Mostrando entradas con la etiqueta apego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta apego. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de abril de 2015

Si nos dijeran

Si nos dijeran:

©  Que los bebés y niños pequeños pasan por etapas, que ya regularán sus horas de dormir y para ello nos dijeran: tranquila, quédate en cama y duerme mientras lo haga el bebé, duerme a su lado, ya se regulará y empezará a dormir mejor, mientras tanto deja que te ayudo con los pendientes domésticos en casa.

Si nos dijeran:
©    Que bello se ve tu bebé enganchadito a su teta, es lo normal, de a poco regulará las tomas, mientras tanto te necesita mucho, la lactancia materna no es sólo alimentación, es calor y olor de mamá, quédate con él, dale la teta allí sentadita yo te ayudo con lo que tengas que hacer, te plancho esta ropa? te ayudo a limpiar la casa?

Si nos dijeran:
©    Toma a tu bebé, no quiere que lo levante yo, es lo normal, está muy pequeño y por ahora sólo necesita tus brazos, ya tendremos tiempo de jugar y compartir.

Si nos dijeran:
©    Tranquila, si no te quieres cambiar la pijama no pasa nada, los primeros meses agotan mucho, si te sientes cómoda así no pasa nada. Quieres que te peine el cabello? Eso relaja.

Si nos dijeran:
©    Empezó con las rabietas? Tranquila, es su manera de afianzar su yo y personalidad, sólo tienes que tenerle paciencia, darle abrazos si los quiere, háblale suave al oído, cántale su nana favorita, los niños pequeños no saben regular sus emociones, pero de como gestionemos los conflictos ellos más adelante resolverán sus problemas.

Si nos dijeran esto o algo parecido la maternidad sería más fluida y de a poco cada madre, cada padre y familia encontraran la manera en el mundo de criar a sus hijos de manera respetuosa, no sentiríamos encima de nosotras presiones innecesarias, sabríamos de antemano y con el apoyo del entorno que todo niño sano llega al sitio donde debe llegar (control de esfínteres, caminar, hablar, dejar la lactancia, etc.) a su tiempo y hora, no a la hora que a los adultos se les haga cómodo.
A ti, que te dijeron?

viernes, 28 de noviembre de 2014

LOS BEBES NO SON LO QUE NOS CONTARON!


No. Los bebés no son como nos lo contaron. A los bebés no les gusta dormir en cuna. Rodeados de barrotes. Presos en una jaula. No. Los bebés quieren dormir junto al cuerpo de su mami, calentitos,  seguros, amparados, amados, tocados. No. Los recién nacidos no quieren siquiera estar en posición horizontal. Quieren dormir en tu pecho, en vertical, meciéndose al arrullo de tu corazón. En horizontal su digestión se ralentiza, vomitan, buchean, cogen cólicos, se asustan, se sienten vulnerables.

 No. Los bebés no se acostumbran a los brazos: ya nacen acostumbrados. Desde el principio saben bien lo que es bueno. No. Los bebés no duermen toda la noche. Se despiertan a cada rato. Para comer y para no comer. Para comprobar que estás a su lado y que los estás cuidando. Para cerciorarse de tu presencia, que es su seguridad. Para tocarte y olerte. No. Los bebés no quieren estar solos. No quieren perderte de vista ni un minuto, quieren estar junto a ti, en el centro de la vida. No. Los bebés no quieren jugar solos en un corral. Quieren jugar contigo, sonreír, ser atendidos, treparte por encima, gatear por el salón.

No. Los bebés no quieren tomar leche de otra especie. Quieren leche de la suya, de la que sabe a mamá. No. Los bebés no quieren chupar todo el día un trozo de plástico. Quieren chupar tus pechos, sus manitos, tus dedos... piel humana. No, los bebés no quieren que los vistas, ni que les pongas tejidos picones, pendientes en las orejas, ropas apretadas, cintas, encajes y otras cosas molestas. Quieren estar desnudos, correr sin zapatos, disfrutar del tacto de la naturaleza en su piel, del piel con piel contigo.

 No. Los bebés no quieren estar quietos. Quieren que te muevas, que los mezas, los arrulles, que andes y pasees, y los lleves contigo. En cuanto pueden, quieren gatear, correr, saltar, explorar, llegar a todas partes...

Sí. Los bebés son curiosos por naturaleza. Quieren y deben tocarlo todo. Incluidas esas cosas que más tú tocas: los mandos, los relojes, los teléfonos, los equipos informáticos...Su riqueza sensorial se desarrolla a partir de ahí. No. Los bebés aprenden lo que viven. Si siempre oyen "no", pronto a todo te dirán no. Si a todo tienes miedo, pronto a todo tendrán miedo.

 No. Los bebés no son alto-demandantes. Somos nosotros los bajo-tolerantes, los bajo-pacientes, los bajo-disponibles, los bajo-respondedores. No. Los bebés no quieren que los dejes. Quieren ir contigo a todas partes, eres su ejemplo, su seguridad, su referente, su único universo.

Te guste o no te guste, así son los bebés humanos, primates, mamíferos. Si quieres comprobarlo, tan solo ten uno. Ninguna otra especie desconoce y putea tanto a sus propias crías. Si queremos un mundo un poquito más humano, bien haríamos en comprenderlo.

Fuente: Tenemos tetas


viernes, 3 de octubre de 2014

¡Qué manía con domesticar a los bebés!

Publicado por Gema Lendoiro el mar 20, 2014

bebé llora Parece que la semana pasada se alienaron los astros en contra de los niños. Sí, les cuento. En pocos días salió publicado que las enfermeras catalanas aseguraban que, debido a la crisis, las madres lactantes tenían que dejar de serlo porque su leche “no alimentaba” y que la conocida marca del pajarito debía donarles leche artificial. Afortunadamente rectificaron dejando claro que por muy desnutrida que la madre esté, su leche es buena. Otra cosa es que la madre no desee o no pueda dar el pecho por otro motivo. Eso es otro cantar y ahí yo no me meto.

Esa misma semana en los informativos de Antena 3 sale Diego García Borreguero (presidente de la Sociedad Española del sueño) asegurando que: “un bebé de un mes y medio debería saber dormir” Obviamente dormir sabe, lo hacen desde el útero, de hecho. Otra cosa es lo que algunos padres persiguen: que el bebé duerma toda la noche. Ahí ya entran las circunstancias personales de cada padre. Yo comprendo que hay gente que no se puede permitir el lujo de no dormir porque tiene trabajos muy peligrosos (un conductor de autobús, de un tren, de una grúa, un cirujano…) Todo eso lo comprendo. Pero lo que no comprendo es que para solucionar un problema, se tenga que perjudicar a otro, sobre todo si es la parte más débil. ¿Es tan difícil entender que si un bebé llora es porque algo le pasa y porque como mejor se le pasa es en el arrullo del pecho materno y no recibiendo instrucciones claras tipo: Mamá te quiere mucho y está en la habitación de al lado. (Tal y como sugiere el “amigo” Estivill) ¿Cómo es posible que existan padres que se crean que de verdad “los bebes son muy listos y enseguida te cogen la aguja de marear”?

