Mostrando entradas con la etiqueta parto en casa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta parto en casa. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de marzo de 2015

"MAMÍferos": el intenso y emocionante vídeo de un parto en casa


08 de marzo de 2015 | 08:01 CET

 ¿Qué pasa cuando vas a dar a luz a un hospital y acabas siendo víctima de la violencia obstétrica? Una de dos, o en el segundo parto vuelves a ir, rezando para que te toquen profesionales más respetuosos, o ni te arriesgas y decides dar a luz en casa, como mamíferos, sin el control exhaustivo de muchos hospitales ni la instrumentalización que a veces complica en vez de arreglar ni prevenir.

Esto es lo que hicieron Axel y su mujer, que escogieron la opción alternativa de tener a su bebé en casa, en compañía de las matronas de Nèixer a Casa, con Inma Marcos, a la que entrevistamos hace tiempo en el blog en relación al parto en casa.

Lo hicieron porque no querían repetir semejante trato y lo grabaron para tratar de ayudar a las parejas que tienen dudas con un ejemplo de un parto en casa en el que los protagonistas son los que tienen que ser: la mamá, el bebé y papá echando una mano. El resultado es "MAMÍferos", un intenso y emocionante vídeo.

Axel, el padre, lo cuenta todo desde su punto de vista en su página web y gracias a esa explicación vemos cómo se fraguó todo y cómo sucedió todo. Decidieron huir del hospital porque después del primer parto llegaron a la conclusión de que si algo iba a ir mal, iba a ir mal tanto en casa como en un hospital, y que si todo iba bien, en casa seguro que el parto era perfecto pero, en el hospital, podría acabar por no serlo.

Hablamos, claro, de la instrumentalización de los partos, de ponerte un monitor y tumbarte durante horas cuando la mujer debería tener libertad de movimientos, de ponerte en una habitación con otras mujeres dilatando, sin intimidad y sin posibilidad de desconectar, sabiéndote en un lugar ajeno, lejos de la calidez de tu casa, o de un lugar que transmite confianza. Y hablamos, claro, de "temblar" cada vez que viene alguien de blanco porque te trata como a una niña inútil, diciéndote exactamente lo que tienes que hacer en cada momento sin tener en cuenta que no eres una enferma, sino una mujer sana con un bebé sano a punto de nacer.

Los protocolos han cambiado. Hace años, muchos años, que se sabe que los partos no deberían ser así, pero las novedades no llegan de la misma manera a todas partes y en muchos hospitales las rutinas siguen siendo las de hace 20 ó 30 años. Normal que muchas madres salgan huyendo.

¿Mi opinión? La he comentado en más de una ocasión: si algo va mal, prefiero estar en un hospital antes que en casa. Supongo que el ser de los que cada día se pone una bata blanca me hace verlo así. Si todo va bien, depende, supongo que lucharía por lograr un parto respetadotambién hospitalario. Como digo, las cosas están cambiando, pero hay que seguir batallando, mucho aún, por que sigan evolucionando y para que el parto en el hospital sea como el de Bea, la mamá del vídeo. Un parto precioso. Ejemplar. Un nacimiento inolvidable. Gracias Axel y Bea por abrir la ventana de vuestra casa y vuestra intimidad y enseñarnos cómo es un parto normal y mamífero.

miércoles, 25 de junio de 2014

El momento menos pensado

lanacion.com |Revista Domingo 04 de mayo de 2014 | Publicado en edición impresa

Dieron a luz en sus casas, y no porque así lo hubieran planeado. Cuando un parto se desencadena repentinamente, ya no hay tiempo de... nada. Y la sorpresa es grande. Historias en primera persona
Por Luján Francos  | Para LA NACION

 Sin planificación. Fue una absoluta sorpresa. Tenían programado que sus bebes nacieran en una clínica, pero no llegaron a tiempo. La cama de su habitación, el baño, el pasillo, la cocina de sus casas, se convirtieron en sala de partos. Lejos del alcohol desinfectante, de las herramientas tradicionales y de los profesionales idóneos, ellos tuvieron que actuar. Maridos convertidos en parteros -o incluso ellas mismas agarrando a sus recién nacidos-, estas mujeres vivieron una experiencia llena de emociones encontradas. La de un parto hogareño que llega de sorpresa.

Son casos superexcepcionales. Se podría decir que casi no sucede entre las embarazadas, pero cuando un parto se desencadena tan repentinamente no hay tiempo. de nada. Y las protagonistas se convierten en famosas anónimas en el barrio, en los colegios de sus hijos, entre los amigos de amigos que repiten como anécdota estos nacimientos que parecen de película y que afortunadamente tienen un final feliz.

LUCILA RÍOS PITA (32)

Con Martín Rozados, son padres de Federica, que nació en su casa el 12 de octubre último. Matilde, de dos años y medio, dormía a pocos metros

 
Lucila y Federica. Madre e hija, en el living de la casa
 dondenació la más pequeña hace casi siete meses.
 Foto: LA NACION / Dafne Gentinetta

Ese día me había hecho un monitoreo a la tarde y me desperté alrededor de la una de la madrugada con la primera contracción. A los quince minutos, la segunda. Entonces se levantó mi marido y a la 1.45 llamamos a la partera. Hasta ahí había tenido cuatro o cinco contracciones. Tomá un Duvadilan -me dijo- y nos vemos mañana en el Mater. O llamame en una hora y media.

Le avisamos a Sathya, la niñera. Me bañé y me fui a cambiar entre contracciones que empezaban a volverse más intensas. Mora, mi marido, pidió un taxi. A las 2.20 volví a llamar a la partera, que ya tenía el teléfono derivado al de guardia. Cortamos. Rompí bolsa. Las contracciones ya eran de pujo.

jueves, 1 de mayo de 2014

Por qué parí en casa (parte I)

20/05/2010 BY VIVIAN /
Esta entrada es la parte 1 de 5 en la serie Parto en casa
La Semana Mundial por un Parto Respetado se celebra este año del 16 al 23 de mayo bajo el lema "Parto traumático, cómo evitarlo. Parto placentero, cómo lograrlo". Se trata de una iniciativa de la Asociación Francesa por el Parto Respetado que se ha venido celebrando desde 2004. ¿Qué es un parto respetado? Aquel en donde se reconoce la capacidad que tiene la mujer para parir a su propio ritmo, sin imponer intervenciones innecesarias que en muchos casos se utilizan simplemente para facilitar la labor de los profesionales de la salud y que pueden tener consecuencias negativas para la madre y el bebé. Un parto respetado es aquel en donde se protege la intimidad de la mujer y su necesidad de sentirse segura y arropada mientras se abandona a la sabiduría de su cuerpo, que fue creado para parir y que por tanto sabe perfectamente cómo hacerlo (aunque la mente de la mujer no lo sepa). Creo que el parto es un rito de iniciación que nos prepara para ser madres, y que todas las mujeres tenemos el derecho de vivirlo como mejor nos parezca. Por eso, la decisión acerca de cómo parir, qué postura adoptar y qué intervenciones se deben practicar corresponde a la mujer que pare y no al médico que la atiende. Tomar las riendas del propio parto es la mejor forma de evitar un parto traumático. Y para ello es clave estar bien informada.


