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viernes, 11 de diciembre de 2015

Por qué un bebé no puede manipular a sus padres mediante el llanto, según la ciencia

Para las madres que siempre me preguntan- ¿y ahora por qué llora?-, y yo les digo- está recién nacido, solo puede llorar- . Tene a tu hijo en brazos, es lo mejor que le puede pasar junto con el amamantamiento, estarás formando una persona sana y segura, cuanto pueden hacer estás acciones, vale la pena ponerlas en práctica. Luisa

30 de septiembre de 2013 | 10:00 CET



Hace unos días comentamos un estudio que decía que los padres más cariñosos y comunicativos tienen hijos menos problemáticos en la escuela, y tanto yo como las que comentasteis llegamos a la conclusión de que parece mentira que tengan que hacerse estudios para demostrar cosas que parecen realmente obvias.

Hoy, por esto mismo, quiero hablar del llanto de los niños para tratar de desmitificar algo que mucha gente lleva muchos años creyendo, que los bebés pueden manipular a sus padres con su llanto, es decir, que pueden lograr que sus padres actúen a su antojo con sólo llorar o no hacerlo, en base a su inteligencia, su malicia o por ser pícaros. No, esto no es posible, un bebé no puede manipular a sus padres con el llanto, y ahora os diré por qué.

Que sí, que los bebés intentan manipular a sus padres y controlarles
Cree la gente que los bebés llegan al mundo a plantar batalla, a tratar, desde el principio y con sus herramientas básicas, de controlar a sus padres para poco a poco ir haciendo de ellos dos marionetas a las que controlar a su antojo. Seguro que en más de una ocasión habréis oído o recibidos consejos que dicen eso de “Déjale llorar, que no le pasa nada”, “no hagas lo que te pide, que te está intentando controlar”, “si lo coges y cedes, te gana”.

Es posible incluso que hayáis oído a padres y madres explicar lo listos que son los bebés, que enseguida aprenden a tomar el pelo a sus padres: “lo dejo en la cuna y se pone a llorar, le cojo y se calla… y si le vuelvo a dejar, vuelve a llorar… manipulación total”.

Pero no, es científicamente imposible
Sin embargo no puede ser. Un bebé no puede hacer eso. Sin hablar de ciencia, sólo con el sentido común, basta con saber que un bebé no es capaz de conocer las consecuencias de sus actos para darnos cuenta de que es imposible. Un bebé no sabe que si hace A, luego viene B. Si lo supiera sería un ser racional, y aún no lo es. Dicho de otro modo, un bebé no sabe que puede manipular a las personas de su alrededor, primero porque no sabe qué es eso de manipular y segundo porque es incapaz de simular o actuar para conseguir lo que quiere. Para poder hacer eso necesita ser capaz de pensar de un modo lógico, sabiendo que si llora logrará que sus padres le hagan caso y que, a partir de entonces, empezará a controlarles un poco más, y así cada vez más, hasta llegar al poder.

No, un bebé llora porque se encuentra mal o siente que algo no está bien. Es algo totalmente primario. Tengo hambre, pido comida… pero es que ni siquiera piden comida, ellos lloran y punto: “me molesta un montón la barriga… buaaaa”, igual que cuando tienen frío, calor o se sienten solos. Ellos no piensan eso de voy a llorar a ver si me cogen en brazos, o voy a llorar a ver si me tapan con una mantita de ositos. Ellos lloran porque sienten cosas desagradables, porque no están a gusto, y a ver si con el “buaaaa” resulta que quien viene acierta y me quita esa molestia.

Ahora, hablando de una manera más científica, los bebés, para poder controlar a los adultos necesitan que su cerebro racional funcione, que sus lóbulos frontales sinteticen glutamato, que es un neurotransmisor necesario para pensar de manera lógica. Como podéis imaginar, el cerebro de los bebés no está lo suficientemente desarrollado como para que se produzca la síntesis de glutamato y, de hecho, sus lóbulos frontales, que forman parte del cerebro racional, apenas se han empezado a desarrollar.