Como no hay dos sin tres, también aseguró un médico de la clínica Ruber, de cuyo nombre prefiero no acordarme, que si dormías con tu hijo lo podías aplastar. O mi favorita: “se recomienda que el bebé sea llevado a su propia habitación a los seis meses para evitar que se produzca excesivo apego con la madre”. La persona que piensa así debe de haber tenido una experiencia horrible casándose con el típico hombre que quiere más a su mamá (a los 40 años) que a ella. De lo contrario, no me lo explico. El apego es necesario para poder ser independiente el día de mañana. El apego forma parte de su crecimiento y de su instinto de supervivencia. Un bebé sin el cuidado de su madre, moriría. Donde digo madre puede poner usted cualquier adulto, entiéndame.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Los primeros mil minutos de vida de un bebé

El parto y la maternidad se han medicalizado mucho tiempo. Ahora la ciencia reivindica recuperar la piel con piel, el pecho a demanda o la separación cero, porque los primeros momentos tras el nacimiento son fundamentales para el futuro

Es crucial que madre e hijo estén piel con piel durante las primeras hora de vida del bebé Martin Llado
"El cuerpo de la madre es la mejor máquina jamás inventada. Aporta nutrición, temperatura, glucosa, desarrollo cerebral y salud con un coste mínimo". Nils Bergman sabe bien de qué habla. Este africano de adopción nacido en Suecia empezó a trabajar en 1988 como médico en el Manama Mission Hospital, en Zimbabue, uno de los países más pobres del mundo. Todo era muy rudimentario y no tenían incubadoras ni tampoco medios para tratar a los bebés que nacían antes de tiempo, por lo que, para desesperación de Bergman, la mayoría de prematuros acababan muriendo.

Entonces este médico, hijo, nieto y bisnieto de médicos misioneros, oyó que en Bogotá estaban usando un método que habían bautizado como canguro: nada más nacer colocaban a los recién nacidos prematuros desnudos sobre el abdomen de sus madres. Gracias a aquello, comenzaban a regular su temperatura corporal, el ritmo cardíaco y no morían. Y Bergman empezó a replicar aquel sistema en Zimbabue.

martes, 11 de marzo de 2014

La hora siguiente al nacimiento dejen en paz a la madre

Autor: Michel Odent

La hora siguiente al nacimiento es, sin duda, una de las fases más críticas en la vida de los seres humanos. No es por casualidad que todos los grupos humanos han molestado de forma rutinaria los procesos fisiológicos durante este corto período de tiempo a través de rituales y creencias. Nuestros entornos culturales están determinados en gran medida desde el principio de la interacción madre-recién nacido.


La primera hora siguiente al nacimiento puede ser vista desde multitud de perspectivas complementarias. Mi objetivo es catalogar doce perspectivas para demostrar la dimensión real de este tema tan complejo.

Perspectiva 1: Necesidad repentina de respirar
No necesitamos desarrollar esta perspectiva extensamente documentada. Se sabe muy bien que durante la primera hora después del nacimiento el bebé ha de utilizar sus pulmones de forma repentina. Esto implica, en particular, que el corazón debe bombear urgentemente la sangre para la circulación pulmonar. La condición es que las circulaciones pulmonar y sistémica se separen a través del cierre de las conexiones que hay entre ellas (ductus arteriosus y foramen oval).

viernes, 1 de noviembre de 2013

La fórmula del apego

Psicología
La fórmula del apego
El primer vínculo entre el bebe y su mamá o quien resulte ser su cuidador sentará las bases sobre las que se construirán sus relaciones en el futuro. Si bien se pueden modificar conductas a lo largo de toda la vida, la llave del éxito parece estar en esa emoción que se "abrochó" desde la panza
2 de mayo de 2010 | Publicado en edición impresa


Cuando un niño nace, todo es alegría rosa o celeste. Sin embargo, los bebes sólo tienen registro de un lugar de llegada sin luces ni festejos. Todo está a oscuras. Es como caminar, sin tener conciencia de uno mismo, por una casa desconocida y con los ojos vendados. Hay que sobrevivir y alguien debe calmar ese estrés que desborda en llanto. Alguien tiene que guiarnos y darle un orden a ese vacío caótico.

El bebe llora. Necesita algo; no sabe exactamente qué, pero no puede solo. En principio, tiene hambre. Precisa quien le dé de comer, quien lo abrace y lo contenga en este raro mundo en el que se siente suspendido.

Todos los modelos y teorías de la psicología reconocen que el lactante requiere de otro para satisfacer sus necesidades más esenciales y poner fin a la tensión interna. En ese momento, cuando la madre responde a esa primera necesidad tan básica para la supervivencia, el bebe "abrocha" una emoción. En esa unión natural e instintiva, de teta y caricias, se produce una experiencia, un aprendizaje. Es el primer vínculo, el primer encuentro.

"Está comprobado que el mero contacto físico entre dos personas hace que el cerebro fabrique oxitocina. Uno de los momentos en los que se libera mayor cantidad de esta hormona es inmediatamente después del parto", explica la psiquiatra María Alejandra Vieitez Bussalleu, para quien "no hay mejor encuentro que el de un padre con un hijo".

"El olor, la piel, el llanto del bebe -continúa- hacen que el cerebro de la madre produzca y libere oxitocina. Cuando el bebe succiona el pezón de su mamá activa la formación de la hormona que se encarga de sellar este vínculo de amor tan esencial." Así, la "hormona del amor" está sindicada por los científicos como la responsable de reforzar los lazos afectivos entre las personas.

Hace cuatro años, el biólogo Paul Zak, fundador y director del Centro de Estudios Neuroeconómicos de la Universidad de Claremont, California, probó con voluntarios que cuando inhalaban oxitocina aumentaba la empatía y la confianza entre ellos. En los estudios que publicó en Nature, concluía que "la oxitocina es el pegamento de la sociedad".
La preocupación por la relación temprana del niño con su madre fue uno de los temas centrales de muchos investigadores. Ya desde 1930 se estudiaba el desarrollo de chicos que habían sido abandonados. Las grandes guerras, las crisis, así como otros eventos sociales devastadores, sirvieron para estudiar el impacto que provocan las separaciones físicas y emocionales entre los pequeños y sus cuidadores.

