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jueves, 7 de mayo de 2015

Tres verdades sobre las madres que han pasado por una cesárea

Monet Moutrie
Escritora y fotógrafa de partos. Cofundadora del blog Cord
Publicado: 02/05/2015 10:02 CEST Actualizado: 03/05/2015 12:36 CEST

Ser fotógrafa especializada en nacimientos me permite captar unas de las historias más felices en la vida de una familia. Entro al lugar del parto y documento los pequeños y grandes momentos que allí ocurren. Cuento la historia de la llegada de su hijo o hija al mundo. Las luchas, los miedos, el dolor, la alegría.

Estas historias son preciosas.


Pero en este mundillo veo que hay un determinado tipo de nacimiento idealizado, y en mi trabajo reflejo muchos que encajan en dentro del estándar. Si hubiera que dar un trofeo, se lo llevarían los partos naturales sin epidural, en los que la madre y su pareja se muestran activos y sin trabas por parte de médicos o enfermeros. Justo la otra noche leí una historia en la que la madre, involuntariamente, dio a luz en la bañera de su casa. Su marido cogió al bebé porque allí no había nadie más. Se sentaron en su sofá y trataron de asimilar el milagro de la vida. Fue una historia perfecta... y estoy segura de que llegará a oídos de mucha gente.

Quizá algunos hayáis leído sobre el increíble parto de nalgas que fotografié en febrero. A la madre la estaban preparando para una cesárea de urgencia cuando sintió tal necesidad de empujar que su hija salió, de nalgas, mientras ella estaba en la mesa de operación. Una vez más, se trata de una historia impresionante que inspiró a muchas mujeres a mantener sus objetivos en el parto.

Pero, últimamente, he estado pensando en los héroes olvidados. He estado pensando en las historias de partos que no reciben necesariamente todas las felicitaciones ni los compartidos en Facebook.

Hablo de las historias de cesáreas y de las valientes mujeres que dan a luz a sus hijos con esa fuerza y esa belleza.

Por eso, os animo a dar un paso atrás y a que os regocijéis con estas tres verdades sobre las mamás que han pasado por una cesárea.




1. Son valientes
La preparación para la cesárea no es coser y cantar. Muchas veces, la pareja de la madre no tiene permitido entrar o sólo puede hacerlo después de que le hayan administrado la epidural y de que todo el mundo esté en sus puestos. Esto significa que mientras los médicos y enfermeros pululan por allí, preparando la sala de operaciones para el parto (quizá hablando de la comida o de la película que vieron el fin de semana), una mujer embarazada espera en una mesa de operaciones pensando en lo que tiene por delante, a menudo asustada y a menudo sintiéndose muy sola.

En esos momentos, esa mujer saca toda la fuerza y el amor que siente por su bebé. Primero la inunda el miedo... y luego lo aleja de sí. Sabe que en ese momento, eso es lo mejor para su hijo, aunque lo mejor signifique una cirugía, con heridas y cicatrices de verdad. Aunque lo mejor signifique apartar un sueño o una visión que llevaba nueve meses construyendo en su cabeza.

Si nunca te han practicado una cesárea, te animo a que te imagines la dura realidad de esos momentos. Ponte en su lugar, en esa mesa, esperando, probablemente aterrorizada. Cuando lo hagas, creo que te darás cuenta rápidamente de lo valientes que son las madres.



2. Son fuertes
No hay muchas madres que puedan decir que la cesárea fue lo primero que se imaginaron al pensar en el parto. Las cesáreas son una necesidad médica en la mejor de las situaciones; en el peor de los casos, puede ser por una práctica anticuada del doctor o por su interés.

Algunas madres tienen semanas para mentalizarse de un cambio en sus planes, pero muchas sólo tienen días, horas o incluso minutos. De repente, todo lo que se imaginaban cambia. Sus planes de parto se han ido al garete. Les espera una cirugía. No saben cuánto tendrán que esperar hasta poder sostener al bebé en sus brazos.

Los seres humanos no solemos tolerar bien las situaciones de cambio repentino. Y aun así, las madres encuentran el modo de dejar su orgullo y conectar con una fuerza interna que les permite aceptar la alternativa y dar a luz a su hijo.

