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miércoles, 19 de octubre de 2016

Por qué no quiere dormir solos?

                                                                                                                            
 [...] esa especie de terror que atenaza a los niños
cuando se despiertan en la noche o en la soledad.
Alexandre Dumas, Veinte años después

¿Dónde dormían los bebés hace 100.000 años? No había casas, no había cunas, no había ropa. Sin duda dormían junto a su madre o sobre ella, en un improvisado lecho de hojarasca. El padre no debía dormir muy lejos, y la tribu entera estaba apenas a unos metros de distancia. Sólo así podían sobrevivir durante el sueño, el momento más vulnerable de su jornada. Recuerdo de aquellos tiempos es la costumbre de que los esposos duerman juntos, y la desazón (a veces franco insomnio) que los adultos solemos sentir cuando un viaje nos obliga a dormir separados de nuestra pareja habitual. Muchas madres, si su marido duerme fuera, «dejan» venir a sus hijos a su cama, y no siempre es fácil decir cuál de los dos halla más consuelo en la compañía. ¿Se imagina a un bebé solo, desnudo, durmiendo en el suelo y al aire libre a cinco o diez metros de su madre durante seis u ocho horas seguidas? No hubiera sobrevivido.

Tenía que existir un mecanismo para que también de noche el bebé estuviera en contacto continuo con su madre, y de nuevo el mecanismo es doble: la madre desea estar con su hijo (sí, a pesar de todos los tabúes en contra, todavía muchas madres lo desean), y el niño se resiste violentamente a dormir solo.

¡Dormir solo! El gran objetivo de la puericultura del siglo XX. Como hemos comentado, un niño al que su madre pudiera dejar solo, despierto, en el suelo, y no protestase de forma inmediata, sino que ¡se durmiese!, difícilmente hubiera sobrevivido más que unas horas. Si alguna vez hubo niños así, se extinguieron hace miles de años (bueno, no todos. Se habla de niños que duermen toda la noche, espontánea y voluntariamente. Si el suyo es uno de esos raros niños, no se asuste; seguro que también es normal). Nuestros hijos están genéticamente preparados para dormir en compañía.

Para un animal, el sueño es un momento de peligro. Nuestros genes nos impulsan a mantenernos despiertos cuando nos sentimos amenazados, y a dejarnos llevar por el sueño sólo cuando nos sentimos seguros. Nos sentimos amenazados en un lugar desconocido, y a mucha gente le cuesta dormirse en los hoteles porque «extraña la cama».
Nos cuesta dormirnos en ausencia de nuestra pareja o en presencia de desconocidos. Tenía usted que hacer un cambio de trenes en una ciudad distante y ha perdido la última conexión. Son las dos de la madrugada, todo está cerrado y tiene que esperar en la estación al tren de las seis. Imagine ahora varias posibles situaciones: a) usted está absolutamente sola en la sala de espera; b) usted viaja sola, pero en la sala hay una docena de personas, dos familias completas, algunas señoras mayores, un grupito de boy-scouts; c) en la sala sólo están usted y cinco cabezas rapadas medio borrachos; d) viaja usted en compañía de su marido y otros dos matrimonios amigos. ¿Cree que se quedaría dormida con la misma facilidad en todas las circunstancias?

Fuente Besame Mucho Libro del doctor Carlos Gonzalez

viernes, 19 de agosto de 2016

La verdadera razón por la que los bebés no quieren dormir solos

SUEÑO
No nacen con intención de fastidiarnos la noche. Es una respuesta de supervivencia del cerebro

3 agosto de  2016


Pareja agotada tras dormirse su bebé. D. H. GETTY

Seguramente lo habréis escuchado más de una vez. Una madre recién parida, el padre o cualquier familiar, diciendo que el bebé “es muy bueno porque duerme y come muy bien”. ¿Esto se ajusta a la realidad? ¿Significa, entonces, que un bebé que no duerme del tirón toda la noche es malo? La ciencia, la biología, como casi siempre, tiene la explicación a estos temas que tanto preocupan a los padres, especialmente a los primerizos.

La doctora en Biología María Berrozpe ha recogido en la web El debate científico sobre la realidad del sueño infantil una revisión extensa de la bibliografía relacionada con este tema. “Los bebés llegan con unas necesidades, expectativas y exigencias firmemente marcadas por ser mamíferos y primates, pero lo que hacen es amoldarse a la cultura donde han nacido”, explica Berrozpe. A la vista de los resultados revisados, la investigadora concluye que el llamado "insomnio infantil por hábitos incorrectos" no es una verdadera patología, "sino un desajuste entre lo que el niño desea y necesita por instinto y lo que sus padres esperan que haga para dormir bien". Es un hecho que no en todas las culturas se duerme igual ni durante todos los tiempos ha habido el mismo patrón. Sin embargo, el cerebro del bebé es idéntico ahora, aquí y hace miles de años y en otras partes del mundo. Por lo tanto, en lo que debemos fijarnos para tener un debate serio sobre las necesidades del bebé es en la ciencia, no en las costumbres de cada padre o en meras opiniones.

Rafaela López, creadora de la web Dormir sin llorar y autora del libro con el mismo título (editorial Ob Stare), cree que las expectativas que muchos padres se hacen sobre cómo dormirán sus bebés “se generan a través de una ciencia sesgada, en la que está todo muy influenciado por la cultura que olvida casi siempre la parte mamífera del bebé”. A todos nos suena la frase “te está tomando el pelo”, pronunciada por familiares, y a veces por profesionales sanitarios, que recomiendan no atender el llanto del bebé. Nada más lejos de la realidad: los bebés no saben qué es tomar el pelo, ni nacen con intenciones claras de fastidiar a nadie. Tan solo responden a mecanismos de supervivencia de su especie.