En la década de 1960, el psicoanalista inglés John Bowlby logró definir la conducta de apego como cualquier forma de comportamiento que hace que una persona alcance o conserve proximidad con respecto a otro individuo diferenciado y preferido. El apego proporciona la seguridad emocional del niño: ser aceptado y protegido emocionalmente.

"El término «apego seguro» fue acuñado por Bowlby para describir relaciones vinculares en las cuales el niño confía en que sus cuidadores serán accesibles en situaciones de estrés, brindándole protección y cuidado", ayuda para una primera definición el psicoterapeuta Juan Balbi, quien está convencido de que "una relación sólida y saludable con la madre o cuidador primario se asocia con una alta probabilidad de crear relaciones saludables con otros, mientras que un pobre apego parece estar asociado con problemas emocionales y conductuales".

El apego refiere a un vínculo central y específico: madre-hijo o cuidador-infante. Es un nexo perdurable que, de ser seguro, produce consuelo, contención, placer. Es el primer encuentro con alguien; ni más ni menos que con aquel que, aparentemente, nos ayudará a sobrevivir. Y sus resultados, según entienden los investigadores de la conducta infantil, determinarán el andamiaje para todas las relaciones que desarrolle en su vida.

"La teoría del apego tiene reconocimiento universal y, definitivamente, desarrolla con rigurosidad la importancia de los vínculos tempranos", señala la licenciada Sonia Klei­man, especialista en psicología vincular de familias con niños, y directora del área en el Instituto Universitario del Hospital Italiano.

"En un primer momento -explica Kleiman- se creía que la experiencia de los primeros años marcaba casi en forma indeleble al sujeto y que lo vivido por entonces era algo así como la causa primordial de los conflictos posteriores. Hoy por hoy, gracias al avance en las investigaciones de muchas disciplinas involucradas en el tema, se ha llegado a la conclusión de que los vínculos que los sujetos habitan a lo largo de su vida pueden producir cambios, transformaciones y novedades en la emocionalidad." Estas característica de flexibilidad y adaptación coinciden con las capacidades dinámicas que se le han otorgado al cerebro gracias a los últimos aciertos de la ciencia moderna.

Las neuronas necesitan amor
El 90% del cerebro que tendremos de adultos ya está disponible cuando cumplimos tres años. Estamos casi listos para ir al jardín de infantes y se han formado los sistemas y estructuras que serán responsables de todo el funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico. Si el cerebro se forma en tiempos en que el apego es clave, demás está explicar la importancia que existe entre una crianza segura y la calidad de nuestros pensamientos y emociones.

"La ciencia está convencida de que hoy estamos frente a un cerebro dinámico y flexible -explica la doctora Vieitez-. Sin ánimo de reduccionismos biológicos, tenemos que entender que al nacer ya hemos alcanzado algo más de 250.000 conexiones de los nervios disponibles. Esto es producto de nuestra genética, pero también de cada experiencia, que nos hace únicos y diferentes."
Es decir que, más allá de lo innato y de cualquier punto de partida, lo que es adquirido por medio de la experiencia deja una huella que transforma lo anterior. Y la impronta es tanto de aquello de lo que somos conscientes como de lo que dejó una emoción que el cuerpo, seguramente, se encargó de registrar.

Nuestro cerebro vive haciendo conexiones. En cada una hay un aprendizaje. Es la plasticidad neuronal la que permite la inscripción de cada experiencia, la que pone en juego la diversidad y la singularidad. Por eso, si bien todos tenemos cerebro, cada cual tendrá el suyo. Así como la fórmula del apego es universal, cada cual tendrá su historia emocional, acorde a su cultura, a su sociedad, a sus padres, a su primer encuentro.Cuando escribe sobre el establecimiento de los vínculos afectivos, Elsa Punset, licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Oxford, dice algo clave: "Es importante darse cuenta de que la mayoría de los problemas de apego se deben más a la ignorancia de los padres sobre el desarrollo de sus hijos que al abuso consciente, ya que muchos padres desconocen la naturaleza crítica de las experiencias infantiles en los tres primeros años de vida".

jueves, 3 de octubre de 2013

Las ocho “B” de la crianza con apego!!!



La familia Sears, padre pediatra, madre enfermera, ocho hijos (algunos de ellos pediatras), varios nietos, han dedicado su vida a la infancia. Son los creadores del término “attachment parenting” (crianza con apego) y han escrito más de 40 libros sobre pediatría y crianza. En lo que han dado a llamar las ocho “B” de la crianza con apego han logrado resumir un estilo de crianza basada en la cercanía y la atención continua.

Tomando como premisa que las necesidades de un bebé y sus deseos son una misma cosa durante los primeros meses de vida, incluso durante los primeros años, dan ocho premisas básicas para afrontar un cuidado cariñoso del bebé que responda a sus necesidades, tanto fisiológicas como emocionales.
En el prólogo de uno de sus libros titulado “Tu hijo dormirá… y tú también” hay una frase que me ha gustado mucho y siempre he tenido como axioma.

“El tiempo de tener a su bebé en brazos, 
junto al pecho y en la cama es muy corto en
 relación con la vida total de su hijo. Aun así, 
el recuerdo de su amor y disponibilidad,
duran toda una vida.”

Puede haber circunstancias médicas o familiares que impidan que se cumplan las ocho “B”. No significa que un bebé que no sea amamantado o no viva con ambos padres vaya ser un bebé que no reciba una crianza cariñosa. No es eso. Lo que se intenta transmitir es una filosofía de crianza de conexión con el bebé, instintiva, positiva, paciente, sensible y amorosa.
Las ocho “B” de la crianza con apego (porque todas las palabras en inglés empiezan con “B”) son:

Birth bonding: lazos afectivos desde el nacimiento
Una unión piel con piel con el bebé desde el momento mismo del nacimiento fomenta la creación de un vínculo temprano. Las horas y los días después del parto son un período de máxima sensibilidad en el que tanto la madre como el bebé necesitan cobijo y contacto mutuo.
Cuando por motivos médicos justificados no se puede crear esa unión de forma precoz, siempre se puede recuperar el tiempo perdido. Tan pronto como sea posible, es conveniente retomar el contacto entre la madre y el bebé.
La vinculación inmediata madre-hijo no es como un pegamento que si no se hace al primer momento luego no funciona, sino una ventaja con la que corren quienes tienen la posibilidad de hacerlo. La vinculación es un proceso que se va dando entre ambos.