 Foto: Philippe Put

Yo tuve a mi hijo en casa. Lo parí en mi cama, a cuatro patas, sin ningún tipo de anestesia, con la asistencia de mi maravillosa matrona, mi marido y mi hermana. Mi bebé vino al mundo en un ambiente cálido, íntimo, rodeado de las personas que más quiero. Lo primero que vio al abrir los ojos no fue la luz fuerte de una fría sala de partos, sino una habitación acogedora y los rostros emocionados de su familia.Pude abrazarlo y tenerlo piel con piel mientras él solito encontraba mi pecho, sin prisas, sin extraños observando, sin que importara nada más que nuestro encuentro. Me sentí tan arropada y tan segura que en ningún momento tuve miedo, a pesar del dolor de las contracciones y del expulsivo. Porque fue una prueba dura, sí. El dolor físico fue muy, muy intenso. Pero entendí lo que tanto había leído estando embarazada: que dolor no es igual a sufrimiento.

Cuando supe que iba a ser mamá, no tenía ni la menor idea de lo que era un parto (obviamente), y no me imaginaba que las mujeres podemos decidir cómo parir. Jamás me había interesado por estos temas. Fue mi amiga Claudia quien me abrió los ojos. Claudia había dado a luz de manera natural, en el agua, y todavía recuerdo sus palabras cuando me contó su parto: me dijo que parir había sido la experiencia más radical que había vivido jamás. Intentó describirme la sensación de haber parido a su hija con sus propias fuerzas y la euforia que sintió cuando la tuvo en brazos. Me acordé de lo que me había contado mi amiga Lena, que no llegó a tiempo al hospital para la epidural y que sintió la increíble "fuerza de la vida" abriéndose paso dentro de ella para salir. Pensé: la naturaleza ha querido que las mujeres pariéramos, y debe ser por algo. No quiero perderme esa experiencia. Quiero vivirla en toda su intensidad.

viernes, 31 de enero de 2014

El parto en agua más bello que verás el día de hoy...


Este es el parto en agua, en casa de Hannah, es su cuarto bebé. 
Todos los demás niños la acompañan, las matronas y doulas son tiernas y
 demuestran a lo largo del video los distintos masajes en una mujer que labora y 
hasta le van tejiendo el gorrito al bebé a lo largo del trabajo de parto. 
El titulo le hace justicia a las imágenes definitivamente "bienvenido con amor". 
Fuente:  

martes, 12 de noviembre de 2013

Cifras: Los resultados del método de Ina May Gaskin

las12
Viernes, 18 de septiembre de 2009

95,1% de partos finalizados en la casa de la parturienta

4,9% de situaciones que necesitaron un traslado a un hospital o sanatorio.

1,3% de emergencias que requirieron de un traslado urgente a un centro médico.

1,4% de nacimientos a través de cesáreas.

5,4% de partos vaginales después de una experiencia previa de cesárea.

0,5% de necesidad de usar fórceps.

8,9% de partos adelantados.

2,9% de bebés nacidos prematuros (con menos de 37 semanas).

49,9% de mujeres que tomaron líquidos durante el trabajo de parto.

29,1% de mujeres que comieron y bebieron durante el trabajo de parto.

1% de mujeres con depresión posparto

99% de inicio de lactancia materna

0% de mortalidad materna

Fuente: Resultados de 2028 embarazos y partos (de 1970 al 2000) publicados en Partería espiritual (la naturaleza del nacimiento entre el amor y la ciencia)


martes, 29 de octubre de 2013

Campaña mundial para liberar el parto. Subtitulado


Publicado el 05/11/2012
Este vídeo muestra a la comadrona húngara Agnes Gereb, 
que permanece en arresto domiciliario tras salir de la cárcel por haber 
sido procesada por el "delito" de asistir a sus compatriotas 
húngaras en el parto domiciliario.
Su caso podría haber cambiado la forma en que
 el mundo piensa sobre el nacimiento.
El vídeo cuenta con la presencia de muchos expertos líderes del parto,
incluyendo a Ina May Gaskin, Robbie Davis-Floyd, Professor Lesley Page, 
Professor Sally Tracy, Sarah Buckley and Anna Ternovsky.

jueves, 24 de octubre de 2013

OTRA FORMA DE PARIR “Más respeto que soy su madre”

   
En La Plata son cada vez más las mujeres que optan por tener un parto domiciliario, ajustándose a los tiempos naturales y sin intervención médica. Es una modalidad que definen como “nacimientos respetados”.
 Historias y testimonios detrás de la tendencia 
Por CINTIA KEMELMAJER 

No le dice a la mamá en qué posición ponerse para parir. Ni cómo ni cuándo tiene que pujar. Tampoco le hace estudios durante los nueve meses del embarazo ni le receta suplementos alimentarios o restringe ciertas comidas. Ni siquiera, llegado el caso, trata de inducirle el parto.


Fernando Daverio es un obstetra que no usa guardapolvo blanco porque no le encuentra sentido y asiste partos interviniendo sólo en casos de complicaciones. Eso le sucede apenas el 10% de las veces. Cuando llega a la casa de la mujer a punto de parir, deposita en un rincón su valija negra de viaje en la que lleva guantes, tubo de oxígeno, máscara de ventilación, sueros, jeringas, medicaciones, anestesia, antibióticos. La lleva siempre por si acaso aunque nunca la abre. Después, toma mate, café o lo que le ofrezcan en la espera, que puede ser de unas pocas horas o de tres o cuatro días. En ese lapso, cada tanto, si la ve inquieta le sugiere que se bañe, que mire una película porque falta mucho para que nazca el bebé o que pruebe vocalizar la letra “o” para abrir el canal de parto. Y cuando a ellas les vienen las ganas o necesidad de hacerlo, y sólo entonces, ellas solas -”porque solas pueden hacerlo”- dan a luz a su hijo. -”Muchas veces no hago más que cruzar la puerta y las mujeres paren”, dice sentado en la mesa del patio del jardín de su casa en Punta Lara. “Yo creo que es una cuestión psicológica, que me ven que estoy ahí y les da seguridad”.

