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martes, 24 de diciembre de 2013

Las dos Gabrielas

Sábado 14 de septiembre de 2013

Este sábado en el momento en que llegaba al hospital, en una mañana de mucho frío, miro hacia adelante y veo sentada a una mujer, en una actitud que me llamó mucho la atención, estaba sentada sobre una parecita cercana a la entrada del edificio, seguí caminando, me acerqué y me di cuenta que estaba en pleno trabajo de parto, junto a su marido, le pregunto-¿cómo te sentís?- solo me mira con cara de no estar bien. Le digo a los dos -vamos adentro!- mientras les digo-soy enfermera de Maternidad-, los acompaño hasta dentro, y la dejo en una silla de ruedas, en que la llevaron hacia la guardia, nos saludamos y les digo tal vez nos veamos luego.

Subo a tomar la guardia, en pocos minutos, viene un médico y me dice -te van a subir una madre-, le comento mi encuentro en la entrada y dice -debe ser porque la beba nació en la guardia-.


Llega la camilla y ahí está ella Gabriela y la saludo diciéndole- ¿sos vos la que estabas en la entrada?, y me saluda, diciendo si, -estabas por parir- le digo, me cuenta que cuando se sentó en la silla de ruedas se rompió la bolsa y ella pensó va a nacer ya, le digo, -¡si casi nace afuera!
Nació su beba, pocos minutos después de nuestro encuentro, sin peridural, ni episiotomía, ni inducción, un parto de un pujo. Lindo nacimiento para un sábado frío.




Diferente es la situación de otra madre, también llamada Gabriela, su embarazo gemelar de 32 semanas, se vio abruptamente interrumpido por contracciones que no se detuvieron, se rompió la bolsa, uno de los corazoncitos se dejó de escuchar, una cesárea de urgencia, nació un bebe, pequeño pero peleador y el otro varón no llegó, todo es duda, caras tristes, ojos enrojecidos, muchas preguntas. Miro a esta nueva familia, que está sufriendo mucho, trato de ser cuidadosa y ayudar a la madre a ir a Neonatología a ver a su hijo, para que se conecte con él, se la ve muy dolida, no tiene cara de madre. Pasan las horas de la guardia, atendiendo a las pacientes.
 
Gabriela y su marido van a Neo a ver a su hijo, vuelven contentos, el bebe está bastante bien, pero no veo la cara de madre en Gabriela. No vuelve a ir a Neo durante la guardia.

Llego el domingo al trabajo hace mucho, mucho frío y allí están las dos Gabrielas con sus realidades contrastables, va transcurriendo la mañana, tranquila.

Luego del mediodía Gabriela va Neonatología y está allí mucho tiempo casi dos horas cuando vuelve, las mejillas tienen color, está sonrosada y una sonrisa aparece en su cara, se ha convertido en madre.

Poder sostener a estas dos madres, me da una gran felicidad, no hay nada mejor que ayudar a otra persona, si es una madre mucho más, este es mi trabajo y no lo cambiaría por ningún otro. Muchas gracias a las dos Gabrielas, por dejarme ser parte de su vida un instante.



Les deseo la mayor de las felicidades.
Luisa Bengolea
Enfermera perinatal y asesora en amamantamiento.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

"Tenemos el instinto de proteger a nuestra cría" Laura Gutman


 Personalmente creo que todas las formas de violencia tienen su origen en una carencia materna, falta de atención, calidez, amor, brazos, generosidad, paciencia, comprensión, leche, cuerpo, miradas, sostén", reflexiona Laura Gutman, terapeuta familiar y escritora.

En nuestro mundo civilizado, "la madre vive tironeada por dos fuerzas poderosas: lo que ella siente y lo que debe hacer. Lo primero es el instinto materno, la sabiduría interior, que es guiada por la intuición. En cambio, lo segundo es el mandato exterior, la manera de cómo hay que hacer las cosas; lo que se entiende por correcto", agrega.

Gutman es autora de varios libros sobre temas que la apasionan, entre otros, la maternidad, el desamparo emocional, el estrés en los chicos y la sabiduría interior. Su última obra, Mujeres visibles, madres invisibles,  es una recopilación de artículos publicados en medios especializados de la Argentina y España. Dirige Crianza, institución con sede en Buenos Aires que cuenta con una escuela de capacitación y un equipo de profesionales para asistir a madres y padres.

"La llegada de un bebe crea un encadenamiento de maltratos históricos. Primero nace un chico en una institución médica poco acogedora: fría, sin calidez y donde es sometido a una serie de torturas que dentro de unos años estarán prohibidas por ley. Sondas por todas partes, es rasurado, estirado para ser medido, cuando nada de todo esto es necesario, cuando todo lo que necesita el recién nacido es estar en el mejor lugar posible: el pecho de su madre. Pero cuando las cosas son así, generalmente, el maltrato del bebe se encuentra con otro encadenamiento, el de su madre que también fue maltratada. El parto no es una enfermedad para curar: es el pasaje a otra dimensión. Es importante aclarar que las mujeres no sufrimos a causa de las contracciones. Sufrimos si estamos solas, humilladas, desprotegidas, atemorizadas", apunta Gutman.