Breastfeeding: lactancia materna
La lactancia materna es el mejor alimento para el recién nacido. Es el más completo desde el punto de vista nutricional, pero también proporciona consuelo y un contacto único entre madre e hijo.
Es un componente primordial para fortalecer el vínculo afectivo entre la madre y el bebé, y está íntimamente relacionada con la premisa anterior de crear lazos afectivos desde el nacimiento. Poner al bebé al pecho nada más nacer es un paso muy importante para empezar la lactancia con buen pie.
Hay una química especial entre la madre y el bebé que es amamantado. El contacto del lactante con el pecho de su madre desencadena la producción de oxitocina en el cerebro de la mujer, la cual al entrar en el flujo sanguíneo activa las glándulas mamarias y fortalece el vínculo entre el hijo y su madre.


La crianza no es con apego


El mamífero humano recién nacido está listo para apegarse y sobrevivir, para lo cual contará con una madre o “cuidador principal”, quien va a satisfacer las necesidades de vida de este nuevo hijo según la cultura en que se encuentra y desde la propia conflictiva psicológica. De esta manera, cada madre, padre o cuidador principal (nana, abuela, vecina) dará respuesta a las necesidades del niño al que cuida y “ama” desde su propia historia de vida.


El niño necesita del adulto o cuidador principal para que le devuelva el equilibrio perdido cada vez que entra en estrés (hambre, sed, miedo, pena, angustia, ansiedades, dolores, enfermedades). Se espera que el adulto sea sensible, capaz de sintonizar rápido con las necesidades de su hijo, de tal manera que pueda responder adecuadamente al estrés del niño. Mientras más atingentes sean las respuestas por parte del cuidador principal, el cerebro del niño estará menos expuesto a la hormona del cortisol (estrés) y crecerá con sensaciones más plenas en su cerebro. Si un niño llora poco los primeros años de vida, guardará en su memoria implícita (cerebro) más sensaciones de placer que de displacer, lo que le hará una persona más calmada, segura y confiada. Ese hijo con apego seguro será una persona que difícilmente se sentirá cómoda con el maltrato y los abusos.

Lo que me interesa mostrar es que somos los padres los que tenemos el poder de organizar o desorganizar el cerebro de nuestros hijos, darles seguridad o inseguridad, etc.; tal como ya varios especialistas en cerebro infantil lo han expresado: “los padres somos los arquitectos del cerebro de nuestros hijos”, “la madre moldea el hemisferio derecho durante el primer año de vida” (D. Siegel; A. Schore).

La lactancia prolongada, el colecho (compartir el lecho o la habitación), la crianza en brazos -conductas propias de la humanidad y que hoy en día se están rescatando- NO garantizan el apego seguro, pero sí lo fomentan; simplemente porque se permanece más tiempo “pegado” al hijo, lo que sirve para sintonizar mejor con sus necesidades y prestarles una rápida atención. Lo que ayuda a dar respuestas adecuadas a los hijos es que los padres (o figuras de apego central) tengan conciencia de su propia historia de vida y de crianza recibida, comprendan el funcionamiento del cerebro infantil en desarrollo y que el tiempo que dedican a sus hijos sea de calidad y en cantidad.


jueves, 15 de agosto de 2013

Las caricias maternas sanan los efectos del estrés de la gestación en los hijos


Joven madre dando el pecho a su bebé | Oleo sobre lienzo

Autor: Mary Cassatt (1844-1926)
Fecha: 1906
Ubicación: The art institute of Chicago
A pesar de que Mary Cassatt (1844-1926) renunció al matrimonio y la maternidad por considerar que no podría dedicarse al arte si era una mujer casada con hijos, sus múltiples retratos de madres con sus pequeños realizados alrededor de la década de 1890 sorprenden por su alto grado de realismo. Cassatt, una de las pintoras impresionistas más importantes, reflejó en este y otros cuadros el amor maternal en su máxima expresión.

Pueden modificar el componente genético afectado durante el embarazo, revela un estudio

Una investigación realizada en el Reino Unido ha revelado que las caricias maternas pueden sanar los efectos sobre los hijos del estrés de la madre durante la gestación. Si la madre acaricia a su bebé las primeras semanas de vida, el pequeño mejorará su adaptabilidad fisiológica y se reducirán sus emociones negativas, señala el estudio.

Los autores de una nueva investigación realizada en el Reino Unido afirman que las madres, al acariciar a sus hijos durante sus primeras semanas tras su nacimiento, podrían modular los efectos del estrés materno durante la gestación, sobre el desarrollo del feto.

El aumento en la incidencia de la depresión materna se relaciona por un lado con una menor adaptabilidad fisiológica y por otro con una mayor cantidad de emociones negativas en los hijos, todo ello debido a una falta de caricias por parte de la madre.

El estudio, publicado recientemente en la revista PLoS ONE, contribuye al conocimiento que se posee sobre esta afección y permitirá diseñar mejores servicios de información para las embarazadas y sus parejas.

Estudios anteriores habían descubierto que el estrés durante el embarazo puede provocar problemas con respecto al comportamiento y las emociones de los niños durante periodos prolongados de tiempo.

Efecto a largo plazo

En este nuevo trabajo, investigadores de la Universidad de Liverpool, de la Universidad de Manchester y del King's College de Londres (Reino Unido) estudiaron a madres y niños que participaron en el Estudio Wirral sobre Salud y Desarrollo Infantil, con el fin de determinar la capacidad de una madre para modificar los efectos del estrés tras el nacimiento.

El estrés durante el embarazo es capaz de reducir la actividad futura de los genes de los hijos dedicados a generar una respuesta ante él.

El estrés prenatal es capaz de activar respuestas positivas o negativas en función del entorno en el que se desarrolle el niño, datos que se han relacionado con el hecho de que algunos niños presentan una mayor susceptibilidad a mostrar más miedo o enfado.

“La emotividad negativa es un componente clave del temperamento infantil que conlleva una inclinación al enfado ante los límites impuestos, como el permanecer sentado en un asiento de coche y al miedo ante situaciones no comunes como cuando se acerca un desconocido”, indicaron los autores.

“Una mayor inclinación al enfado suele asociarse con anomalías de la conducta y con el miedo y los trastornos de ansiedad en etapas posteriores de la infancia”.

La caricia como solución

Los autores observaron que las relaciones entre los síntomas de la depresión durante el embarazo y las emociones infantiles posteriores de miedo y enfado, así como la respuesta cardiaca ante el estrés a los siete meses, varían en función de la frecuencia con la que la madre hubiese acariciado al bebé en la cabeza, la espalda, las piernas y los brazos durante las primeras semanas de vida. Así pues, se concluye que las caricias podrían modificar la actividad genética.

“En estos momentos, estamos realizando un seguimiento de los niños del estudio Wirral para comprobar si la información relacionada con las caricias de la madre siguen influyendo en posteriores etapas del desarrollo”, afirmó la Dra. Helen Sharp del Instituto de Psicología, Salud y Sociedad de la Universidad de Liverpool.