¿Por qué se despiertan tantas veces?
En primer lugar, está el desarrollo natural de la arquitectura de sueño del bebé, que pasará de las dos fases que presenta cuando nace (sueño activo y sueño tranquilo), a las cinco fases del adulto. Cada fase adquirida añadirá inestabilidad al sueño y, por lo tanto, despertares, explica Berrozpe.
En segundo lugar, es un ser pequeñito con un estómago acorde que consume una leche diseñada para crías precociales (las que se mantienen cerca de su madre para mamar con frecuencia). Pero somos crías secundariamente altriciales, añade la bióloga, es decir, que somos profundamente inmaduros, con escaso control motor, lo que obliga a la madre a estar cerca siempre del bebé disponible para darle de mamar. Obviamente esta es una explicación biológica, que responde a lo que somos y no a lo que luego hacemos en cada cultura como, por ejemplo, usar el biberón, y que lo dé otra persona que no sea la madre. Pero eso es algo que el cerebro del recién nacido desconoce.

En tercer lugar, el bebé se despierta muchas veces para asegurarse de que sigue protegido y a salvo cerca de su madre, afirma Berrozpe. El cerebro del bebé no sabe si su madre está en la habitación contigua (no sabe qué es una habitación) o si se ha ido para siempre. “Por eso, cuando ponemos al bebé a dormir lejos de nosotras, los despertares se traducen en lloros y reclamos de presencia materna, mientras que si estamos cerca serán desvelos rápidos en los que el bebé se enganchará al pecho (si lo toma) y seguirá durmiendo, lo que se traduce en un amplio beneficio de descanso para ambos”, explica la bióloga.

El polémico método Estivill
Teniendo en cuenta lo anterior, la bióloga opina que los métodos para "enseñar a dormir" a los bebés, como el Estivill, no son lo mejor para su cerebro. “Son técnicas cognitivo-conductuales basadas en el crying it out (dejar llorar). El psicólogo Carl D. Williams explicó en un estudio en 1959 cómo con dichos métodos lo que consiguen es forzar al niño a hacer algo para lo que todavía no está preparado para afrontar de manera saludable".
Sin embargo muchos padres son partidarios de este método en el que se atiende al bebé siguiendo una tabla de tiempos, porque, argumentan, funciona. "Lo que sucede es que los niños aprenden que no les sirve de nada llorar, y dejan de hacerlo, lo que no significa que duerman mejor o que su sueño sea de mejor calidad. De hecho y sobre este aspecto, Middlemis, Granger, Golberg y Nathans publicaron un trabajo en 2012 en el que observaron que, “aunque los bebés dejaban de llorar, todavía seguían estresados”, afirma Berrozpe.

Rafaela López recuerda que “los bebés llegan al mundo con una batería de acciones reflejas destinadas a su supervivencia como los reflejos de prensión, de succión, el del moro o sobresalto… El llanto no se consideraría un reflejo más, pero sí es una alarma que avisa al adulto de que tiene que ser atendido”. Además, se pregunta, "si a nadie se le ha ocurrido que un bebé pueda estar seis, ocho o doce horas seguidas sin ser atendido, ¿en qué momento se nos ocurrió la idea de que deben dormir solos durante toda la noche?".

Dejarlos llorar les estresa
La ciencia no ha demostrado que dejar llorar a un bebé hasta que se duerma sea bueno o no sea perjudicial a corto y largo plazo. De hecho, investigaciones sobre el estrés sufrido durante la infancia apuntan a que el que experimentan los bebés sometidos a este método pueden desencadenar respuestas tóxicas en su desarrollo físico y emocional. “Los defensores de estas técnicas argumentan que no se han demostrado directamente porque no se han realizado los estudios con el diseño adecuado para demostrarlo, o lo que es lo mismo, la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia”, explica Berrozpe.

Además, recuerda López, “los bebés carecen de los mecanismos racionales que tenemos los adultos para afrontarlo, de manera que para ellos es una experiencia de abandono (aunque sea a intervalos), que provoca que su cerebro se llene de hormonas tóxicas".

Cuando dormimos todos somos vulnerables
Sin entrar en sesudos estudios científicos, basta con observar cómo somos los adultos. Un adulto durmiendo es un ser vulnerable. Lógicamente dentro de una casa no, pero sí si duerme a la intemperie solo y por la noche. De hecho lo más probable es que en estas circunstancias tan adversas, le costaría conciliar el sueño por pura supervivencia. En general el sueño de los seres humanos ha evolucionado en un entorno en el que dormir en compañía significaba estar seguro, mientras que la soledad era sinónimo de lo contrario. El bipedalismo y la pérdida de pelo nos obligó a bajarnos de los árboles y a dormir a ras de suelo, lo que nos colocó en una situación de extrema vulnerabilidad y favoreció la aparición de dormir en grupo, explica Berrozpe citando a la antropóloga Carol Worthman. No solo eso, sino que también modificó la arquitectura del sueño con predominancia de las fases ligeras sobre las profundas y los despertares entre ellas, haciéndolo compatible con la capacidad de reaccionar ante un peligro.

Los bebés no lloran para fastidiar. Lo hacen porque así estamos diseñados todos, incluidos los adultos. Y para un bebé dormir solo en una cuna en otra habitación sería como para un adulto dormir solo en un bosque, un sueño ciertamente difícil.

martes, 7 de abril de 2015

¿Es posible 'entrenar' a un bebé de 8 semanas para que duerma del tirón?

07 de abril de 2015 | 12:01 CET
Editor senior en Bebesymas


Esta semana leía un artículo en el New York Times sobre la teoría de un famoso pediatra de Nueva York, dueño de una de las clínicas para niños más caras del país, en la que proponía a sus pacientes un 'entrenamiento' del sueño cuando estos llegaban agotados a su consulta preguntando por algún método para ayudarles a sus hijos (y de paso a ellos mismos), a dormir mejor. No difiere mucho de ya conocidísimos postulados como el Estivill, aunque este parece ser incluso un poco más duro de lo que pensaba.

