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viernes, 18 de septiembre de 2015

El posparto del que nadie te habla: la foto y la historia de una mujer tres días después del parto, aún sin dormir

En este proceso también las puedo acompañar, no dejen de consultarme mtmluisabengolea@hotmail.com/ 011-4821-4855
18 de septiembre de 2015 | 20:00 CET
Editor en Bebesymas
¿Pero no se supone que tener un bebé es la cosa más maravillosa del mundo, que llegan para convertirse en la luz que ilumine tus sombras, el motor que te haga funcionar cada día y aquel que te arranque una sonrisa, incluso cuando no apetece reír? ¿No se suponía que la alegría de ver el test positivo se vería consumada por fin el día en que naciera tu bebé? ¿Por qué nadie habla de ese posparto que de golpe, casi como de un día para otro, borra tu identidad, tu vida y se lleva toda tu energía?
Supongo que porque no todas las mujeres lo viven, o porque no todas las mujeres lo viven igual, pero existe. Ese posparto existe y hay mujeres que acaban como Danielle Haines, una mujer que decidió compartir su foto y su historia tres días después de dar a luz, sin haber dormido aún y destrozada, completamente destrozada, perdida, y sin haber comido apenas.
La foto es de 2013, cuando dio a luz a su hijo Ocean, pero la semana pasada decidió contar su historia, por si podía con ello ayudar a las miles de madres que se sienten raras, que se sienten diferentes, débiles e incapaces. Ayudarlas normalizando algo que sucede muchas veces, la necesidad de apoyo de muchas madres. Que parece que a las mujeres les han vendido la moto de que como eso de tener hijos lo hace todo el mundo, son ellas las que tienen que tirar para adelante con todo, a poder ser, solas. Y no, necesitan tanto apoyo y tanta ayuda como pueda brindárseles, y si no hay nada en lo que se les pueda ayudar, necesitan comprensión y cariño.
"Me volví loca..."
Danielle explicó que la foto la hizo su hermana, tres días después de que diera a luz. Ese día, en ese momento, tenía los pezones destrozados, llenos de grietas y sangre y la vulva dolorida de tanto sentarse a amamantarle. Notaba que la leche estaba ya casi subiendo, pero aún no había llegado el momento en que lograra saciarle, así que el bebé lloraba y lloraba, realmente hambriento. No había dormido todavía desde el día que dio a luz y empezó a llorar también, pensando en las personas que mata a los bebés.
Sentía que perdía la cabeza, que se estaba volviendo loca, y lloraba recordando el día que su madre les abandonó y ella se hizo cargo de su hermano, que por entonces era casi tan pequeño como lo era entonces su hijo.
Ese día, ese tercer día, su amiga Katie vino a echarle una mano, a prepararle el desayuno e incluso la comida. Durante toda esa mañana Danielle hizo lo que hacen todas las madres: sonreír, ser amable, hablar de cómo había ido todo y, sobre todo, ocultar sus verdaderos sentimientos. Una mujer, una madre, se siente culpable de muchas cosas, y se autoevalúa constantemente, porque lo primero que quiere ser es buena madre, y a la vez, poder ser una más, una madre más, una de tantas que han sacado a sus hijos adelante, siempre con una sonrisa y con amor, siempre tratando de conseguir que nadie dude nunca de su implicación.
Parece que una madre no pueda decir que esto de ser madre está resultando una mierda, un horror, algo que no esperaba, un "no puedo más", un se me va la vida con cada latido, y se me va la luz, y se me va todo. ¡Claro que adora a su bebé! ¡Claro que no se arrepiente! ¡Le quiere con locura! Pero eso no quita que el cambio sea tan brusco, tan evidente, tan agotador, que duela, que escueza y que moleste tanto, que una pueda querer o necesitar expresar la realidad. ¿Qué problema hay con eso? ¿Acaso no es coherente? ¿Una no puede amar a su bebé y sentir que no es feliz, no en ese momento, no así?

martes, 23 de septiembre de 2014

6 cosas del postparto que te complican un poco la existencia



El postparto es una etapa de la vida de las madres en el que nos podemos sentir  las más felices del mundo pero también las más confundidas al mismo tiempo. Se mezclan sentimientos de alegría con sentimientos de miedo, cansancio extremo con insomnio y ganas de compartir tu experiencia con el mundo con ganas de recluirte en una cueva y que nadie te moleste.

Además, lo cierto es que las hormonas no ayudan y hay algunas cosas que nos complican todavía más la existencia, así que más vale estar preparadas:

La montaña rusa

Así es como te sentirás emocionalmente después del parto, sobre todo las primeras semanas.

martes, 21 de enero de 2014

Cómo enfrentar el delicado período después del parto


 29th noviembre, 2011
 El parto no es solo el nacimiento de un niño o niña, sino que también el nacimiento del ser madre.

Es un momento de profundos cambios tanto físicos como psicológicos en la mujer, en el cual ella debe incorporar a su identidad, a su sentido de sí misma, esta nueva dimensión que es el ser mamá. Esta adaptación implica una reacomodación en términos emocionales. La mujer entra en la marea de la maternidad, a un modo de funcionamiento muy distinto al del mundo externo y mucho más parecido al mundo del bebé. A pesar de que el parto conlleva una separación física entre madre e hijo/a, emocionalmente están muy unidos, por eso hablamos de díadas “mamabebé”.
Algunos hablan de que estar en puerperio (la etapa que va desde el nacimiento hasta que los niño/as comienzan a caminar e independizarse más de los padres) es como volverse un poco loca.

Es que pasar de una situación en la cual la mujer tiene el control de su vida -de poder planificarse, de organizar su día- a la pérdida de control que implica estar al cuidado de un recién nacido/a -que no tiene horarios y que tiene múltiples necesidades, todas urgentes- puede ser una experiencia bien extrema, ante la cual, si no se está preparada y apoyada por el entorno familiar, se puede sentir mucha angustia.

En nuestro país, especialmente en las grandes ciudades, el puerperio es una etapa vivida de manera muy solitaria, sin que existan muchos espacios para que las mujeres puedan compartir estas vivencias y encontrar apoyo y contención afectiva. Tampoco se habla mucho de lo difícil que pueden ser las primeras semanas con un bebé en casa, las revistas nos muestran imágenes de madres bellas y felices, con bebés sonrientes, por lo que las mujeres que no lo viven así quedan muy excluidas, con la sensación de que lo que les pasa es raro.