 Vive allí hace seis años, y hace dos y medio que atiende lo que define como “nacimientos respetados”. Los llaman de distintas formas -parto respetado, parto humanizado-, pero Fernando insiste en nombrarlos como nacimientos. Porque esta corriente de la medicina, dice, no se limita al momento del parto, sino que integra a la mamá y al bebé en un entorno respetuoso. Dice que humanizado no es, justamente, el término correcto: “La idea es sacarle toda la intervención con que el humano cargó a las mujeres durante su embarazo; animalizarlos”.

A Eugenia Karabas le parecían “avasallantes y brutales” las historias de sus amigas que habían parido en hospitales. Cuando a los 37 años quedó embarazada, buscó algo distinto. Siempre había soñado con tener el parto en su casa. Probó con un obstetra, pero le dijo que La Plata no era una ciudad preparada para partos domiciliarios: “No tenemos la infraestructura de servicios de emergencia desarrollada como en Europa”. Probó con otro. “Tu bebé estaba colocado en posición podálica adentro de la panza, el único camino posible es la cesárea”. Pero a Eugenia el hospital le daba miedo. No quería manoseo, no quería estar con mucha gente, no quería ser medicalizada. “Si como seres humanos nos venimos reproduciendo desde siempre naturalmente, ¿por qué ahora tengo que ir al hospital a parir como si estuviera enferma?”, repetía a sus amistades y su familia. Que no se hiciera la hippie ni la excéntrica, era la respuesta de su entorno. Le decían que pensara en su bebé y que no se expusiera a correr riesgos.

Dionisio nació por cesárea en la clínica Mater Dei, pero no un 30 de marzo como los otros médicos habían previsto, sino recién el 12 de abril. Y no fue una cesárea más. Antes, Eugenia estuvo 27 horas en trabajo de parto en su casa, adonde planeó todo como para dar a luz con el acompañamiento del obstetra. Eugenia estuvo todo el tiempo en su pieza, sola, hasta que en un momento no sintió más movimiento en su panza y dijo estar muy cansada para pujar. “Fue un proceso muy respetuoso. Por eso, finalmente, ir a cesárea no me deprimió”. Ahora, Eugenia está embarazada de nuevo y quiere volver a repetir la experiencia. “Fue hermoso y mágico: desde el trabajo de parto empecé a comunicarme con mi hijo. Mucho más aún, ahora pienso que el parto debe ser respetado”.

Daverio tiene 38 años, dos hijos que fueron los primeros “partos respetados” en los que estuvo presente, y más de 50 partos domiciliarios asistidos en los dos años y medio que transcurrieron desde que decidió llevar a cabo su filosofía respecto al momento del nacimiento. La formación -dice- no la encontró en la facultad de Medicina de La Plata adonde estudió. Tampoco en la residencia en ginecología y obstetricia que cursó en el Hospital Gutiérrez. Allí, por el contrario, asegura que vio prácticas que no figuraban en los libros pero que se tomaban como parte establecida de la atención: por ejemplo, que el médico rompa la bolsa de la embarazada con las manos. Cada vez que Daverio preguntaba el por qué de aquellas intervenciones, “la respuesta era vaga y poco basada en la evidencia científica”. Hasta que, al terminar la residencia, se fue a Jujuy a estudiar el parto en las comunidades originarias. Ahí sí, sintió que encontraba lo que buscaba.

 Los partidarios de esta modalidad destacan que hasta hace doscientos años, las parteras acudían a la casa de las embarazadas y asistían el parto respetando los tiempos naturales y la posición que la madre quisiera adoptar para tener a su bebé. En el siglo XX, con los avances de la medicina, el parto se mudó del domicilio al hospital, tomando a la embarazada como a una “paciente” que, por su condición, debía ser intervenida por médicos, máquinas y drogas. Pero entonces, entre 1980 y 1990, surgió una reacción al “intervencionismo” médico que ha progresado hacia esta tendencia minoritaria pero creciente: volver a que la madre sea la que decida sobre su embarazo. Lo que llaman “nacimiento humanizado”.

Daverio resume lo que considera el problema actual de la medicina en una sola palabra que repite infinidad de veces durante la charla: riesgos. “La sobrevaloración de los riesgos en la medicina es el gran culpable. El fantasma de los riesgos posibles se traslada a la mujer embarazada y le causa, sin chances, mucho miedo. Y parir con miedo es imposible”. Distintas teorías avalan lo que sostiene -Michel Odent, Robbiei Devis Floyd, Ina May Gaskin- y se encargan de temas que antes no se consideraban científicos, como la conexión entre las hormonas que libera el cuerpo y las emociones, que sustentan la necesidad de un parto respetado. Estos científicos estudiaron que las emociones responden a estados bioquímicos cerebrales y del cuerpo en general, diferenciando dos estados emocionales principales, es decir dos grupos de producciones hormonales distintos y contrapuestos que son los que regulan el funcionamiento del cuerpo: el sistema de lucha y huida (con la adrenalina como hormona estrella y el cortisol como secundario, que provocan estados emocionales que se corresponden con el estrés, el miedo, la preocupación, la ira); y el sistema de calma y contacto (sus hormonas principales son la oxitocina, la prolactina, las endorfinas, que ayudan a poner el cuerpo en estado de relajamiento).

jueves, 19 de septiembre de 2013

Parto en casa




Dicen desde Nacer en Plenitud

Periódicamente publico éste video en ésta página, porque me parece 
importantísimo presenciar en el nivel de conciencia y contacto de ésta
 mujer con su cuerpo y las sensaciones instintivas que la guían durante su parto.
Resalto que éste es su cuarto bebé, y se nota que conoce muy bien el proceso 
y confía plenamente en la capacidad de su cuerpo y en su sabiduría anterior.
DISFRÚTENLO!!!




El parto en agua más bello que verás el día de hoy


Este es el parto en agua, en casa de Hannah, es su cuarto bebé. 
Todos los demás niños la acompañan, las matronas y doulas son tiernas y
 demuestran a lo largo del video los distintos masajes en una mujer que labora y 
hasta le van tejiendo el gorrito al bebé a lo largo del trabajo de parto. 
El titulo le hace justicia a las imágenes definitivamente "bienvenido con amor". 
Fuente:  

sábado, 1 de junio de 2013

Del amor y del miedo


 Hay mujeres que eligen parir en casa. Otras, en un hospital. A veces, comentar que una parirá en casa genera pavor en la buena gente con quienes osamos compartir nuestra decisión.

Incluso queridas amigas del alma, compañeras de muchos años, quedan aterradas. Que me acuerde que tengo otros dos hijos que me necesitan. Que ya podría ir dejando la tontería del parto en casa y pensar en mis hijos.