La consecuencia de esto es que los bebés no tienen pensamiento lógico, y como no lo tienen, es imposible que puedan pensar en manipular a sus padres, porque ni saben manipular, ni saben qué es “padre”, ni saben que los que le cuidan son sus padres y van a estar siempre con él. No saben nada de eso, así que, sin saberlo, como para empezar a pensar en trazar planes maquiavélicos a largo plazo están. Pobrecitos, suficiente tienen con tratar de calmar aquello que les hace sentir mal en el momento presente.
Foto | Nathan Walker en Flickr

martes, 7 de abril de 2015

¿Es posible 'entrenar' a un bebé de 8 semanas para que duerma del tirón?

07 de abril de 2015 | 12:01 CET
Editor senior en Bebesymas


Esta semana leía un artículo en el New York Times sobre la teoría de un famoso pediatra de Nueva York, dueño de una de las clínicas para niños más caras del país, en la que proponía a sus pacientes un 'entrenamiento' del sueño cuando estos llegaban agotados a su consulta preguntando por algún método para ayudarles a sus hijos (y de paso a ellos mismos), a dormir mejor. No difiere mucho de ya conocidísimos postulados como el Estivill, aunque este parece ser incluso un poco más duro de lo que pensaba.

Su famosa técnica consiste en llevar al bebé hambriento a su cuna a las 7:00 pm, cerrar la puerta y volver a las 7:00 am, nada más y nada menos... sin excepciones, sin consuelo y definitivamente sin comida. El dice que el bebé llorará durante horas, pero en unas tres noches ya tendría claro de que nadie iría a su rescate y comenzaría a dormir toda la noche.

Sospecho que la gran mayoría de vosotros tendrá justo la misma expresión que tuve yo: sin palabras. No entiendo cómo este tipo de 'consejos' pueden tener éxito con la gente y pueden si quiera pensar en dejar a su bebé de apenas 2 meses durante 12 horas sin comer y sin estar pendientes de ellos.

Lo más alucinante de todo es que el artículo recoge experiencias de padres que lo han llevado a cabo con mucho éxito; se leen frases como "es asombroso" o "funciona a las mil maravillas", aunque cueste un poco creerlo.

Este 'método de entrenamiento' no ha variado en su propuesta desde que fue inventado, aunque cuando el pediatra en cuestión comenzó a proponérselo a los padres de sus pequeños pacientes, lo recomendaba para bebes de 4 meses. Sin embargo al ver que el modelo funcionaba empezó a recortar tiempo hasta llegar a los 2 meses. Según él al mes podría hacerse, pero que a esa corta edad ni los padres ni el bebé están preparados para 'desprenderse'.

Claro, el médico reconoce que este instrumento de tortura (disculpadme, pero no encuentro otra manera mejor para describirlo), no está hecho para todos los padres: los casos de fracaso se presentan cuando los padres no han tenido las suficientes "agallas" para soportar el llanto del bebé y acuden corriendo a la segunda noche para consolar al niño (reconozco que yo estaría dentro de esas estadísticas porque no aguantaría ni una hora).

Sinceramente, cuando leo sobre estos temas creo que los médicos que proponen todas esta teorías no se ponen en la piel de los niños: ¿acaso no se estresarían si necesitasen algo que dependiese de otra persona y esta no les prestase atención (incluso siendo adultos)? Un bebé de pocos meses no tiene porqué entender que hay unas normas y que hay que ser estrictas con ellas: él solo obedece a su instinto y a sus necesidades.

domingo, 17 de agosto de 2014

El cerebro del bebé crece más rápidamente en las horas y días posteriores al parto

14 de agosto de 2014 | 09:00 CET
Editor en Bebesymas


El cerebro del bebé es fascinante. Comprender cómo funciona este órgano en los primeros años de vida, cómo crece, evoluciona y se moldea, nos ayuda a entender mejor a nuestros hijos y a criarlos acorde a sus necesidades emocionales

Una investigación reciente publicada en la revista JAMA Neurology en la que se ha escaneado el cerebro de 87 bebés desde el nacimiento hasta los tres meses ha revelado que cuando más rápidamente crece el cerebro del bebé es en las horas y días posteriores al parto. Una razón más para no separarse del bebé ni un segundo tras el parto y para crear un vínculo afectivo sólido con el recién nacido.

