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jueves, 7 de noviembre de 2013

El amor materno engendra confianza /BBC Ciencia

Los bebés que reciben mucho afecto de sus madres estarán mejor preparados para enfrentar el estrés y las tensiones siendo adultos.
La madre debe ser receptiva y sensible a las necesidades del bebé.
Esa es la conclusión de un estudio llevado a cabo en Estados Unidos con cerca de 500 personas a quienes se siguió desde la niñez hasta la adultez.
La investigación -publicada en Journal of Epidemiology and Community Health (Revista de Epidemiología y Salud Comunitaria)- encontró que los abrazos, besos y declaraciones abiertas de amor de la madre a su bebé parecen fomentar la capacidad de resistencia y recuperación emocional.
La clave, afirman los investigadores, podría ser un vínculo fuerte y seguro entre la madre y el hijo.
A pesar del creciente interés que existe en el papel que juegan las experiencias de los primeros años de vida en la salud adulta, casi no ha habido estudios que hayan podido seguir a los participantes desde la niñez hasta las etapas posteriores de la vida.
Los investigadores de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, sí pudieron seguir ese registro con 482 personas que participaban en el Proyecto Perinatal de Colaboración Nacional.
Los científicos midieron con pruebas psicológicas la calidad de la interacción entre las madres y sus bebés cuando éstos tenían ocho meses.
Al final de cada sesión, el psicólogo calificó la forma como la madre respondía a las emociones y necesidades del niño.
La cantidad de afecto y atención que la madre daba su hijo también fue clasificada, con marcadores que iban desde "negativo" a "extravagante".
Posteriormente, cuando esos bebés cumplieron en promedio 34 años, se estudió su salud mental usando pruebas estándar para clasificar síntomas que incluían tanto factores específicos como ansiedad y hostilidad como niveles generales de aflicción.
También se preguntó a los participantes si pensaban que sus madres habían sido afectuosas con ellos y debían responder con marcadores que iban desde "fuertemente de acuerdo" hasta "fuertemente en desacuerdo".
Mejor preparados
Los resultados mostraron que los niños que recibieron mucho afecto de su madre podían manejar de mejor forma todos los tipos de aflicciones.
Muy pocos estudios han podido seguir a los participantes desde la niñez hasta la adultez.
En particular, los niños de madres cariñosas podían tratar mejor la ansiedad que los niños de madres emocionalmente indiferentes.
"Es sorprendente que una breve observación del nivel de cariño materno en la infancia esté asociada con la angustia que puede enfrentar ese niño 30 años después", afirman los investigadores.
Y agregan que estos resultados comprueban la creciente evidencia de que la primera infancia ayuda a establecer las bases de las experiencias más tarde en la vida.
Pero señalan que no puede descartarse la influencia de otros factores, como la personalidad, la educación y la vida escolar.
Tal como explica la doctora Terry Apter, profesora de psicología del Newham College de la Universidad de Cambridge, "lo que realmente se desea es tanto receptividad como afección, es decir, una madre que está "sincronizada" con su bebé".
"Los bebés no nacen sabiendo cómo regular sus emociones. Lo aprenden cuando se sienten angustiados y se les tranquiliza".
"Y una madre receptiva y sensible podrá detectar la señal que indica cuando su bebé ya ha tenido suficiente".
Es decir, agrega la psicóloga, una madre receptiva no sólo sabrá cuándo hay que dar un abrazo sino también cuándo debe dejar de darlo.
"Porque ningún niño de 12 años se sentirá bien al ser abrazado y besado por su madre como si fuera un bebé", expresa la doctora Apter.

viernes, 20 de septiembre de 2013

El rechazo hacia el recién nacido



Ante el nacimiento de un bebé, los padres suelen experimentar períodos de confusión en los que es necesario pasar por el primer tiempo en donde la pregunta acerca del futuro de su hijo es lo que orienta sus vidas: si serán buenos padres, si crecerá sano y feliz...sumado a la adaptación que cada madre y padre necesitan a sus nuevos roles. Es importante para ese nuevo vínculo, darse el permiso para conocer a este nuevo hijo, conectarse con él, aprender a ejercer la función materna y paterna en las experiencias fascinantes que nos esperan cada día, recordando que todos los bebés necesitan para su desarrollo del contacto físico, de la mirada de su madre y de su palabra ya que así se propiciará el encuentro, el vínculo entre ellos y se apostará a la singularidad de ese pequeño.