Se considera que el puerperio dura aproximadamente hasta los dos años del niño/a, edad en la cual ha alcanzado una relativa independencia emocional de la madre. Pero no todo este tiempo es igual en términos de funcionamiento y necesidades de la díada. Las primeras seis semanas suelen ser las de mayor demanda ya que se establece la lactancia y el bebé está regulando sus ciclos de sueño/vigilia y de alimentación. Además los padres se deben acostumbrar a la falta de sueño y a los cambios en las rutinas y funcionamiento familiar. Es frecuente que los padres se sientan sobrepasados y que haya momentos de angustia. Es recomendable entonces que los padres pidan toda la ayuda que necesiten, y que las personas alrededor de ellos la ofrezcan, especialmente lo que les ayude a liberarse de tareas anexas a la crianza, dejándoles toda la energía para cuidar a su bebé.

Luego de las seis semanas y hasta los tres meses viene un período de menor demanda, en parte debido a que los padres ya se han acostumbrado a la nueva rutina (y a la falta de sueño), y a que el bebé empieza lentamente a ordenarse en sus ciclos. Luego de los tres meses tiende a ser más fácil y grato, y es el momento en que gran parte de las madres y padres señalan empezar a disfrutar realmente de su mater (pater) nidad.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Las necesidades de la mujer puérpera




¿Qué necesita una madre durante las semanas siguientes al nacimiento de su bebé?

Tal vez uno de los momentos más vulnerables para las madres sea el postparto inmediato, es decir, las primeras semanas después del nacimiento de su bebé. Después de ese periodo las cosas comienzan a agarrar otro ritmo, las madres se sienten más seguras y  comienzan a ver la maternidad con otros ojos.

Estas primeras semanas son fundamentales para ellas y sus bebés. Porque cuando una madre está bien su bebé está bien y del mismo modo, cuando una madre está cansada, adolorida, desorientada, confundida, triste, su bebé manifiesta de alguna manera el estado físico y emocional de su madre, generalmente a través del llanto.

Cuando  bebé nace atrae toda la atención del entorno de sus padres: abuelos, tíos, amigas, etc. Pocas veces el entorno tiene conciencia del camino físico (cesárea, parto) que acaba de transitar la madre y del camino espiritual donde se encuentra sumergida. Pocos de los que estamos alrededor de una madre recién parida tenemos claro de cuáles son sus necesidades, como ser que también acaba de nacer y debe ser cuidado.

Al igual que su bebé, una madre en pleno postparto necesita contención física, es decir, abrazo, contacto piel con piel, que se puede concretar a través de masajes en su baja espalda, en sus pies, en sus hombros; esto ayuda a aliviar las zonas donde se acumulan más tensiones y a producir hormonas del placer y permite un estado de relajación.

También es fundamental la contención emocional, el acercamiento sincero del entorno (pareja sobre todo) para comprender lo que siente la mujer en postparto, siendo pacientes porque sus emociones y sentimientos no siempre son fáciles de entender. La escucha resulta vital, a veces es mejor callar a su lado, que atormentarla con consejos y críticas. La empatía, la solidaridad, el interés  por sus sentimientos y sobre todo, no desestimarlos o acusarla de exagerar la angustia por su bebé.

La compañía es muy importante. Hablamos de compañía verdadera, de estar presente para esa persona, no por compromiso o esperando ser atendido como si estuviéramos de visita. La compañía rompe la soledad que atraviesa en demasiadas ocasiones la mujer en puerperio. El/la acompañante debe estar dispuesta a ofrecer ayuda, ya sea preguntando primero qué tipo de ayuda  necesita la madre u observando la situación que rodea a la madre para descubrir qué tipo de ayuda sería de más utilidad. Generalmente la madre quiere ocuparse de su bebé y la ayuda que requiere tiene que ver más con la comida o las obligaciones de casa, con atender a otro niño/a pequeña.

Es importante que el entorno cuide la alimentación de la madre puérpera. Parece obvio, pero con mucha frecuencia se olvida que la madre en pleno postparto ofreciendo lactancia exclusiva a su bebé no tiene tiempo para prácticamente nada, ni siquiera para ir al baño, ducharse, peinarse, mucho menos para cocinar.

En fin, hay muchas maneras de apoyar a una madre durante las semanas siguientes al nacimiento de su bebé. La clave es atender y cuidar las necesidades de la madre, para que ella pueda cuidar y atender las necesidades de su bebé recién nacid@. En la medida que el entorno comprenda que tan vulnerable es bebé como la mujer recién nacida en madre, ella podrá disfrutar plenamente de su bebé y todo marchará mucho mejor en la familia.

lunes, 4 de noviembre de 2013

6 cosas del postparto que te complican un poco la existencia

 Written by Pilar Martinez  04/11/
El postparto es una etapa de la vida de las madres en el que nos podemos sentir  las más felices del mundo pero también las más confundidas al mismo tiempo. Se mezclan sentimientos de alegría con sentimientos de miedo, cansancio extremo con insomnio y ganas de compartir tu experiencia con el mundo con ganas de recluirte en una cueva y que nadie te moleste.




Además, lo cierto es que las hormonas no ayudan y hay algunas cosas que nos complican todavía más la existencia, así que más vale estar preparadas:

La montaña rusa

Así es como te sentirás emocionalmente después del parto, sobre todo las primeras semanas.

En un minuto puedes pasar de estar eufórica a llorar sin motivo. Es muy habitual que de golpe te sientas triste, hipersensible, ansiosa, irritable…y todo esto con llamadas de teléfono cada cinco minutos y visitas cada día.

Además, lo más probable es que estés muy cansada por el parto y por la dedicación hacia el bebé que es de 24 horas, lo que complica todavía más las cosas.

Debemos ser pacientes con nosotras mismas porque poco a poco dejaremos de llorar por cualquier cosa y volveremos a la normalidad.

Una nueva palabra: los entuertos

Antes de ser madre nunca había escuchado la palabra entuerto así que si a ti te pasa lo mismo yo te aviso de lo que son: son las contracciones del útero que pretenden recuperar el tamaño normal de la matriz después del parto.

Algunas mujeres primerizas ni los notan porque en el primer parto suelen ser más leves, pero conforme se van teniendo más hijos, los entuertos son más fuertes porque cuesta más recuperar el tamaño.

Esta es la teoría porque te puede pasar como a mí que voy al revés del mundo y en mi primer parto me dolieron bastante y sin embargo en el segundo casi ni los noté.

Otra nueva palabra: los loquios

El sangrado vaginal que se produce después del parto se conoce como Loquios y aunque no supone mayor problema que tener que usar unas compresas postparto gigantes, sí que es un poco incómodo sobretodo los primeros días en los que sangras mucho pero no tienes tiempo de recrearte en el baño.

Yo manché las sábanas del hospital en mis dos postpartos por no ir a cambiarme más a menudo.

Sudando voy sudando vengo

En el postparto se liberan los líquidos retenidos en el embarazo y ¿cómo se liberan? pues con sudor y con orina. Así que es muy habitual que las mamás recientes tengan muuucho calor sudando bastante más de lo normal y si unimos esto al calor que hace normalmente en los hospitales os podéis imaginar la estampa.