“De este modo, pretendemos averiguar si es adecuado aconsejar a las madres que han padecido estrés durante el embarazo que acaricien más a sus hijos durante los primeros momentos de su vida”, concluye la investigadora.

Referencia bibliográfica:
Sharp H, Pickles A, Meaney M, Marshall K, Tibu F, et al. (2012) Frequency of Infant Stroking Reported by Mothers Moderates the Effect of Prenatal Depression on Infant Behavioural and Physiological Outcomes. PLoS ONE. DOI:10.1371/journal.pone.0045446.

lunes, 5 de agosto de 2013

El apego: vínculo madre-hijo



Las relaciones humanas toman muchas formas, pero las más intensas, las que producen mayor placer y a veces mayor dolor, son aquellas con la familia, amigos y personas amadas. Dentro de este círculo interno de relaciones íntimas, quedamos vinculados o adheridos unos a otros con un "adhesivo emocional", vinculados o adheridos con amor. La habilidad individual para formar y mantener relaciones haciendo uso de este "adhesivo emocional" es diferente en cada uno de nosotros.

Algunos parecen ser "naturalmente" capaces de amar y establecer relaciones íntimas, otros no tiene tanta suerte, carecen de capacidad afectiva y les cuesta hacer amigos, además de establecer una relación distante con la familia.

Tanto la capacidad como el deseo de formar relaciones emocionales están asociados a la organización y funcionamiento de partes específicas del cerebro humano, así como al equilibrio de los neurotransmisores (sustancias químicas que permiten la transmisión del impulso nervioso y sus conexiones) Así como el cerebro nos permite ver, oler, gustar, pensar y movernos, también es el órgano que nos permite amar o no amar. Estos sistemas cerebrales que nos permiten formar y mantener relaciones, se desarrollan durante la infancia. Las experiencias durante estos primeros y vulnerables años del desarrollo evolutivo de un individuo, influyen significativamente en el moldeado de la capacidad para formar relaciones íntimas y emocionalmente saludables.

La empatía, el afecto, el deseo de compartir, el inhibirse de agredir, la capacidad de amar y ser amado y un sinnúmero de características de una persona asertiva, operativa y feliz, están asociadas a las capacidades medulares de apego formadas en la infancia y niñez temprana.

Definición de apego
En el campo del desarrollo infantil, el apego se refiere a un vínculo específico y especial que se forma entre madre-infante o cuidador primario-infante. El vínculo de apego tiene varios elementos claves: 1) Es una relación emocional perdurable con una persona en específico. 2) Dicha relación produce seguridad, sosiego, consuelo, agrado y placer. 3) La pérdida o la amenaza de pérdida de la persona, evoca una intensa ansiedad.

Los investigadores de la conducta infantil entienden como apego la relación madre-infante, describiendo que esta relación ofrece el andamiaje funcional para todas las relaciones subsecuentes que el niño desarrollará en su vida. Una relación sólida y saludable con la madre o cuidador primario, se asocia con una alta probabilidad de crear relaciones saludables con otros, mientras que un pobre apego parece estar asociado con problemas emocionales y conductuales a lo largo de la vida.

Teorías del apego
La preocupación por la relación temprana del niño con su madre fue uno de los temas centrales de muchos investigadores. Los primeros trabajos en esta línea fueron realizados por René Spitz, (1935) psicoanalista, quien comenzó sus trabajos observando el desarrollo de niños abandonados por sus madres que llegaban a centros de huérfanos. Estas observaciones le permitieron concluir que la madre sería la representante del medio externo y a través de ella el niño podía comenzar a constituir la objetividad de éste.

En 1958, Bowlby plantea una hipótesis que difiere por completo de la anterior. Postula que el vínculo que une al niño con su madre es producto de una serie de sistemas de conducta, cuya consecuencia previsible es aproximarse a la madre. Más tarde, en 1968, Bowlby define la conducta de apego como cualquier forma de comportamiento que hace que una persona alcance o conserve proximidad con respecto a otro individuo diferenciado y preferido. Como resultado de la interacción del bebé con el ambiente y, en especial con la principal figura de ese ambiente, es decir la madre, se crean determinados sistemas de conducta, que son activados en la conducta de apego.

Generalmente el apego tiene lugar en los primeros 8 a 36 meses de edad. En resumen sostiene que el sistema de apego está compuesto de tendencias conductuales y emocionales diseñadas para mantener a los niños en cercanía física de su madre o cuidadores. Formas de apego Las formas de apego se desarrollan en forma temprana y poseen alta probabilidad de mantenerse durante toda la vida.

En base a como los individuos responden en relación a su figura de apego cuando están ansiosos, Ainsworth, Blewar, Waters y Wall, definieron los tres patrones más importantes de apego y las condiciones familiares que los promueven, existiendo el estilo seguro, el ansioso-ambivalente y el evasivo.

* Los niños con estilos de apego seguro, son capaces de usar a sus cuidadores como una base de seguridad cuando están angustiados. Ellos tienen cuidadores que son sensibles a sus necesidades, por eso, tienen confianza que sus figuras de apego estarán disponibles, que responderán y les ayudarán en la adversidad. En el dominio interpersonal, las personas con apego seguro tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el dominio intrapersonal, tienden a ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismo.

* Los niños con estilos de apego evasivo, exhiben un aparente desinterés y desapego a la presencia de sus cuidadores durante períodos de angustia. Estos niños tienen poca confianza en que serán ayudados, poseen inseguridad hacia los demás, miedo a la intimidad y prefieren mantenerse distanciados de los otros.
* Los niños con estilos de apego ansioso-ambivalente, responden a la separación con angustia intensa y mezclan comportamientos de apego con expresiones de protesta, enojo y resistencia. Debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales de sus cuidadores, estos niños no tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de sus cuidadores.

* Las experiencias que forman vínculo El acto de poner el bebé al hombro, mecerlo, cantarle, alimentarlo, mirarlo detenidamente, besarlo y otras conductas nutrientes asociadas al cuidado de infantes y niños pequeños, son experiencias de vinculación. Algunos factores cruciales de estas experiencias de vinculación incluyen la calidad y la cantidad. Los científicos consideran que el factor más importante en la creación del apego, es el contacto físico positivo (ej: abrazar, besar, mecer, etc.), ya que estas actividades causan respuestas neuroquímicas específicas en el cerebro que llevan a la organización normal de los sistemas cerebrales responsables del apego.