Su famosa técnica consiste en llevar al bebé hambriento a su cuna a las 7:00 pm, cerrar la puerta y volver a las 7:00 am, nada más y nada menos... sin excepciones, sin consuelo y definitivamente sin comida. El dice que el bebé llorará durante horas, pero en unas tres noches ya tendría claro de que nadie iría a su rescate y comenzaría a dormir toda la noche.

Sospecho que la gran mayoría de vosotros tendrá justo la misma expresión que tuve yo: sin palabras. No entiendo cómo este tipo de 'consejos' pueden tener éxito con la gente y pueden si quiera pensar en dejar a su bebé de apenas 2 meses durante 12 horas sin comer y sin estar pendientes de ellos.

Lo más alucinante de todo es que el artículo recoge experiencias de padres que lo han llevado a cabo con mucho éxito; se leen frases como "es asombroso" o "funciona a las mil maravillas", aunque cueste un poco creerlo.

Este 'método de entrenamiento' no ha variado en su propuesta desde que fue inventado, aunque cuando el pediatra en cuestión comenzó a proponérselo a los padres de sus pequeños pacientes, lo recomendaba para bebes de 4 meses. Sin embargo al ver que el modelo funcionaba empezó a recortar tiempo hasta llegar a los 2 meses. Según él al mes podría hacerse, pero que a esa corta edad ni los padres ni el bebé están preparados para 'desprenderse'.

Claro, el médico reconoce que este instrumento de tortura (disculpadme, pero no encuentro otra manera mejor para describirlo), no está hecho para todos los padres: los casos de fracaso se presentan cuando los padres no han tenido las suficientes "agallas" para soportar el llanto del bebé y acuden corriendo a la segunda noche para consolar al niño (reconozco que yo estaría dentro de esas estadísticas porque no aguantaría ni una hora).

Sinceramente, cuando leo sobre estos temas creo que los médicos que proponen todas esta teorías no se ponen en la piel de los niños: ¿acaso no se estresarían si necesitasen algo que dependiese de otra persona y esta no les prestase atención (incluso siendo adultos)? Un bebé de pocos meses no tiene porqué entender que hay unas normas y que hay que ser estrictas con ellas: él solo obedece a su instinto y a sus necesidades.

martes, 20 de enero de 2015

¿Cómo hago para que duerma toda la noche?

La expresión “duerme como un bebé” suele evocar la imagen de alguien que duerme mucho y profundamente. En la gente que nunca tuvo un bebé. El sueño del bebé debe ser el tema más debatido y comentado por los padres, junto con el del aumento de peso.
En el útero los bebés duermen cuando quieren. No tienen mucha idea de día y noche. De hecho, suelen dormir más durante el día porque el movimiento de la madre al realizar sus tareas habituales los mece. Cuántas mamás embarazadas cuentan que cuando se acuestan a dormir empieza la fiesta en la panza.



Los bebés no saben leer la hora. No conocen el reloj. Los adultos vivimos en función del reloj. La mayoría de nuestros actos no responden a nuestras necesidades fisiológicas. Pocos comen sólo cuando tienen hambre, la mayoría se sienta a comer cuando llega la hora. Pocos esperamos a estar cayéndonos de sueño para irnos a dormir. La mayoría nos metemos en la cama a una hora más o menos “razonable” y leemos o miramos la televisión hasta que nos quedamos dormidos. Y esperamos que cuando nace el bebé se acomode a nuestros horarios rápidamente. Pero los bebés responden a sus necesidades: comen cuando tienen hambre, duermen cuando tienen sueño. Y no necesariamente estos horarios coinciden con los del reloj.

viernes, 3 de octubre de 2014

¡Qué manía con domesticar a los bebés!

Publicado por Gema Lendoiro el mar 20, 2014

bebé llora Parece que la semana pasada se alienaron los astros en contra de los niños. Sí, les cuento. En pocos días salió publicado que las enfermeras catalanas aseguraban que, debido a la crisis, las madres lactantes tenían que dejar de serlo porque su leche “no alimentaba” y que la conocida marca del pajarito debía donarles leche artificial. Afortunadamente rectificaron dejando claro que por muy desnutrida que la madre esté, su leche es buena. Otra cosa es que la madre no desee o no pueda dar el pecho por otro motivo. Eso es otro cantar y ahí yo no me meto.

Esa misma semana en los informativos de Antena 3 sale Diego García Borreguero (presidente de la Sociedad Española del sueño) asegurando que: “un bebé de un mes y medio debería saber dormir” Obviamente dormir sabe, lo hacen desde el útero, de hecho. Otra cosa es lo que algunos padres persiguen: que el bebé duerma toda la noche. Ahí ya entran las circunstancias personales de cada padre. Yo comprendo que hay gente que no se puede permitir el lujo de no dormir porque tiene trabajos muy peligrosos (un conductor de autobús, de un tren, de una grúa, un cirujano…) Todo eso lo comprendo. Pero lo que no comprendo es que para solucionar un problema, se tenga que perjudicar a otro, sobre todo si es la parte más débil. ¿Es tan difícil entender que si un bebé llora es porque algo le pasa y porque como mejor se le pasa es en el arrullo del pecho materno y no recibiendo instrucciones claras tipo: Mamá te quiere mucho y está en la habitación de al lado. (Tal y como sugiere el “amigo” Estivill) ¿Cómo es posible que existan padres que se crean que de verdad “los bebes son muy listos y enseguida te cogen la aguja de marear”?