Cuánto crece el cerebro del bebé
El estudio fue realizado por investigadores de la Universidad de California, la Escuela de Medicina San Diego y la Universidad de Hawai utilizando técnicas avanzadas del escaneo. Es la primera vez que se publica información precisa acerca de cómo crecen los cerebros de bebés, datos que no está basados ni en estudios post-mortem ni en métodos de escaneo menos efectivos.

Han encontrado que el cerebro humano crece más rápido después del nacimiento y logra alcanzar la mitad de su tamaño adulto a los tres meses de vida.
El cerebro del recién nacido crece un promedio de un 1% por día y a partir de los tres meses crece un 0,4% diario.

También observaron que los cerebros de los varones crecen más rápido que el de las niñas y que las zonas del cerebro involucradas en el desarrollo del movimiento crecen más rápido que aquellas vinculadas a la memoria.

El área del cerebro que crece más rápidamente
El cerebelo, una región del encéfalo cuya función principal es de integrar las vías sensitivas y las vías motoras, es la que más rápidamente crece ya que duplica su tamaño en los primeros 90 días de vida del bebé.
El cerebro comienza a funcionar a todo ritmo para que el bebé se adapte a su nuevo entorno, poniendo en marcha los mecanismos que involucran los sentidos y el movimiento.

Por tanto, en los primeros meses es esencial estimular los sentidos del bebé, por ejemplo a través de las caricias, hablándole a una distancia que pueda verte y con una voz suave. Los masajes, por su parte, contribuirán a que el bebé comience a tomar noción de sus propio cuerpo y esté mejor preparado para la fase del agarre, el gateo y más tarde para comenzar a caminar.

El área del cerebro que crece más lentamente
La región que más lentamente se desarrolla es el hipotálamo, la más importante para la coordinación de conductas esenciales, vinculadas al mantenimiento de la especie, además de regular la liberación de hormonas de la hipófisis, mantener la temperatura corporal y organizar conductas como la alimentación, ingesta de líquidos, apareamiento y agresión.

Esta región juega además un papel central en cómo se organizan y crean las memorias. En relación a esto, hace poco comentábamos otro interesante estudio que argumentaba por qué no recordamos cuando éramos bebés. La explicación científica a la ausencia de memoria en los primeros años de vida es que el tamaño del cerebro de un niño pequeño es aún limitado para el proceso de generar nuevas células y almacenar recuerdos a la vez, por lo que éste prioriza, sabiamente, lo primero.

El cerebro de los bebés prematuros
Al evaluar a los bebés prematuros, los científicos notaron que sus cerebros eran un 4% más pequeños que aquellos niños nacidos tras el período normal de gestación.
A pesar de crecer a un ritmo más rápido que los bebés nacidos en el período normal, sus cerebros eran un 2% más pequeños después de los 90 días.

La importancia de medir con precisión el cerebro del bebé



Estos estudios nos ayudan a comprender muchas cosas relacionadas con los bebés, pero su finalidad es la de aplicar este conocimiento a nuevos tratamiento o técnicas, en este caso para conseguir medir con más precisión los cerebros de los bebés.

Hasta el momento, la forma de controlar el crecimiento cerebral es a través de la medición del cráneo del bebé con una cinta métrica. Si la circunferencia craneal no se corresponde con la edad del niño podría sugerir algún trastorno del desarrollo

Pero debido a que las cabezas de los bebés varían en tamaño, las medidas con cintas métricas o centímetros no siempre son precisas y se necesita un método más efectivo para detectar si el crecimiento cerebral es normal o no. De esta forma se podrían identificar señales tempranas de enfermedades de desarrollo cerebral, incluidas el autismo.

