eso la espera se convierte en curiosidad, en un montón de preguntas, que solo se contestarán cuando se produzca el nacimiento
El día del nacimiento, que luego será el día de cumpleaños, es un día para compartir con los más cercanos, los más entrañables, con la esencia de la familia.

Madre, padre e hijo, en un minuto se vuelven familia. Ese minuto es para guardarlo en un rincón del alma, para siempre, para compartirlo de ahí en más, con la alegría y la angustia, sentimientos que produce el nacimiento de un hijo.

¿Qué deseos tenemos para este nacimiento? ¿Qué se espera de ese hijo por nacer?
Tendrán miles de respuestas estas preguntas. Pero tal vez deberíamos pensar que espera ese hijo.
Creo que este tiempo, cercano al nacimiento, a la llegada de un hijo a un hogar, es un tiempo para reflexionar.
Estoy segura que ese niño espera amor, cobijo, sostén, abrigo, caricias, palabras amables, cuidados y alimento para el cuerpo.
Luisa Bengolea 
Enfermera perinatal y asesora en amamantamiento

lunes, 15 de septiembre de 2014

La hora siguiente al nacimiento: dejen en paz a la madre

Autor: Michel Odent
La hora siguiente al nacimiento es, sin duda, una de las fases más críticas en la vida de los seres humanos. No es por casualidad que todos los grupos humanos han molestado de forma rutinaria los procesos fisiológicos durante este corto período de tiempo a través de rituales y creencias. Nuestros entornos culturales están determinados en gran medida desde el principio de la interacción madre-recién nacido.
La primera hora siguiente al nacimiento puede ser vista desde multitud de perspectivas complementarias. Mi objetivo es catalogar doce perspectivas para demostrar la dimensión real de este tema tan complejo.
Perspectiva 1: Necesidad repentina de respirar
No necesitamos desarrollar esta perspectiva extensamente documentada. Se sabe muy bien que durante la primera hora después del nacimiento el bebé ha de utilizar sus pulmones de forma repentina. Esto implica, en particular, que el corazón debe bombear urgentemente la sangre para la circulación pulmonar. La condición es que las circulaciones pulmonar y sistémica se separen a través del cierre de las conexiones que hay entre ellas (ductus arteriosus y foramen oval).
Perspectiva 2 : Efectos conductuales de las hormonas
La información disponible es tan reciente que necesitamos desarrollar este aspecto. Hoy en día estamos en disposición de explicar que todas las hormonas liberadas por la madre y el feto durante la primera y la segunda fase del parto aún no se eliminan en la hora siguiente al parto. Todas ellas juegan un papel específico en la interacción madre-recién nacido. Hasta hace poco ni siquiera se sospechaban los efectos conductuales de estas hormonas. La hormona clave implicada en la fisiología del parto es sin duda la oxitocina. Sus efectos mecánicos son conocidos desde hace mucho tiempo (efectos en las contracciones uterinas para el nacimiento del bebé y la expulsión de la placenta, en las contracciones de las células mio-epiteliales del pecho para el reflejo de expulsión de la leche).
Prange y Pedersen demostraron los efectos conductuales de la oxitocina por primera vez en 1979 a través de experimentos con ratones: una inyección de oxitocina directamente en el cerebro de las hembras vírgenes inducía una conducta maternal. Este experimento sentó la base para una nueva generación de estudios. Los resultados de cientos de ellos se pueden resumir en una o dos frases: la oxitocina es la hormona típica del altruismo, y está presente en cualquiera de las facetas del amor que se quieran contemplar. Esta información resulta ser muy importante cuando uno sabe que, según los estudios suecos, es justo después del nacimiento del bebé y antes de la expulsión de la placenta cuando las mujeres tiene la capacidad de llegar a los niveles máximos de oxitocina. Igual que en cualquier otra circunstancia (por ejemplo, relaciones sexuales o lactancia) la liberación de la oxitocina es altamente dependiente de factores ambientales. Es más fácil si el sitio es muy caluroso (para que el nivel de hormonas de la familia de las adrenalinas quede lo más bajo posible). También resulta más fácil si la madre no tiene otra cosa que hacer que mirar a los ojos del bebé y sentir el contacto con su piel sin ninguna distracción.
Nos queda un nuevo campo de investigación: el modo de la liberación de la oxitocina. Para hacer efecto, esta liberación tiene que ser pulsátil: cuanto más alta es la frecuencia, más eficiente es la hormona. La oxitocina no se libera jamás de manera aislada; siempreforma parte de un equilibrio hormonal complejo. Éste es el motivo por el que el amor tiene tantas facetas. En el caso particular de la hora siguiente al parto, en condiciones fisiológicas, el nivel máximo de oxitocina está asociado con un nivel alto de prolactina, la cual también se conoce bajo el nombre de la hormona de la maternidad. Ésta es la situación más típica de expresar amor a los bebés. La oxitocina y la prolactina se complementan una a la otra. Además, los estrógenos activan los receptores de oxitocina y prolactina. Siempre tenemos que pensar en términos de equilibrio hormonal.
En el mismo año 1979 también se demostró la liberación maternal durante las contracciones y el parto de hormonas parecidas a la morfina. La liberación de estas endorfinas está ahora muy bien documentada. En los primeros años de los 80 nos enteramos de que el bebé también libera sus propias endorfinas durante el proceso del nacimiento, y hoy no hay duda de que durante un cierto tiempo después del parto ambos, madre y bebé, por igual, están impregnados de opiáceos. La propiedad de los opiáceos de inducir estados de dependencia es de sobra conocida, así que resulta fácil prever cómo es el desarrollo del principio de una ´dependenciaª o vinculación.
Incluso hormonas de la familia de las adrenalinas (a menudo consideradas como las hormonas de la agresividad) tienen un papel obvio en la interacción madre y bebé inmediatamente después del parto. Durante las últimas contracciones antes de nacer el bebé, estas hormonas alcanzan su nivel más alto en la madre. Este es el motivo por el cual, en condiciones fisiológicas, en cuanto empieza el reflejo de expulsión fetal, las mujeres tienden a estar erguidas, llenas de energía, con una necesidad repentina de agarrar algo o a alguien. A menudo necesitan beber un vaso de agua, exactamente como un orador lo necesita delante de una gran audiencia. Uno de los efectos de esta liberación de adrenalina es que la madre está alerta cuando el bebé ha nacido. Hay que pensar en los mamíferos en su hábitat natural y se puede entender claramente cuán ventajoso es para la madre tener suficiente energía, y agresividad, para proteger a su bebé recién nacido si hace falta. La agresividad es un aspecto del amor maternal.