Como no hay dos sin tres, también aseguró un médico de la clínica Ruber, de cuyo nombre prefiero no acordarme, que si dormías con tu hijo lo podías aplastar. O mi favorita: “se recomienda que el bebé sea llevado a su propia habitación a los seis meses para evitar que se produzca excesivo apego con la madre”. La persona que piensa así debe de haber tenido una experiencia horrible casándose con el típico hombre que quiere más a su mamá (a los 40 años) que a ella. De lo contrario, no me lo explico. El apego es necesario para poder ser independiente el día de mañana. El apego forma parte de su crecimiento y de su instinto de supervivencia. Un bebé sin el cuidado de su madre, moriría. Donde digo madre puede poner usted cualquier adulto, entiéndame.

La pesadilla de los padres: los chicos que no duermen solos

lanacion.com | Sociedad Viernes 03 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa
Según estudios recientes, es normal y no se trata de trastornos
Por Laura Reina  | LA NACION


Desde hace años, para Rodrigo la noche estaba lejos de ser sinónimo de descanso. Todos los días amanecía con dolores en la espalda y en el cuello, además de un cansancio insoportable. Lo habló con su mujer, Andrea, y encontraron la solución: cambiar su cama de plaza y media por otra de dos metros. Al menos ahora pueden dormir sin que su hija Julia, de casi 5 años, los despierte y arrincone contra el borde de la cama. Se decidieron a comprar una king size luego de compartir su problema con una pareja amiga, que había atravesado el mismo martirio nocturno. Y aunque creen que no es la solución definitiva, por ahora duermen sin sobresaltos.

El sueño infantil es uno de los temas que más desvelan a los padres, en sentido literal. Son muchos los que se quejan de que sus hijos de 5, 6 y 10 años no quieren dormir solos. Algunos consultan y otros prefieren mantenerlo en la intimidad. Y están los que lo aceptan como un hecho natural, que el tiempo corregirá.

A ellos, varios especialistas les dan la razón: los últimos estudios sobre el tema demostraron que la mayoría de los llamados "trastornos del sueño" no son patologías, sino más bien expectativas poco realistas de los padres sobre el sueño de sus hijos.

viernes, 23 de mayo de 2014

No es bueno dejar llorar a un bebé para que se duerma.

Entrevista a Rafaela López, coautora del libro "Dormir Sin Llorar" en el Diari de Tarragona el 21 de mayo de 2014.

Rafaela López (Tarragona, 1977) buscaba en Internet consejos para dormir a Víctor, su hijo mayor- después vendría Digo-, y acabó fundando Dormirsinllorar.com, un foro que hoy tiene 15.000 usuarios registrados. De ahí surge el libro, que se presenta el sábado en el Café del Metropol y el 30 de mayo en la Casa del libro de Barcelona.



Por: Francisco Montoya, Foto: Lluis Milián

-¿Para qué sirve el libro?
- Está escrito para que madres  padres que acaban de tener un bebé y que no duermen todo lo que quisieran puedan encontrar información veraz, experiencias reales de otras personas que han estado en esa situación, y saber qué estrategias utilizaron para resolver el probema. Es el libro que yo hubiera querido tener cuando monté la página web.

- Es importante saber qué hacer  y que no...
-No se trata de lo que hay que hacer y lo que no, porque no se trata de sembrar dogmas. Eso es precisamente lo que hace mucho daño a la paternidad: que estás totalmente perdida y uno te dice que lo dejes llorar y que eso es mano de santo; otro te aconseja el método noséqué; las abuelas te dicen que "no lo cojas que se acostumbra"... El libro no trata de adoctrinar a nadie, sino de decir: "Nosotros lo hemos hecho así y parece que ha funcionado. Tú misma".

-¿Se puede realmente dormir a un bebé sin que llore?
-¡Sí! De eso trata el libro: de dar respuesta a un problema de sueño sin utilizar métodos que se basan en ignorar el llanto. Son muy populares y consisten en dejalo llorar llorar hasta que obviamente se acaba durmiendo por agotamiento.

- ¿Y eso no es bueno?
- Tampoco es algo que nos guste destacar, porque es como coaccionar, pero sí que había que hacer algo y por lo menos tirar el mito al suelo. Lo de que es bueno porque se les ensanchan los pulmones es falso. No es bueno. Llorar no es bueno, porque a parte del mal rato que pasan les provoca cambios hormonales. El niño, al final, se acaba durmiendo porque segrega hormonas relajantes para bajar los niveles de estrés que ha tenido durante el llanto. Un bebé que llora porque tiene sueño o miedo necesita que le ayudes.

-¿Por qué está mal visto ser dócil y permisivo con el bebé?
-En nuestra sociedad parece que criamos a los hijos para que sean independientes y triunfadores. Y el hecho de que el bebé dependa de la madre parece un punto negativo: "Está enmadrado", "Fíjate que consentido"... Y parece que si proveemos a los bebés de esos abrazos, ese contacto "me importas y si tienes miedo yo te ayudo", estamos haciéndoles más débiles o más dependientes.

- A grandes rasgos, ¿Qué es lo que propone el libro?
-Nuestro concepto sería observar las señales que envía el bebé, las que nos dice que está cansado, y actuar en consecuencia durante el día. Encontrar sus momentos de descanso diurno, y el momento propicio para ponerlo a dormir. De ese modo puedes conseguir que un bebé duerma sin hacerle pasar por la tortura que es el método de dejarle llorar.

- Hace falta tranquilidad, paciencia y desdramatizar...
- Exacto. Es lo que intentamos transmitir: "Esto es lo que hay, pero no es para tanto. Intenta adaptarte". Además, yo siempre remarco que es temporal. No es para siempre. Es una inversión un poco intensa, lo sé, porque son tres años un poco fuertes. Pero luego ya está, y es una inversión de futuro, porque luego esos niños confían en sus padres.