Así que mi recomendación de hoy: el camisón para el hospital que sea de manga corta (no hagáis como yo que me llevé uno de franela y tuve que mandar a mi madre a por uno de verano).

¿Sexo qué es eso?

El baile hormonal, el cansancio, la inestabilidad emocional y los posibles dolores que puedan haber (episotomía, cicatriz de cesárea, etc) hacen que el sexo esté tan lejos en la lista de necesidades de las madres recientes que da hasta risa.

Si además la madre da el pecho, el deseo sexual puede disminuir todavía más debido a la segregación de prolactina (que es antagonista del estrógeno y de la progesterona).

Hay algunas mujeres que dicen haber recuperado su vida sexual durante la cuarentena, pero realmente el porcentaje es mínimo.

Adiós pelo adiós

En el embarazo has tenido una melena que ya la quisiera Nicole Kidman: espesa, brillante y sanísima. Pero a los dos o tres meses después del parto, el pelo empieza a caerse de forma alarmante y en algunos casos, puede dejar incluso algunas calvas en la mamá.

Esto se debe a que la progesterona retrasaba la caída del cabello durante el embarazo, pero después del parto, cae la progesterona y se cae el pelo.

¿Y vosotras habéis tenido algún otro “efecto secundario” que os haya complicado la vida en el postparto?

viernes, 20 de septiembre de 2013

Puerperio: angustia de pos parto y prevención

Ante la llegada del bebé, la reciente mamá suele experimentar sensaciones raras de cambios de humor…cómo podemos prevenirlo?



Madre e hijo | Óleo sobre lienzo
Lilla Cabot Perry (1848-1933)
Fecha: 1909

Qué es el puerperio?
Se trata de la etapa que transita la nueva mamá desde el nacimiento de su bebé, hasta el momento del retorno a la vida más allá del mundo de los pañales. Es decir que este tiempo variará de una mujer a otra, y que nada tiene que ver esto con el alta médica.
Históricamente se vinculó el puerperio con el alta médica que se da a los 30-40 días luego del parto, en la que se incluye el permiso para retomar la actividad física y reiniciar una vida sexual activa. Pero lo importante es tener presente que esto es a nivel físico, orgánico, y que nada dice del estado emocional de esa mujer, ni de su deseo. Por ello es importante pensarlo como un proceso de adaptación al nuevo rol maternal, que transcurre desde el momento del parto, primer encuentro real con el bebé, hasta el equilibrio emocional afectivo que demuestra la adaptación lograda.

Es un tiempo confuso: alegría, tristeza, angustia, desilusión, emoción, desorientación, ambigüedad…mezcla de sentimientos y sensaciones por lo menos “rara”…y es que ante la llegada del bebé, los cambios físicos y anímicos producen un verdadero impacto. A veces
sucede que en el momento que habían imaginado ser totalmente felices, las mamás se sienten además y sin saber por qué...angustiadas.

Esa "angustia", conocida con el nombre de “angustia de pos parto” suele durar unos pocos días, pero a veces se prolonga. Es en ese momento cuando la madre necesita de todo el apoyo de su pareja, familia, amigos y de un profesional cuando la situación lo requiera.
Muchas veces estos cambios en el estado de ánimo responden a cambios hormonales (estrógeno y progesterona) que han incrementado sus niveles durante el embarazo. Luego del parto estos niveles bajan, y el organismo debe adaptarse a los nuevos registros y ello ejerce modificaciones sobre las emociones. Pero lo hormonal no explica todo lo que en ese período sucede: el cansancio del parto, las pocas horas de sueño, la necesidad de la madre y la pareja en sí misma de tiempo y espacio para adaptarse a la nueva situación, algunos roles nuevos que enfrentar y ejercer, cambios de hábitos y costumbres dentro de la pareja, encarar acuerdos familiares novedosos, la pasividad repentina en relación a lo laboral, más aquellos rasgos singulares de cada mujer y cada pareja que se juegan en este momento tan especial.

Este proceso varía de una mujer a otra, pero si es tratado rápidamente, puede remitir en poco tiempo. Los síntomas en general incluyen:
· Ansiedad
· Temores irracionales
· Pérdida de apetito
· Insomnio
· Fatiga
· Falta de interés en el aspecto personal
· Exageración de los inconvenientes
· Aislamiento del contacto social
· Sentimientos de desamparo y temor
· Llanto durante largos períodos

Como vemos, las causas y las manifestaciones de ello son variadas, pero seguramente guardan relación con la modalidad que han tomado para esta mujer el embarazo, la experiencia del parto y la distancia de ellos del ideal esperado. Mucho se habla del parto, en su versión más idealizada y poco de lo que realmente ocurre allí. Y es que todo lo
concerniente al embarazo, parto y crianza están teñido de una mística color pastel, que lejos de colaborar con las mujeres que lo transitan, obstaculizan la aceptación de cada uno de esos momentos como pasos naturales, ambiguos y sobre todo singulares, frente a los cuales cada mujer, cada pareja se encontrará con su propia respuesta. El encuentro con el bebé suele tener un impacto en cada uno de los miembros de la pareja de padres, que sin duda responderá a su historia, sus modalidades vinculares, su posición subjetiva.

Es imposible entonces considerar el parto como un acto común, con idéntico significado para todos en donde se espera nada más que felicidad. En él se dan en forma paralela dos procesos: por un lado la confirmación de que en el embarazo y el parto se trata de dos personas diferentes en juego. Aunque esto podría considerarse una obviedad, en el embarazo se crea una sensación de unidad, como si la madre y el bebé por nacer…fueran sólo uno.

Luego, a partir de esta separación, el proceso afectivo que llevará a esta mujer a amar a este bebé, recibiéndolo como “su hijo”. Para muchas mujeres estos procesos se dan simultáneamente y de manera inmediata al nacimiento. Para otras muchas, se da con el transcurrir del tiempo en donde el vínculo se va construyendo día a día.

Es importante saber que tanto de una como de otra manera, están viviendo los primeros pasos hacia el vínculo madre- hijo…es el momento que han estado esperando, es un encuentro que cambiará la vida de todos para siempre. Sin embargo pocas parejas piensan en el impacto que el nuevo bebé tendrá sobre sus vidas, su trabajo, sus emociones y sus sentimientos mutuos. De a poco encontrarán que el mundo a su alrededor se ha alterado y esto puede provocar temores y angustias que al ser atendidas se despejan rápidamente, conectándose con la maravillosa experiencia de ser padres, sin desatender a otras áreas que conforman a cada persona.

De qué se tratan los cambios que experimenta la mujer?
En general luego del parto se experimenta una sensación de pérdida de la intimidad, de la libertad, y de la identidad en relación a la llegada del bebé, y a los roles que la mujer no ejercita activamente por un plazo muchas veces prolongado.