El apego para nutrir el cerebro del bebé
Conocer que el cerebro del bebé crece rápidamente en las primeras horas y días de vida y que crece tan espectacularmente en los tres primeros meses de vida, haciendo un gran esfuerzo para adaptarse a su nuevo entorno, nos hace justificar aún más las prácticas de apego.

El apego ayudará a nutrir su cerebro en pleno crecimiento y a crear un vínculo emocional sólido comenzando inmediatamente después del parto a través de la no-separación entre la madre y el bebé (ni un sólo minuto) y del contacto precoz piel con piel entre ambos.
Vía | Ansa

Fotos | Thinkstock

Más información | JAMA Neurology

En Bebés y más | El cerebro del bebé

lunes, 2 de diciembre de 2013

Los bebés no son como nos lo contaron


Somos mamíferos: nacemos en la intimidad, mamamos, y nos acurrucamos...
14 de marzo de 2013
Por Ileana Medina Hernández



No. Los bebés no son como nos lo contaron. 
A los bebés no les gusta dormir en cuna. Rodeados de barrotes. Presos en una jaula. No. Los bebés quieren dormir junto al cuerpo de su mami, calentitos, seguros, amparados, amados, tocados. 

No. Los recién nacidos no quieren siquiera estar en posición horizontal. Quieren dormir en tu pecho, en vertical, meciéndose al arrullo de tu corazón. En horizontal su digestión se ralentiza, vomitan, buchean, cogen cólicos, se asustan, se sienten vulnerables.

 No. Los bebés no se acostumbran a los brazos: ya nacen acostumbrados. Desde el principio saben bien lo que es bueno. 

No. Los bebés no duermen toda la noche. Se despiertan a cada rato. Para comer y para no comer. Para comprobar que estás a su lado y que los estás cuidando. Para cerciorarse de tu presencia, que es su seguridad. Para tocarte y olerte. 

No. Los bebés no quieren estar solos. No quieren perderte de vista ni un minuto, quieren estar junto a ti, en el centro de la vida. 

No. Los bebés no quieren jugar solos en un corral. Quieren jugar contigo, sonreír, ser atendidos, treparte por encima, gatear por el salón.

 No. Los bebés no quieren tomar leche de otra especie. Quieren leche de la suya, de la que sabe a mamá. No. Los bebés no quieren chupar todo el día un trozo de plástico. Quieren chupar tus pechos, sus manitos, tus dedos... piel humana. 

No, los bebés no quieren que los vistas, ni que les pongas tejidos picones, pendientes en las orejas, ropas apretadas, cintas, encajes y otras cosas molestas. Quieren estar desnudos, correr sin zapatos, disfrutar del tacto de la naturaleza en su piel, del piel con piel contigo.

 No. Los bebés no quieren estar quietos. Quieren que te muevas, que los mezas, los arrulles, que andes y pasees, y los lleves contigo. En cuanto pueden, quieren gatear, correr, saltar, explorar, llegar a todas partes... 

Sí. Los bebés son curiosos por naturaleza. Quieren y deben tocarlo todo. Incluidas esas cosas que más tú tocas: los mandos, los relojes, los teléfonos, los equipos informáticos...Su riqueza sensorial se desarrolla a partir de ahí. No. Los bebés aprenden lo que viven. 

Si siempre oyen "no", pronto a todo te dirán no. Si a todo tienes miedo, pronto a todo tendrán miedo. 

 No. Los bebés no son alto-demandantes. Somos nosotros los bajo-tolerantes, los bajo-pacientes, los bajo-disponibles, los bajo-respondedores. 

No. Los bebés no quieren que los dejes. Quieren ir contigo a todas partes, eres su ejemplo, su seguridad, su referente, su único universo.