Pero luego viene la operación en sí. Los cortes y las suturas. A veces tienen que pasar meses para que la madre se recupere por completo. Y aunque tras pasar por el quirófano a todo el mundo le gustaría tumbarse con una gran tarrina de helado y ponerse a ver películas como si no hubiera mañana, las madres hacen justamente lo contrario. Tienen que dar el pecho, criar, querer a sus preciosos bebés, que necesitan el vínculo con su madre.

viernes, 29 de noviembre de 2013

viernes, 1 de noviembre de 2013

La epidemia de las cesáreas

Hay unos 74 mil partos quirúrgicos evitables por año en el país


La OMS estima que las cesáreas no deben superar el 15 por ciento de los partos, pero aquí la proporción llega al 25. Y en clínicas y sanatorios privados porteños supera el 50 por ciento. La principal causa son las falsas creencias en torno de las cesáreas, tanto de parturientas como de obstetras.

Por Mariana Carbajal

 Las cesáreas se han convertido en una verdadera “epidemia” en el país, según alerta un estudio de un calificado grupo de expertos convocados por la Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Buenos Aires (Sogiba). La tasa recomendada por la OMS es del 15 por ciento, pero en la Argentina llega al 25,4 por ciento en promedio, con amplias diferencias entre el sector público y el privado: mientras que en los hospitales ronda el 20 por ciento, en las clínicas y sanatorios de primer nivel de la ciudad de Buenos Aires supera el 50 por ciento de los partos. Las cesáreas evitables se calculan en 74.256 anuales y significan un gasto en el sistema de salud de 37 millones de dólares. Para reducir el número, el comité de especialistas de la Sogiba elaboró una guía con recomendaciones dirigidas a los obstetras para realizar una prueba de parto vaginal en mujeres con una cesárea anterior. Esta –una cesárea previa– es la principal causa de parto quirúrgico en el país. Contra la creencia generalizada, dos terceras partes de las mujeres que tuvieron el primer hijo por cesárea pueden intentar un parto vaginal y de ellas, el 60 por ciento lo puede hacer con éxito. “Las recomendaciones son excelentes”, destacó José Belizán, director del Centro Latinoamericano de Perinatología (CLAP) dependiente de la Organización Mundial de la Salud.

“El aumento de cesáreas en el país es un tema crítico”, evaluó el médico obstetra Ariel Karolinski, coordinador del Area de Investigación del Hospital Durand y uno de los expertos convocados por la Sogiba. El incremento se dio en la última década particularmente en el sector privado. Según pudo saber Página/12, el porcentaje de cesáreas es de 32,6 por ciento en el Hospital Británico, 42,6 por ciento en el Italiano y supera el 50 por ciento en sanatorios y clínicas de primer nivel de la ciudad de Buenos Aires. En el sector público, en tanto, el índice es considerablemente menor: 16 por ciento en el Hospital Paroissien (La Matanza), 18 por ciento en el de Moreno, 20 por ciento en el Pirovano y el Álvarez, 22 por ciento en el Argerich, 23 por ciento en el Fernández y 27 por ciento en el Durand. En este último caso, un 6 por ciento corresponde a mujeres con VIH, a quienes se les practica una cesárea hemostática para reducir el sangrado y así disminuir la posibilidad de trasmisión del virus al recién nacido.

“Este gran aumento en el índice de cesáreas es un tema de enorme preocupación, porque este procedimiento quirúrgico representa mayores riesgos para la salud de la madre (incidencia aumentada de infecciones, necesidad de trasfusión, daño a órganos vecinos, entre otros) y del niño (mayor tasa de bajo peso al nacimiento y síndrome de dificultad respiratoria) y mayores costos al sistema de salud con relación al parto normal”, advirtió Belizán, en diálogo con Página/12, desde la sede del CLAP en Montevideo. Se calcula que una cesárea es dos a tres veces más costosa que un parto normal y que implica una diferencia de 500 dólares, indicó Karolinski.

El problema “epidémico” de la cesárea no está acotado a la Argentina. Un estudio del CLAP encontró que se trata de una tendencia latinoamericana, que se está constituyendo en la región con el mayor índice de partos quirúrgicos del mundo (ver aparte). Suecia, en cambio, tiene 10 por ciento de cesáreas y Gran Bretaña, 13 por ciento. De acuerdo con la investigación del CLAP, publicada en el British Medicine Journal, en el país se realizan anualmente 74.256 cesáreas evitables, que significan un gasto directo de 37 millones de dólares. “A esa cifra hay que sumar el costo de atención de las complicaciones que sufren las parturientas entre internación y medicamentos”, señaló Karolinski.