También se sabe muy bien que el bebé cuenta con sus propios mecanismos para sobrevivir durante las fuertes contracciones finales del expulsivo y libera sus propias hormonas de la familia de la adrenalina. Un torrente de noradrenalina permite al feto adaptarse a la falta fisiológica de oxígeno específica de esta fase del expulsivo. El efecto visible de esta liberación hormonal es que el bebé está alerta al nacer, con los ojos bien abiertos ylas pupilas dilatadas. Las madres humanas se sienten fascinadas y encantadas con la mirada de sus recién nacidos. Es como si el bebé estuviera dando una señal, y ciertamente parece que este contacto visual humano es un aspecto importante en el comienzo de la relación madre-bebé entre los humanos.
El papel altamente complejo que juegan las hormonas de la familia de la adrenalina-noradrenalina en la interacción madre-bebé no se ha estudiado mucho. Unos pocos experimentos con animales abren el camino para investigaciones más profundas. Los ratones que no tienen el gen responsable de la producción de noradrenalina dejan a sus crías desatendidas, sucias y sin alimentar a no ser que se les inyecte un fármaco productor de noradrenalina cuando dan a luz.
Desde la perspectiva hormonal, parece claramente que la sexualidad vuelve a su punto de partida. En los distintos episodios de nuestra vida sexual se liberan las mismas hormonas y se reproducen guiones similares. Por ejemplo, durante el acto sexual, los dos compañeros, macho y hembra, liberan oxitocina y endorfinas. Es el comienzo de un vínculo afectivo que sigue el mismo patrón que el apego madre-bebé durante la hora después del parto.
Nuestros conocimientos actuales sobre los efectos conductuales de las distintas hormonas implicadas en el proceso del parto nos ayudan a interpretar el concepto de un período sensible introducido por los etólogos. Está claro que todas las hormonas liberadas por la madre y el bebé durante las contracciones y el parto no se eliminan inmediatamente. También es evidente que todas ellas juegan un papel específico en la ulterior interacción madre-bebé.
Perspectiva 3: Perspectiva etológica
Los etólogos son los que observan el comportamiento de los animales y los seres humanos. A menudo estudian un comportamiento en concreto dentro de un número de especies no relacionadas. Ellos fueron los primeros científicos en afirmar que, desde el punto de vista del vínculo entre madre y recién nacido en los pájaros y los mamíferos, hay un período corto pero crucial inmediatamente después del parto que no se va a repetir jamás. Harlow estudió concretamente el proceso de vinculación entre los primates. La importancia del enfoque etológico está surgiendo paulatinamente después del reciente descubrimiento de los efectos conductuales de las hormonas implicadas en el proceso del parto. Un estudio etológico sobre la primera hora después del parto entre los humanos es difícil porque los procesos fisiológicos se interrumpen de manera sistemática. No obstante, sería posible en circunstancias inusuales. Imaginad a una mujer que da a luz en su propio baño mientras su marido está de compras. Está en un sitio muy cálido y bastante oscuro. No se siente observada por nadie. No obstante, a través de una rendija de la puerta, de vez en cuando, se pueden vislumbrar imágenes de la escena. Combinando lo que hemos aprendido de diferentes historias como ésta, podremos describir un comportamiento estereotipado. Primero, la madre mira a su recién nacido que se halla entre sus piernas. Después de un rato, se atreve a tocarlo con las puntas de los dedos. Luego, cada vez se atreve un poco más y quiere coger a su bebé en brazos. En ese momento, la mayoría de las mujeres están fascinadas por los ojos del bebé.
Perspectiva 4: Primera hora y comienzo de la lactancia
Hasta hace muy poco no se consideraba la importancia de la primera hora posterior al nacimiento como el momento en el que se supone que comienza la lactancia. Imagínense a un bebé nacido en casa hace un siglo. El cordón se cortaba en seguida; luego, al bebé se le lavaba, vestía y se le enseñaba a la madre antes de ponerlo en una cuna.
Contaré una anécdota que nos ayude a darnos cuenta de lo reciente de esta perspectiva. En 1977, en Roma, en el congreso sobre Psicosomática, Ginecología y Obstetricia, presenté un documento sobre la expresión temprana del reflejo de succión. Simplemente estaba describiendo las condiciones ideales que permiten al bebé encontrar el pecho durante la primera hora después del parto. Ninguno de los obstetras y pediatras presentes en aquella sesión podían creer que un bebé humano sería capaz de encontrar el pecho, por sí mismo, durante la hora posterior al nacimiento.
Hoy día la mayoría de las comadronas saben que el bebé humano está programado de forma natural para encontrar el pecho por sí mismo en su primera hora de vida. Es más, uno puede entender que en condiciones fisiológicas, cuando el bebé recién nacido está listo para encontrar el pezón, la madre sigue en un equilibrio hormonal especial. Ella está todavía en otro planeta, muy instintiva. Sabe cómo coger a su bebé. En los humanos, la lactancia es básicamente instintiva durante la primera hora posterior al nacimiento. Después hay tiempo para la educación, imitación e incluso técnica.
Perspectiva 5: Primera hora y adaptación metabólica
Mientras el bebé está en el útero, los nutrientes y, en particular, el combustible vital, la glucosa, son suministrados a través del cordón umbilical de forma continua. Inmediatamente después del parto, el bebé se debe adaptar a un suministro discontinuo de alimentos. La extraordinaria capacidad del neonato para responder a los valores bastante bajos de la glucosa ha sido estudiada en profundidad por M. Cornblath en EE.UU. y por Jane Hawdon, Laura Derooy y Suzanne Colson en el Reino Unido(Del útero al mundo, (Suzanne Colson, Miwifery Today, nº 61, pág. 12)
Perspectiva 6: Punto de vista bacteriológico
Al nacer, un bebé está libre de gérmenes. Una hora más tarde, millones de ellos cubren las membranas mucosas del recién nacido. Nacer significa entrar en un mundo de microbios. La cuestión: ¿qué gérmenes van a ser los primeros en colonizar el cuerpo del bebé? Los bacteriólogos saben que los ganadores de la carrera van a ser los gobernantes del territorio. El entorno de gérmenes de la madre ya es familiar y amistoso desde la perspectiva del neonato porque madre y bebé comparten los mismos anticuerpos (IgG). En otras palabras, desde un punto de vista bacteriológico, el recién nacido humano necesita urgentemente estar en contacto con sólo una persona, su madre. Si añadimos que la ingestión temprana del calostro va a ayudar a establecer una flora intestinal ideal, no hay duda de que, bacteriológicamente, la hora posterior al parto es un período crítico con consecuencias para toda la vida. Nuestra flora intestinal se puede presentar como un aspecto de nuestra personalidad que no va a ser fácilmente modificable más tarde en la vida. 