Durante los primeros tres años de vida, el cerebro desarrolla un 90% de su tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de los sistemas y estructuras que serán responsables de todo el funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida. De allí que las experiencias de vinculación conducen a un apego y capacidades de apego saludables cuando ocurren en los primeros años. La relación más importante en la vida de un niño es el apego a su madre o cuidador primario, esto es así, ya que esta primera relación determina el "molde" biológico y emocional para todas sus relaciones futuras.

Un apego saludable a la madre, construido de experiencias de vínculo repetitivas durante la infancia, provee una base sólida para futuras relaciones saludables. En la actualidad está tomando importancia la relación o vínculo de apego del niño con el padre, figura ésta de gran importancia para el normal desarrollo evolutivo de todo ser.

Dr Eduardo R. Hernández G.

Pediatra y Especialista en Conducta Infantil.

martes, 25 de junio de 2013

La crianza en tribu, una nueva forma de vivir la maternidad


La organización Las Casildas promueve estos encuentros en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires
Un grupo de mujeres discute el mandato de tomar el cuidado de sus bebés como un acto individual, o familiar. Para ellas es colectivo y político. Comparten sus miedos y fantasmas, y así van encontrando sus propias respuestas.



Por: Lucía Álvarez/08.12.2012 |

Es sabido que la llegada de un bebé revoluciona el hogar, la pareja, la vida de las mujeres. En los últimos años, manuales y guías para evitar el colapso prosperaron como una opción ante los miles de mandatos que existen sobre la maternidad. La organización Las Casildas ideó ahora una propuesta para afrontar ese momento y esa sensación de soledad: los grupos de crianza. La invitación es sencilla, pero profundamente transformadora: hacer de la crianza un acto colectivo. Tejer una red de contención, armar una tribu. Para ser parte de ese tejido no hay requisitos, ni reglas. Las recetas, los mitos, los prejuicios quedan del otro lado del salón, en ese "afuera" que estas mujeres sienten como un gran dedo acusador, una voz que les repite "lo estás haciendo mal". Adentro, hay piedra libre para criticarlo todo, para exponer los miedos, el cansancio, las dudas, y sobre todo, para asumir que la maternidad es muchas cosas, pero jamás el lecho de rosas de las propagandas de pañales.
Tal vez por eso, los grupos están compuestos por mujeres que, a simple vista, parecen tener poco en común: se unen allí publicistas, diseñadoras, maestras, empleadas públicas, antropólogas, cantantes o biólogas. Algunas parieron en la casa, otras en instituciones; unas practican el budismo, otras cumplen con un trabajo de oficina. La magia del compartir se extiende luego a otros espacios: sus participantes se juntan a tomar mate, van juntas a clases de masajes con sus hijos, de yoga para bebés, o incluso a una marcha contra la violencia de género.
La idea nació hace algo más de un año, cuando Valeria Wasinger, Julieta Saulo y Mariela Franzosi, coordinadoras de los grupos de crianza, crearon Las Casildas.
La organización trabaja sobre aquellos temas que el feminismo más tradicional había dejado vacante: el parto, la maternidad y la crianza. En poco tiempo, montaron varios grupos, en la Ciudad y provincia de Buenos Aires.
Tiempo Argentino conversó esta semana con cinco mujeres del grupo de crianza del barrio de Chacarita (Lola, Natalia, Micaela, Pamela y Laura) y contaron por qué asumieron este desafío. "Es el espacio menos careta del mundo", contaron.

– ¿Por qué se unieron al grupo?

Natalia: –Me decidí después de estar un mes encerrada en casa, en invierno. Mis amigas tienen hijos más grandes, o no tienen hijos, y cuando no tenés pares, es difícil.
Laura: –Cuando estás embarazada te cuesta mucho compartir con otros que no están en tu misma situación. Si bien somos distintas, estamos atravesando cosas similares. También es un modo de enfrentar la desinformación y poder decidir sobre qué es lo que una quiere.
Pamela: –Hay mucha ignorancia en algunos temas clave. El grupo te sostiene, te ayuda a que no tomes decisiones en la soledad del hogar, con tu marido que, quizá, está en crisis igual que vos.
Micaela: –Yo creo que nos une la búsqueda de una tribu. De una cosa que quizá antes se daba naturalmente, pero que en la ciudad está perdida: todas las mujeres criando juntas a los chicos.
Laura: –Acá las coordinadoras nos ayudan a encontrar una decisión propia, no la estándar. Es dentro de una línea pero sin fundamentalismos, sin bajar línea. En general todos tienen recetas, pero acá el saber se construye en el grupo.

– ¿Cómo es esa soledad de la que hablan?

Pamela: –Más allá de tu pareja, de tu familia, está la soledad de vos y tus mambos, que reverdecen y sentís que nadie te entiende. Y todo el mundo piensa que te agarró la depresión. El gran fantasma de la depresión posparto.
Laura: –Creo que siempre debe haber existido la sensación de soledad, pero no se hablaba o no era legítimo. Quizá estaba mal visto que una madre plantee que la maternidad no es color de rosa. Pero cuando estás recién parida, te recluís y ves pasar la vida por la ventana, te sentís afuera del mundo.
Micaela: –Yo empecé a sentir soledad cuando  empecé a tener miedos nuevos, porque tenés la responsabilidad de la vida de alguien. Pero la gente te acusa de paranoica. Las mujeres lo viven en silencio, pero estos espacios te hacen dar cuenta que no estás sola.
Pamela: –Y te conectan con tu bebé, porque si te dejas llevar por todo eso, es difícil encontrar la conexión con él. También está el miedo de haberse imaginado como mamá de una manera y darse cuenta que no sos eso que te habías imaginado. Cuando te encontrás con que es mucho más difícil y entrás en crisis, te peleás con tu pareja, se viven momentos de caos y ese es un miedo grande.

– ¿Cómo trabajan esa sensación en el grupo?

Pamela: –Te pongo un ejemplo. Hay días que venís con una carga tremenda y entonces las chicas proponen hablar del puerperio. Es algo que nunca te planteaste, es algo que te está pasando, hay gente que escribió sobre eso, y ese día te vas tranquila, diciendo: soy una mujer puérpera, ya se me va a pasar.
Micaela: –También ayuda a confirmar lo que uno piensa. Todos te dicen que lo vas a malcriar, que le va a agarrar vicios. Las chicas nos guían, nos dicen que no es tan así. Y una puede sostener lo que siente, y que el afuera te pone en duda.
Lola: –Parece que la maternidad es patrimonio de la humanidad, todos tienen la receta, lo hacen mejor que una. Yo creo que el ser humano es así, pero la maternidad te pone en un lugar tan vulnerable que uno lo siente potenciado.
Pamela: –Este es un espacio donde podemos decir cualquier cosa y nadie se va a horrorizar.
Laura: –Es el espacio menos careta del mundo.