-¿Qué es lo que quiere la madre?
-La madre quiere tener a su bebe sobre su pecho, ¡y que no se vaya! Que es lo natural, lo lógico: lo que también espera el bebe que estuvo durante nueve meses en el cuerpo de su madre, cuidado, alimentado. El espera que ese estado continúe. Sin embargo, el mandato exterior sostiene que lo sano es quitárselo a su madre, llevárselo únicamente para mamar. Dejarlo que llore y llore así se acostumbra a dormir solo. Si pudiéramos preguntarle a una madre del reino animal si a cachorro hay que dejarlo solo no entendería, porque si lo deja solo se lo comen los predadores. Hay que recordar que en la especie humana la madurez es un proceso sumamente lento que dura hasta los 21 años, que no se puede resolver en tres días. Hay muchas cosas que algún día parecerán absurdas?

-¿Por ejemplo?
-Las lobas, perras, gatas, vacas, focas, elefantas, leonas, jirafas, zorras y nosotras las humanas tenemos algo en común: el instinto de proteger a nuestra cría. Pero si a una gata o una perra, por dar un ejemplo, le tocan un cachorro lo deja. Porque está impregnado de un olor ajeno y ellas reconocen al cachorro por el olor. Nosotras también somos especialmente sensibles y si algo se interpone entre nosotras y nuestros cachorros después del parto perdemos el olfato que los hace absolutamente reconocibles como propios. En nuestro mundo civilizado, cuando una mujer da a luz, no puede oler de inmediato a su hijo. Se lo llevan para devolvérselo más tarde bañado y con olor a perfume, y la madre tiene que hacer un esfuerzo intelectual para reconocerlo como propio.

-¿Cuál es la reacción del bebe?
-El chico sufre mucho y trata de alertar a los seres de los que espera protección y afecto sobre el maltrato. Entonces, si no obtiene respuesta, organiza un sistema de supervivencia para llamar la atención: llora, se brota o se deprime, y en casos muy extremos puede llegar a morir. Muchas veces las madres siguen tan atadas al mandato exterior que parecen ignorar la situación. Posiblemente porque intuyen que si tratan de conectarse con lo profundo, con el corazón del bebe, también entrarán en contacto con su propio dolor.

-¿Una reflexión sobre la Navidad?
-Sí, claro, (abre un ejemplar de su último libro y lee): "Cada mes de diciembre compartimos el ritual de recordar una vivencia sencilla y extraordinaria: la historia de una madre que atravesó su parto en medio de la naturaleza, entre sus cabras, sus asnos y sus bueyes, amparada por un hombre llamado José. Según algunos textos, José partió en busca de la partera pero cuando ésta llegó, Jesús ya había nacido. La mujer al mirar la escena exclamó: Ese niño que apenas nacido ya toma el pecho de su madre, se convertirá en un hombre que juzgará según el amor y no según la ley. Esa preciosa criatura fue recibida en una atmósfera sagrada, con el calor del establo y bajo el éxtasis de la mirada amorosa de su madre. Dos mil años más tarde aún estamos festejando el nacimiento de un niño en buenas condiciones y reverenciando el milagro de la vida".

Luis Aubele

martes, 5 de noviembre de 2013

Recibir apoyo o no recibirlo. Una experiencia vital.

17 octubre, 2013 
Hoy tengo la fortuna de contar con la colaboración de una amiga, doula y madre, que nos explica sus dos experiencias de lactancia.
Contrapuestas.

Para que aprendamos, disfrutemos y nos emocionemos con ella.


Muchas gracias Albertina.


Esta es su historia:
“”Yo no fui amamantada de bebé, ni vi a ninguna madre amamantando a su bebé (o si lo vi fue algo tan puntual que no lo recuerdo). Crecí en la cultura del biberón, y siempre escuché que era más cómodo, más fácil, cualquiera se lo podía dar al bebé. La madre podía descansar, se sabía cuánto comía el bebé… en fin, todo eran ventajas. No escuché nada en contra de la lactancia materna pero todo esto hizo que creciera pensando que daba lo mismo el biberón que la teta, y por algún motivo pensaba que era importantísimo saber cuánto comía el bebé y eso sólo podía saberse con el biberón.

Luego fui leyendo acerca de la lactancia materna, fui aprendiendo algunas cosas y empecé a verle ventajas. Cuando me quedé embarazada de mi primera hija, no obstante, aún pensaba que me gustaría darle el pecho y lo haría “si podía”.
Resulta que Valeria nació prematura, de 33 semanas, y fue derechita a la incubadora. Yo me encontraba en estado de shock, nadie en el hospital nos asistió psicológicamente y mucho menos vino nadie a asesorarnos en lactancia. Me sentía tan desvalida que a punto estuve de pedir el dostinex, pensando que no valía la pena ni intentarlo. Pero ahí estuvo Leo, mi chico, al pie del cañón y me animó a pelear por lo que quería. Sus palabras me dieron fuerza, me decía que iba a estar a mi lado y decidí intentarlo. En el hospital, pese a tener Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, no había ni un sólo sacaleches. Valeria nació casi a las 5 y yo no pude empezar a extraerme leche hasta que un familiar me trajo un sacaleches en torno a las 11. Era un sacaleches normalito, manual. Nada más recibirlo nos leímos las instrucciones y empecé la extracción. Poco a poco llegaron las primeras gotas de calostro, que miré maravillada y llevé a la UCIN para que se las dieran a mi hija en cuanto pudieran. Me sacaba leche cada 3h, de día y de noche y así seguí cuando me dieron el alta y me fui a casa sin mi hija. La cantidad de leche que extraía aumentó y empecé a necesitar media hora o más para cada extracción. Me dolían los brazos de darle al tirador del sacaleches, era verano y hacía calor, sudaba con cada extracción. Además estaba agotada por el parto y las idas y venidas al hospital, y aun así me sacaba cada 3 horas incluso de noche. Sin el apoyo de Leo no lo hubiera logrado, se levantaba conmigo en cada toma, esterilizaba el sacaleches, me lo traía y cuando empecé a no aguantar el dolor del brazo (de darle al tirador del extractor), se turnaba conmigo para “ordeñarme”. Llevaba mi leche en botes al hospital y se la daban a mi hija através de una sonda.