El “documento de consenso” con las recomendaciones médicas, elaborado por los expertos convocados por la Sogiba y publicado en la revista científica de la entidad, desmitifica varias creencias populares. La primera, que una cesárea es más segura que un parto vaginal. Estudios realizados en países desarrollados muestran que las probabilidades de que la mujer sufra complicaciones al dar a luz son 5 a 10 veces mayores en la operación cesárea y que la mortalidad es 2 a 4 veces mayor con relación al parto vaginal. “Es de esperar que estas cifras se magnifiquen en países con un menor nivel socioeconómico de la población, con peor acceso a la atención médica y con infraestructuras hospitalarias muy deficientes”, aclararon los especialistas.

La segunda creencia popular –y también muy extendida entre obstetras– es que una mujer que fue sometida a una cesárea debe necesariamente tener otros hijos por el mismo procedimiento quirúrgico. “En aquellas mujeres que tienen dos o más cesáreas hay una indicación absoluta de cesárea, pero no así cuando sólo tiene una”, explicó Karolinski. Precisamente a estos casos son a los que apuntan las recomendaciones de los expertos para disminuir la incidencia de partos quirúrgicos, teniendo en cuenta que una cesárea previa es la principal causa de la operación cesárea en la Argentina. Un estudio coordinado por el CLAP en maternidades argentina -tomando en cuenta 18.000 nacimientos– encontró que el 32 por ciento de las operaciones se programaron en función de una cesárea previa de la paciente.

jueves, 15 de agosto de 2013

Impulsan una ley de obstétricas para reducir el número de cesáreas

La directora Nacional de Maternidad e Infancia, Ana Speranza, informó que se está trabajando por una ley de obstétricas (parteras) dado el número de cesáreas que se practican al año en el país.



La cantidad de nacimientos por cesárea en los sanatorios privados prácticamente duplica al que se registra en instituciones públicas, según advirtieron en el Ministerio de Salud de la Nación.

La directora nacional de Maternidad e Infancia, Ana Speranza, adelantó a Télam que “vamos por una ley de obstétricas (parteras), que reconozca sus incumbencias”.

El objetivo, señaló la funcionaria, es que esas profesionales “puedan trabajar de forma autónoma dentro de las incumbencias que le correspondan”.

Esto es, explicó Speranza, “la atención del embarazo normal, trabajo en consejería, salud sexual y reproductiva, el manejo del parto normal y del puerperio, y aún del recién nacido normal”.

Según la directora de Maternidad, el número de partos anuales ronda los 750 mil por año, de los cuales 450 mil corresponden  a instituciones del sector público y el resto a obras sociales o empresas de medicina privada.

Speranza destacó que “las cesáreas constituyen un problema de salud pública, porque constituyen un método de resolución del parto cuando hay complicaciones”.

“Realmente –agregó- es lo que ha disminuido en el mundo la mortalidad materna, y también la neonatal, cuando es oportuna”.

En ese sentido, precisó que el promedio de cesáreas es de alrededor de 15%, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), si bien “quizás hayan aumentado a 20%”.

En la Argentina, hacia 2005 el promedio era de 23%, pero el Sistema de Datos Perinatal, que registra todos los eventos del país, muestra una media de 29%.

Speranza señaló, no obstante, que “algunos estudios publicados muestran que las cifras en el sector privado duplican a la del  sector público”.

Anticipó luego que “probablemente ya a partir de este año tengamos los datos más precisos del sector privado, dado que a través de un convenio con la Confederación de Obras Sociales Provinciales se trata de instalar el sistema informático perinatal  en clínicas y sanatorios”.

“Eso nos va a permitir tener un registro más certero de este dato”, sostuvo Speranza.

“Nosotros, añadió, propiciamos el acompañamiento familiar, porque sabemos que esto constituye un hecho fundamental para  el desarrollo del parto normal”.

La directora alertó luego que “cuando las obstétricas no forman parte del equipo de salud, a veces hay apuros y necesidades de terminar el parto, con inducciones aceleradas, que hacen de que aparezca una indicación de cesárea en lo que quizás hubiera sido un parto normal”.