martes, 22 de abril de 2014

El primer grito


El Primer Grito, es un documental de Gilles de Maistre, que nos muestra
 una visión global del mundo sobre el nacimiento, la preparación de las mujeres 
en las diferentes culturas, desde un parto acuático asistido por delfines en México, 
hasta un parto en el desierto por los Tuaregs. Así mismo, nos muestran los diferentes rituales ancestrales en contraparte a la tecnología en las sociedades occidentales. 
Es un documental que sacude y emociona profundamente, 
dando una visión global de las diferentes practicas actuales para recibir al ser humano

martes, 11 de marzo de 2014

La hora siguiente al nacimiento dejen en paz a la madre

Autor: Michel Odent

La hora siguiente al nacimiento es, sin duda, una de las fases más críticas en la vida de los seres humanos. No es por casualidad que todos los grupos humanos han molestado de forma rutinaria los procesos fisiológicos durante este corto período de tiempo a través de rituales y creencias. Nuestros entornos culturales están determinados en gran medida desde el principio de la interacción madre-recién nacido.


La primera hora siguiente al nacimiento puede ser vista desde multitud de perspectivas complementarias. Mi objetivo es catalogar doce perspectivas para demostrar la dimensión real de este tema tan complejo.

Perspectiva 1: Necesidad repentina de respirar
No necesitamos desarrollar esta perspectiva extensamente documentada. Se sabe muy bien que durante la primera hora después del nacimiento el bebé ha de utilizar sus pulmones de forma repentina. Esto implica, en particular, que el corazón debe bombear urgentemente la sangre para la circulación pulmonar. La condición es que las circulaciones pulmonar y sistémica se separen a través del cierre de las conexiones que hay entre ellas (ductus arteriosus y foramen oval).

martes, 24 de diciembre de 2013

Natividad

-

¿Una reflexión sobre la Navidad?
-Sí, claro, (abre un ejemplar de su último libro y lee): "Cada mes de diciembre compartimos el ritual de recordar una vivencia sencilla y extraordinaria: la historia de una madre que atravesó su parto en medio de la naturaleza, entre sus cabras, sus asnos y sus bueyes, amparada por un hombre llamado José. Según algunos textos, José partió en busca de la partera pero cuando ésta llegó, Jesús ya había nacido. La mujer al mirar la escena exclamó: Ese niño que apenas nacido ya toma el pecho de su madre, se convertirá en un hombre que juzgará según el amor y no según la ley. Esa preciosa criatura fue recibida en una atmósfera sagrada, con el calor del establo y bajo el éxtasis de la mirada amorosa de su madre. Dos mil años más tarde aún estamos festejando el nacimiento de un niño en buenas condiciones y reverenciando el milagro de la vida".
Luis Aubele

lunes, 23 de diciembre de 2013

El golpe de bienvenida en las nalgas

Por Lourdes Pascual



«Existe sobre la Tierra una especie animal en la que el pequeño que sale del vientre de su madre es cogido por un adulto por las patas traseras y, cabeza abajo, golpeado, hasta que grita. Después de hacerle dar vueltas en todos los sentidos, se lo embala y se lo coloca aparte. El cuerpo caliente y alimenticio que lo envolvía y sobre el cual, como todo animal después del agotador trabajo de nacer, desea reposar, está fuera de su alcance. Escupido al instante en el espacio inmenso encuentra el vacío, y vive en solitario la aventura más fundamental que nunca fue ni volverá a ser vivida. No está en el mundo, sino a un lado. No tiene ningún asidero, todo viene de fuera cuando quiere. Todo lo que puede hacer es gritar.