La primera vez que pude poner a Valeria al pecho fue también la primera vez que la cogí. Tenía 8 días. Me senté al lado de su incubadora, la enfermera la sacó con todos sus cables y envuelta enmantas y así, con todo ese aparataje, la puse al pecho… para mi sorpresa se cogió y mamó de maravilla, qué sensación tan dulce…

A pesar de esa primera toma fabulosa, el hospital tenía una política de acceso restrictiva y no me dejaban ir a darle el pecho en cada toma, así que le empezaron a dar biberones también (con mi leche). Valeria hacía al pecho la mitad de las tomas, y como hacían doble pesada, si no mamaba todo lo que necesitaba le daban el resto en biberón. Esto aumentó mi inseguridad, mi sensación deque tenía que saber exactamente cuánto comía.Yo notaba cuándo ella mamaba y cuándo solo hacía succión no nutritiva, y cada toma era una agobio, sólo quería que ella comiera para evitar que le dieran el biberón, pero tenía que comer en quince minutos y nunca lo lograba… a veces directamente apartaba la carita cuando la ponía al pecho, no había manera de que se enganchara, yo me sentía rechazada cada vez que eso pasaba.
Me seguí sacando leche durante todo el ingreso, tres largas semanas… la producción bajó y yo me alarmé, en el hospital me decían que no alcanzaba, así que empecé a sacarme cada dos horas día y noche en lugar de cada 3… cuando Valeria recibió el alta 19 días después de su nacimiento yo apenas me tenía de pie. Nos la llevamos a casa con 1960grs y la amenaza de un nuevo ingreso si no ganaba peso.

La primera vez que la puse al pecho en casa, me rechazó, apartó la cara y lloraba de hambre, yo lloraba de impotencia y de miedo, le di mi leche en biberón. De madrugada, la siguiente toma, otra vez lo mismo… y yo agotada, apenas podía sostenerla en brazos, me sacaba la leche y después se la daba. Intenté pedir ayuda a asesoras de lactancia de mi ciudad, pero sólo una me respondió al teléfono y lo que me dijo fue que siguiera sacándome leche y en lugar de dársela con biberón que se la diera con cucharita. Ese consejo me acabó de hundir. No me veía capaz de continuar así, no tenía fuerzas y así, decidí tras una conversación con Leo, dejar paulatinamente de sacarme leche y alimentar a Valeria con biberón. Fue una decisión que me costó muchas lágrimas, pero no tenía más apoyos que Leo.
Le seguí dando mi leche en biberón hasta que se acabaron las reservas que tenía en el congelador, espacié las extracciones hasta que dejé de producir leche y empecé a darle exclusivamente leche artificial.
No sabía nada entonces de la succión no nutritiva así que simplemente dejé de ofrecerle el pecho, hasta que una tarde con 3 meses, empezó a llorar desconsoladamente y nada la calmaba… no sabía qué hacer, así que me puse piel con piel con ella, le ofrecí el pecho y empezó a succionar y se calmó… hacía más de dos meses que no mamaba, fue un momento mágico y aprovechamos para hacer las únicas fotos que tenemos con ella al pecho… no volvió a pasar…
Estuve muchos meses intentando elaborar el duelo por este fracaso. Me costaba ver a madres amamantando. Era una imagen que me dolía demasiado. Pero poco a poco me fui recomponiendo y asimilando lo que pasó, apartando las culpas.
Cuando me quedé embarazada por segunda vez, lo tenía más claro: iba a lograr amamantar a mi bebé sí o sí. Me empapé de información y estaba rodeada, esta vez sí, de apoyos. Al cumplir 24 semanas de embarazo compramos un extractor eléctrico doble. Me hacía sentir más segura tener un sacaleches apropiado, en caso de necesitarlo.

viernes, 20 de septiembre de 2013

El rechazo hacia el recién nacido



Ante el nacimiento de un bebé, los padres suelen experimentar períodos de confusión en los que es necesario pasar por el primer tiempo en donde la pregunta acerca del futuro de su hijo es lo que orienta sus vidas: si serán buenos padres, si crecerá sano y feliz...sumado a la adaptación que cada madre y padre necesitan a sus nuevos roles. Es importante para ese nuevo vínculo, darse el permiso para conocer a este nuevo hijo, conectarse con él, aprender a ejercer la función materna y paterna en las experiencias fascinantes que nos esperan cada día, recordando que todos los bebés necesitan para su desarrollo del contacto físico, de la mirada de su madre y de su palabra ya que así se propiciará el encuentro, el vínculo entre ellos y se apostará a la singularidad de ese pequeño.