Speranza también mencionó los déficits de anestesistas y consideró, finalmente, que “es el trabajo en equipo el que puede favorecer el parto normal”.

jueves, 14 de marzo de 2013

Uno de cada dos mexicanos nace mediante cesárea


América Latina es la región con menos partos naturales del mundo
    Las cifras aumentan cada año pese a las recomendaciones de la OMS


En México cada vez menos niños nacen en domingo. Cerca de la mitad vienen al mundo por cesárea, a ser posible programada y de lunes a viernes. Ana Luisa Torres supo que había acertado al escoger ginecólogo cuando lo llamó un festivo para hacerle una consulta. “Me dijo que tenía poco tiempo porque tenía un parto. Era domingo, eso me dejó tranquila”, dice. Torres nada contracorriente en un mundo en el que la cesárea se ha impuesto llevándose por delante todas las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Ni un embarazo es una enfermedad, ni un parto necesita una intervención quirúrgica. El cuerpo de la mujer está preparado para dar a luz y una cesárea suma de manera innecesaria los riesgos de pasar por el quirófano y no aporta ningún beneficio. La posibilidad de un ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) es 10 veces mayor en un parto por cesárea programada que en un parto vaginal normal, según la OMS. Pese a las advertencias de todos los organismos mundiales, las cifras en México aumentan de manera vertiginosa a favor de la intervención.

En el hospital privado Médica Sur del Distrito Federal, 75 de cada cien madres no se enteran de su parto. Ni respiraciones, ni esfuerzo. Rápido y sin dolor. La tendencia no es exclusiva de los centros privados. En los públicos nacen por cesárea el 41% de los bebés, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de 2012. Una cifra muy por encima del 15% que la OMS considera normal. La ONG mexicana El Poder del Consumidor asegura que en 2012 México fue el país del mundo en el que se practicaron más cesáreas. Un patrón que se repite por toda América Latina, según un informe reciente de Unicef con datos de 2006 a 2010, en el que Brasil lidera el ránking.

 “Los ginecólogos que salen ahora de la universidad no saben usar instrumentos. Si viene un parto pélvico ya hacen una cesárea pese a no ser necesario”, dice Manuel Eduardo Undo, ginecólogo de 45 años que trabaja en el Médica Sur y que ayuda a bajar la alta estadística de su centro. “Somos muy pocos los que tenemos el pensamiento de dejar a la mujer la libertad de tener su parto”, lamenta. A la inexperiencia, se une el miedo excesivo a una posible demanda por complicaciones durante el parto. “Ante cualquier cambio del ritmo cardiaco del bebé, los médicos optan por la cesárea sin ser necesario”, dice el doctor.

Mujeres y médicos alimentan una estadística que se ha disparado en la última década. En México ya no es extraño oír a una mujer que está embarazada decir que prefiere una cesárea, como si de elegir el nombre de su hijo se tratara. Aunque a veces son las madres las que apuestan por la intervención por miedo al dolor, en la mayoría de casos la cesárea, aunque innecesaria, viene inducida por el médico. Pese a la dudosa ética profesional que esto envuelve, Undo no defiende a sus colegas: “No siempre le dicen a la paciente la verdad”. Programar una cesárea es para los médicos principalmente una cuestión de tiempo. El parto no entiende de festivos y se puede prolongar horas, mientras que una cesárea se finiquita en algo menos de 60 minutos.

El abuso irresponsable de intervenciones quirúrgicas en un proceso ancestralmente natural supone, además de mayores riesgos para la salud, una merma de las arcas públicas. Un parto en un hospital público cuesta 17.400 pesos (unos mil euros), mientras que una cesárea sale por 21.600 (casi 1.300 euros), según datos oficiales. En los centros privados, que cubren alrededor del 15% de los nacimientos de todo el país, las cifras se duplican: 2.000 euros el parto natural y 2.400 la cesárea, sin incluir los honorarios para el médico. Estos costos suelen afrontarlos las aseguradoras privadas. Undo, que cobra unos 1.400 euros por cesárea y 1.000 por parto natural, critica que aún hoy en día hay seguros que cubren la totalidad de una cesárea pero solo un tanto por cien de los naturales. “Eso hace que muchas mujeres prefieran programar la intervención para no tener que pagar”, dice.