Podríamos decir que la imagen que tenemos cada una de nosotras mismas está armada en parte con la información que recibimos de los otros…
nuestros diferentes roles entonces nos proveen de rasgos, códigos, modalidades y tareas a realizar que nos informan quiénes somos. Es ésta la información que en el tiempo del puerperio no recibimos, ya que el resto de nuestras actividades: laborales, académicas, sociales, recreativas han quedado suspendidas y con ellas parte de nuestra identidad. Por un tiempo todo se relaciona con nuestra maternidad y de allí que se dificulte lo que excede al ser madre…lo que no lo completa, el ser mujer!. Son estos los roles que en este momento entran en conflicto: ser mujer- ser madre. La salida será despejar y construir la respuesta singular que cada mujer tiene para enfrentar esta nueva situación, encontrando el estilo de ser madre más propio.

En el momento del embarazo y nacimiento de un hijo, las mujeres se enfrentan con aquellos modelos de maternidad que la han acompañado en su desarrollo, desconociendo muchas veces su propio criterio al respecto, y repitiendo formas con las cuales muchas veces ni siquiera están de acuerdo. Es por ello que muchas decisiones cotidianas están
teñidas de angustia y de culpa cuando la vida continúa desde nuevos roles: ser madre y ser mujer. Este proceso trae como consecuencia una modificación de la imagen de sí y del otro, nuevas modalidades de contratos de la pareja, y una nueva posición de la mujer en relación a sus otros centros de interés: amistades, ámbito laboral, formación académica, tiempo libre, etc.

Hoy en día muchas mujeres trabajan, ganan dinero, estudian, buscan su propio placer, pero organizar sus vidas más allá de la maternidad se vuelve a veces un camino difícil, de “transgresiones”, de culpas y de sobre exigencias. Siempre es importante tener presente que nuestros hijos necesitan como madres mujeres felices. Para ello debemos preguntarnos por nuestros propios deseos más allá de los mandatos, tratar de lograr un equilibrio entre el tiempo que destinamos a nuestros hijos y nuestras actividades, recuperar parte de nuestra identidad perdida.

Sugerencias para facilitar este tiempito...
  • Darte tiempo y aceptar que los primeros tiempos del bebé en casa, puede resultar difícil
  • Tratar de hablar de lo que sentís, intentando vencer sentimientos como: vergüenza, culpa, etc.
  • Aceptar la ayuda de amigos, familiares y profesionales.Compartir con tu pareja lo que sentís y guiarlo en relación a lo que necesitás para sentirte mejor
  • Recuperar actividades que desarrollabas antes del nacimiento: trabajo, estudio, actividad física, encuentros con amigas
  • Tener presente que este sentimiento no es contradictorio con la felicidad de la llegada de tu bebé, ni con el amor hacia él, sino que se trata de otra cosa

Por Lic. Marisa Russomando, Psicóloga, Directora del espacio La Cigüeña, www.espaciolc.com.ar
Fuente


La maternidad alienada: entre lo cultural y lo instintivo

El embarazo-parto-puerperio conforman una etapa en la que se producen grandes cambios en la vida de la mujer, a todos los niveles, el camino hacia la maternidad es toda una experiencia cargada de necesidades, expectativas, emociones a flor de piel, miedos, luces, sombras…

Por las características de nuestra cultura, es una etapa, en la que a menudo estamos desconectadas de lo que verdaderamente necesitamos, me iré explicando qué quiero decir a lo largo del post.

Dos caracteristicas de nuestra cultura: 
la negacion del sufrimiento y la fe en la tecnologia

Negación del sufrimiento
Aunque es cierto que en ocasiones un embarazo puede complicarse, es de perogrullo decir que esta etapa en sí no es una enfermedad, y, que la mayoría de las veces, todo fluye con normalidad.
Ahora bien, nuestra cultura, sabemos, que se caracteriza por la negación (=no aceptación) del sufrimiento, del envejecimiento y de la muerte…

Ya desde la infancia se oculta a l@s niños la muerte (con la equivocada idea de que así evitamos que sufran), y también se les reprimen las emociones negativas: “no llores que eres mayor para eso”, “no estés triste que no es para tanto” y un largo etc. El mensaje recibido a lo largo de la infancia (y que quedará grabado para toda la vida) es que las emociones negativas hay que reprimirlas/negarlas, cuando lo ideal sería: validarlas/aceptarlas, nombrarlas y posteriormente tratar de aliviar la tensión como bien dice el psiquiatra Paul C. Holinger en su recomendadísimo libro “Qué dicen los bebés antes de empezar a hablar”.

En otras culturas, en cambio, saben aceptar las emociones negativas y están más preparad@s para afrontar/asumir el sufrimiento y la muerte. Existen culturas en las que la muerte la aceptan sin tabúes como un proceso natural, sin darle esa dimensión trágica a la que estamos acostumbrad@s.

El caso del duelo por la pérdida de un embarazo o un recién nacido es el caso más típico de la negación social del duelo. Las parejas sufren un duelo negado/silenciado, donde su entorno en lugar de ayudarles, les “des-ayudan” (con la mejor intención) con frases que banalizan su pérdida, tales como: “bueno, mejor ahora y no más adelante”, “eres joven, ya tendrás más”, o “eran unas células de nada”… lo cual, añade más sufrimiento, no me extiendo más, ya que de todo esto hablé en este post: http://www.miriamginecologia.com/blog/?p=755

Fe ciega en los avances tecnológicos
Por otro lado, nuestra sociedad es una sociedad de los avances tecnológicos. Ahora que nos separamos de la religión, que era, según Marx, “el opio del pueblo”, podríamos decir que nuestro nuevo opio es la “fe ciega” en los avances tecnológicos. Típica frase cuando sufre alguien alguna pérdida de algún ser querido: “como es posible que haya sucedido esto con los avances que hay?”. Esta frase encierra una negación absoluta al sufrimiento y a la muerte y una fe ciega en “los avances”. Por mucho que avance la ciencia no vamos a erradicar el sufrimiento ni la muerte.