Este proceso no siempre es sencillo ya que el nacimiento de nuestro hijo nos enfrenta una vez más con todo el bagaje que acerca de la maternidad y la crianza fuimos construyendo a lo largo de la vida: lo que nos dijeron, lo que no nos dijeron, lo que observamos, lo que intuimos y por supuesto lo que vivimos.

Es por eso que muchas mujeres refieren haber sentido ese amor profundo del que tanto se habla en el instante mismo del nacimiento y muchas otras se encuentran en general con sorpresa, que sienten cercanía hacia ese bebé, saben que tienen que cuidar de él, alimentarlo, acunarlo pero no lo sienten como un amor profundo.

En paralelo a este sentimiento esto suele despertar mucha culpa, ya que no es lo esperado.
Es importante tener presente que el vínculo con el bebé, como todo vínculo, se construye.
El acto del nacimiento incluye para la mamá reciente dos procesos:
1- Reconocer a su hijo como un ser independiente a ella, son dos personas y no una como el imaginario del embarazo nos permite fantasear.
2- Amar a ese pequeño con sentimiento fraternal
En relación a estos procesos podemos decir que para muchas mamás se dan en un solo impulso al sostener a su bebé por primera vez en la sala de parto y para otras llevará otros tiempos.
Si sabemos que esto sucede, que el vínculo se construye, nos permitiremos transitar esta etapa como una etapa de adaptación, de reconocimiento y aprendizaje mutuo, dando lugar a propuestas que favorecen esa relación.

En sus primeras horas de vida el bebé vive el período de mayor sensibilidad: respira a su mamá, huele, mira, escucha, siente por medio de su piel, construyendo en ese instante las primeras impresiones acerca del mundo externo tanto físico como emocional.

Por todo ello es tan importante que ese tiempo sea un tiempo de intimidad: madre, padre, hijo o hijos intentando conocerse, descubrirse, sintonizarse para poder transmitirle sensaciones de seguridad, de confianza y sostén para facilitar su llegada al mundo, su adaptación y desarrollo.
Desde el primer momento de su llegada, el bebé intenta a su manera comunicar lo que siente, lo que necesita. Se trata entonces de estar abiertos a recibir sus mensajes que en principio tendrán forma de llanto: único medio de expresión hasta la adquisición del lenguaje tanto verbal como corporal.

Las madres en general tienen poca tolerancia al llanto de su bebé: las angustia, las inquieta. Se trata de enfrentarse cada vez, con esa necesidad, esa demanda del bebé que en los primeros días es total y que por supuesto no se satisface del todo. Esta situación de sentirse imprescindibles, que para algunas es muy satisfactoria, para otras mujeres se vuelve una exigencia y una sensación de vulnerabilidad que no les permite maternar de una manera tranquila.

Es allí donde el padre tiene todo un lugar que espera ser ocupado: brindarle a su mujer el sostén necesario para que pueda desde allí acercarse al bebé, vincularse con él y por lo tanto maternar.
Si esto no fuera suficiente, es sugerible una consulta con un profesional de la salud de confianza.
Por todo esto, el nacimiento de un hijo es también es una oportunidad para replantearnos esas ideas concebidas con anterioridad a nuestra propia experiencia como madres, y dar lugar a las sensaciones más espontáneas, nuestro instinto, nuestra intuición para ver qué nos pasa en ese encuentro único con nuestro bebé y aceptar nuestra singularidad.

Lic Marisa Russomando
Psicóloga especialista en Matrenidad, Paternidad y Crianza
Directora del espacio La Cigüeña

jueves, 21 de octubre de 2010

Para Verónica y su nuevo bebe!!!


"Hola Buen día Luisa!!He descubierto tu página y me ha emocionado. Y creo que por ésas cosas del destino me llegó en el momento que estoy de 24 semanas de embarazo de mi tercer niño y puedo decir que me abrió un nuevo panorama desconocido para mí. La importancia de la lactancia y del contacto con el bebé no lo había podido disfrutar con mis niños anteriores por las presiones que yo dejé entrar en mi vida. Cosa que pienso revertir con mi bebé." Verónica de Charata, Chaco, Argentina.
Hoy recibí este correo electrónico que me emociono mucho, porque existe esta necesidad, tengo este blog y todos los día trato de encontrar algo para ayudar a las mujeres que van a ser mamás, gracias Verónica, este video es para vos que queres mantenerte junto a tu bebe!!!
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