Por exceso de celo, por tiempo, por miedo o por dinero, las amigas de Ana Luisa Torres, sus compañeras de trabajo y su cuñada tuvieron recientemente su parto por cesárea. Ella, en su sexto mes de embarazo, está dispuesta a que Julián nazca cuando tenga que nacer. Sin agendas ni juegos de fecha.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Chile, país de cesáreas


6 de febrero de 2013



Matrón. Magíster en Administración en Salud y académico de la Escuela de Obstetricia de la U. de Santiago.

Entre los años 2000 y 2011, Chile registró casi 3 millones de partos (2 millones 751 mil 540), y un 75 por ciento de ellos fueron asistidos en el sector público, en tanto el otro 25 por ciento en instituciones privadas. La tendencia es clara en señalar que cada año que pasa ocurren más cesáreas en nuestro país. Mientras en el año 2000 en términos generales (público y privado) las cesáreas representaban un 36 por ciento del total de partos, en 2011 esta cifra llegó a un 48 por ciento.


Cuando analizamos cifras mundiales y las comparamos con las nuestras, los resultados no son muy alentadores. De acuerdo a los datos ofrecidos por las Estadísticas Sanitarias Mundiales que  en 2011 entrega la OMS, y que muestra las tasas de cesáreas de más de 180 países en la década 2000-2010, Chile ocupa el  cuarto lugar a nivel mundial con un 40,6  por ciento de partos vía cesárea durante este lapso. Sólo registran más cesáreas que nosotros países como Chipre (50,9 por ciento), Brasil (43 por ciento) y Republica Dominicana (41 por ciento).

Es importante señalar que en el año 1985 la OMS recomendó a los países no realizar cesáreas en más de un 15 por ciento de los partos, por  su parte, algunos autores han señalado que en estos tiempos el porcentaje máximo de cesáreas recomendado debería ir entre 20-25 por ciento. Sin embargo, como hemos  visto, tanto el sector público como privado, presentan hoy porcentajes mucho más altos. El sector privado avanzó en los últimos 12 años de cifras de un 60 por ciento de cesáreas a una tasa de un 70 por ciento, es decir 2 de cada 3 niños que en Chile nacen en una institución privada, lo hacen a través de una cesárea, muy lejos de la recomendación de 2 de cada 10, propuesta para estos tiempos. Por su parte,  el sector público también ha aumentado sus tasas desde un 30,4 por ciento en el 2000 a un 38 por ciento el año 2011.

En el año 2000 Susan Murray, una investigadora inglesa, vino a Chile y  analizó el fenómeno que ocurría en el sector privado, respecto de la alta tasa de cesáreas. Concluyó que el modelo de aseguramiento de la salud en nuestro país puede condicionar la gestión sanitaria de la maternidad. Las Isapres nunca han sido emplazadas por esto, y siguen disfrutando suculentas  utilidades sin haberse referido jamás a este tema. El estudio también muestra que los factores “económicos” y “tiempo” son determinantes al momento de explicar de parte de los médicos la alta tasa de cesáreas. En Chile el parto experimentó un proceso de industrialización tal que no hay forma de detener, al menos, los porcentajes en alza desde hace más de 12 años así lo demuestran.

Algunos podrían señalar que da lo mismo que el parto sea vía vaginal o vía cesárea, comentario basado exclusivamente en los riesgos asociados a cada una de estas dos modalidades. Pero me parece que usar ese argumento es de un reduccionismo extremo. Por  fortuna los autores que han revisado los riesgos, incluso habiendo expuesto que la diferencia entre las dos vías es muy baja, son enfáticos en señalar que nada justifica aumentar la tasa de cesáreas. Considerar sólo los riesgos de una u otra vía, deja de lado las preferencias de las pacientes, les quita el protagonismo en su propio proceso reproductivo y, además, deja absolutamente de lado el impacto que tiene la separación temprana en el desarrollo del vínculo y desarrollo cerebral.

Lo anterior es algo que ocurre frecuentemente en nuestras cesáreas; luego de nacida, la guagua es casi inmediatamente llevada a otro lugar fuera del pabellón. ¿Por qué no se cambian las conductas para “humanizar” el nacimiento por estas vías? Me parece que la respuesta es clara, la postura biomédica de quienes trabajan con el nacimiento en Chile no considera esto como un aspecto deseado por la paciente, ni siquiera como beneficiosa o con un impacto visible, dejando de lado toda la evidencia que las neurociencias  han aportado en estos últimos años.