Creo que vecinos, amigos, familiares y transeúntes que opinan sobre nuestras elecciones reproductivas, creo que todos lo hacen desde el amor. Quieren cuidarnos, quieren lo mejor para nosotros.

Pero claro, no todos se han informado, no han leído la evidencia científica y las recomendaciones médicas basadas en evidencia y casuística. No tienen por qué estar informados sobre el proceso fisiológico del parto (ni sobre los beneficios de la lactancia, ni sobre los modos ergonómicos de porteo ni sobre teorías de crianza, ya que estamos).

Pero en este caso, se agradecería el silencio. La expresión de amor mediante el respeto, más que el fervoroso consejo y posterior amenaza de viudedad y orfandad de seguir una empecinada con hacer las cosas según ha decidido.

Creo también que esta gente bienintencionada habla desde su miedo. Como si lo que pasara dentro de los confines del hospital pudiera quedar dentro de esas cuatro paredes y permanecer ignorado. Si alguien se muere en un hospital, si alguna madre sufrió episiotomías innecesarias o Kristellers dolorosas, mientras haya sido dentro de un hospital, pues bien, habrá sido lo que tendría que ser. Habrá sido lo mejor. Por lo menos estaba en el hospital.

Quizás la vida, en su desnudez, nos de miedo. Porque la vida y la muerte, van bastante de la mano. Pero podemos ignorarlo, si confiamos en el poder omnipotente cuasimágico del médico y del hospital y le entregamos nuestros cuerpos. Lo que el médico haga, bien hecho estará, ¿no? Pero lo que pase, si pasa en mi casa, podría haber sido prevenido. Culpa mía por haberme alejado de “la ciencia” y haber querido “volver a épocas prehistóricas”.

Parece que me río de lo que puede hacer la medicina para ayudarme. Nada más lejos de mí. Bueno, sí, me río. Pero es un poco de humor negro, para hacer más liviano el tema. Con toda seriedad, claro que no me río. Claro que contamos con médicos capacitados y hospitales equipados para ayudarnos siempre que lo necesitemos.

Pero no siempre lo necesitamos. Remediar al sano puede ser tan peligroso como intentar salvar con una canción energizante al que necesita ser curado. Está en nosotros distinguir entre lo patológico y lo fisiológico.

Y un parto a término, de madre sana y bebé sano, atendido por matrona en una situación socio familiar estable y saludable, ¿eso qué será... fisiológico o patológico?

jueves, 30 de mayo de 2013

Nacer con sostén!!!

Página/12
Viernes, 23 de mayo de 2008
EXPERIENCIAS
Bienvenid@ a casa
 Parir. Algo así como estimular el milagro. Un vértigo infinito que sin embargo aguijonea los tiempos urgentes del cuerpo. Una revolución de la sangre en estado puro. El instante preciso de recibir lo que se acarició por meses en un vientre tirante. La vida que desgarra cada punto cardinal de piel. El jadeo amplificado del dolor. La alegría hecha transpiración y cansancio, que atraganta y enmudece. Y al cabo, la sensibilidad de la mujer elevada al infinito, atrapada en espirales de tactos, goteos, episiotomías, retos y cesáreas. El anhelo idílico se convierte entonces en el peor extracto de confusión, prácticas invasivas, humillación y debilidad que le tienen reservadas la mayoría de las instituciones médicas, donde parto humanizado se reduce a un conjunto de leyes con telaraña y parto domiciliario es sinónimo de enajenación mental.


Desde hace cuatro años existe una ley nacional que protege los derechos de las madres y sus hijos o hijas en el momento del parto y el nacimiento. Sin embargo, esta herramienta es prácticamente desconocida o deliberadamente ignorada por los sistemas de salud pública o privada que siguen considerando el parto como un hecho médico. Tal vez porque resulta difícil negociar lo que una quiere y con quien, en un momento de tanta vulnerabilidad, es que muchas mujeres –a pesar de los costos económicos– deciden parir en sus casas, en la intimidad, lejos de las intervenciones médicas y las reglas de cualquier institución; y cerca de esos olores y colores cotidianos que hacen al nido propio.
Por Roxana Sandá


En la Argentina, cerca de un 80 por ciento de mujeres que parieron a sus hijos en sanatorios y hospitales pasaron por la episiotomía, un corte en la vagina para agrandar el canal de parto; un porcentaje similar de cesáreas se realiza en el sector privado. El 70% encontró sus brazos canalizados por vías con suero y oxitocina para acelerar e intensificar las contracciones; a la mayoría le rasuraron los genitales; todas debieron entregar a sus hijos recién paridos al neonatólogo o la neonatóloga de turno y reencontrarlos horas después, con la angustia derrapada en llanto. Agencias como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y del Nacimiento (Relacahupan) y aun el Ministerio de Salud de la Nación advierten que esas prácticas atrasan por lo menos veinte años, pero las declaraciones están lejos de desalentarlas.

“Cuando mis hijas nacieron ya era médico, y siempre me impresionó el mal trato en los partos”, reveló hace poco el ex ministro de Salud, Ginés González García, que reivindica el derecho a gozar de un parto humanizado. “No importa si la mujer prefiere dar a luz en forma horizontal o vertical, sino que sea humanizado. Por eso, quisiera que el parto tuviera una relación más amigable con la madre, no sólo desde el momento de dar a luz, sino desde el momento en que empieza el embarazo.”
La Semana Mundial por un Parto Respetado, del 12 al 18 de este mes, rescató, entre otras cosas, el contacto inmediato continuo entre la madre y el niño o niña recién parida como la clave de un buen comienzo, y cuestionó la visión hospitalaria del parto y el nacimiento como patologías a tratar. 

“Humanizar es lo contrario a mecanizar o repetir”, explica la obstetra Claudia Alonso Werner, asesora médica de la asociación civil Dando a Luz y pionera en la promoción de los derechos de las mujeres. “El parto humanizado es reconocer la singularidad de cada mujer y disponer de los recursos adquiridos en nuestra formación como médicos para que su aplicación sea amable, creativa y oportuna.” Alonso tuvo a su primer hijo en un sanatorio, con las tradicionales de la ley médica, y a la más pequeña en casa, acompañada por su marido, un médico y una partera. “A partir del nacimiento de mi hija decidí abocarme a los partos domiciliarios. Fue la constatación de lo que ya sabía: no debemos hacerles cosas a los cuerpos de las mujeres, simplemente tenemos que prestarles atención. Y las embarazadas tienen derecho a saber de qué se trata un parto y a reincorporarlo como lo que fue siempre, un tema de mujeres compartido entre mujeres.”