– ¿En qué consiste la crianza con apego?

Laura: –Más que definiciones, se trata de algo que te va saliendo. Yo pensaba que no estaba bien que el nene duerma en la cama, pero no me salió dejarlo en el catre.
Micaela: –Con tantas recetas te mareás, pero vos lo que querés es que duerma con vos, o toda la noche.
–¿Es seguir la intuición?
Lola: –Es verlo llorar y no aguantar.
Pamela: –También hay pediatras que bancan eso y te sentís segura.

–¿Y hay algo de dogma en la filosofía del apego?

Laura: –Sí, pero justamente estos grupos tienen la idea de libertad, que vos tomes lo que te sirve, lo que te sale. Hay algunos que bajan el apego como dogma, y si no le das la teta a demanda, sos una mala madre.
Lola: –Es el miedo del hombre, querer bajar un concepto y encerrarlo. Me parece piola lo que dice al respecto el pediatra Carlos González: más amor y menos instrucciones con los hijos.

–¿Qué reacciones hay cuando dicen que van a un grupo de crianza?

Pamela: –"¿Qué es eso? ¡Qué fundamentalista!" También da miedo que quieras atravesar tu maternidad de un modo tan carnal. ¿Para qué tanto si te puede ayudar tu mamá y tu familia?, te cuestionan.  El concepto de tribu da miedo.
Lola: –Yo subí una foto al Facebook y me ponían comentarios muy graciosos, tipo: "¿es una competencia de amamantamiento?"
Micaela: –A mí me dijeron: "¿Necesitas ir a un grupo para poder  criar?" Igual yo creo que explicando, el otro entiende que está bien, porque se trata de ignorancia.
Laura: –Creo que da miedo desnaturalizar la crianza, obliga al otro a hacer algunas preguntas.
Pamela: –Yo trato de no explicar tanto, porque da la sensación a algunas mujeres como que se confundieron en todo, y no es tan así.

–¿Se puede politizar la crianza?

Lola: –Es que no se trata de mi hijo, son los hijos del mundo, de la nueva era.
Laura: –Hay una necesidad de involucrarse y participar. El acto de criar es profundamente ideológico. Cuando acompañás a un hijo, estás transmitiéndole tu mirada de la vida. Por el modo en el que lo criás, podés favorecer que sea una persona libre o que se deje someter, que sean súbditos. «


El hombre, padre y compañía

 A las 8 de la noche, cuando ya el grupo está terminando, uno de los padres se asoma por la puerta. Las mujeres festejan la aparición, lo animan.
Él prefiere tomar a su bebé y quedarse a un costado del salón. Lo sabe: este es un espacio para ellas. Aunque los grupos fueron pensados sólo para mujeres, Las Casildas también ofrecen actividades mixtas para aquellos varones que también buscan vivir su rol de un modo distinto. "Una, como mujer, le demanda presencia, contención, una paternidad activa. Pero además el hombre sigue en el lugar de proveedor y eso los coloca en un lugar difícil", reflexiona Laura.
"Se trata de una crianza, en la que estamos los tres. Pero el rol del padre consiste sobre todo en acompañar a la mamá, entenderla, para que ella a la vez pueda contener al bebé", dice Pamela, mientras su marido escucha a un costado, con Rufo en brazos, el hijo de ambos.

La idea del parto orgásmico

Las Casildas es por Casilda Rodrigañez Bustos, una feminista española cuya primera obra, Pariremos con placer, se convirtió en emblema para los defensores de recuperar la energía sexual femenina y el parto orgásmico. Allí Rodrigañez Bustos expone el encierro de la maternidad al ámbito doméstico y la investidura del parto como una experiencia dolorosa y sufrida. En la web, la española explica: “Aunque ahora las mujeres creamos tener más libertad sexual que antes, en realidad tenemos más libertad formal pero más represión y más violencia interiorizada: los úteros espásticos y atróficos, los dolores de parto y de regla, así como los cánceres de útero y mama serían la punta del iceberg de esta violencia.”

 "El sistema busca la desconexión"

 La crianza con apego fue un modo de recuperar un modelo de maternidad que había quedado de lado tras la revolución de las mujeres y su ingreso masivo al mercado laboral.
A los mandatos de los manuales como Duérmete niño, se opuso entonces toda una nueva filosofía en defensa de la lactancia, el colecho y el instinto materno.
Un promotor de esta filosofía es el médico pediatra español, Carlos González, autor del best seller Bésame mucho.
González cuestionó las recetas sobre la necesidad de que los niños duerman solos o aprendan a comer de todo.
Pero también la crianza con apego fue blanco de severas críticas, sobre todo, por promover un modelo de familia conservador y exigirles a las mujeres que suspendan sus aspiraciones profesionales.
"Tampoco es cuestión de volver al rulero y las pantuflas", responden las chicas a la pregunta sobre cómo combinar esta maternidad más comprometida con sus trabajos.
"Tiene que ser una elección. Hay mujeres que necesitan conectarse con el mundo laboral para mantener la cabeza sana y está genial. Pero si no, el sistema tiene que permitirles a las mujeres vivir su maternidad de otro modo. Yo ahora me tomé una licencia sin goce de sueldo, pero muchas mujeres no pueden hacerlo, tienen que volver a los 45 días", aclara Laura, y agrega: "Por eso, estos grupos son también una forma de posicionamiento político. Hay que pelear para que las mujeres puedan decidir cómo parir, y cómo quieren criar, y eso también tiene que ver con la vida material de esas mujeres."
Entre la agenda de demandas, la extensión de la licencia es la más relevante. Pero hay otros temas, vinculados con la lactancia, que también resultan de gran importancia para ellas. "Una cosa se une a la otra. La teta se debe dar, mínimo, por seis meses. Pero si tenés que trabajar durante ocho horas, desde los 45 días, es muy difícil. No tenés dónde sacarte leche, dónde guardarla en condiciones. Yo creo que el sistema busca esa desconexión, te quiere hacer creer que la leche que se vende es mejor que la tuya, y eso es imposible", reflexionó Micaela.

Apego


Todo niño suficientemente amparado y adherido al cuerpo de su madre será libre.
 No tendrá miedo, vivirá dentro de la confianza más absoluta,
 será generoso porque sabrá que tiene lo que necesita.
Será capaz de estar al servicio de los demás,
porque estará saciado de amor.
Colmado de nutrientes. Rebosante de cuidados.
Desapegado de los peligros. Dispuesto a amar.
Laura Gutman, extraído del libro La Revolución de las Madres






viernes, 26 de abril de 2013

Consecuencias del llanto infantil prolongado, no consolado




Consec

Según Michael L. Commons y Patrice M. Miller -investigadores del Departamento de Psiquiatría del Instituto Médico de la Universidad de Harvard- el estrés que resulta de la separación madre-hijo, por ejemplo durante la noche cuando se intentan métodos de adiestramiento parael sueño que involucran llanto, causa cambios en el cerebro de los bebés que los convierte en adultos más susceptibles al estrés a largo plazo.