Te guste o no te guste, así son los bebés humanos, primates, mamíferos. Si quieres comprobarlo, tan solo ten uno. Ninguna otra especie desconoce y putea tanto a sus propias crías. Si queremos un mundo un poquito más humano, bien haríamos en comprenderlo.

No son como nos lo contaron. Son infinitamente mejores y más inteligentes. Cualquiera que ve a estas crías diría: ¡qué especie tan avanzada! ¿Y cómo se convirtieron en lo que hay?
Publicado por Ileana Medina
Fuente: http://www.tenemostetas.com/2013/03/los-bebes-no-son-como-nos-lo-contaron.html

miércoles, 16 de octubre de 2013

¿Cómo hago para que duerma toda la noche?

La expresión “duerme como un bebé” suele evocar la imagen de alguien que duerme mucho y profundamente. En la gente que nunca tuvo un bebé. El sueño del bebé debe ser el tema más debatido y comentado por los padres, junto con el del aumento de peso.

En el útero los bebés duermen cuando quieren. No tienen mucha idea de día y noche. De hecho, suelen dormir más durante el día porque el movimiento de la madre al realizar sus tareas habituales los mece. Cuántas mamás embarazadas cuentan que cuando se acuestan a dormir empieza la fiesta en la panza.

Los bebés no saben leer la hora. No conocen el reloj. Los adultos vivimos en función del reloj. La mayoría de nuestros actos no responden a nuestras necesidades fisiológicas. Pocos comen sólo cuando tienen hambre, la mayoría se sienta a comer cuando llega la hora. Pocos esperamos a estar cayéndonos de sueño para irnos a dormir. La mayoría nos metemos en la cama a una hora más o menos “razonable” y leemos o miramos la televisión hasta que nos quedamos dormidos. Y esperamos que cuando nace el bebé se acomode a nuestros horarios rápidamente. Pero los bebés responden a sus necesidades: comen cuando tienen hambre, duermen cuando tienen sueño. Y no necesariamente estos horarios coinciden con los del reloj.

Esto no quiere decir que no podemos esperar que en algún momento el bebé se acomode a la rutina de la casa y duerma de noche y coma más o menos regularmente. Pero no va a suceder el primer día, es probable que lleve varias semanas alcanzar alguna rutina.

Por otro lado, el bebé está acostumbrado a estar todo el tiempo con su mamá, sentirla, olerla, escucharla. Todo el día y la noche. De nuevo, son nuestras expectativas las que imponen que el bebé duerma solo en su cuna, en su habitación que con tanto amor preparamos, desde las 10 de la noche hasta las 7 de la mañana.

¿Solución instantánea?
No existe una solución única para el maternaje nocturno, cada familia encuentra su propio camino a medida que avanza. Hay sí evidencia de que las madres duermen mejor si amamantan 1,2 , y resulta evidente que tener al bebé cerca también ayuda a dormir mejor. Algunas familias adosan la cuna a la cama, otras deciden compartir la cama con su bebé o practicar “colecho”. El colecho es una costumbre muy difundida en sociedades no occidentales. Si una familia decide practicar colecho debe informarse cuidadosamente y tomar los recaudos necesarios. Una cama donde duermen adultos que fuman, toman alcohol y otras sustancias que afectan el sistema nervioso no es un lugar seguro para un bebé. Tampoco lo son un colchón muy blando o de agua, los plumones o acolchados, las almohadas o almohadones. NUNCA se debe dormir en un sofá con un bebé. Los arreglos para dormir con el bebé deben hacerse de antemano y deliberadamente y no se debe recurrir a llevar al bebé a la cama cuando estamos exhaustos y no entendemos muy bien qué pasa.