-No es un libro al uso, pensado para leerlo de principio a fin, sino más bien una guía.
-Como es el libro que nos hubiese gustado tener a nosotras, y nace de una página web, le hemos querido dar la estructura de página web: "Tengo un problema y quiero una solución, no me hagas hacer un máster"
Por eso decidimos hacerlo de esta manera.

-¿Cómo empezó todo?
-Hace ya 10 años, mi hijo Víctor no dormía, y busqué soluciones en Internet. Y se me ocurrió organizar un foro, que por aquel entonces era lo que más funcionaba, y empezó a unirse gente en la misma situación que yo. La gente planteaba sus consultas, otros respondían, daban consejos... Tonterías así nos hacían la vida mucho más fácil.

-Diez años después, el libro ¿Qué le dicen los lectores?
-Que es dinámico, práctico y ameno. Y me hizo mucha gracia que una lectora dijo que es un libro escrito desde la trinchera. Que hay muchos libros de expertos, pero este es un libro de madres. ¡Que puede que no sea una experta, pero sé de lo que hablo, que he estado ahí!

viernes, 14 de marzo de 2014

«Los niños no aprenden a dormir. No haga llorar a sus hijos»

PADRES E HIJOS
María Berrozpe, autora del «Debate Científico sobre la realidad del Sueño Infantil» explica cómo conseguir que los niños duerman




Si tiene hijos lo sabrá. Una de las cosas que conlleva es perder la increíble capacidad de disfrutar una noche entera durmiendo a pierna suelta… al menos hasta que pasan unos años. La mayoría de los padres se desesperan, consultan a otros, piden cita al pediatra, incluso algunos hasta los medican (totalmente contraindicado salvo enfermedades diagnosticadas por especialistas).

Algunos padres recurren al método Estivill, un sistema que «enseña» a los niños a dormir y que, según algunos especialistas, a pesar de su eficacia, tiene consecuencias negativas.

María Berrozpe, doctora en Biología, autora del Debate Científico sobre la realidad del Sueño Infantil, experta de la Pedagogía Blanca y del blog Reeducando a Mamá, recuerda que hace dos años leyó las declaraciones del doctor Estivill en un periódico asegurando que desde el mundo científico no recibía reproches a su método. «No estoy de acuerdo. En el mundo científico del sueño infantil hay un acalorado debate que ni se puede ni se debe negar a los padres. Desde el cuestionamiento del sueño en solitario o las diferentes técnicas para establecerlo, hasta los factores relacionados con la muerte súbita del lactante, todo está en entredicho y, a día de hoy, hay muy pocas verdades establecidas».

lunes, 11 de noviembre de 2013

Los bebés que no duermen mucho: entrevista con Rosa Jové

“En el blog ecobebé está publicada una entrevista con Rosa Jové, experta en psicología infantil y autora del libro “Dormir sin lágrimas”
La autora también charló hace algunos meses atrás con los lectores del periódico El Mundo en un encuentro digital donde se despejaron mitos y dudas acerca del sueño infantil y sus dificultades.
Ambas están muy interesantes ya que muchos padres tienen dudas en relación de cómo y cuando es la mejor forma de enseñar a dormir a los hijos. He reproducido la entrevista que seguramente será de ayuda a aquellos padres que tienen en casa un pequeño noctámbulo.

¿Cómo es el sueño de los niños?, porque nada tiene que ver con el de los adultos…
El sueño infantil es muy diferente del sueño adulto y también de que tendremos cuando seamos mayores. El sueño infantil va evolucionando desde el momento que se nace e incluso, antes también porque cuando están en la barriguita de la mamá también duermen aunque tienen dos fases. En el momento del nacimiento tienen estas dos fases y a medida que pasan los meses van adquiriendo todas las otras. Llega un momento en el que tiene un sueño bastante parecido al de los adultos, pero tendremos que esperar un tiempo.

Circulan mitos y falsas informaciones con expectativas muy irreales de lo que el niño tiene que hacer muy prontamente. Un padre cuando compara esas tablas, esas informaciones que circulan con lo que hace su bebé y ve que no coincide se alarma. Ante esta situación, uno de nuestros objetivos es intentar transmitir una información más veraz a los padres.

¿Cuáles son los principales trastornos del sueño infantil?
Trastornos del sueño hay muchos y básicamente se dividen en parasomnias y disomnias. Las parasomnias son quizás lo que la gente puede ver más, lo que se diagnostica más y serían pesadillas, terrores nocturnos, sonambulismo… Pero normalmente son las consultas más pequeñas en una unidad del sueño como es la nuestra. La mayor parte de los padres consulta porque a su hijo le cuesta dormirse, se despierta por la noche, esas pequeñas cositas. Y lo que hacemos en dormir sin lágrimas es atender a esos padres.

¿Cuándo deben preocuparse los padres?
Cuando un niño es pequeño los padres deben observar su evolución. Los niños suelen ir al pediatra muy a menudo y este profesional es da gran ayuda porque es quien controla si la evolución del niño es normal. Si la evolución es normal, un día u otro ese niño va a acabar durmiendo, no se tienen que preocupar. Otra cosa es que los padres quieran tener menos trabajo por la noche, quieran dormir más (que es lícito) y entonces lo que se puede hacer es acelerar ese proceso para los padres. Estamos convencidos de que un niño con un desarrollo normal, sin ninguna patología va a dormir perfectamente.

Pero a veces los padres ya no saben qué hacer…

Los padres intentan no cometer errores, lo que hacen a veces es seguir modas, seguir informaciones que no son las correctas. Últimamente lo que estamos viendo es que muchos padres que utilizan métodos para adiestrar a los niños dejándolos llorar. Los métodos conductistas no son malos: tú puedes premiar a un niño que se vaya a la cama bien, pero el problema viene cuando se dejan llorar porque hemos observado que en algunos casos los niños tienen secuelas.