La evidencia científica ha demostrado que muchas prácticas intervencionistas que se hacen de forma rutinaria durante el parto son contraproducentes, bien, a pesar de esto, estas prácticas son muy difíciles de erradicar, uno de los motivos es que se requiere tiempo para cambiar la inercia de lo que es una rutina institucionalizada ya de muchos años, y el otro motivo es el poco apoyo a nivel social (cuando hablo de sociedad me refiero a todos: tanto l@s profesionales sanitarios como l@s usuari@s), pues en general se tiene poca confianza en la evolución natural de los procesos naturales del cuerpo, así, cuando algo sale mal, si se hizo mucho intervencionismo (por muy innecesario que éste fuera) se dice: “hicieron lo que pudieron”, ante el mismo resultado si no se hizo intervencionismo innecesario, en lugar de ser un consuelo la idea de que al menos evitaron hacerle “perrerías” innecesarias dirán: “es que no hicieron nada”, y, a pesar de que el no intervenir hubiera sido lo correcto, como el resultado ha sido malo es fácil acabar en los juzgados, esto dificulta el cambio, por eso, en nuestra cultura, la contraproducente medicina defensiva de los “por si acaso” está a la orden del día. Recuerdo cuando era residente, algún ginecólogo que otro que nos aconsejaba: tal como está la justicia es preferible que te denuncien por una cesárea de más que por una de menos, así es que a la mínima mejor una cesárea. Por todo este miedo a todo y por la medicina defensiva se han disparado las cesáreas a porcentajes que indican (según la OMS) que no estamos haciendo bien las cosas.

¿Tecnología sí o no? Indudablemente SÍ, pero en los momentos que la evidencia científica indique su idoneidad, NO a las intervenciones innecesarias que según la evidencia pueden ser perjudiciales

Morir, lo mismo que nacer
En la muerte pasa exactamente lo mismo, hemos perdido la posibilidad de tener una muerte digna, tranquil@s en casa rodeados de la familia, ahora parece que si no mueres en un hospital rodead@ de tecnología no has hecho lo suficiente. Cuando un abuelito está a un tris de morir y sabemos que la muerte está ahí sí o sí, aunque no haya nada que pueda salvarlo lo llevamos al hospital rápidamente, donde la muerte será más fría sin el contacto humano que le proporcionaría una muerte digna en su hogar con sus familiares.

El embarazo vivido en base a los miedos las expectativas y las exigencias
El miedo
Durante el embarazo, suele existir cierto miedo (unas personas más que otras), confiriéndose (en muchos casos) a la tecnología médica fe ciega de que nos librará de todo lo malo. Bien es cierto que el control del embarazo puede protegernos de muchos problemas, pero a pesar de esto, los controles adecuados no garantizan al 100% que invariablemente todo vaya a salir bien, además, por otro lado, el hacer más controles médicos de los necesarios tampoco van a mejorar los resultados (a veces, incluso hasta los pueden empeorar), el embarazo puede complicarse en cualquier momento a pesar de que todo haya evolucionado correctamente, sin embargo, no estamos preparad@s para asumir esta posibilidad.

Por todo esto, es normal que muchas veces nos veamos necesitadas de aumentar el número de controles médicos, unas más que otras, dependiendo también de experiencias pasadas.

Ojo! lo que decida de forma consciente cada mujer es totalmente respetable, este post no va dedicado a juzgar las decisión que tome libremente una mujer de hacerse más controles de los necesarios, no soy quien para juzgar (es más, yo lo hice voluntariamente en alguno de mis embarazos), lo que pretendo es que nadie se engañe ni se haga falsas expectativas: las embarazadas deben saber los controles innecesarios es raro que aporten algo que no aporten los controles que según la evidencia científica se consideran necesarios, e insisto, el que todo vaya bien no garantiza al 100% un/a hij@ sano, en Medicina no existe 100% en nada.

Las expectativas
Las expectativas de un embarazo ideal en base a los modelos socioculturales construidos también hacen lo suyo.
En una sociedad del bienestar, que, además de la negación del sufrimiento, se caracteriza por el culto a la belleza y el consumismo, sociedad en la que se vive deprisa, se construyen modelos de embarazos/maternidades muy superfluos que pueden influirnos en que vivamos esta etapa desconectadas de nuestras verdaderas necesidades.

El modelo de maternidad ideal nada tiene que ver con la realidad: así, el ideal de maternidad que se impone es el de una mujer lineal, en la que ni el embarazo ni el parto ha cambiado ninguna parcela de su vida:

-ni su figura: para lo cual nos venden: miles de productos/trucos/consejos para lucir bellas en el embarazo, potingues para prevenir estrías, otros tantos para evitar manchas, otros para relajarnos, otros para cuidarnos el pelo, otros para ayudar a recuperar rápidamente la figura tras el parto…

-ni su apetito sexual: nos hablan en las revistas de moda de embarazo de “trastornos sexuales tras el parto” (perdona? he oído bien?), pues sí, he visto tratar este tema en más de una revista para embarazadas dando a entender que es anormal que baje el deseo sexual tras el parto. Así que toca “esforzarse” para tener ganas y a comprar lubricantes se ha dicho para tener “atendida” a tu pareja, porque claro, es muy importante que tu pareja siga su vida igual (que traer un hij@ al mundo por lo visto no cambia las cosas nada). Es demasiado, de un proceso normal se sacan de la manga que no estamos bien, resulta que ahora va a ser anormal que baje el deseo sexual durante un tiempo tras el parto. Que cuando hay que retomar las relaciones? Pues cuando te lo pida el cuerpo! Es normal que no tengamos precisamente el deseo sexual a flor de piel durante un tiempo, nuestra pareja debe tener paciencia y entender que esto es una etapa natural, porque lo que necesitamos es estar volcadas con el nuevo bebé y no en contentar sexualmente a la pareja.

-ni su vida, su bebé es buenísimo: es aberrante decir que un bebé sea bueno o malo, no existe esto, lo que existen son adultos que comprenden o que no comprenden las necesidades de un bebé. Un bebé necesita sentir constantemente a su madre, no entiende donde termina el cuerpo de su madre y donde comienza el suyo, se siente como un todo junto a su madre. Y encima nos venden la necesidad de que hay que acostumbrarlos a que no demanden, dejarlos llorar, separarlos de la madre… También el lenguaje está lleno de frases hechas que normalizan lo que en realidad no es normal, como: “no lo cojas en brazos que se acostumbra”, “no pasa nada que llore, eso es bueno para los pulmones” (qué barbaridad!)… Todo este desapego es contraproducente para su desarrollo emocional posterior, los bebés necesitan construir un apego seguro con su madre, pues se ha demostrado sobradamente (ya desde la teoría de Bowlby) que esto influirá para el resto de su vida (incluso en su etapa adulta).

-ni su trabajo: tan cortas esas bajas maternales, qué poquito cuida nuestra sociedad la maternidad, pero encima se nos da a entender que esto es genial: que así desconectas de las “obligaciones” con tu bebé, que te realizas como mujer… volvemos a lo mismo: en el modelo social de maternidad ideal nada cambia en la mujer.
Nuestra sociedad no apoya la maternidad, está ciega frente a las necesidades del bebé y de la madre. Las sociedades que apoyan la evolución natural de la maternidad son sociedades más pacíficas, pues la neurociencia ha demostrado sobradamente el apego seguro madre-hij@ da lugar a futuros adultos más empáticos, más seguros, con mayor inteligencia para gestionar sus emociones y menos propensos a enfermedades mentales. Por eso invertir en cuidar a las madres es invertir en una sociedad futura mejor.