Dormir toda la noche
Una mamá contó esta historia en una reunión de amigas: “El otro día fui a una cena de gente del trabajo de mi marido. Las mujeres me arrinconaron para preguntarme si mi bebé dormía toda la noche. Y no, la verdad es que no duerme toda la noche. Tira cuatro, cinco horas, pero nada más”. Si les hubiera preguntado a las mujeres que le preguntaron si el bebé dormía toda la noche cuántas horas dormían sus bebés cuando alcanzaron este hito, se habría sorprendido de escuchar que muchas decían “unas cinco horas”. Algunos bebés duermen siete, ocho, nueve horas desde edad temprana. La mayoría de los bebés tienen un tramo de sueño más largo que los demás, de unas cuatro o cinco horas. Esto es normal. Los bebés necesitan comer con frecuencia, incluyendo de noche. Los bebés que no toman la teta también toman una mamadera de noche. La mamá que amamanta necesita esa toma nocturna que afecta la secreción de prolactina y ayuda a mantener la producción de leche.

Podemos ayudar al bebé a que ese tramo de sueño más largo lo haga de noche si durante el día lo dejamos dormir con luz y los sonidos habituales de la casa y a la noche bajamos los estímulos al mínimo. Si la mamá trabaja fuera de la casa es posible que el bebé se despierte mucho de noche. Muchas mamás manejan esto durmiendo cerca de sus bebés.

Nada es para siempre
Una mañana nos despertamos y nos damos cuenta de que hay sol y el bebé recién se despierta. Aunque parece que nunca vamos a volver a dormir de un tirón más de dos, tres, cinco horas, llega el día en que dormimos más. Y después los hijos empiezan a salir de noche y de nuevo dejamos de dormir. Si tratamos de vivir con calma y amor los despertares nocturnos podemos encontrar en esos momentos temidos recuerdos que vamos a atesorar toda la vida: una mano que nos acaricia, una boca que sonríe entredormida, unos ojos que apenas se abren para verificar que sí, somos nosotras las que estamos ahí, dando calor y leche tibia en medio de la noche.

1. Blyton, D. M., Sullivan, C. E., & Edwards, N. (2002). Lactation is associated with an increase in slow-wave sleep in women. Journal of Sleep Research, 11(4), 297-303.
2. Doan, T., Gardiner, A., Gay, C. L., & Lee, K. A. (2007). Breast-feeding increases sleep duration of new parents. J Perinat Neonatal Nurs, 21(3), 200-206.

Este documento tiene fines informativos y no reemplaza la atención médica.
Preparado por: V. Garea IBCLC
©GALM Bariloche. Permitida la reproducción sin modificaciones y citando la fuente.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Nacer antes de tiempo / En los últimos años descendió, pero lentamente

Es alta la mortalidad en prematuros
Los expertos lo atribuyen a la falta de enfermería especializada, información y organización de los recursos
Fabiola Czubaj
LA NACION

En la última década, en el país descendió la mortalidad de los bebes que nacen varias semanas antes de completar su gestación en la panza materna. Sin embargo, para Unicef Argentina, esa tendencia avanza muy lentamente porque existen intervenciones de probada efectividad que no se están aplicando.

De hecho, el 60% de las muertes de bebes prematuros en la primera semana de vida se podría evitar si se generalizara un modelo de maternidad segura centrada en la familia, como el que aplica desde hace años el Hospital Materno-Infantil Ramón Sardá e imitan desde febrero otras 50 maternidades en cinco provincias.

"Ya no se trata solamente de salvarle la vida a un prematuro, sino de proteger también su derecho a crecer con la menor cantidad de secuelas posibles [en su desarrollo]. Queremos que los indicadores de mortalidad infantil se reduzcan aún más en la Argentina y eso se logra con medidas como una mayor participación de la mamá, el papá y los hermanos en la atención de estos bebes", dijo ante periodistas el representante de Unicef Argentina, Andrés Franco.