Otros han señalado que la gran tasa de cesáreas en Chile es la explicación de nuestra baja tasa de mortalidad. En este  contexto, es bueno recordar que nuestras tasas hoy son comparables a las de países desarrollados.

Sin embargo países con tan buenos indicadores como los nuestros, tienen tasas de cesáreas muy por debajo de nuestro 41 por ciento de la última década. Sólo por mencionar algunos: Canadá 26 por ciento, Uruguay 15,8 por ciento, Holanda 15,4 por ciento. Además, Chile lleva años con tasas de mortalidad estables, sin embargo las cesáreas siguen subiendo.

El parto en Chile, no responde hoy en día a las necesidades ni preferencias de las mujeres. Esto se respalda en un estudio que el año 2006 fue publicado en el British Journal of Obstetrics and Gynaecology y en el que participaron investigadores estadounidenses y nacionales, que señala que un 70 por ciento de las mujeres del sector público y privado prefieren el parto vaginal por sobre la cesárea. Por lo tanto, concluyen que la decisión de la mujer chilena no es determinante para elegir la vía del parto.

Ante  esta  realidad cabe  preguntarse ¿cuánto tiempo más seguiremos como meros espectadores?

lunes, 26 de julio de 2010

Parto en casa, más riesgos para los bebes

Un estudio reabre el debate
Dicen que duplica la probabilidad de muerte durante el primer mes