Que se nos meta en la cabeza: la madre necesita estar con su bebé, eso es lo normal, lo que está en sus genes, lo que le pide su estado neurobioquímico que se produce en esa etapa y nos empeñamos en verlo al revés: las mujeres que rápidamente vuelven a su vida tal y como era antes, en un tiempo record sin apenas notarse el paso de la maternidad por su cuerpo son las “superwoman”, en cambio, las que se dan permiso para vivir esta etapa con toda su plenitud se les etiqueta de ñoñas, antiguas, marujas o de flojas…cuando en realidad son las más sabias, porque esta etapa pasa, y luego nos arrepentimos de no haberla disfrutado al cien por cien.

Esta patología inventada por nuestra cultura que se llama síndrome del nido vacío ¿no será producida porque no se disfrutó de la maternidad con la intensidad que se requiere en su debido momento? Si nuestr@s hij@s están llen@s de madre y las madres llenas de hij@ y se han satisfecho adecuadamente cada etapa, seguramente, no habría nido vacío, aceptaríamos la nueva etapa con la alegría de verl@s volar. De este tema profundizaré en el siguiente post que tengo pensado sobre la menopausia.

“Para criar a un niño se necesita una tribu entera (proverbio africano)”

Las exigencias: no confundamos las necesidades verdaderas madre-bebé con las necesidades inventadas por nuestra sociedad
Cuando somos madres comienza la cuenta atrás, así es que tenemos que recuperar la silueta y estar monísimas cuanto antes, volver al trabajo, “atender” a nuestras parejas, a nuestras amistades (uy! algunas visitas insufribles recién paridas!), lucir sonrisa, el “aquí-no-ha-pasado-nada”, si el bebé solamente come y duerme estaremos orgullosas, las que no tienen esos bebés que no dicen ni pío envidiarán a las otras, eso sí, todos monísimos (de rosa si son niñas o de azul si son niños)…

Las amistades con toda la buena intención ofrecen su ayuda al revés: en lugar de ofrecerse a ayudar para que la madre esté tranquila con su bebé, se ofrecen para estar con el bebé para “librar” a la madre de sentirse “atada” a semejante criatura

Nuestra sociedad del consumismo y del vivir “de puertas para afuera” favorece el desapego madre-bebé. Entre otras cosas nos esmeramos en comprar todo ese “kit” para el bebé (ay! como nos volcamos en tener esos kit de revista a la última moda todo conjuntadito: carro, cuna, trona, cuco, columpio musical, moisés, ositos, maripositas, carruseles, medallitas, habitación con su mobiliario de bebé etc). No pretendo criticar esto de los kit, esa no es la intención, es respetable que cada cual compre lo que quiera (yo también lo hice en su día) lo que quiero decir es que la fiebre consumista no debe desconectarnos de lo verdaderamente importante: los bebés no necesitan nada más que una sola cosa, esa cosa se llama CUERPO MATERNO: contacto, que se les acurruque, que se atiendan sus necesidades cuando lloran. Que no nos suplanten las verdaderas necesidades por falsas necesidades.

Choque de las expectativas con la realidad
Con esta visión de la maternidad tan desconectada de las necesidades de la madre y el bebé, es fácil entender el choque con la realidad que sufren muchas mujeres tras el parto.

Resulta que lo que necesitas es totalmente diferente a lo que tu cultura te ha hecho creer. Tus hormonas, la interacción de las mismas con tus neurotransmisores dota a tu cuerpo de un instinto que no sabes descifrar porque no hay conexión entre lo que te dice tu cuerpo y lo que te dice tu mente. Es en este punto donde se produce el choque, ahí está la desconexión, donde no comprendes qué está pasando, te encuentras mal, también te sientes culpable por no estar a la altura de lo que esperabas de la maternidad, te entristeces y te sientes aún más culpable por no lucir esa sonrisa permanente de oreja a oreja que se esperaba de ti.

Este choque entre lo natural y lo cultural es lo que nos hace percibir la maternidad como una etapa dura. Si nos dejásemos llevar por la sabiduría de nuestros cuerpos dejando fluir las verdaderas necesidades del tandem madre-bebé, viviríamos la maternidad como una etapa gozosa, no sentiríamos la presión ni el choque entre lo que esperábamos y lo que en realidad es ser madre.
No se trata de ser una madre abnegada, sino todo lo contrario: disfrutar de una maternidad gozosa, dejarse mecer por el ritmo natural de esta preciosa etapa.

Mis consejos como madre
Tengo cuatro hijas, con la primera no supe disfrutar su etapa de bebé todo lo que me hubiera gustado. No supe entender la tristeza que me invadía durante unos días, no supe tantas cosas que me hubiese gustado saber, sentía pánico de ver como un ser tan indefenso pudiera necesitar tanto de mí. Ojalá hubiese tenido toda la información que tengo ahora. Aquí van los consejos que me hubiesen gustado haber recibido cuando comencé esta aventura de ser madre:

Si estás embarazada o acabas de ser madre date permiso para disfrutar de esos irrepetibles momentos en los que madre-hij@ sois uno, saborea cada momento, lejos de las pretensiones de esas maternidades de disfraz que nos confunden.

Aleja la idea de necesitar un bebé “bueno” que solamente coma y duerma y que no te moleste. No temas que el bebé necesite constantemente de ti, escuchate y date cuenta de que tú también lo necesitas, date permiso para entregarte a sus necesidades afectivas, que en definitiva son también las tuyas porque al igual que un bebé no puede estar sin su madre, una madre no puede estar sin su bebé.

No quieras acelerar nada, no estés constantemente pendiente de pasar cada etapa a toda prisa, el día de hoy no volverá a repetirse JAMÁS, disfruta el presente, entrégate a lo que tu sabio instinto te pide a gritos.
Tu bebé es un ser único e irrepetible, confía en su propio ritmo, no pretendas competir con los bebés de los demás, no te importe si los demás están más así o asao que el tuyo, si pesan más, si duermen más, si son más espabilados, no compitas jamás, ni dejes que estas tonterías te influyan, nada es más importante que el AMOR, entrégate al amor por tu hij@, de lo demás nada es tan importante

¿Sabíais que…?
¿Sabíais que la depresión postparto solamente existe en occidente? en otras culturas que son más respetuosas con la naturaleza y que están más conectadas con las verdaderas necesidades de la maternidad la depresión postparto simplemente no existe, con lo que está claro que es una enfermedad propia de nuestra cultura.