“Dejar llorar al niño no es la solución”
Nuestra posición es que estos métodos no deberían utilizarse aunque no provocaran efectos secundarios a ningún niño. Actualmente hay formas educativas que si las utilizáramos con gente mayor serían denunciables. Sólo se utilizan en animales y en niños. NO, el fin no justifica los medios y el niño es una persona y hay cosas que no deberían ser utilizadas en ningún niño, aunque no provocara efectos secundarios.

¿En qué consiste el proyecto dormir sin lágrimas?

Nosotros lo que hacemos es el proyecto dormir sin lágrimas en el que primero evaluamos al niño para comprobar que no le pase nada, evaluamos también la dinámica familiar (los padres como viven, horarios, rutinas…) e intentamos adaptarlo todo ya que es un programa muy individualizado.
Decimos que es un proyecto porque es algo que los padres van a empezar a llevar a cabo paulatinamente y va a durar lo que dure. Hay veces que los cambios en los primeros días ya son muy asombrosos y hay veces que necesitamos más tiempo para que se produzcan esos cambios. Pero lo bueno que tenemos como contraprestación es que los niños no sufren, no tenemos efectos secundarios.

Sobre lactancia materna y colecho…
El hombre es un mamífero, y si miramos como funcionan el resto de mamíferos vemos que básicamente duermen juntos y dan el pecho. Por lo tanto, esa es una forma de crianza que debería continuarse en nuestra especie. No es malo que un niño tome pecho y duerma con sus padres, incluso va a favorecer otras etapas de su vida.
Nosotros informamos a los padres que eso se puede hacer, y no sólo que se puede hacer sino que no es malo que se haga; otra cosa es que los padres decidan otras maneras. En estos casos, tenemos técnicas para niños tanto que hacen lactancia como para los que toman biberón, para niños que duermen con sus padres como los que no porque cada familia responde de una manera y tiene una dinámica particular.

Da tiempo a tu hijo para que duerma bien
A los padres que tienen niños mayores de tres o cuatro años y que todavía se despiertan durante la noche, quiero decirles que esa situación tiene que estar a punto de acabar. Nosotros no tenemos ningún niño que tenga problemas para dormir más allá de los cinco años si los padres han sido respetuosos con él y han seguido una evolución normal.
Hay como un tope alrededor de los cinco años en que todo termina. Otra cosa es que esos padres no quieran esperar ese tiempo más y en ese sentido, tenemos nuestra guía al final del libro o nuestro proyecto que puede ayudarlos a acelerar ese momento.
Más información | Dormir sin lágrimas

“El 80% de los niños duerme en compañía”, Rosa Jové

19 de abril de 2008 | 17:00 CET



Hemos hablado en el blog varias veces sobre Rosa Jové y su libro Dormir sin lágrimas en el que explica, entre otras cosas, que la solución a los problemas de sueño infantil no está en dejar llorar a los niños hasta que se duerman.

Sostiene que es normal que los niños se despierten por la noche. Según las últimas estadísticas, un 81% de los niños de 1 año se despiertan por la noche y un 54% todavía lo hace a los 2 años, mientras que alrededor de los 3 o 4 años han conseguido regular su ritmo de sueño y son capaces de dormir de un tirón la noche entera.

Mientras tanto, paciencia, amor y hacer uso de una práctica que ella promueve, sobre cuyos beneficios hemos hablado también en Bebés y más: el colecho.

Colecho significa compartir la cama con los hijos, dormir con ellos. Hay padres que se sienten avergonzados de asumirlo, pero no debería ser así. Es lo más normal y natural del mundo.
A algunos les suena inlcuso a una práctica algo primitiva, por decirlo así, pero nada tan lejos. En países muy adelantados en cuanto a crianza como pueden ser Japón, Suecia, Noruega o Finlandia el colecho se acerca al 90%. De hecho, la autora señala que cada noche el 80% de los niños de la población mundial duerme con sus padres.

En lugar de reñirles porque “se pasan” a la cama de mamá y papá, los padres deberíamos aprender a aceptarlo como algo normal, una forma de ayudar a que nuestro hijo duerma mejor por la noches. No lo hará toda la vida, lo hará hasta que se sienta seguro para dormir solo.
Jové señala también algo que no había pensado hasta ahora Que en definitiva la mayoría de los adultos también dormimos acompañados, ¿por qué los niños no iban a querer hacerlo?

Hay quienes se preguntan si tanta dependencia no es nociva para el niño. Pero lo verdaderamente perjudicial son las consecuencias emocionales que acarrea el adoctrinarlos para que aprendan a dormir solos, a pesar de ellos.

Dándoles seguridad y protección cuando la buscan, ¿qué mal podemos estar haciéndoles?
Yo lo tengo claro: la mejor inversión familiar es una cama de 2×2.

miércoles, 16 de octubre de 2013

¿Cómo hago para que duerma toda la noche?

La expresión “duerme como un bebé” suele evocar la imagen de alguien que duerme mucho y profundamente. En la gente que nunca tuvo un bebé. El sueño del bebé debe ser el tema más debatido y comentado por los padres, junto con el del aumento de peso.

En el útero los bebés duermen cuando quieren. No tienen mucha idea de día y noche. De hecho, suelen dormir más durante el día porque el movimiento de la madre al realizar sus tareas habituales los mece. Cuántas mamás embarazadas cuentan que cuando se acuestan a dormir empieza la fiesta en la panza.