“Del parto domiciliario me maravillaba la idea de no tener que pedir permiso para todo”, recuerda Lucrecia Rojas, puericultora de la Maternidad Sardá, pareja de un médico y madre de tres niños. “Siempre estuvimos en la búsqueda de un parto menos intervenido. El de mi primer hijo fue de librito médico; no faltó nada. El segundo parto fue con un obstetra maravilloso, sin peridural y en la posición que quise. Al último lo parí en casa hace ocho meses, y resultó la experiencia más maravillosa de mi vida”, valora en una enumeración de bondades. “Desde ya que no hubo ninguna práctica médica invasiva. Sólo estuvieron la obstetra y el neonatólogo, que llegó más tarde para revisar al gordo. Preservamos la intimidad con mi pareja, pude parir en una bañera con agua calentita, adopté las posturas que quise, ¡dirigí el parto hasta en la expulsión de la placenta! Y nadie nos separó de nuestro hijo; le di la teta, nos acostamos los tres juntos y le canté toda la noche, porque no cabía en mí de euforia.”

Cuando la mujer elige algo diferente, como parir en casa, el castigo social es más grande, asegura la partera Marina Lembo, que trabajó en hospitales públicos y ahora sólo practica partos domiciliarios en forma independiente, en honor al oficio más antiguo de atender a las mujeres sanas. “Por fortuna, a ese castigo se le contrapone la cultura del nacimiento, que está cambiando. En la Argentina hay cada vez más demanda de parteras y partos domiciliarios. Hace quince años, en provincia de Buenos Aires éramos seis; hoy, unas 30 colegas no damos abasto para asistir a las mujeres en sus casas.” Lembo describe con pasión el uso de recursos saludables que preserven la normalidad del proceso, la función contenedora de la partera, el acompañamiento “de parejas alucinadas por haber visto parir a sus hembras” y el detalle esencial que define al parto domiciliario como un acto orgásmico. 
“El parto en casa es placentero, protagónico, arduo, de transpirar la camiseta. Es la posibilidad de tener un hijo vivaz y sano, y además de poder comer, de que te mimen, de esquivarle el cuerpo a los manoseos, a las drogas, a los ojos de diez practicantes, al desfile interminable de médicos, enfermeras y anestesistas por delante de tus genitales.
”La OMS y la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) indican que las mujeres sanas deberían parir en sus domicilios o en casas de parto. De hecho, una ley argentina de los ’50 que nunca fue derogada habilita la creación de estos espacios en la provincia de Buenos Aires. Sacarle la panza a las instituciones médicas implica, de seguro, no estar acostada en una camilla, con las piernas atadas a los estribos, no entrar a un quirófano, no padecer enemas, no escuchar “basta de gritos, empezá a pujar como corresponde”, ni ver cómo le dicen a la pareja que es mejor que se quede afuera. Se sabe que del otro lado hay profesionales saturados de trabajo, mal pagos, con trabas culturales serias y actualización académica pobre.


Desde 2006 las parteras no cuentan con certificados de nacimiento para extenderles a los padres de bebés nacidos en partos domiciliarios de la provincia de Buenos Aires. Existen casos de niños que llevan más de un año sin documento nacional de identidad. La gobernación bonaerense prometió distribuirlos, pero sólo reparte en hospitales públicos y a las federaciones médicas, que son las encargadas de repartirlos en sanatorios y clínicas privadas. Mientras tanto, si los padres quieren que sus hijos tengan los papeles al día, deberán presentar dos testigos (inventados) de ese nacimiento privado.

Existen muchas formas de castigar la libre opción. En algunos Centros de Gestión y Participación (CGP) de esta ciudad fruncen el ceño cuando ven certificados de partos domiciliarios. En enero de 2006, un abogado del CGP Nº 3, del barrio de La Boca, encerró en una oficina a una pareja que intentó anotar a su bebé y obtener el DNI, para negarse a registrarlo y decirles que “el parto en casa es ilegal”. El individuo, de apellido Gómez, les insinuó la clandestinidad de su elección y rechazó el certificado de nacimiento que le presentaron. Al cabo, dijo, estaba enojado porque no entendía “el capricho de un parto domiciliario teniendo el hospital Argerich a quince cuadras de la casa”.

“Hay mucho fundamentalismo de los dos lados. No son pocas las parteras que espantan a aquellas mujeres que desearían acercarse a una alternativa diferente”, sostiene Josefina Giglio, madre con parto en casa de una beba de catorce meses. “Hallar a la partera significó todo un recorrido, en principio porque el parto domiciliario estaba fuera de mi registro; con mi marido siempre tuvimos la visión de que era algo muy hippie o snob, hasta que el obstetra me lo sugirió y recién entonces nos dimos cuenta de que en realidad ansiábamos un parto en el nido propio. Y cuando encontré a la partera justa resultó una adopción entre dos mujeres.”

Josefina habla de la fantasía de contracciones insoportables que finalmente “fueron como subirse a una ola”; de la sensación amorosa del “yo te banco” que le transmitió su pareja y le completó la plenitud, del nacimiento de Amanda, que le hizo creer “en la cosa fundacional del ahora somos tres”, de que el embarazo no es en modo alguno enfermedad y por tanto no necesariamente debe estar cruzado por la institución médica, pero que también cada mujer es un mundo y hace lo que puede. “Es un proceso que debe llevarse a escala personal. En mi historia, parir en casa me dio una sensación de empoderamiento increíble. Me dije: soy Gardel.”

Existen muchos intereses para que el parto domiciliario no sea masivo, señala la partera Myriam Viceconte, del área de Obstetricia del Hospital de Escobar, y que junto con otras colegas asiste a mujeres que eligen alumbrar en sus casas. “Los circuitos de los laboratorios, de los insumos que se utilizan, el servicio que brindan algunas clínicas del sector privado, colaboran para que la opción no se masifique, pero también es difícil porque muchos profesionales actúan y piensan con una apertura que no acompaña, más bien atemoriza, a la embarazada.”

Durante quince años, Viceconte intervino partos hospitalarios según manda la tradición médica, hasta que una compañera le corrió el velo. “Y cambié el eje. Salí del lugar de protagonista y me ubiqué en el de acompañante. Dejé de hacer partos para ver cómo paren las mujeres. Pero entonces cambió mi vida: comencé a dudar de todo lo que había hecho hasta ese momento.”

En ese vuelco de escenario de la sala de partos de azulejos blancos y tubos fluorescentes a las casas con olores propios y colores difusos del universo privado, descubrió que podía hacer su trabajo con excelencia y las parejas tenían la chance de parir “amorosamente, con detalles sutiles que sólo dos pueden conocer. Casi diría que cuando una pareja comparte el proceso del parto, nosotras estamos de más. Todavía me da cierto pudor verme en medio de esa situación”.