Este proceso no siempre es sencillo ya que el nacimiento de nuestro hijo nos enfrenta una vez más con todo el bagaje que acerca de la maternidad y la crianza fuimos construyendo a lo largo de la vida: lo que nos dijeron, lo que no nos dijeron, lo que observamos, lo que intuimos y por supuesto lo que vivimos.

Es por eso que muchas mujeres refieren haber sentido ese amor profundo del que tanto se habla en el instante mismo del nacimiento y muchas otras se encuentran en general con sorpresa, que sienten cercanía hacia ese bebé, saben que tienen que cuidar de él, alimentarlo, acunarlo pero no lo sienten como un amor profundo.

En paralelo a este sentimiento esto suele despertar mucha culpa, ya que no es lo esperado.
Es importante tener presente que el vínculo con el bebé, como todo vínculo, se construye.
El acto del nacimiento incluye para la mamá reciente dos procesos:
1- Reconocer a su hijo como un ser independiente a ella, son dos personas y no una como el imaginario del embarazo nos permite fantasear.
2- Amar a ese pequeño con sentimiento fraternal
En relación a estos procesos podemos decir que para muchas mamás se dan en un solo impulso al sostener a su bebé por primera vez en la sala de parto y para otras llevará otros tiempos.
Si sabemos que esto sucede, que el vínculo se construye, nos permitiremos transitar esta etapa como una etapa de adaptación, de reconocimiento y aprendizaje mutuo, dando lugar a propuestas que favorecen esa relación.

En sus primeras horas de vida el bebé vive el período de mayor sensibilidad: respira a su mamá, huele, mira, escucha, siente por medio de su piel, construyendo en ese instante las primeras impresiones acerca del mundo externo tanto físico como emocional.

Por todo ello es tan importante que ese tiempo sea un tiempo de intimidad: madre, padre, hijo o hijos intentando conocerse, descubrirse, sintonizarse para poder transmitirle sensaciones de seguridad, de confianza y sostén para facilitar su llegada al mundo, su adaptación y desarrollo.
Desde el primer momento de su llegada, el bebé intenta a su manera comunicar lo que siente, lo que necesita. Se trata entonces de estar abiertos a recibir sus mensajes que en principio tendrán forma de llanto: único medio de expresión hasta la adquisición del lenguaje tanto verbal como corporal.

Las madres en general tienen poca tolerancia al llanto de su bebé: las angustia, las inquieta. Se trata de enfrentarse cada vez, con esa necesidad, esa demanda del bebé que en los primeros días es total y que por supuesto no se satisface del todo. Esta situación de sentirse imprescindibles, que para algunas es muy satisfactoria, para otras mujeres se vuelve una exigencia y una sensación de vulnerabilidad que no les permite maternar de una manera tranquila.

Es allí donde el padre tiene todo un lugar que espera ser ocupado: brindarle a su mujer el sostén necesario para que pueda desde allí acercarse al bebé, vincularse con él y por lo tanto maternar.
Si esto no fuera suficiente, es sugerible una consulta con un profesional de la salud de confianza.
Por todo esto, el nacimiento de un hijo es también es una oportunidad para replantearnos esas ideas concebidas con anterioridad a nuestra propia experiencia como madres, y dar lugar a las sensaciones más espontáneas, nuestro instinto, nuestra intuición para ver qué nos pasa en ese encuentro único con nuestro bebé y aceptar nuestra singularidad.

Lic Marisa Russomando
Psicóloga especialista en Matrenidad, Paternidad y Crianza
Directora del espacio La Cigüeña

martes, 25 de junio de 2013

La crianza en tribu, una nueva forma de vivir la maternidad


La organización Las Casildas promueve estos encuentros en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires
Un grupo de mujeres discute el mandato de tomar el cuidado de sus bebés como un acto individual, o familiar. Para ellas es colectivo y político. Comparten sus miedos y fantasmas, y así van encontrando sus propias respuestas.