La cría de esta especie tiene el grito más rabioso y lastimero de toda la fauna terrestre.

El adulto que, cuando oye en la noche la insistente voz de un gatito, sabe que se trata de un abandonado, no intenta interpretar los gritos de su propia cría: está acostumbrado, los ha oído siempre. Los encuentra “naturales”. Que su pequeño sea el único que lo haga de una forma tan desolada, y que perduren tanto tiempo después de su nacimiento, no consiguen extrañarlo.

[...]

El golpe de bienvenida en las nalgas es una especialidad de las sociedades humanas con estructuras patriarcales, que en la actualidad ocupan casi toda la Tierra bajo formas diferentes, incluida aquella en donde nosotros mismos nacemos y somos golpeados, y que es la más avanzada de todas. Estas sociedades se basan en relaciones de dominación.»

Christiane Rochefort, Los niños primero, 1977

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Nueva Mirada sobre la Navidad, Michel Odent

Un recién nacido entre un asno y un buey: muchos comparten hoy esta imagen simplificada de la Navidad. Mi propia imagen de la Navidad está inspirada en lo que aprendí de las mujeres que traían a su bebé al mundo en la más completa intimidad, sin sentirse guiadas u observadas. Está también influenciada por el Evangilium Jacobi Minoris, es decir, el protoevangelio de Jacques le Mineur (1). Este evangelio fue salvado del olvido, a mediados del siglo XIX, por el místico austríaco Jacob Sorber, autor de La infancia de Jesús (2). Según estos textos, José partió a la búsqueda de una partera. Cuando regresó, Jesús ya había nacido. Cuando la deslumbrante luz se atenuó, la partera se encontró ante una escena increíble, ¡Jesús ya había encontrado el pecho de su madre! La comadrona exclamó entonces: “¿Quién ha visto jamás un niño que apenas nacido tome el pecho de su madre?” Es el signo evidente de que este niño al convertirse en hombre, un día juzgaría según el Amor y no según la Ley. El día que Jesús estuvo listo para su llegada al mundo, María recibió un mensaje-un mensaje de humildad. Se encontraba en un establo, entre otros mamíferos. Sin decir palabra alguna, sus compañeros la ayudaron a comprender que en esa circunstancia debería aceptar su condición de mamífero. Debería sobrellevar su handicap de ser humano y quitarse de encima la efervescencia de su intelecto. Debería segregar las mismas hormonas que los otros mamíferos cuando dan a luz a sus bebés, haciendo actuar la parte primitiva del cerebro que todos tenemos en común. La situación era ideal para que María se sintiera segura. El “trabajo” pudo establecerse en las mejores condiciones posibles. Habiendo percibido el mensaje de humildad y aceptado su condición de mamífero, María se reencontró en cuatro patas. En tal postura, y en la oscuridad de la noche, ella se desconectó fácilmente del mundo. Poco después de su nacimiento, Jesús se encontró en los brazos de una madre extática, tan instintiva como puede serlo una madre mamífera que viene de parir. En una atmósfera verdaderamente sagrada, Jesús fue recibido y pudo, fácil y progresivamente, eliminar las hormonas del stress que necesitó segregar para nacer. El cuerpo de María estaba muy caliente. El establo mismo estaba cálido gracias a la presencia de los otros mamíferos. Instintivamente, María cubrió el cuerpo de su bebé con una ropa que tenía cerca de su mano. Estaba fascinada por los ojos de su bebé y nada hubiera podido distraerla del intenso intercambio de miradas que se establecía. Este intercambio de miradas le permitió alcanzar otro pico de oxitocina, lo cual provocó una nueva serie de contracciones uterinas que enviaron hacia el bebé un poco de la sangre preciosa acumulada en la placenta. Pronto la placenta fue liberada. Madre e hijo se sentían seguros. Al principio, María guiada por la parte del cerebro que compartimos con todos los mamíferos, estaba de rodillas. Luego de la liberación de la placenta, se puso de costado, con el bebé cerca de su corazón. En seguida, Jesús comenzó a mover la cabeza, a veces hacia la derecha, otras a la izquierda y, finalmente, a abrir la boca en forma de O. Guiado por el sentido del olfato, se acercaba cada vez más al pezón. María, que aun se encontraba dentro de un equilibrio hormonal particular, y por ello muy instintiva, sabía perfectamente cómo sostener a su bebé e hizo los movimientos necesarios para ayudarlo a encontrar el pecho. Fue así como Jesús y María transgredieron las reglas establecidas por los neocórtex de la comunidad humana. Jesús –un rebelde pacífico desafiando toda convención- había sido iniciado por su madre. Jesús mamó vigorosamente durante un largo rato. Con el sostén de su madre, salió victorioso de uno de los episodios más críticos de su vida. En breves instantes se había adaptado a la atmósfera y había comenzado a utilizar sus pulmones, se adaptó a las fuerzas de gravedad y a las diferencias de temperatura y entró en el mundo de los microbios. ¡Jesús es un héroe! No había reloj en el establo. María no necesitaba saber cuánto tiempo Jesús había tomado su pecho antes de dormirse. La noche siguiente, María durmió un sueño ligero. Estaba vigilante, protectora y preocupada de satisfacer las necesidades de la más preciosa de las criaturas terrestres. Los días siguientes, María aprendió a sentir cuándo su bebé tenía necesidad de ser mecido. Había tal acuerdo entre ellos que ella sabía perfectamente adaptar el ritmo del balanceo a la demanda del bebé. Siempre meciéndolo, María se puso a canturrear unas melodías a las que agregó algunas palabras. Como millones de otras madres antes que ella, María descubrió así las canciones de cuna. Jesús comenzó a aprender lo que es el movimiento y el espacio. Aprendió también lo que es el ritmo y, entonces, comenzó a adquirir la noción de tiempo. Entró progresivamente en la realidad espacio-temporal. Luego María introdujo cada vez más palabras al tararear sus canciones de cuna. Entonces Jesús absorbió su lengua materna.