María y Guillermo eligieron tener a sus dos
 hijos en la tranquilidad de su casa
Foto: LA NACION / Miguel Acevedo Riú
Las parejas que eligen dar a luz en la tranquilidad y la comodidad del hogar en lugar de hacerlo en un hospital coinciden en que lo hacen porque es la forma más natural de traer un hijo al mundo. Un parto domiciliario bien planificado puede ser una experiencia maravillosa para la mujer, después de nueve meses. Se sabe que en casa está expuesta a sufrir menos lesiones, hemorragias e infecciones que en un hospital.
Pero un nuevo estudio acaba de reabrir el debate sobre la seguridad del parto en casa para la salud del bebe. Una revisión de doce trabajos sobre más de medio millón de partos domiciliarios y hospitalarios en Europa y en Estados Unidos reveló que en los partos en casa se duplica el riesgo de mortalidad neonatal, es decir, durante el primer mes de vida del bebe.
"Es importante aclarar que el estudio no está a favor ni en contra del parto domiciliario, señaló a The New York Times el doctor Joseph Wax, autor principal del estudio publicado en The American Journal of Obstetrics and Gynecology . Si bien la tasa de mortalidad neonatal fue superior en los partos domiciliarios, el aumento del riesgo se mantuvo bastante bajo: alrededor de un bebe por cada 900 nacimientos."
Pero para el doctor Edmund Funai, de la Universidad de Yale, esas cifras hablan de complicaciones que es posible prevenir. "Podrían no sorprender a quienes presenciaron miles de partos. Pero yo pude ver cómo los latidos pasaron de ser normales a ser una amenaza para la vida [de un recién nacido] en un minuto o dos. Si las cosas se complican en el hogar, la posibilidad de que todo salga bien disminuye."
El equipo dirigido por Wax reunió los doce estudios de mejor calidad que habían comparado en los últimos años las complicaciones en ambos tipos de partos. Dos de esos estudios se habían realizado en Estados Unidos y el resto, en Canadá, Australia, Reino Unido y Europa occidental. Se analizaron los resultados de un total de 342.056 partos domiciliarios y 207.551 partos hospitalarios.
Los resultados sorprendieron al equipo porque, en general, las mujeres que optan por el parto domiciliario tienen menos factores de riesgo, como obesidad y cesáreas o complicaciones previas, que en los partos atendidos en los hospitales.
Los autores hallaron que, durante el primer mes de vida, murió el 0,2% de los bebes que habían nacido en casa, comparado con el 0,09% de los que habían nacido en un hospital. Eso quiere decir que mueren dos bebes por cada 1000 recién nacidos cuando el parto es domiciliario, programado y de bajo riesgo. La principal causa de muerte fueron las complicaciones respiratorias en los bebes y durante las maniobras de reanimación.
La revisión demostró que las embarazadas que quieren tener a su primer hijo en casa tienen un 36% más posibilidad de necesitar atención de emergencia.
"Un parto es un evento impredecible. Se puede tener al bebe en casa, pero siempre con la logística y la derivación oportuna ante cualquier complicación a un hospital a menos de diez cuadras en ciudades como Buenos Aires - dijo a LA NACION el doctor Mario Sebastiani, obstetra y presidente del Comité de Bioética Asistencial del Hospital Italiano-. Queremos eventos seguros, con las condiciones para resolver una complicación en no menos de 15-20 minutos."
Indicó que el 5-7% de los partos de bajo riesgo pueden tener complicaciones inesperadas. "En el último momento, por ejemplo, se puede prolongar el período expulsivo y esto, a veces, demanda la aplicación de maniobras nada sencillas de hacer en casa. Por eso, es importante que una pareja sepa que estas complicaciones pueden surgir para tomar una decisión informada", agregó.
Marysol Antón eligió tener a su beba en casa. "No quería que a mí ni a mi hija nos hicieran procedimientos innecesarios. Más que elegir tenerlo en casa, elegí que el parto sea lo más natural y lo más respetado posible", comentó la mamá de Amparo. Hoy, ni el recuerdo de las 22 horas de trabajo de parto la convencerían de no repetir la experiencia en enero, con su segundo bebe.
"El parto fue genial. Tenés dolores, sí, pero no es algo insoportable -relató-. Estuve todo el tiempo cuidada [por el obstetra y la partera] y en ningún momento sentí miedo."
En cambio, María Thompson no quería ir al hospital para tener a su bebe. "Me operaron de chica y tengo un trauma con los hospitales. Además, una amiga me contó cómo era el parto. La episiotomía [incisión para agrandar la apertura vaginal] fue lo que me hizo decidir [por el parto en casa]", comentó la mamá de Pedro, de 4 años, y de Manuel, que también nació en su casa hace un año.
La primera idea de María había sido tener un parto institucionalizado, pero en el agua. "Estaba embarazada de pocas semanas y fui al obstetra de la prepaga con un montón de preguntas -recordó-. Me atendió en cinco minutos y no me respondió ninguna duda. Un día compré una revista, que tenía una nota sobre el parto domiciliario. Me llamó la atención, y le dije a Guillermo: «Vamos»."
La prepaga no le cubrió los partos y, por carta, le respondieron que, en caso de necesitar una cesárea de emergencia, "que no aceptarían ningún médico de afuera y que si tenía algún problema por el parto, que no fuera". Pedro llegó después de ocho horas de trabajo de parto y el papá le pudo cortar el cordón. Manuel nació tan rápido que el obstetra y la partera llegaron después que él. "Para mí, fue maravilloso -dijo María-. Estaban Guillermo y Pedro, al que ya le habíamos contado cómo era. Estoy muy contenta con los partos."
El nuevo estudio halló también que las mujeres con parto en casa se recuperaban más rápido y necesitaban menos episiotomías y cesáreas. "Estos beneficios generan una falsa sensación de confianza que hace que se subestimen situaciones de riesgo", dijo a El País el doctor Joaquim Calaf, jefe del Servicio de Obstetricia del Hospital San Pau, en Toledo.
Para eso, Sebastiani consideró clave estimar correctamente si se trata de un parto de bajo riesgo mediante la evaluación del tamaño del bebe por ecografía y la experiencia del partero, de la talla de la mujer y del diámetro de la pelvis.