Por: Lucía Álvarez/08.12.2012 |

Es sabido que la llegada de un bebé revoluciona el hogar, la pareja, la vida de las mujeres. En los últimos años, manuales y guías para evitar el colapso prosperaron como una opción ante los miles de mandatos que existen sobre la maternidad. La organización Las Casildas ideó ahora una propuesta para afrontar ese momento y esa sensación de soledad: los grupos de crianza. La invitación es sencilla, pero profundamente transformadora: hacer de la crianza un acto colectivo. Tejer una red de contención, armar una tribu. Para ser parte de ese tejido no hay requisitos, ni reglas. Las recetas, los mitos, los prejuicios quedan del otro lado del salón, en ese "afuera" que estas mujeres sienten como un gran dedo acusador, una voz que les repite "lo estás haciendo mal". Adentro, hay piedra libre para criticarlo todo, para exponer los miedos, el cansancio, las dudas, y sobre todo, para asumir que la maternidad es muchas cosas, pero jamás el lecho de rosas de las propagandas de pañales.
Tal vez por eso, los grupos están compuestos por mujeres que, a simple vista, parecen tener poco en común: se unen allí publicistas, diseñadoras, maestras, empleadas públicas, antropólogas, cantantes o biólogas. Algunas parieron en la casa, otras en instituciones; unas practican el budismo, otras cumplen con un trabajo de oficina. La magia del compartir se extiende luego a otros espacios: sus participantes se juntan a tomar mate, van juntas a clases de masajes con sus hijos, de yoga para bebés, o incluso a una marcha contra la violencia de género.
La idea nació hace algo más de un año, cuando Valeria Wasinger, Julieta Saulo y Mariela Franzosi, coordinadoras de los grupos de crianza, crearon Las Casildas.
La organización trabaja sobre aquellos temas que el feminismo más tradicional había dejado vacante: el parto, la maternidad y la crianza. En poco tiempo, montaron varios grupos, en la Ciudad y provincia de Buenos Aires.
Tiempo Argentino conversó esta semana con cinco mujeres del grupo de crianza del barrio de Chacarita (Lola, Natalia, Micaela, Pamela y Laura) y contaron por qué asumieron este desafío. "Es el espacio menos careta del mundo", contaron.

– ¿Por qué se unieron al grupo?

Natalia: –Me decidí después de estar un mes encerrada en casa, en invierno. Mis amigas tienen hijos más grandes, o no tienen hijos, y cuando no tenés pares, es difícil.
Laura: –Cuando estás embarazada te cuesta mucho compartir con otros que no están en tu misma situación. Si bien somos distintas, estamos atravesando cosas similares. También es un modo de enfrentar la desinformación y poder decidir sobre qué es lo que una quiere.
Pamela: –Hay mucha ignorancia en algunos temas clave. El grupo te sostiene, te ayuda a que no tomes decisiones en la soledad del hogar, con tu marido que, quizá, está en crisis igual que vos.
Micaela: –Yo creo que nos une la búsqueda de una tribu. De una cosa que quizá antes se daba naturalmente, pero que en la ciudad está perdida: todas las mujeres criando juntas a los chicos.
Laura: –Acá las coordinadoras nos ayudan a encontrar una decisión propia, no la estándar. Es dentro de una línea pero sin fundamentalismos, sin bajar línea. En general todos tienen recetas, pero acá el saber se construye en el grupo.

– ¿Cómo es esa soledad de la que hablan?

Pamela: –Más allá de tu pareja, de tu familia, está la soledad de vos y tus mambos, que reverdecen y sentís que nadie te entiende. Y todo el mundo piensa que te agarró la depresión. El gran fantasma de la depresión posparto.
Laura: –Creo que siempre debe haber existido la sensación de soledad, pero no se hablaba o no era legítimo. Quizá estaba mal visto que una madre plantee que la maternidad no es color de rosa. Pero cuando estás recién parida, te recluís y ves pasar la vida por la ventana, te sentís afuera del mundo.
Micaela: –Yo empecé a sentir soledad cuando  empecé a tener miedos nuevos, porque tenés la responsabilidad de la vida de alguien. Pero la gente te acusa de paranoica. Las mujeres lo viven en silencio, pero estos espacios te hacen dar cuenta que no estás sola.
Pamela: –Y te conectan con tu bebé, porque si te dejas llevar por todo eso, es difícil encontrar la conexión con él. También está el miedo de haberse imaginado como mamá de una manera y darse cuenta que no sos eso que te habías imaginado. Cuando te encontrás con que es mucho más difícil y entrás en crisis, te peleás con tu pareja, se viven momentos de caos y ese es un miedo grande.

– ¿Cómo trabajan esa sensación en el grupo?

Pamela: –Te pongo un ejemplo. Hay días que venís con una carga tremenda y entonces las chicas proponen hablar del puerperio. Es algo que nunca te planteaste, es algo que te está pasando, hay gente que escribió sobre eso, y ese día te vas tranquila, diciendo: soy una mujer puérpera, ya se me va a pasar.
Micaela: –También ayuda a confirmar lo que uno piensa. Todos te dicen que lo vas a malcriar, que le va a agarrar vicios. Las chicas nos guían, nos dicen que no es tan así. Y una puede sostener lo que siente, y que el afuera te pone en duda.
Lola: –Parece que la maternidad es patrimonio de la humanidad, todos tienen la receta, lo hacen mejor que una. Yo creo que el ser humano es así, pero la maternidad te pone en un lugar tan vulnerable que uno lo siente potenciado.
Pamela: –Este es un espacio donde podemos decir cualquier cosa y nadie se va a horrorizar.
Laura: –Es el espacio menos careta del mundo.

– ¿En qué consiste la crianza con apego?

Laura: –Más que definiciones, se trata de algo que te va saliendo. Yo pensaba que no estaba bien que el nene duerma en la cama, pero no me salió dejarlo en el catre.
Micaela: –Con tantas recetas te mareás, pero vos lo que querés es que duerma con vos, o toda la noche.
–¿Es seguir la intuición?
Lola: –Es verlo llorar y no aguantar.
Pamela: –También hay pediatras que bancan eso y te sentís segura.

–¿Y hay algo de dogma en la filosofía del apego?