(1) Proto-Evangile de Jacques 19.2 Citado en: JesúsJean Paul Roux. Fayard, París 1989, p100. (2) Jacob Lorber. L´enfance de Jesús ou l´evangile de Jacques. Capítulo 16 Editions Helios, Ginebra 1983. Título original: Die Jugend Jesu, Stuggart 1852.

Extracto del Libro: La Cientificación del Amor. EL Amor y la Ciencia. Capítulo 19. De Michel Odent.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Nacimiento


En estos días que nos toca vivir, tan alterados, complicados, llenos de temores, se me ocurrió escribir sobre el nacimiento, justamente del nacimiento de un hijo, algo que muchas veces se espera, se anhela, que suceda ya, como por arte de magia. Pero la espera se hace larga, tan larga como los nueve meses del embarazo, mucho tiempo, poco tiempo, los días corren rápidamente para quien espera con calma.

El nacimiento de un hijo es un momento único e irrepetible como cada hijo que nace, por eso la espera se convierte en intriga, en un montón de preguntas, que solo se contestarán cuando se produzca el nacimiento
El día del nacimiento, que luego será el día de cumpleaños, es un día para compartir con los más cercanos, los más entrañables, con la esencia de la familia.

Madre, padre e hijo, en un minuto se vuelven familia. Ese minuto es para guardarlo en un rincón del alma, para siempre, para compartirlo de ahí en más, con la alegría y la angustia, sentimientos que produce el nacimiento de un hijo.

¿Qué deseos tenemos para este nacimiento? ¿Qué se espera de ese hijo por nacer?
Tendrán miles de respuestas estas preguntas. Pero tal vez deberíamos pensar que espera ese hijo.
Creo que este tiempo, cercano al nacimiento, a la llegada de un hijo a un hogar, es un tiempo para reflexionar.
Estoy segura que ese niño espera amor, cobijo, sostén, abrigo, caricias, palabras amables, cuidados y alimento para el cuerpo.
Luisa Bengolea

lunes, 11 de noviembre de 2013

Un milagroso nacimiento en la ciudad más devastada por el tifón de Filipinas

 lanacion.com |El Mundo Lunes 11 de noviembre de 2013 | 10:31

Emily Ortega, de 21 años, fue empujada por la fuerza del agua del temporal y se aferró a un poste para sobrevivir; ayer dio a luz a su Bea Joy meintras se refugiaba en el aeropuerto
   
 Emily Ortega descansa mientras una familiar cuida a su beba. Foto: AP 


TACLOBAN, Filipinas.- En medio del llanto y la destrucción, hubo sonrisas. Fue ayer, en un aeropuerto de la devastada ciudad filipina de Tacloban, donde se refugiaban cientos de afectados por el tifón Haiyan, cuando Emily Ortega dio a luz una niña.

Fue una buena noticia en una ciudad costera que no sabe aún cómo se va a recuperar del supertifón, que dejó por lo menos 10.000 personas muertas y destruyó decenas de miles de casas por los fuertes vientos y las olas.

En el nacimiento de la pequeña Bea Joy Sagales colaboraron los médicos militares presentes en el aeropuerto y apenas la beba vio la luz, los aplausos y la emoción colmaron el improvisado centro de refugiados.

El médico militar que la atendió, capitán Victoriano Sambale, contó que "la niña está bien", pero advirtió que enfrenta un alto riesgo de infecciones, ya que no pudo esterilizar los materiales.

"La madre sigue corriendo el peligro de tener una infección o una septicemia. Tenemos que darle antibióticos por vía intravenosa, pero por desgracia ayer nos quedamos sin antibióticos por vía oral", explicó el médico.

VIDEO DEL NACIMIENTO

El nombre de la beba fue elegido en honor a su abuela Beatrice, que está desaparecida tras el furioso paso del tifón.

El nacimiento llegó después de una odisea de la madre, con la valentía de quien lleva una vida en su vientre.

Emily Ortega, de 21 años, estaba en un centro de evacuación cuando el tifón provocó la inundación de la ciudad. La mujer tuvo que comenzar a nadar y se aferró a un poste para sobrevivir antes de encontrar seguridad en el aeropuerto.