La Ley Nacional 25.929, de 2004, establece con claridad los derechos de padres, madres e hijos o hijas durante el proceso de nacimiento y la obligación de los profesionales a su cumplimiento. Sin embargo, amplios sectores de la salud la ignoran y el común de la población que abarca, la desconoce. Toda mujer embarazada tiene hambre de información, aunque no siempre está en condiciones de hacerla suya. El parto domiciliario es una experiencia fantástica, pero pocas pueden pagarlo, y las obras sociales y prepagas no lo reconocen en su cobertura. Queda echar mano, entonces, del intercambio con otras y otros. 

Las Doulas de Rosario, mujeres que parieron y acompañan a embarazadas –ésa es la definición de doula–, comprueban a diario que el diálogo es la única garantía de respeto. “Debemos informar sin desalentar o asustar. Si nosotras pudimos vivir plenamente nuestros partos, todas las mujeres pueden hacerlo. Sólo es cuestión de validarlas, informarlas y confiar en su sabiduría femenina.”

jueves, 9 de mayo de 2013

La historia de un nacimiento desde los ojos de la Doula: Crónicas Placenteras


11/08/20122


Hoy fue mi primer acompañamiento en un trabajo de parto. Mi primera práctica como Doula. Y es así que llegaría a ser que, el sueño que tuve hace varios años de un bebé naciendo enmantillado, no sería el de mi hija sino este primer parto que presencio y acompaño. Aluna vino al mundo con su saco intacto. La vida encuentra la forma, aunque curiosa, de sanar nuestras heridas. Y yo solo puedo maravillarme y agradecerle toda su sabiduría.

Magi, la madre de Aluna, ya había parido una vez, hace 14 años, a Valentina. Este sería su segundo parto natural.

Cuando llegué, ya desde las escaleras se olía el Palo Santo y el Copal, el ambiente se estaba construyendo, ya las expansiones de Magi tenían un patrón y ella estaba tranquila, caminaba, de cuando en vez se recostaba de su pareja y luego seguía caminando. A la brevedad apagamos las luces incandescentes ‘de oficina’ y dejamos encendida sólo la luz del baño, la atmósfera era muy íntima.

Ella venía preparada y tanto ella como Darwin, su pareja, fueron muy receptivos a mis sugerencias, la contrapresión que le indiqué a Darwin cómo realizar resultó muy efectiva para ayudarla a manejar la sensación de presión en las caderas. Con cada expansión ella, de pie frente a la cama apoyada con los brazos, enterraba su cara entre las cobijas se frotaba y se movía, parecía un lindo animal.

En un momento, Magi comienza a gemir y a gritar y a decir que le duele y que no puede más. Pensé que podría la transición, pero me parecía demasiado pronto. Le sugerí que, a menos que la vocalización le hiciera sentir mejor, que más bien exhalara el aire por la boca, soplando lo más lento que pudiera. De allí en adelante, hasta el momento de estar pujando, fue muy poco lo que volvió a gritar.

Cuando el doctor Beltrán viene a verla, le pregunta si quiere que la chequee, ella se voltea hacia mí y pregunta: ¿tú que dices? Le dije lo que sentía en ese momento; aún falta, vamos bien, pero falta un poco.

En un par de momento los dejé solos, ellos estaban muy cariñosos y ese espacio de soledad es positivo para fomentar su intimidad, hubo muchos besos, muchos abrazos, palabras de amor y contracciones consistentes de 40 segundos cada minuto y medio.

En varias ocasiones yo veía que ella tensaba la boca y buscaba recordarle que la abriera, ella, a pesar de estar en pleno, concedía y abría y abría cada vez más. Quiero ir al baño me decía, y yo a ella que su bebé se acercaba cada minuto que pasaba.

Se notaba que Magi estaba inmersa en su buen trabajo, pero en las pausas entre una sensación y otra, ella recobraba su buen humor, hubo risas, hubo chistes, y hasta en un momento reímos al decir que nos daba curiosidad ver a algún Taita en trabajo de parto, para ver cómo sería su ‘proceso’ ;) No mucho después de las risas ella nos dice que quiere ir al baño, que quiere pujar, busco a Beltrán quien la mira, le hace un tacto y sale corriendo a llenar la bañera de la sala de partos. "Está a punto" me dice, "9.5 cm ya casi casi y como es su segundo parto ese último borde de cérvix puede ceder muy rápido”, ya falta poco. Llevamos todo a la sala de partos, la música, el palo santo, asumo la cámara para fotografiar y allí nos instalamos.

Magi se pasea entre gemidos y algunos gritos, le recuerdo que no hay forma que las sensaciones sean más fuertes que ella, porque son ella, es su cuerpo. Ella en un momento parece que no puede o que ya no quiere y en el otro está sonriente “si, si, si” dice, y es súper sexy, íntimo, “Picarona, te está gustando” la fastidio y nos reímos, la bebé ya viene. En el agua están solo ella y Darwin, él tiene las manos frente a la apertura de su mujer, y recita mantras mientras la niña se acerca. Yo con la cámara tengo que recordarme más de una vez en tomar fotos porque estoy absorta en el momento. Beltrán dirige y en el fondo Valentina observa y la madre de Magi quema incienso.

Se ve primero la bolsa, Aluna, como muchos bebés, se asoma y se retrae y así va durante un par de pujos, pero está allí, es inminente y su madre quien ha trabajado como una loba no desfallece, se yergue y puja con todas sus fuerzas. La bebé sale con su saco intacto y yo con mi cara de asombro. Veo y registro como un video en mi mente el momento en que Beltrán le quita la mantilla para descubrirle el rostro. Estamos todos absortos. Aluna llora casi de inmediato y por gracia divina el pediatra se atrasa y nos quedamos todos embobados, contemplando, recibiendo y bendiciendo a esta nueva lucecita, más de media hora después, cuando el cordón ya se ha colapsado, lo cortan y al poco rato viene la placenta, y la revisamos la contemplamos y le agradecemos su labor, doble bolsa y a la nevera, en unos días podremos trabajar con ella.