Laura: –Sí, pero justamente estos grupos tienen la idea de libertad, que vos tomes lo que te sirve, lo que te sale. Hay algunos que bajan el apego como dogma, y si no le das la teta a demanda, sos una mala madre.
Lola: –Es el miedo del hombre, querer bajar un concepto y encerrarlo. Me parece piola lo que dice al respecto el pediatra Carlos González: más amor y menos instrucciones con los hijos.

–¿Qué reacciones hay cuando dicen que van a un grupo de crianza?

Pamela: –"¿Qué es eso? ¡Qué fundamentalista!" También da miedo que quieras atravesar tu maternidad de un modo tan carnal. ¿Para qué tanto si te puede ayudar tu mamá y tu familia?, te cuestionan.  El concepto de tribu da miedo.
Lola: –Yo subí una foto al Facebook y me ponían comentarios muy graciosos, tipo: "¿es una competencia de amamantamiento?"
Micaela: –A mí me dijeron: "¿Necesitas ir a un grupo para poder  criar?" Igual yo creo que explicando, el otro entiende que está bien, porque se trata de ignorancia.
Laura: –Creo que da miedo desnaturalizar la crianza, obliga al otro a hacer algunas preguntas.
Pamela: –Yo trato de no explicar tanto, porque da la sensación a algunas mujeres como que se confundieron en todo, y no es tan así.

–¿Se puede politizar la crianza?

Lola: –Es que no se trata de mi hijo, son los hijos del mundo, de la nueva era.
Laura: –Hay una necesidad de involucrarse y participar. El acto de criar es profundamente ideológico. Cuando acompañás a un hijo, estás transmitiéndole tu mirada de la vida. Por el modo en el que lo criás, podés favorecer que sea una persona libre o que se deje someter, que sean súbditos. «


El hombre, padre y compañía

 A las 8 de la noche, cuando ya el grupo está terminando, uno de los padres se asoma por la puerta. Las mujeres festejan la aparición, lo animan.
Él prefiere tomar a su bebé y quedarse a un costado del salón. Lo sabe: este es un espacio para ellas. Aunque los grupos fueron pensados sólo para mujeres, Las Casildas también ofrecen actividades mixtas para aquellos varones que también buscan vivir su rol de un modo distinto. "Una, como mujer, le demanda presencia, contención, una paternidad activa. Pero además el hombre sigue en el lugar de proveedor y eso los coloca en un lugar difícil", reflexiona Laura.
"Se trata de una crianza, en la que estamos los tres. Pero el rol del padre consiste sobre todo en acompañar a la mamá, entenderla, para que ella a la vez pueda contener al bebé", dice Pamela, mientras su marido escucha a un costado, con Rufo en brazos, el hijo de ambos.

La idea del parto orgásmico

Las Casildas es por Casilda Rodrigañez Bustos, una feminista española cuya primera obra, Pariremos con placer, se convirtió en emblema para los defensores de recuperar la energía sexual femenina y el parto orgásmico. Allí Rodrigañez Bustos expone el encierro de la maternidad al ámbito doméstico y la investidura del parto como una experiencia dolorosa y sufrida. En la web, la española explica: “Aunque ahora las mujeres creamos tener más libertad sexual que antes, en realidad tenemos más libertad formal pero más represión y más violencia interiorizada: los úteros espásticos y atróficos, los dolores de parto y de regla, así como los cánceres de útero y mama serían la punta del iceberg de esta violencia.”

 "El sistema busca la desconexión"

 La crianza con apego fue un modo de recuperar un modelo de maternidad que había quedado de lado tras la revolución de las mujeres y su ingreso masivo al mercado laboral.
A los mandatos de los manuales como Duérmete niño, se opuso entonces toda una nueva filosofía en defensa de la lactancia, el colecho y el instinto materno.
Un promotor de esta filosofía es el médico pediatra español, Carlos González, autor del best seller Bésame mucho.
González cuestionó las recetas sobre la necesidad de que los niños duerman solos o aprendan a comer de todo.
Pero también la crianza con apego fue blanco de severas críticas, sobre todo, por promover un modelo de familia conservador y exigirles a las mujeres que suspendan sus aspiraciones profesionales.
"Tampoco es cuestión de volver al rulero y las pantuflas", responden las chicas a la pregunta sobre cómo combinar esta maternidad más comprometida con sus trabajos.
"Tiene que ser una elección. Hay mujeres que necesitan conectarse con el mundo laboral para mantener la cabeza sana y está genial. Pero si no, el sistema tiene que permitirles a las mujeres vivir su maternidad de otro modo. Yo ahora me tomé una licencia sin goce de sueldo, pero muchas mujeres no pueden hacerlo, tienen que volver a los 45 días", aclara Laura, y agrega: "Por eso, estos grupos son también una forma de posicionamiento político. Hay que pelear para que las mujeres puedan decidir cómo parir, y cómo quieren criar, y eso también tiene que ver con la vida material de esas mujeres."
Entre la agenda de demandas, la extensión de la licencia es la más relevante. Pero hay otros temas, vinculados con la lactancia, que también resultan de gran importancia para ellas. "Una cosa se une a la otra. La teta se debe dar, mínimo, por seis meses. Pero si tenés que trabajar durante ocho horas, desde los 45 días, es muy difícil. No tenés dónde sacarte leche, dónde guardarla en condiciones. Yo creo que el sistema busca esa desconexión, te quiere hacer creer que la leche que se vende es mejor que la tuya, y eso es imposible", reflexionó Micaela.

jueves, 13 de diciembre de 2012

"Tenemos el instinto de proteger a nuestra cría" Laura Gutman

Personalmente creo que todas las formas de violencia tienen su origen en una carencia materna, falta de atención, calidez, amor, brazos, generosidad, paciencia, comprensión, leche, cuerpo, miradas, sostén", reflexiona Laura Gutman, terapeuta familiar y escritora.