"Ella es mi milagro. Cuando las olas llegaron y nos llevaron pensé que moriría con ella dentro de mí", dijo la joven, acompañada por su marido Jobert, quien no pudo contener sus lágrimas.

El flamante padre explicó que la primera ola se llevó su casa de madera, en la localidad de San José, y con ella a toda la familia. "Se supone que hoy tenemos que estar de celebración, pero también estamos haciendo duelo por los muertos", dijo.

REABRIÓ EL AEROPUERTO

Mientras tanto, las autoridades filipinas lograron hoy reabrir parcialmente el aeropuerto de Tacloban, declarado en ruina hace solo tres días, donde llegan aviones de la aerolínea estatal Philippine Airlines.

De momento, solo aviones con turbohélice podrán viajar desde Cebú a Tacloban, indicó la compañía de aviones filipina.

El portavoz de Aviación Civil de Filipinas, John Andrews, declaró en un comunicado que los vuelos servirán para evacuar a la población en riesgo y para aprovisionar a los servicios de emergencia de material médico, de seguridad y de primera necesidad tales como agua y comida.

Entre los primeros pasajeros de vuelos comerciales se encuentran personas que buscan desesperadamente a sus familiares tras días sin poder contactar con ellos, personal de ONG y medios de comunicación.

Al menos el 70 por ciento de los edificios de Tacloban, entre ellos varios del aeropuerto, como almacenes y la torre de control, quedaron destruidos tras el paso del tifón Haiyan el pasado viernes.

"La devastación aquí es absoluta", declaró el ministro de Interior, Manuel Roxas, tras arribar a Tacloban, la población más castigada por el fenómeno meteorológico, a unos 580 kilómetros al suroeste de Manila.

Agencias AP y EFE.



lunes, 28 de octubre de 2013

Que nazca vivo tu bebé no es suficiente para que sea un buen parto

Traducción por Lucy Lo Cascio
Artículo original: "A good birth experience is more than the baby being delivered alive", The Guardian, 16 de Octubre de 2013. La autora es Joanna Moorhead.

Una encuesta realizada por Mumsnet [algo así como “red de madres”. Mumnsnet es el portal para más grande de Gran Bretaña para madres y padres.] muestra que el impacto psicológico de un parto difícil afecta tanto al futuro bienestar del niño como de la madre.
“La organización Birthrights [algo así como “los derechos del nacimiento”] pide que se definan de nuevo qué es un parto bueno; no debería seguir valorándose solamente desde el punto de vista de salud física sino también desde el psicológico" 

Escucha a cualquier grupo de padres novatos sobre su experiencia de parto y seguro que oirás decir: “al menos el bebé está bien; eso es todo lo que importa”. Alguien dirá ese comentario después de que alguien del grupo haya desgranado una historia que se queda muy lejos de ideal -una historia en la que ella cree que fue ignorada, no le escucharon, desempoderada, abandonada. Un parto que empezó bien como siempre, pero que se convirtió en una siniestra montaña rusa (a veces escalofriante), de la que sale la nueva familia tan aturdida que están simplemente agradecidos por seguir vivos aún.

Pero el hecho de que la madre y el bebé sigan con vida no es la única cosa que importa. Desde luego que no en el 2013, cuando parir es más seguro que nunca. Hoy en día, las posibilidades de que usted o su bebé no sobreviva son casi nulas. Entonces, ¿por qué establecemos estándares tan bajos para valorar lo que hace un buen parto? Y ¿cómo afecta eso a nuestros hijos?
Son en estas preguntas en las que se centra la campaña en pleno lanzamiento hoy, que pide revalorar qué es lo que más importa del parto en el mundo occidental del siglo 21. La organización Birthrights pide que se defina de nuevo qué es un parto bueno; no debería seguir valorándose solamente desde el punto de vista de salud física sino también desde el psicológico. Según una nueva encuesta llevado a cabo por Mumsnet para Birthrights, menos de la mitad de las mujeres en el Reino Unido consiguen parir como querían.

Las nuevas cifras, basadas en una encuesta realizada a 1.100 usuarios de Mumsnet que han tenido bebés en los últimos tres años, reveló que solamente el 68% de las embarazadas pudieron elegir dónde dar a luz, el 31% no se sintió en control de su parto, el 23% dijo que no se les dejó elegir dónde quería estar durante el parto, y el 18% no creía que los profesionales de la salud les habían escuchado. Un sorprendente 24% de las mujeres que habían tenido partos instrumentales dijeron que no habían dado su consentimiento para el procedimiento.

¿De verdad importa? Pues, sí. De hecho, la evidencia de esto crece, así que resulta absurdo para cualquiera que sepa algo sobre el desarrollo de los niños que aún se piense que todo lo que importa del nacimiento es la salud física de un bebé. La encuesta de Mumsnet ofrece una respuesta: la mayoría de las madres encuestadas dijeron que el nacimiento de su bebé afectó cómo se sentían sobre sí mismas; y el 41% consideró que el impacto fue negativo (llegando al 73% en mujeres que habían tenido partos instrumentales). Casi la mitad de las mujeres encuestadas pensaban que la experiencia del parto había afectado a su relación con su hijo; y el 22% que aquel impacto fue negativo, y de nuevo para aquellas mujeres que tuvieron partos instrumentales esa proporción aumentó de manera espectacular hasta el 59%.