Fue durante el lanzamiento de la Semana del Prematuro, iniciativa a la que adhieren más de 70 maternidades del país para reducir la mortalidad en estos bebes. A partir del próximo lunes, realizarán actividades de actualización y difusión sobre cómo prevenir un parto anticipado y, si ocurre, qué servicios deberían recibir la mamá y el bebe, y de qué se trata el seguimiento después del alta de la unidad de cuidados neonatales.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un bebe es prematuro cuando nace antes de completar las 37 semanas de gestación (un embarazo normal dura entre 40 y 41 semanas), contadas desde el primer día de la última menstruación de la mujer antes de quedar embarazada. Si no recuerda la fecha, la edad gestacional del bebe se puede calcular con dos ecografías (una, en los primeros meses y otra cuando el embarazo está avanzado).

Se considera prematuro a un bebe que nace con menos de 2,5 kilos. Esto, a la vez, incluye a los de alto riesgo: los que nacen con muy bajo peso (entre 1 y 1,5 kilos) y bajo peso extremo (menos de 0,5 kilos).

Según los datos del Ministerio de Salud que utilizó Unicef Argentina, cada año nacen unos 56.000 prematuros (8%) y más de 6000 con menos de 1,5 kilos. "En los 90, teníamos 1000 bebes nuevos por año de menos de 1,5 kilos; en 2005, unos 4000 y, ahora, más de 5000", dijo a LA NACION la doctora Gabriela Bauer, coordinadora de la campaña y pediatra del hospital Garrahan. Y según apuntó Zulma Ortiz, especialista en salud y nutrición de Unicef, las tres causas identificadas son el embarazo adolescente, el consumo de sustancias tóxicas (cigarrillos y drogas) y la reducción del período entre embarazos (menos de 2 años).

Pero aunque existen medidas para tratar de evitarlo, la prematurez sigue siendo la primera causa de mortalidad infantil: la mitad de los menores de un año que mueren anualmente son prematuros con menos de 2,5 kilos al nacer. La tercera parte son prematuros de menos de 1,5 kilos. El mayor descenso se da en los prematuros que nacen con más de 1,5 kilos.

"Esto está ocultando grandes brechas, inequidades, por lo que podríamos decir que la mortalidad no sólo no disminuyó lo necesario en esos prematuros de alto riesgo, sino que hasta podría haber aumentado", explicó Ortiz. Señaló también que el 60% de la mortalidad en los prematuros es evitable porque "tiene que ver con la calidad de la atención".

De hecho, un relevamiento de las 711 maternidades del país revela que sólo el 35% (donde se realizan más de 1000 partos por año) cumple con las condiciones obstétricas y neonatales esenciales que recomienda la OMS. Eso, para Unicef, se debe a la falta de enfermeras especializadas en neonatología, una insuficiente capacitación y actualización profesional, y la falta de la regionalización de los servicios especializados.

"Hoy, la sobrevida de los bebes que nacen con 1-1,5 kilos es del 90%, mientras que en los que nacen con 0,75-1 kilo es del 80 por ciento. Por eso, tendríamos que estar mucho mejor -indicó Bauer-. Es muy importante que sobrevivan, pero con un porcentaje fijo y aceptable de secuelas evitables", como los problemas del aprendizaje, de la audición o respiratorios, entre otros.

Dijo el doctor Bernardo Chomsky, de la Alianza Argentina para la Salud de la Madre, el Recién Nacido y el Niño: "Con que tengamos una excelente supervivencia con la menor cantidad de secuelas en bebes con 28 semanas de gestación, nos podríamos dar por más que satisfechos".

martes, 13 de agosto de 2013

Super bebés.

Sobre nacimientos normales de bebés "macrosómicos".
 “Bebés gigantes”, “Súper bebés”. Con estos nombres se conoce en los medios “informativos” a los bebés por encima de los 4 – 5 kilos de peso.



En estos días y a raíz de la noticia del nacimiento de un bebé de más de seis kilos en el Hospital de Denia, nos han llamado de varios medios de comunicación con el objetivo de saber nuestras “impresiones ante tan excepcional nacimiento”.

En efecto, es excepcional, porque en general en nuestro país no se permite nacer a los bebés con pesos superiores a los 4,500 gramos. “Macrosómicos” es el término que la ciencia ha elegido para ellos. No en todos los casos se trata de una condición asociada a la patología; también puede ser un bebé cuya constitución sea esa, pero en general se “mide” a todos con la misma vara. 