A nivel personal acompañar este parto fue tremendamente sanador para mí, ver la vida y los sueños realizarse más allá de mis expectativas, de mis apegos es maravilloso. Y saber en piel que durante el acompañamiento a un nacimiento mis propios miedos y prejuicios deben quedar en la puerta porque lo que yo pueda sentir y pensar influye a la madre y al ambiente en el que se recibe a su bebé. Una vez más agradezco profundamente la sabiduría que dirige mis pasos, que me lleva por estos caminos y me permite servir.

viernes, 3 de mayo de 2013

Nacimiento de Moro 8 de octubre del 2012



de Vangi Bustos Doula el jueves, 8 de noviembre de 2012 a la(s) 14:04

Llegamos cansados de un domingo lleno de actividades, luego de un día de risas, de mates, de órden en placares de  la casa de Paz, un día de llovizna y frío.. Luego de caminar muchísimo todo el fin de semana porque estábamos sin el auto... volvimos de la casa de mi hermana cerca de las 23 horas, caminando con frío y bajo la lluvia... las contracciones de panza dura que me venían acompañando desde hacía unos meses por las noches, ese día se habían hecho presentes durante toda la tarde y entre carcajadas y carcajadas se iban poniendo en frecuencia...
Llegamos a casa caminando bajo la lluvia y el frío y cargados de cosas, Camilo se quedó dormido agotado de un largo día..Seba y yo nos acostamos a mirar la tele...las contracciones se presentaron lentamente pero esta vez con algunas sensaciones distintas, agarré el celular de Seba para mirar la hora, eran casi las 24 hs, noté que cada 4 minutos más o menos venía una ráfaga y se hacía notar cada vez más...nos miramos con Seba y sonreímos, me levanté y un líquido calentito bajó por mi pierna, con mi gran sonrisa lo miré a Seba y le dijé: me parece que fisuré la bolsa... contenta fui al baño, me dí cuenta que no era la bolsa, sería un poco del tapón tal vez...
Las ráfagas siguieron, me metí a la ducha a regalarme un buen baño y ahí disfruté de cada contracción que venía, estaba feliz, iba a parir! salí, lavé los platos, acomodé algunas cosas y me fui a acostar...le dije a Seba que Raquel (mi anterior partera, quien me acompañó en el parto de Camilo) me diría que descansara asique me acosté con mi sonrisa imborrable sabiendo que ya algo había cambiado, que Moro nacería ese día...
Intenté empezar a cerrar los ojos...pero no, eso que había empezado parecía que no iba a frenar...Serían ya los 2 de la mañana, empecé a pensar qué hacer con Camilo, él dormía plácidamente en su cama..tal vez podría quedarse? y si el parto tardaría muchas horas y él se levantase justo cuando no podamos darle mucha bolilla?
Sentí la necesidad de resolver ese tema, se lo dije a Seba, él tampoco sabía con certeza qué era lo mejor...resolvimos llamar a mis padres para que vengan a buscarlo...
Así fue..a las 3 de la mañana llegaron, mientras tanto yo preparé la mochila con sus cosas, le escrbí una nota a mi madre con algunas indicaciones, mientras las contracciones seguian, venían y se iban...
Entre tanto Seba levantaba en brazos a Camilo, mi mamá y yo en el living, cuando venía una contracción me balanceaba parada con las manos en mi cintura, recuerdo que le dije a ella lo contenta que estaba...
Camilo se despertó y no quiso irse...mi madre entonces se fue afuera a esperar al auto, Seba le hablaba a Camilo en la cama, yo me acercaba y entre contracción y contracción le explicábamos...
Finalmente le propuse a Seba que lo acompañe y vuelva...
Así fue, allá se fueron, lo besé a Camilo, se fue a upa de su papá, con su carita en el hombro y mirándome sereno...
Me quedé sola a la madrugada en mi casita...llamé a Ale pero tuve que cortar porque vino otra contracción, lueog llamé a Miri e hice lo mismo, a la tercera vez pude hablarle, le dije que ya había arrancado, me dijo que vendrían y cortamos...

Mientras tanto encendí unas velitas lentamente  por mi habitación y el living que había preparado,prendí unos sahumerios que paseé por toda la casa, agarré la pelota y me senté sobre ella para balancearme...caminé por toda la casa
Cerca de las 4 de la mañana volvió Seba, yo  lo esperaba para que infle la pileta, y así lo hizo.... la infló, comenzó a llenarla, entré con un poquito de agua y llegaron Ale, Miri y Mario, Seba fue a abrirles..

Ahí sí! estaba plena! mi parto había empezado!!, estaba todo como yo necesitaba..las ráfagas se acercaban cada vez más fuertes, más frecuentes, yo vocalizaba, abría mi boca y mi garganta , miraba las paredes que las había decorado con mandalas, con frases, con imágenes...Seba puso la música que yo le habia pedido, y así en penumbras, con la música, las velas, el silencio y mi amor... iba adentrándome...
Entre una y otra contracción cantaba las canciones que tan bien me hacían...
Se acercó Ale en un momento a saludarme, escuchamos a Moro y se fue...
Yo seguía con Seba ambos en silencio quien me tiraba agüita bien calentita en el sacro, me alcanzaba agua fresca...
En otro momento se acercó Miri, serían las 4,30 pasadas...me preguntó si quería que me tactara....(yo le había pedido por teléfono que lo hiciera, así sabríamos por dónde andábamos más o menos, fue el primer y único tacto de toda la gestación) le dije que sí, lo hizo, pero antes de que termine, me vino una contraccion y saque su mano, no pudo determinar cuánto era mi dilatación, pero no importó demasiado...
Seguimos con Seba juntos, mirándonos, me idjo en un momento: estás hermosa...
El agua estaba buenisíma, ideal!!!
Ale se acercó nuevamente a escuchar a Moro quien estaba perfecto y  volvió a irse al living...
Empecé a vocalizar y también a empujar en cada contracción...
En un momento me sorprendí al sentir la cabeza de Moro bajando ...justo Ale y Miri se estaban asomado a la puerta asi que les dije: chicas! está la cabeza!
Se acercaron mientras se ponían los guantes para recibir a Moro, Seba se metió en el  agua, de la mano de Ale o Miri pasó a mis manos Moro mientras salía del agua y directo a mi pecho....eran las 5.14 ...sentí perfectamente el pasaje de su cabecita por mi pelvis, por el canal de parto, eso fue lo mejor de todo!!!!!! aún hoy lo recuerdo y no puedo creerlo...

Seba me abrazaba, yo chocha y sorprendida los miraba a los dos...
Moro nació envuelto en la bolsa de las aguas tal como yo lo había deseado...
Se acercó  Mario, me saludó y serenamente observó a Moro, lo cubrimos con una toalla, lo oscultó y lo contempló...
Tres contracciones más visitaron intensamente  mi cuerpo para ayudar a expulsar mi placenta, me ayudé tomando el resbaladizo cordón ...
Seba tomo a Moro y junto con Mario lo pesaron en la tela sobre la cama, mientras yo me incorporaba... antes de salir, abracé a Ale y Miri al mismo tiempo..me ayudaron a terminar de salir, me acompañaron y ayudaron a recostarme en mi cama que estaba al lado de la pile...
Moro volvió a mi pecho, sobre mi cuerpo, los dos desnudos y amándonos...allí quedamos los dos por más de un día...luego de unas 12 horas, le puse su primer pañal y su primer ropita...