La encuesta no ofreció cifras sobre los padres, pero está claro por otras investigaciones que el desarrollo de un parto afecta el vínculo temprano del padre con su hijo, además del futuro de su relación con su pareja. Y todo eso es de vital importancia para proporcionar al recién nacido un entorno lo más seguro posible, puesto que eso es lo que todo niño precisa en su edad temprana.
Pregunte a cualquier especialista en el desarrollo infantil y te dirán lo mismo: el mejor indicador del futuro bienestar de un niño, sus logros académicos, salud mental y felicidad, es la calidad del vínculo formado entre ese niño y sus cuidadores principales en las horas, días, meses y años después del nacimiento. Cuando una mujer comienza su maternidad con poca autoestima, insegura de lo que siente por su hijo e infeliz consigo misma, no será tan capaz de entregarse al proceso de vinculación como lo haría si comenzase la maternidad sintiéndose en control, empoderada y validada por la experiencia. Al darle confianza a una nueva madre, le estarás dando el mejor comienzo posible para el trabajo más duro del mundo. Y es también el mejor comienzo que puedas darle a su bebé. Dale un buen parto, y el camino estará al menos allanado o incluso cuesta abajo. Dale un parto traumático y le estarás haciendo subir una colina -y, por supuesto, tendrá que cargar con su bebé también. El nacimiento no consiste en que dos personas sigan respirando. Si pensamos así, le estaremos haciendo una gran injusticia a futuras generaciones.
Fotografía: Pascal Deloche / Godong / Corbis

A good birth experience is more than the baby being delivered alive

A Mumsnet survey shows the psychological impact of a difficult labour affects the child's future wellbeing as well as the mother's
Joanna Moorhead
theguardian.com, Wednesday 16 October 2013 12.44 BST



'The charity Birthrights is calling for a reappraisal of how we judge a successful birth: 
no longer should it be merely about physical health, but psychological health as well.
' Photograph: Pascal Deloche/Godong/Corbis

Listen to any group of new parents talking about their birth experience, and here's a phrase you'll almost certainly hear. "At least," someone will say, "the baby was all right. That's all that really matters." That comment will come after one of the group has poured out a story that fell very far short of ideal – a story in which she felt she was ignored, not listened to, disempowered, neglected. A birth that typically started well, but turned into a scary (sometimes terrifying) rollercoaster, from which the new family was left so shaken that they were genuinely grateful that they were even still alive.

But the fact that the mother and baby are still alive isn't the only thing that matters. Certainly not in 2013, when birth is safer than it's ever been: today, the risk that either you or your baby won't make it is minute. So how come we're still setting such a low bar for our ideas of whether childbirth was successful? And what damage is that doing to our children?

These questions are at the heart of a campaign launching today that calls for a rethink on what matters most in childbirth in the western world in the 21st century. Childbirth charity Birthrights is calling for a reappraisal of how we judge a successful birth: no longer should it be merely about physical health, but about psychological health as well. According to new research carried out by Mumsnet for Birthrights, fewer than half of all women in the UK get the birth they want.

The new figures, based on a survey of 1,100 Mumsnet users who have had babies in the past three years, found only 68% of pregnant women were given a choice about where to give birth, 31% did not feel in control of their birth experience; 23% said they weren't given a choice about where they wanted to be during labour, and 18% didn't think health professionals had listened to them. A shocking 24% of women who had had instrumental births said they had not consented to the procedure.

And does it matter? Yes it does. In fact, the body of evidence about how much it matters is mushrooming, so that it seems almost absurd to anyone who knows anything about children's development that we still think that a baby's physical health at the birth is all that matters. The Mumsnet survey gives a clue to why: most of the mothers questioned said their baby's birth affected how they felt about themselves, and 41% felt that impact was negative (rising to 73% in women who had had instrumental deliveries). Almost half the women questioned thought the birth experience had affected their relationship with their baby, and for 22% the impact was negative; again, for women who had an instrumental delivery that proportion rose dramatically, to 59%.

The survey didn't give figures on fathers, but it's clear from other research that the way a birth pans out affects a father's early bonding with his child, as well as his future relationship with his partner. And all of that is vital in providing the newborn with an environment that's as secure as possible, because security is what every child needs in early life.

Ask any child development specialist, and they'll tell you the same thing: the best predictor of a child's future wellbeing, future educational attainment, future mental health and future happiness is the quality of the bond formed between that child and his or her primary caregivers in the hours, days, months and years after birth. When a woman begins her life as a mother feeling low in confidence, unsure about how she feels about her child and unhappy in herself, she won't be as able to give herself to the bonding process as she will if she embarks on motherhood feeling in control, empowered and validated by the experience. Give a new mother confidence, and you give her the best possible start in the hardest job in the world – and that's the best possible start you can give her baby, too. Give her a good birth experience, and the road ahead is at least on a level, and maybe even downhill. Give her a traumatic birth, and you give her a hill to climb – and, of course, she has a baby to carry as well. Birth isn't just about two people still breathing: we're doing the next generation a huge injustice by assuming it is.


miércoles, 4 de septiembre de 2013

Mis cesáreas necesarias.

Publicado el septiembre 4, 2013 por rousbaltrons
Aisha y Jan nacieron por la puerta grande.

Aquella que se abre aparentemente sin esfuerzo y de golpe ves la luz.

Quiero desterrar hoy los mitos de la cesárea, así como ya todxs sabemos, porque hay mucha información sobre ello, las ventajas físicas, espirituales y obviamente naturales del parto vaginal, he aquí dos historias muy abreviadas de dos cesáreas, de dos hijxs que parí con Amor, esfuerzo, consciencia, terror y cantos infinitos.