En lugar de dejar llorar a los niños -tal y como proponen Ferber, Estivill, y otros autores conductistas que afirman que hay que enseñar a dormir a los niños, y que éstos deben dormir solos (ya sea en una cuna aparte, o en una habitación aparte), alejados del cuerpo materno- los padres deberíamos mantener a nuestros hijos cerca, satisfacer su necesidad de contacto nocturno, consolar su llanto, dormir con ellos; hacerlos sentir seguros y a salvo.

Commons y Miller examinaron las prácticas de sueño actuales en distintas sociedades, y llegaron a la conclusión de que el dormir separados de los hijos y no responder de forma rápida y empática a su llanto podría derivar en incidentes de estrés post traumático y desórdenes de pánico en aquellos niños cuando arriben a la edad adulta.

Según Commons, aseveración con la que estoy absolutamente de acuerdo: "Los padres deberían saber que el dejar llorar a sus hijos innecesariamente, causa en el bebé un daño permanente, produciendo alteraciones en su sistema nervioso que los torna exageradamente sensibles a traumas futuros."

Según Charles R. Figley, director del Instituto de Traumatología de la Universidad del Estado de Florida y editor del Journal de Traumatología, lo que hace único este estudio es su enfoque multidisciplinario, al tomar en cuenta la neurofisiología, el aprendizaje emocional y las diferencias culturales entre los niños analizados. 

"Es muy fuera de lo común, y a la vez extremadamente importante encontrarnos con esta investigación por ser inter y multidisciplinaria, ya que sirve de explicación para la capacidad de tolerancia del estrés -incluyendo el estrés traumático- y del desarrollo emocional de los niños, aún existiendo entre ellos diferencias culturales.", agregó.

Continuó diciendo que el trabajo de Commons y Miller abre un camino que servirá para futuras investigaciones que podrían tener implicaciones en muchos aspectos de la crianza, desde los esfuerzos de los padres por estimular el intelecto de sus hijos hasta prácticas como la circuncisión.

Ambos investigadores atribuyen las prácticas de crianza estadounidenses (perfectamente extrapolables, a mi parecer, al resto de las sociedades occidentales) al temor de que los niños crecerán siendo dependientes. Asimismo, refieren que los padres que piensan de esta manera están viendo las cosas fuera de contexto: el contacto físico, el consuelo y la contención emocional convertirán a los niños en más seguros y más capaces de formar relaciones adultas cuando se relacionen por sí solos.

"Hemos puesto tanto énfasis en la independencia que está teniendo algunos efectos muy negativos", refiere Miller.

Durante su investigación, Miller y Commons mostraron una grabación de cómo las madres estadounidenses responden al llanto de sus bebés a madres de la tribu Gusii de Kenya (quienes colechan y responden rápidamente al llanto de sus hijos) y comentaron que éstas estaban "enfadadas viendo cuánto demoraban las madres norteamericanas en responder al llanto infantil".

Commons y Miller también indican que la crianza influye mucho en cómo se comportará la sociedad entera. A los norteamericanos en general no les gusta ser tocados y se enorgullecen de su independencia aún hasta el punto de aislarse, incluso en situaciones sumamente difíciles o estresantes.

A pesar del tradicional consejo de que los niños deberían aprender a estar solos, Miller refiere que muchos padres contradicen esta norma socialmente implícita en occidente y "hacen trampa" trayendo a sus hijos a la habitación con mamá, al menos cuando son pequeñitos. Además, agrega que una vez que el niño aprende a gatear, muchas veces puede llegar por sus propios medios a la habitación de su mamá.

Los padres deberían sentirse libres de dormir consus hijos, tratar a sus bebés como bebés que son, consolarlos, continuar durmiendo con ellos aunque sea en una cama adosada a la de los padres, en la misma habitación, sin sentirse culpables de hacerlo, agregan.

"Existen maneras de crecer y ser independientes sin necesidad de someter a nuestros bebés a este tipo de traumas, mi consejo es tener una relación de apego seguro con nuestros hijos para que al crecer puedan tomar sus propios riesgos." Esta es la manera de fomentar la independencia de nuestros hijos, de forma segura y no violenta, según comenta Miller.

Según los investigadores, otros de los temores -además de la mencionada dependencia- que han moldeado nuestra manera de criar, es el de que la presencia de los niños en la habitación "de matrimonio" pudiera intervenir con la vida sexual de los padres, y que un bebé fuera aplastado si uno de los padres se diera vuelta y cayera sobre él.

Respecto a los dos temores anteriores, me gustaría apuntar -tal y como dice el pediatra Carlos González- que la casa tiene muchas habitaciones y que el día tiene muchas horas. ¿Para qué entonces limitar la actividad sexual a la noche, y a la cama "de matrimonio"? Podríamos hablar de cama familiar, y tener momentos de intimidad en otras estancias.

El riesgo de aplastar a un hijo, en condiciones normales de colecho es muy bajo. Las madres, en particular, cambian su ciclo de sueño y están conscientes de la presencia de su hijo en la cama -sobre todo cuando combinamos colecho con lactancia materna. Los padres, poco a poco van tomando conciencia -a menos de que uno de los dos (o ambos, espero que no) estén bajo los efectos del alcohol, o drogas psicotrópicas. Pueden leer más sobre colecho seguro aquí.

Otro factor al que atribuyen la disminución del colecho es al crecimiento económico que ha permitido a las familias adquirir viviendas con mayor número de habitaciones, habiendo recámaras separadas para los niños.

El resultado, según Commons y Miller es una nación a la cual no le gusta cuidar de sus propios niños, una nación violenta marcada por relaciones con poco contacto físico y que carecen de un apego seguro.

"Creo", finaliza Commons diciendo, "que existe una verdadera resistencia dentro de nuestra cultura hacia el cuidado de los niños. Sin embargo, el castigo y el abandono [emocional] nunca han sido buenas herramientas para lograr [una sociedad] con personas cálidas, cuidadosas e independientes."

¿Y tú qué opinas? ¿Colechan en casa? ¿Por qué o por qué no?
Si este artículo te ha sido de utilidad, te agradezco que compartas el enlace al mismo en Facebook, Twitter, e-mail o a los cuatro vientos para que llegue a más familias. Gracias =)
Más info: 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...