Hay mucho más para contar...todo hermoso  e intenso también...ya les compartiré....

Evoqué una y otra vez a todas las mujeres de la tierra, a las que ya no están, a las que vendrán, a las que me rodean hoy de distinas formas y maneras y eso me llenó de amor, de luz, de poder...

Más adelante también les compartiré el relato del parto de Camilo quien tambien nació en libertad y respeto...

Gracias a todos y todas...sigo confirmando el camino...podemos parir con placer y poder, podemos nacer con amor y respeto...podemos recibir a nuestrxs hijxs en libertad...
Vangi

miércoles, 24 de abril de 2013

Parto en casa: ¿cuándo sí y cuándo no?


Por Yahoo! Editorial | Clínica Virtual – Hace 21 horas
Texto: Natalia Iscaro
Hay madres que sienten la necesidad de elegir libremente cómo dar a luz. Antes que parir en una institución de salud -y quizá tras una experiencia propia o cercana poco feliz-, proyectan tener a su bebé en el sitio donde más seguras se sienten: su hogar.


Existen pros y contras de cada alternativa, lo ideal es decidir a conciencia
 y apoyarse en profesionales capacitados 
Las aliadas en esta odisea son las doulas, mujeres con experiencia maternal y formación adecuada, además de médicos, enfermeras y parteras debidamente preparados. Aquí, un repaso por las estadísticas, motivos y condiciones necesarias para parir en el hogar, y los riesgos que plantean las instituciones oficiales.


Un parto al natural
De acuerdo a un brief publicado por los Centros de Control de Enfermedades de Los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), los partos hogareños crecieron un 29% entre 2004 y 2009, una cifra que aún hoy representa menos del 1% de los nacimientos totales. Para responder a esta tendencia en ascenso, El Negocio de Nacer, un documental lanzado en 2008, explora la experiencia actual de parir en los Estados Unidos.
El reportaje compara la experiencia hogareña con la institucional, y acompaña a una partera a lo largo de nacimientos domiciliarios en los alrededores de Nueva York. Entre las celebridades que han apoyado la película se cuentan Cindy Crawford, Gisele Bundchen, Alanis Morisette y Christy Turlington-Burns. Todas se declaran convencidas de que una mujer puede y debe ser protagonista de su propio parto. Que puede elegir el espacio, vestimenta, posición y, si así lo desea, de aullar, gritar, reír, sin que nadie la limite.

Según Melina Bronfman, de 48 años, Musicoterapeuta, Terapeuta Corporal, Coach Ontológico y Doula de parto y postparto: “En este tipo de intervenciones fluyen el amor y el placer, porque no hay necesidad de intervención compulsiva, como ocurre habitualmente en las instituciones. Los bebés están con sus madres desde el minuto cero, nadie los separa, la lactancia se inicia con naturalidad. Además, no hay interrupciones ni de médicos, nutricionistas, neonatólogos, enfermeros, cocineros, personal de limpieza ni el peluquero del bebé”.

La doula, aliada perfecta
Las doulas son mujeres que experimentaron distintas etapas de la maternidad, y que están capacitadas y formadas para acompañar a otras mujeres a transitar este camino. Según Bronfman: “La doula habilita espacios físicos, corporales y emocionales que facilitan el camino a la joven madre para conectarse con su instinto, y para generar un espacio propicio para un parto fisiológico, y una lactancia y una crianza basadas en el amor y la conexión saludables”. Durante el parto, la doula responde a lo que haga falta. “Logística pura”, resume Bronfman. Comida, bebida, sostén, preparar una bañadera, climatizar el ambiente, proteger de ruidos molestos, generar un espacio empático (según las preferencias de la mujer) y sostener a la pareja si lo necesita, son algunas de las funciones de estas mujeres con mucha maternidad en su haber.

“Las doulas no recomendamos nada”, explica Bronfman. “Podemos empatizar con una manera de parir, pero jamás podemos decidir por otros. Un parto domiciliario se lleva a cabo responsablemente, cuando la pareja es adecuadamente auxiliada por un equipo debidamente preparado en asistencia domiciliaria. Es decir, cuando una mujer está sana y esta práctica no reviste riesgo alguno ni para ella ni para el bebé. Y, además, cuando la pareja está informada y preparada emocionalmente para facilitar el parto”, concluye. En su experiencia, para poder parir en casa es necesario contar con “un equipo responsable, un buen historial, un plan B muy satisfactorio, y mucha comida en el refrigerador”.


La voz institucional
Al día de hoy, ni el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG, por sus siglas en inglés), ni la Asociación Médica Americana (AMA) aprueban estas prácticas. El presidente de la ACOG, Richard N. Waldman, explica desde el sitio de la institución que todos los médicos tienen la obligación de dar a las familias la información necesaria sobre los riesgos, limitaciones y beneficios de los diferentes escenarios y condiciones para dar a luz. Y agrega que “es importante recordar que no todos los partos en el hogar van bien, y que el riesgo es mayor si son atendidos por personal sin el entrenamiento suficiente, o en pacientes de alto riesgo, como por ejemplo de alta presión”.

Además, desaconseja firmemente la realización de partos por cesárea en el hogar, debido a los riesgos que puede acarrear. En sintonía, la AMA apoya esta postura, alegando que “el escenario más seguro para el trabajo de parto, el parto y el postparto, es un hospital o clínica que cumpla con los estándares acordados por la Academia Americana de Pediatría (AAP) y la ACOG.

Más flexible en su concepción, el Colegio Americano de Enfermeras y Parteras (ACNM, por sus siglas en inglés), afirma, en una declaración oficial, su apoyo al parto domiciliario, siempre y cuando las mujeres sean candidatas adecuadas, cuenten con el apoyo de profesionales capacitados y con una logística apropiada para el traslado a una institución en caso de ser necesario.

De esta forma, según la institución, aun cuando cada mujer debiera tener la oportunidad de elegir de qué forma dar a luz, aquellas enfrentando embarazos de alto riesgo o enfermedades complejas deberían tomar en consideración la salud y seguridad de ellas mismas y sus niños por nacer: En rigor, esta debería ser la prioridad. Existen pros y contras de cada alternativa, lo ideal es decidir a conciencia, y apoyarse en profesionales capacitados.
Recuerda que antes de hacer planificar tu parto o embarazo, o ante cualquier duda, debes consultar con profesional acreditados de la salud.


Fuentes: ACOG (acog.org), AMA (ama-assn.org). ACNM (acnm.org). Health Grades, (healthgrades.com), CDC (cdc.gov), The Business of Being Born (thebusinessofbeingborn.com), ACNM (midwife.org).

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...