Los bebés no saben leer la hora. No conocen el reloj. Los adultos vivimos en función del reloj. La mayoría de nuestros actos no responden a nuestras necesidades fisiológicas. Pocos comen sólo cuando tienen hambre, la mayoría se sienta a comer cuando llega la hora. Pocos esperamos a estar cayéndonos de sueño para irnos a dormir. La mayoría nos metemos en la cama a una hora más o menos “razonable” y leemos o miramos la televisión hasta que nos quedamos dormidos. Y esperamos que cuando nace el bebé se acomode a nuestros horarios rápidamente. Pero los bebés responden a sus necesidades: comen cuando tienen hambre, duermen cuando tienen sueño. Y no necesariamente estos horarios coinciden con los del reloj.

Esto no quiere decir que no podemos esperar que en algún momento el bebé se acomode a la rutina de la casa y duerma de noche y coma más o menos regularmente. Pero no va a suceder el primer día, es probable que lleve varias semanas alcanzar alguna rutina.

Por otro lado, el bebé está acostumbrado a estar todo el tiempo con su mamá, sentirla, olerla, escucharla. Todo el día y la noche. De nuevo, son nuestras expectativas las que imponen que el bebé duerma solo en su cuna, en su habitación que con tanto amor preparamos, desde las 10 de la noche hasta las 7 de la mañana.

¿Solución instantánea?
No existe una solución única para el maternaje nocturno, cada familia encuentra su propio camino a medida que avanza. Hay sí evidencia de que las madres duermen mejor si amamantan 1,2 , y resulta evidente que tener al bebé cerca también ayuda a dormir mejor. Algunas familias adosan la cuna a la cama, otras deciden compartir la cama con su bebé o practicar “colecho”. El colecho es una costumbre muy difundida en sociedades no occidentales. Si una familia decide practicar colecho debe informarse cuidadosamente y tomar los recaudos necesarios. Una cama donde duermen adultos que fuman, toman alcohol y otras sustancias que afectan el sistema nervioso no es un lugar seguro para un bebé. Tampoco lo son un colchón muy blando o de agua, los plumones o acolchados, las almohadas o almohadones. NUNCA se debe dormir en un sofá con un bebé. Los arreglos para dormir con el bebé deben hacerse de antemano y deliberadamente y no se debe recurrir a llevar al bebé a la cama cuando estamos exhaustos y no entendemos muy bien qué pasa.

Dormir toda la noche
Una mamá contó esta historia en una reunión de amigas: “El otro día fui a una cena de gente del trabajo de mi marido. Las mujeres me arrinconaron para preguntarme si mi bebé dormía toda la noche. Y no, la verdad es que no duerme toda la noche. Tira cuatro, cinco horas, pero nada más”. Si les hubiera preguntado a las mujeres que le preguntaron si el bebé dormía toda la noche cuántas horas dormían sus bebés cuando alcanzaron este hito, se habría sorprendido de escuchar que muchas decían “unas cinco horas”. Algunos bebés duermen siete, ocho, nueve horas desde edad temprana. La mayoría de los bebés tienen un tramo de sueño más largo que los demás, de unas cuatro o cinco horas. Esto es normal. Los bebés necesitan comer con frecuencia, incluyendo de noche. Los bebés que no toman la teta también toman una mamadera de noche. La mamá que amamanta necesita esa toma nocturna que afecta la secreción de prolactina y ayuda a mantener la producción de leche.

Podemos ayudar al bebé a que ese tramo de sueño más largo lo haga de noche si durante el día lo dejamos dormir con luz y los sonidos habituales de la casa y a la noche bajamos los estímulos al mínimo. Si la mamá trabaja fuera de la casa es posible que el bebé se despierte mucho de noche. Muchas mamás manejan esto durmiendo cerca de sus bebés.

Nada es para siempre
Una mañana nos despertamos y nos damos cuenta de que hay sol y el bebé recién se despierta. Aunque parece que nunca vamos a volver a dormir de un tirón más de dos, tres, cinco horas, llega el día en que dormimos más. Y después los hijos empiezan a salir de noche y de nuevo dejamos de dormir. Si tratamos de vivir con calma y amor los despertares nocturnos podemos encontrar en esos momentos temidos recuerdos que vamos a atesorar toda la vida: una mano que nos acaricia, una boca que sonríe entredormida, unos ojos que apenas se abren para verificar que sí, somos nosotras las que estamos ahí, dando calor y leche tibia en medio de la noche.

1. Blyton, D. M., Sullivan, C. E., & Edwards, N. (2002). Lactation is associated with an increase in slow-wave sleep in women. Journal of Sleep Research, 11(4), 297-303.
2. Doan, T., Gardiner, A., Gay, C. L., & Lee, K. A. (2007). Breast-feeding increases sleep duration of new parents. J Perinat Neonatal Nurs, 21(3), 200-206.

Este documento tiene fines informativos y no reemplaza la atención médica.
Preparado por: V. Garea IBCLC
©GALM Bariloche. Permitida la reproducción sin modificaciones y citando la fuente.

viernes, 26 de abril de 2013

Consecuencias del llanto infantil prolongado, no consolado




Consec

Según Michael L. Commons y Patrice M. Miller -investigadores del Departamento de Psiquiatría del Instituto Médico de la Universidad de Harvard- el estrés que resulta de la separación madre-hijo, por ejemplo durante la noche cuando se intentan métodos de adiestramiento parael sueño que involucran llanto, causa cambios en el cerebro de los bebés que los convierte en adultos más susceptibles al estrés a largo plazo.

En lugar de dejar llorar a los niños -tal y como proponen Ferber, Estivill, y otros autores conductistas que afirman que hay que enseñar a dormir a los niños, y que éstos deben dormir solos (ya sea en una cuna aparte, o en una habitación aparte), alejados del cuerpo materno- los padres deberíamos mantener a nuestros hijos cerca, satisfacer su necesidad de contacto nocturno, consolar su llanto, dormir con ellos; hacerlos sentir seguros y a salvo.