En nuestro mundo civilizado, "la madre vive tironeada por dos fuerzas poderosas: lo que ella siente y lo que debe hacer. Lo primero es el instinto materno, la sabiduría interior, que es guiada por la intuición. En cambio, lo segundo es el mandato exterior, la manera de cómo hay que hacer las cosas; lo que se entiende por correcto", agrega.

Gutman es autora de varios libros sobre temas que la apasionan, entre otros, la maternidad, el desamparo emocional, el estrés en los chicos y la sabiduría interior. Su última obra, Mujeres visibles, madres invisibles,  es una recopilación de artículos publicados en medios especializados de la Argentina y España. Dirige Crianza, institución con sede en Buenos Aires que cuenta con una escuela de capacitación y un equipo de profesionales para asistir a madres y padres.

"La llegada de un bebe crea un encadenamiento de maltratos históricos. Primero nace un chico en una institución médica poco acogedora: fría, sin calidez y donde es sometido a una serie de torturas que dentro de unos años estarán prohibidas por ley. Sondas por todas partes, es rasurado, estirado para ser medido, cuando nada de todo esto es necesario, cuando todo lo que necesita el recién nacido es estar en el mejor lugar posible: el pecho de su madre. Pero cuando las cosas son así, generalmente, el maltrato del bebe se encuentra con otro encadenamiento, el de su madre que también fue maltratada. El parto no es una enfermedad para curar: es el pasaje a otra dimensión. Es importante aclarar que las mujeres no sufrimos a causa de las contracciones. Sufrimos si estamos solas, humilladas, desprotegidas, atemorizadas", apunta Gutman.

-¿Qué es lo que quiere la madre?
-La madre quiere tener a su bebe sobre su pecho, ¡y que no se vaya! Que es lo natural, lo lógico: lo que también espera el bebe que estuvo durante nueve meses en el cuerpo de su madre, cuidado, alimentado. El espera que ese estado continúe. Sin embargo, el mandato exterior sostiene que lo sano es quitárselo a su madre, llevárselo únicamente para mamar. Dejarlo que llore y llore así se acostumbra a dormir solo. Si pudiéramos preguntarle a una madre del reino animal si a cachorro hay que dejarlo solo no entendería, porque si lo deja solo se lo comen los predadores. Hay que recordar que en la especie humana la madurez es un proceso sumamente lento que dura hasta los 21 años, que no se puede resolver en tres días. Hay muchas cosas que algún día parecerán absurdas?

-¿Por ejemplo?
-Las lobas, perras, gatas, vacas, focas, elefantas, leonas, jirafas, zorras y nosotras las humanas tenemos algo en común: el instinto de proteger a nuestra cría. Pero si a una gata o una perra, por dar un ejemplo, le tocan un cachorro lo deja. Porque está impregnado de un olor ajeno y ellas reconocen al cachorro por el olor. Nosotras también somos especialmente sensibles y si algo se interpone entre nosotras y nuestros cachorros después del parto perdemos el olfato que los hace absolutamente reconocibles como propios. En nuestro mundo civilizado, cuando una mujer da a luz, no puede oler de inmediato a su hijo. Se lo llevan para devolvérselo más tarde bañado y con olor a perfume, y la madre tiene que hacer un esfuerzo intelectual para reconocerlo como propio.

-¿Cuál es la reacción del bebe?
-El chico sufre mucho y trata de alertar a los seres de los que espera protección y afecto sobre el maltrato. Entonces, si no obtiene respuesta, organiza un sistema de supervivencia para llamar la atención: llora, se brota o se deprime, y en casos muy extremos puede llegar a morir. Muchas veces las madres siguen tan atadas al mandato exterior que parecen ignorar la situación. Posiblemente porque intuyen que si tratan de conectarse con lo profundo, con el corazón del bebe, también entrarán en contacto con su propio dolor.

-¿Una reflexión sobre la Navidad?
-Sí, claro, ( abre un ejemplar de su último libro y lee ): "Cada mes de diciembre compartimos el ritual de recordar una vivencia sencilla y extraordinaria: la historia de una madre que atravesó su parto en medio de la naturaleza, entre sus cabras, sus asnos y sus bueyes, amparada por un hombre llamado José. Según algunos textos, José partió en busca de la partera pero cuando ésta llegó, Jesús ya había nacido. La mujer al mirar la escena exclamó: Ese niño que apenas nacido ya toma el pecho de su madre, se convertirá en un hombre que juzgará según el amor y no según la ley . Esa preciosa criatura fue recibida en una atmósfera sagrada, con el calor del establo y bajo el éxtasis de la mirada amorosa de su madre. Dos mil años más tarde aún estamos festejando el nacimiento de un niño en buenas condiciones y reverenciando el milagro de la vida".