¿Sabíais que la lactancia materna (entre sus múltiples beneficios) se ha demostrado que disminuye la incidencia de depresión postparto en la madre?
No nos dejemos robar nuestra maternidad, no nos apartemos de nuestros instintos.

martes, 17 de septiembre de 2013

El puerperio

Vamos a considerar el puerperio como el período transitado entre el nacimiento del bebé y los dos primeros años, aunque emocionalmente haya una progresión evidente entre el caos de los primeros días -en medio de un llanto desesperado- y la capacidad de salir al mundo con un bebé a cuestas.


Para intentar sumergirnos en los vericuetos energéticos, emocionales y psicológicos del puerperio, creo necesario reconsiderar  la duración real de este tránsito.  Me refiero al hecho que los famosos 40 días estipulados -ya no sabemos por quién ni para quién-  tienen que ver sólo con una  histórica veda moral para salvar a la parturienta del reclamo sexual del varón. Pero ese tiempo cronológico no significa psicológicamente un comienzo ni un final de nada.

Mi intención –por la falta de un pensamiento genuino sobre el “sí mismo femenino” en la situación de parto, lactancia, crianza y maternaje en general- es desarrollar una reflexión sobre el puerperio basándonos en situaciones que a veces no son ni tan físicas, ni tan visibles, ni tan concretas, pero no por eso son menos reales. Vamos a hablar en definitiva de lo invisible, del submundo femenino, de lo oculto. De lo que está más allá de nuestro control, más allá de la razón para la mente lógica. Intentaremos acercarnos a la esencia del lugar donde no hay fronteras, donde comienza el terreno de lo místico, del misterio, de la inspiración y la superación del ego. Para hablar del puerperio, tendremos que inventar palabras, u otorgarles un significado trascendental.

Para quienes ya lo hemos transitado hace tiempo, nos da pereza volver a recordar ese sitio tan desprestigiado, con reminiscencias a tristeza, ahogo y desencanto.  Recordar el puerperio equivale frecuentemente a reordenar las imágenes de un período confuso y sufriente, que engloba  las ilusiones, el parto tal como fue y no como una hubiera querido que sea, dolores y soledades, angustias y desesperanzas, el fin de la inocencia y el inicio de algo que duele traer otra vez a la conciencia.

Para comenzar a armar el rompecabezas del puerperio, es indispensable tener en cuenta que el punto de partida es “el parto”, es decir, la primer gran “desestructuración emocional”.  Como lo he descrito en el libro “La Maternidad y el encuentro con la propia sombra”, para que se produzca el parto necesitamos que el cuerpo físico de la madre se abra para dejar pasar el cuerpo del bebé permitiendo un cierto “rompimiento”. Este “rompimiento” corporal también se realiza en un plano más sutil, que corresponde a nuestra estructura emocional. Hay un “algo” que se quiebra, o que se “desestructura” para lograr el pasaje de “ser uno a ser dos”.

Es una pena que la mayoría de los partos los atravesemos con muy poca conciencia con respecto a este “rompimiento físico y emocional”. Ya que el parto es sobre todo un corte, un quiebre, una grieta, una apertura forzada, igual que la irrupción de un volcán que gime desde las entrañas y que al despedir sus partes profundas destruye necesariamente la aparente solidez, creando una estructura renovada.

Después de la “irrupción del volcán” (el parto) las mujeres nos encontramos con el tesoro escondido (un hijo en brazos) y además con insólitas piedras que se desprenden como bolas de fuego (nuestros “pedacitos emocionales”, o nuestras partes desconocidas)  rodando hacia el infinito, ardiendo en fuego y temiendo destruir todo lo que rozamos. Los “pedacitos emocionales” van quemando lo que encuentran a su paso. Miramos azoradas sin poder creer la potencia de todo lo que vibra en nuestro interior. Incendiando y cayendo al precipicio, suelen  manifestarse en el cuerpo del bebé (como una llanura de pasto húmedo abierta y receptora). Son nuestras emociones ocultas que despliegan sus alas en el cuerpo del bebé rozagante y disponible.

Como un verdadero volcán, nuestro fuego rueda por los valles receptores. Es la sombra, expulsada del cuerpo.

Atravesar un parto es prepararse para la erupción del volcán interno, y esa experiencia es tan avasallante que requiere de mucha preparación emocional, apoyo, acompañamiento, amor, comprensión y coraje por parte de la mujer y de quienes pretenden asistirla.

Sin embargo pocas veces las mujeres encontramos el acompañamiento necesario para introducirnos luego en esa herida sangrante, aprovechando este momento como punto de partida para conocer nuestra renovada estructura emocional (generalmente bastante maltrecha, por cierto) y decidir qué haremos con ella.

El hecho es que -con conciencia o sin ella, despiertas o dormidas, bien acompañadas o solas, incineradas o a  salvo- el nacimiento se produce.

Lamentablemente hoy en día consideramos el parto y el post-parto como una situación puramente corporal y del dominio médico. Nos sometemos a un trámite que con cierta manipulación, anestesia para que la parturienta no sea un obstáculo,  drogas que permiten decidir cuándo y cómo programar la operación, y un equipo de profesionales que trabajen coordinados, puedan sacar al bebé corporalmente sano y felicitarse por el triunfo de la ciencia. Esta modalidad está tan arraigada en nuestra sociedad que las mujeres ni siquiera nos cuestionamos si fuimos actrices de nuestro parto o meras espectadoras. Si fue un acto íntimo, vivido desde la más profunda animalidad, o si cumplimos con lo que se esperaba de nosotras. Si pudimos transpirar al calor de nuestras llamas o si fuimos retiradas de la escena personal antes de tiempo.

En la medida que atravesemos situaciones esenciales de rompimiento espiritual sin conciencia, anestesiadas, dormidas, infantilizadas y asustadas... quedaremos sin herramientas emocionales para rearmar nuestros “pedacitos en llamas”, permitiendo que el parto sea un verdadero pasaje del alma. Frecuentemente, así iniciamos el puerperio: alejadas de nosotras mismas.

Anteriormente describíamos la metáfora del volcán en llamas, abriendo y resquebrajando su cuerpo, dejando al descubierto la lava y las piedras. Análogamente, del vientre materno, surge el bebé real, y también el interior desconocido de esa mamá, que aprovecha el rompimiento para colarse por las grietas que quedaron abiertas. Esos aspectos ocultos encuentran una oportunidad para salir del refugio. La sombra (es decir, cualquier aspecto vital que cada mujer no reconoce como propio, a causa del dolor, el desconocimiento o el temor) utiliza el quiebre para salir de su escondite y presentarse triunfante en la superficie.

El problema para la mamá reciente es que se encuentra simultáneamente con el bebé real que llora, demanda, mama, se queja y no duerme... y al mismo tiempo con su propia sombra (desconocida por definición), inabarcable e indefinible.