Commons y Miller examinaron las prácticas de sueño actuales en distintas sociedades, y llegaron a la conclusión de que el dormir separados de los hijos y no responder de forma rápida y empática a su llanto podría derivar en incidentes de estrés post traumático y desórdenes de pánico en aquellos niños cuando arriben a la edad adulta.

Según Commons, aseveración con la que estoy absolutamente de acuerdo: "Los padres deberían saber que el dejar llorar a sus hijos innecesariamente, causa en el bebé un daño permanente, produciendo alteraciones en su sistema nervioso que los torna exageradamente sensibles a traumas futuros."

Según Charles R. Figley, director del Instituto de Traumatología de la Universidad del Estado de Florida y editor del Journal de Traumatología, lo que hace único este estudio es su enfoque multidisciplinario, al tomar en cuenta la neurofisiología, el aprendizaje emocional y las diferencias culturales entre los niños analizados. 

"Es muy fuera de lo común, y a la vez extremadamente importante encontrarnos con esta investigación por ser inter y multidisciplinaria, ya que sirve de explicación para la capacidad de tolerancia del estrés -incluyendo el estrés traumático- y del desarrollo emocional de los niños, aún existiendo entre ellos diferencias culturales.", agregó.

Continuó diciendo que el trabajo de Commons y Miller abre un camino que servirá para futuras investigaciones que podrían tener implicaciones en muchos aspectos de la crianza, desde los esfuerzos de los padres por estimular el intelecto de sus hijos hasta prácticas como la circuncisión.

Ambos investigadores atribuyen las prácticas de crianza estadounidenses (perfectamente extrapolables, a mi parecer, al resto de las sociedades occidentales) al temor de que los niños crecerán siendo dependientes. Asimismo, refieren que los padres que piensan de esta manera están viendo las cosas fuera de contexto: el contacto físico, el consuelo y la contención emocional convertirán a los niños en más seguros y más capaces de formar relaciones adultas cuando se relacionen por sí solos.

"Hemos puesto tanto énfasis en la independencia que está teniendo algunos efectos muy negativos", refiere Miller.

Durante su investigación, Miller y Commons mostraron una grabación de cómo las madres estadounidenses responden al llanto de sus bebés a madres de la tribu Gusii de Kenya (quienes colechan y responden rápidamente al llanto de sus hijos) y comentaron que éstas estaban "enfadadas viendo cuánto demoraban las madres norteamericanas en responder al llanto infantil".

Commons y Miller también indican que la crianza influye mucho en cómo se comportará la sociedad entera. A los norteamericanos en general no les gusta ser tocados y se enorgullecen de su independencia aún hasta el punto de aislarse, incluso en situaciones sumamente difíciles o estresantes.

A pesar del tradicional consejo de que los niños deberían aprender a estar solos, Miller refiere que muchos padres contradicen esta norma socialmente implícita en occidente y "hacen trampa" trayendo a sus hijos a la habitación con mamá, al menos cuando son pequeñitos. Además, agrega que una vez que el niño aprende a gatear, muchas veces puede llegar por sus propios medios a la habitación de su mamá.

Los padres deberían sentirse libres de dormir consus hijos, tratar a sus bebés como bebés que son, consolarlos, continuar durmiendo con ellos aunque sea en una cama adosada a la de los padres, en la misma habitación, sin sentirse culpables de hacerlo, agregan.

"Existen maneras de crecer y ser independientes sin necesidad de someter a nuestros bebés a este tipo de traumas, mi consejo es tener una relación de apego seguro con nuestros hijos para que al crecer puedan tomar sus propios riesgos." Esta es la manera de fomentar la independencia de nuestros hijos, de forma segura y no violenta, según comenta Miller.

Según los investigadores, otros de los temores -además de la mencionada dependencia- que han moldeado nuestra manera de criar, es el de que la presencia de los niños en la habitación "de matrimonio" pudiera intervenir con la vida sexual de los padres, y que un bebé fuera aplastado si uno de los padres se diera vuelta y cayera sobre él.

Respecto a los dos temores anteriores, me gustaría apuntar -tal y como dice el pediatra Carlos González- que la casa tiene muchas habitaciones y que el día tiene muchas horas. ¿Para qué entonces limitar la actividad sexual a la noche, y a la cama "de matrimonio"? Podríamos hablar de cama familiar, y tener momentos de intimidad en otras estancias.

El riesgo de aplastar a un hijo, en condiciones normales de colecho es muy bajo. Las madres, en particular, cambian su ciclo de sueño y están conscientes de la presencia de su hijo en la cama -sobre todo cuando combinamos colecho con lactancia materna. Los padres, poco a poco van tomando conciencia -a menos de que uno de los dos (o ambos, espero que no) estén bajo los efectos del alcohol, o drogas psicotrópicas. Pueden leer más sobre colecho seguro aquí.

Otro factor al que atribuyen la disminución del colecho es al crecimiento económico que ha permitido a las familias adquirir viviendas con mayor número de habitaciones, habiendo recámaras separadas para los niños.

El resultado, según Commons y Miller es una nación a la cual no le gusta cuidar de sus propios niños, una nación violenta marcada por relaciones con poco contacto físico y que carecen de un apego seguro.

"Creo", finaliza Commons diciendo, "que existe una verdadera resistencia dentro de nuestra cultura hacia el cuidado de los niños. Sin embargo, el castigo y el abandono [emocional] nunca han sido buenas herramientas para lograr [una sociedad] con personas cálidas, cuidadosas e independientes."

¿Y tú qué opinas? ¿Colechan en casa? ¿Por qué o por qué no?
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