Luis Aubele

viernes, 26 de octubre de 2012

El parto: ¿sola o acompañada?

Llevar adelante un embarazo en soledad demuestra un gran amor por la vida. La soledad duele. Son nueve meses de incertidumbre frente al futuro. Pero aún lejos de este doloroso extremo, y dentro de la pareja estable, la mujer – también puede sentirse sola e incomprendida.
El hecho de llevar adentro una nueva vida conmociona e impregna cada momento del día. La mujer se sorprende por todo lo que siente: temor, alegría, ansiedad. Por momentos cae en una especie de ensoñación. Parece flotar en el aire y susurrarle a su hijo: “…voy a andar con tu medida en mi vientre, hasta reconocerme en tu ombligo”. Quizás trate de conectarse consigo misma y así poder llegar a su bebé. Todo esto pertenece al mundo de la mujer y a esta nueva e íntima relación con su hijo.
 Puede sentirse muy sola si su pareja no la acompaña paso a paso en este novedoso camino. A la embarazada le gusta que le pregunte cómo le fue en su visita al obstetra, que note su cara de cansada, que intuya sus temores. A veces es el hombre el que tiene dificultades para conectarse con el embarazo de su mujer: le surgen miedos que no se atreve a verbalizar, teme hipotéticos riesgos. Por otro lado intuye que será desplazado por ese hijo suyo, que requerirá muchísima dedicación de su pareja. Así puede que la mamá y el bebé se encuentren solos, aún en presencia del padre.
 Es natural, sobre todo en el primer embarazo, que todo gire en torno a la mujer, sus idas al obstetra, las ecografías, los monitoreos ¡Qué importante integrar al hombre a estos acontecimientos! Resultan muy útiles los encuentros de matrimonios en la preparación psicoprofiláctica para el parto, donde se revaloriza la figura del padre- que cuida, protege y contiene a la mujer-madre. Cuando ambos reconocen lo muy necesitados que están de afecto y de diálogo, logran llegar mejor al parto. Y tras el parto, pueden pegar el salto al abismo y ser tres, llegar a casa, cambiar pañales, atender a las visitas, ayudarse y contenerse
 Si la soledad duele, la compañía cura, alivia, encamina y sostiene. La muestra más inequívoca la encontré hace ya muchos años, a través de un estudio realizado por los doctores Marshall Klaus y John Kennell en una populosa maternidad de Guatemala. Estos médicos sostenían que, en las culturas no industrializadas, la mujer era acompañada permanentemente durante todo el trabajo de parto por alguien cercano afectivamente. Sorprendidos por los resultados de estos partos y del posterior apego con el bebé, decidieron realizar un estudio con serios parámetros científicos. 
 Se resolvió formar dos grupos de parturientas, a uno de ellos se le agregaría, además de la habitual asistencia médica, la permanente compañía de “alguien” que se hiciera cargo de ella, teniéndole la mano, estimulándola, acariciándola, masajeándole las partes del cuerpo que estuvieren doloridas o contracturadas y ofreciéndoles en todo momento su apoyo incondicional. 
 El resultado fue sorprendente: el trabajo de parto de las mujeres acompañadas duró la mitad que el de las que estuvieron solas. La necesidad de intervenciones (cesáreas, forceps) disminuyó en un treinta por ciento. Además se redujeron las atenciones especiales a los recién nacidos. 
Los resultados de este estudio confirmaban científicamente lo que yo intuía y observaba en mi práctica diaria con embarazadas. Si la soledad duele, el amor todo lo cura. 
 Maruca Viel Temperley, Instructora en psicoprofilaxis del parto

jueves, 9 de diciembre de 2010

Nacimiento

En estos días que nos toca vivir, tan alterados, complicados, llenos de temores, se me ocurrió escribir sobre el nacimiento, justamente del nacimiento de un hijo, algo que muchas veces se espera, se anhela, que suceda ya, como por arte de magia. Pero la espera se hace larga, tan larga como los nueve meses del embarazo, mucho tiempo, poco tiempo, los días corren rápidamente para quien espera con calma.
El nacimiento de un hijo es un momento único e irrepetible como cada hijo que nace, por eso la espera se convierte en intriga, en un montón de preguntas, que solo se contestarán cuando se produzca el nacimiento
El día del nacimiento, que luego será el día de cumpleaños, es un día para compartir con los más cercanos, los más entrañables, con la esencia de la familia.
Madre, padre e hijo, en un minuto se vuelven familia. Ese minuto es para guardarlo en un rincón del alma, para siempre, para compartirlo de ahí en más, con la alegría y la angustia, sentimientos que produce el nacimiento de un hijo.
¿Qué deseos tenemos para este nacimiento? ¿Qué se espera de ese hijo por nacer?
Tendrán miles de respuestas estas preguntas. Pero tal vez deberíamos pensar que espera ese hijo.
Creo que este tiempo, cercano al nacimiento, a la llegada de un hijo a un hogar, es un tiempo para reflexionar.
Estoy segura que ese niño espera amor, cobijo, sostén, abrigo, caricias, palabras amables, cuidados y alimento para el cuerpo.
Luisa Bengolea
diciembre de 2009
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