Aisha nació primero, 3 años antes que Jan. Un embarazo deseado, esperado y una niña en mi vientre.

Me informé en la medida que pude, asistí a charlas sobre partos en el agua, el parto en casa por mil motivos, influencias externas y debilidad ante el sistema, solo pude plantearlo nunca llegué a creer en que sería posible, y no lo fue.

En el agua tampoco, sin epidural tampoco, cantando tampoco…

Pasé de las 40 semanas de gestación, la presión de la familia, de los médicos, las historias que te cuentan antes de parir que curiosamente todas son negativas, el desacuerdo de mi compañero a esperar más  y mi miedo me llevaron a una fría sala de hospital donde me hicieron las mil y una maniobras, introducciones, pinchazos y etc para provocar el nacimiento de Aisha. Ella, sabia entre las sabias, decidió que todo iba demasiado rápido, que ella no podía con tanto estimulo para que saliera de su nido así que su corazón se debilitó y de una patada se abrió una puerta a una sala aún más fría si cabía y allí, con prisas y nada de Amor, me abrieron para sacarla, llevársela, revisarla y finalmente presentarme a mi hija vestida, limpia y dormida. Fue hermoso el re-encuentro, sostenida por una comadrona Aisha apoyaba su mejilla contra la mía mientras me cosían. Al día siguiente mamaba perfectamente y así siguió hasta que llegó Jan, yo con una experiencia del parto un poco traumatizada, pensando si realmente eso era realmente necesario o finalmente hubiera descendido entre mis caderas sin necesidad de diseccionarme…

Y llegó Jan. Antes de tocar su cuerpo sentí su alma flotando en mi, oí su voz, olí su piel, y proyecté. Esta vez el parto iba a ser en casa, sin lugar a dudas. Oídos cerrados, mente concentrada y corazón abierto. Jan se gestó en el Yoga, la Danza y los Mantras.

La tribu de Mujeres salvajes que me acompañaba danzó, rió, me masajeó y esperó con tranquilidad su llegada. Yo también lo hice.

No sin contratiempos y opiniones enfrentadas seguía un camino de Paz y adoración a mi Cuerpo, recipiente de Vida y Magia que como un engranaje perfecto hacía su trabajo sin miedo, perfecto, divino.

40 semanas y nada. Espera y confianza.

42 semanas y nada. Espera, inquietud y confianza.

43 semanas… Jan llamaba a la puerta. Inquietud, miedo, confianza.

43 semanas, 45 horas de contracciones, 12 horas en el suelo de mi casa, a cuatro patas como nuestras semejantes, aullando de desgarro, moviendo la espalda, la pelvis y el Útero aún ocupado como en el más apoteósico de los trances.

8 centímetros de dilatación.

Sin saber por pruebas externas cómo estaba Jan después de tantas horas de trabajo, me fiaba absolutamente de lo único que, constato, te puedes fiar, de mi sentir e intuición, todo iba bien, muy bien.

Pero decidí ir al hospital, a uno al que me colé, por recomendación de mi comadrona y ser de luz que no me dejó ni un solo momento, nos fuimos a acelerar el parto. Yo me dormía del cansancio. Y pensaba, ¿que ocurre? Todo va bien. ¿que está pasando?

3 horas de dura oxcitocina finalmente se decidió otra cesárea.

Creí morir por un momento, ese momento pasó rápido tras recibir la última bendición de las Mujeres que me acompañaron sin decaer y que como recompensa a tanto esfuerzo el ginecólogo dejó entrar en quirófano. Así fueron, como ya he relatado en otros escritos, así sonaron:

-Rous, vamos, Jan va a nacer, da igual dé que manera, lo importante para ti y para él es como lo vivas, no abandones ahora, no dejes que “te hagan una cesárea” siente tu parto por cesárea! vamos a cantar, canta fuerte para que te oiga, muestrale el camino a tus brazos cuando le abran la puerta, no lo dejes solo…

Gritos de placer, lágrimas de emoción, miradas cruzadas con ellas mientras Él empezaba el camino , manos que me acariciaban, otras que me abrían, Jan nacía y yo, cantaba.

No se lo llevaron, ni lo exploraron, absorbió al cabo de los días los restos de mi interior a través de su piel, nunca supe cuánto pesó, ninguna punción, ni antibiótico. Solo cuerpos desnudos envueltos en un enorme pañuelo, una silla de ruedas que me llevaba pasillo a bajo dirección al parking, un papel firmado, sonrisas de enfermeras, cara de asombro de un ginecólogo que nos vio alejarnos con todo el Amor y el agradecimiento del mundo rumbo a casa.

Dos cesáreas, mi Útero doblemente segado, abierto, cortado… y doblemente sanado.

Tal vez ninguna de las dos fue necesaria, pero yo pienso que sí, absolutamente las dos.

Aisha me demostró que si no confiaba en mí, lxs demás siempre me harían débil y no conseguiría lo que me propusiera.

Jan vino con fuerza a mostrarme que algo que consideraba negativo podía ser tremendamente positivo cuando trabajas la aceptación, lo vives profundamente y eres además, capaz de agradecerlo.

No parí como quería, parí para  llevar a cabo lo que quería, aprender a amarlo TODO. Y de ahí, el Universo te vuelca su abundancia.

El Útero fuente de creación y vida.

Con Amor, Rous.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...