jueves, 20 de mayo de 2010

Partos: hay brechas entre la atención pública y privada

Encuesta a más de 12.000 mujeres
En los hospitales, sólo una de cada diez mujeres está acompañada por un familiar
Fabiola Czubaj
LA NACION
El mayor acceso a la información no es suficiente para modificar rutinas profesionales dentro de la sala de partos de los hospitales públicos. De hecho, y aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconsejó ya en 2007 varias prácticas, una encuesta a más de 12.000 mujeres revela que muchas se siguen utilizando sin aval científico.
Es el caso, por ejemplo, del acompañamiento durante el trabajo de parto y el parto, o el uso de la episiotomía (cortes quirúrgicos en el perineo de la mujer para facilitar la salida del bebe).
Según los datos de la llamada Encuesta Perinatal 2008, realizada por el Ministerio de Salud bonaerense e investigadores del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS), apenas el 17,7% de las 12.089 embarazadas entrevistadas habían estado acompañadas por un familiar durante el trabajo de parto y tan sólo el 10,9% de ellas habían podido compartir el momento del parto con su pareja u otro familiar. Pero el 67% de las encuestadas aseguraron que les hubiera gustado estar acompañadas.
"Entre las prácticas beneficiosas en el parto, hay una que forma parte de la llamada «ley de parto humanizado» y es que las mujeres tienen derecho a estar acompañadas por una persona de su elección. Y, aunque aún no está reglamentada, sí está difundida y no existen motivos reales para que no se esté poniendo en práctica. Es, evidentemente, una situación de completa inequidad con respecto a las embarazadas atendidas en el sector privado", dijo a LA NACION el doctor Fernando Althabe, director del Departamento de Investigación en Salud de la Madre y el Niño del IECS.
El experto se refiere a la ley N° 25.929, que fue aprobada y promulgada hace seis años. El texto, que se puede descargar del sitio del Consejo Nacional de la Mujer ( www.cnm.gov.ar ), enumera los derechos de los padres y los recién nacidos. El segundo artículo le garantiza a toda embarazada la posibilidad de "estar acompañada por una persona de su confianza y elección durante el trabajo de parto, el parto y el posparto".
"Esta práctica, cuyo beneficio está demostrado en estudios científicos, ya debería haber sido adoptada. Pero lo más difícil es siempre cambiar prácticas profesionales muy arraigadas -indicó Althabe-. No alcanza con difundir los resultados de las investigaciones, sino que hay que realizar intervenciones más activas para implementarlas."

  • Incisión innecesaria
La encuesta mostró también el uso bastante generalizado de otra práctica innecesaria en la mayoría de los partos. Se trata de la episiotomía, una estrategia que aún aplican los médicos en el 80% de las primerizas, según los datos mencionados por el investigador del IECS en una reunión organizada anteayer en la Legislatura porteña por el Centro de la Mujer de la Fundación Misión y Servicio. Esa reunión inauguró aquí la Semana Mundial por un Parto Respetado.
"Es necesario cambiar toda la forma de atender a la mujer que está pujando y con tensión en el periné -agregó Althabe-. Ante la tensión de un desgarro inminente, los obstetras no toleran correr ese riesgo y prefieren hacer un corte controlado. Y lo hacen aunque está probado que el parto vaginal no producirá el desgarro, pero hasta que no lo ven personalmente no cambian la práctica aprendida."
Una intervención intensiva comandada por el IECS en una decena de hospitales públicos demostró que la episiotomía es la práctica más difícil de erradicar. Pero su reducción fue de apenas el 10 por ciento.

lunes, 8 de marzo de 2010

Menos cesáreas entre indias navajas

En el hospital de Tuba, Arizona
Menos cesáreas entre indias navajas
Sólo el 13,5% de los partos son por ese tipo de intervención, la mitad que en el resto de EE. UU.
TUBA, Estados Unidos ( The New York Times ).- La Corporación de Salud Regional de la Ciudad de Tuba, en Arizona, Estados Unidos, es única. Su hospital, dirigido por los indios navajos, se enorgullece de tener un índice de partos vaginales más alto que el promedio nacional entre las mujeres con una cesárea previa, y un índice menor de cesáreas en todos los casos.
Este pequeño hospital en el medio del desierto, en una reserva indígena, de alguna manera, se las arregla para obtener mejores resultados que instituciones más ricas y prestigiosas en este tema.
Los índices de partos vaginales después de una cesárea son lamentablemente bajos y han descendido en picada desde 1996. "Queremos ver si podemos hacer retroceder las manecillas del reloj", dijo Kimberly Gregory, vicepresidenta del departamento de calidad del cuidado de la salud femenina del Centro Médico Cedars-Sinai, de Los Angeles.
Con 500 partos por año, el hospital de Tuba probablemente podría dar clase al resto de los Estados Unidos sobre algunos puntos vinculados con el cuidado obstétrico.
El índice norteamericano de cesáreas, 31,8%, ha estado elevándose durante los últimos once años. Los críticos dicen que los médicos hacen demasiadas operaciones, que exponen a las mujeres y sus hijos a los riesgos de una operación y que gastan varios millones de dólares por año en estas intervenciones.
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