Pero concretamente ¿con qué aspectos de su sombra se encuentra? Cada ser humano tiene su personalísima historia y obstáculos a recorrer, por lo tanto sólo un trabajo profundo de introspección, búsqueda personal, encuentro con dolores antiguos y coraje, podrá guiarnos hacia el interior de esa mujer que sufre a través del niño que llora.

El puerperio es una apertura del alma. Un abismo. Una iniciación. Si estamos dispuestas a sumergirnos en las aguas de nuestro yo desconocido.

Laura Gutman


jueves, 21 de febrero de 2013

La depresión posparto


Es un tema del que se habla poco, pero hasta el 20% de las mujeres pueden experimentarlo. A qué síntomas hay que estar atenta.

Es una de las situaciones vinculadas con la maternidad que más se silencian. Se llama depresión posparto o depresión puerperal y, según las estadísticas, la sufren entre una y dos de cada diez mamás recientes. En general, lo hacen sin manifestarlo y hasta con vergüenza por sentir lo que sienten.

"¿Qué más podés pedir? Tenés un hijo. ¿Cómo vas a sentirte así?". Dice el doctor Mario Sebastiani, obstetra del Hospital Italiano de Buenos Aires y ex presidente de la Asociación Argentina de Ginecología y Obstetricia Psicosomática: "Ese tipo de frases son muy negativas. La incomprensión es la principal dificultad que obstruye que las mujeres puedan pedir ayuda. ¿Cuándo? Si una mamá reciente siente que la mayor parte del tiempo no puede disfrutar de este momento especial, en esos casos, es recomendable una consulta preventiva."

Además de la brusca alteración hormonal que sucede al cabo del nacimiento, señala Sebastiani, y que tiene un evidente impacto en el estado emocional de la mujer, el puerperio, la etapa que comienza luego no suele ser un lecho de rosas, y esto aun en los casos más felices. "La nueva vida después del parto se convierte en visitas, consejos, inseguridades, poco descanso –dice el obstetra-. Además, este tiempo está invadido de soledad y poca comprensión por parte de los familiares, amigos y personas cercanas. Las mujeres en esta etapa están todo el tiempo en sus casas, pendientes de la demanda del bebé, sin poder salir y a veces esto no es tan sencillo. Estamos en el siglo XXI, pero algunas cuestiones no han cambiado mucho".

Puede ocurrir que los primeros días las mamás recientes, en especial las primerizas, experimenten momentos de confusión, ansiedad, estén cansadas o más irritables. Pero normalmente esos sentimientos desaparecen por sí solos.
Otras mujeres pueden sentir, en cambio, que esos sentimientos y emociones desagradables no se van. Ahí es cuando deben estar atentas.

Una conocida actriz, Brooke Shields, enfrentó esta situación y su caso, siendo ella famosa, recorrió buena parte del mundo. "Nos enseñan que ser madres es la cosa más gloriosa que nos puede pasar. Pero después del nacimiento de mi primera hija tuve depresión postparto. Como no sabía de qué se trataba fue algo devastador. Había realizado varios intentos de fertilización asistida para tener un bebé y cuando lo logré me pasó esto, que fue realmente muy grave".
Luego de esta experiencia, Shields volvió a ser madre sin deprimirse, pero inició una suerte de cruzada personal para advertir sobre el problema y generar conciencia al respecto. "Los médicos deben estar atentos, saber que el tema existe, no restar importancia a algunos síntomas", ha declarado la actriz, autora del libro "Cayó la lluvia", donde contó su experiencia y cómo salió del problema.

Existe una escala, la Escala de Edimburgo para la Depresión Posparto, a través de la cual los profesionales de la salud pueden medir el riesgo de cada paciente.

Según un estudio local realizado en el Cemic, un 18% de las madres recientes experimentan síntomas de depresión inmediatamente después del parto y una cifra levemente inferior –el 17%- lo hace al cabo de los seis meses de haber dado a luz.
El psiquiatra Pablo Rozic, coordinador de la investigación, dijo que se había probado un mayor riesgo entre aquellas mujeres con antecedentes previos de depresión. También se encontró mayor frecuencia de sentimientos de tristeza y abatimiento entre las más jóvenes (menores de 25) y las mayores de 35. Otro aspecto que interesó a los investigadores es verificar que el problema puede presentarse también varios meses después de nacido el bebé, hasta inclusive un año después.
Si bien la edad, las hormonas y los antecedentes personales juegan su parte, no son aspectos menores las expectativas acerca de la maternidad (que a veces son demasiado grandes) y el entorno ambiental (incluidos los problemas económicos, laborales o las dificultades para criar al bebé). Todo forma un complejo cuadro que, en ciertas mujeres, puede generar como respuesta un cuadro depresivo.
Por eso, prestar atención a los síntomas (ver aparte) y no demorar la consulta preventiva pueden jugar a favor para abordar y tratar el problema, que en la mayor parte de los casos se resuelve con una terapia adecuada y el uso de medicación específica.

Ellos también
Lo que parecía ser una situación únicamente femenina, también puede aparecer entre los varones, papás recientes: un estudio publicado en la revista de la Asociación Médica Americana (JAMA, por su sigla en inglés), dice que cerca del 10% de los hombres experimentan depresión postparto. Luego de analizar datos de 43 estudios en el que participaron casi 30.000 personas, los investigadores probaron que los hombres atraviesan un período crítico que varía entre los tres y seis meses después de la llegada del hijo en que pueden sentirse más deprimidos y desanimados.
"Los hombres pueden sentirse solos porque perciben que sobre sus espaldas recae la responsabilidad de la economía familiar –escribe James F. Paulson y Shamail D. Bazemore, de la Escuela de Medicina Eastern Virginia, en Norfolk, EE.UU-. Esto puede causar depresión y angustia, y no siempre puede compartirlos abiertamente con su compañera, porque ella está centrada en la atención del nuevo hijo".

Síntomas a tener en cuenta (y a comentar con el médico)
- Tristeza, irritabilidad, llanto sin motivo.
- Tener miedo de quedarse a solas con el bebé.
- Sentir poco apetito.
- Preocuparse demasiado por el bebé o, todo lo contrario, no sentir preocupación.
- Tener muchas dificultades para organizar el trabajo cotidiano de la casa.
- Sentir pérdida de energía (más allá del cansancio por la falta de sueño).
- Sentirse culpable o pensar que no es una buena madre.

Prestar más atención si…
- El embarazo fue difícil o no lo vivió bien.
- El parto fue traumático.
- Ha estado deprimida antes.
- Tiene una mala relación de pareja.
- Está sola y eso le pesa.
- Tiene poco apoyo familiar.
- Atraviesa una situación económica o financiera difícil.
- El embarazo la hizo engordar y le incomoda no haber vuelto a su anterior figura.
- Teme que el haber tenido un hijo dificulte mucho su reinserción laboral futura

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