Ser “grande” no es una circunstancia de cesárea por sí misma y sin embargo se extrae a estos niños del cuerpo de su madre, normalmente hacia la semana 37 para que no exista “el riesgo” de que la mujer se ponga de parto. Un bebé nacido antes de tiempo, aunque sea grande no se encuentra lo suficientemente maduro para salir al exterior y puede sufrir complicaciones derivadas de su nacimiento precoz.

Porque, en circunstancias normales ese bebé es igual que cualquier otro… ¿Qué pasa si la mujer se pone de parto?  ¿Qué pasa si se le anima a moverse libremente, a encontrar la postura en la que se sienta más cómoda? ¿Qué pasa si en vez de epidural se ofrece a la mujer otras alternativas para el manejo del dolor –si lo hubiera- y se le explica el proceso fisiológico que va a tener lugar? ¿Qué sucede si respetan tiempos y se acompaña el parto tal y como la ciencia dice que debe atenderse? Que el niño nace y si se enteran los medios a lo mejor se hace famoso por un día.

Algunos datos:
En 2011 nacieron en España 14 bebés que pasaron 6 kilos o más, y sólo 1, sólo 1 nació por cesárea.
En 2010 nacieron 18 con 6 kilos o más, y sólo 4, sólo 4 nacieron por cesárea.

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE).

Enlaces:

miércoles, 26 de junio de 2013

Cada bebe con su canción!!!


"Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño.

Saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito.
Las mujeres entonan la canción y la cantan en voz alta. Luego retornan a la tribu y se la enseñan a todos los demás. Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le cantan su canción.

Luego, cuando el niño comienza su educación, el pueblo se junta y le canta su canción.

Cuando se inicia como adulto, la gente se junta nuevamente y canta. Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción. Finalmente, cuando el alma va a irse de este mundo, la familia y amigos se acercan a su cama e igual que para su nacimiento, le cantan su canción para acompañarlo en la transición.

En esta tribu de África hay otra ocasión en la cual los pobladores cantan la canción. Si en algún momento durante su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, se lo lleva al centro del poblado y la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces le cantan su canción.

La tribu reconoce que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo; es el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pudiera dañar a otros. Tus amigos conocen tu canción y te la cantan cuando la olvidaste. Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes o las oscuras imágenes que muestras a los demás. Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo; tu totalidad cuando estás quebrado; tu inocencia cuando te sientes culpable y tu propósito cuando estás confundido.

No necesito una garantía firmada para saber que la sangre de mis venas es de la tierra y sopla mi alma como el viento, refresca mi corazón como la lluvia y limpia mi mente como el humo del fuego sagrado."

TEXTO DE TOLBA PHANEM: MUJER, POETISA, AFRICANA, DEFENSORA DE LOS DERECHOS CIVILES DE LAS MUJERES AFRICANAS.

jueves, 21 de febrero de 2013

Bebes: todo lo que ellos saben

Martes 25 de septiembre de 2012 | 
Publicado en edición impresa
 Neurociencias
 Por Nora Bär | LA NACION 


En el siglo XVII, el filósofo inglés John Locke pensaba que los bebes llegaban al mundo como una tabla rasa, que su cerebro era como una pizarra en blanco y que las destrezas que caracterizan a los humanos se adquirían con posterioridad. Unos 200 años más tarde, el psicólogo William James sostenía que la mente de los chicos está adormilada y sumida en la confusión. Piaget, que experimentó con sus propios hijos a comienzos del siglo pasado, postuló que nacen sin conocimientos y que los desarrollan a partir de las experiencias sensorial y social. 

Sin embargo, recientes investigaciones están desterrando aquella idea de "adultos fallados" y prueban la existencia de capacidades innatas en los bebes. Nos dicen los investigadores en desarrollo de la cognición, son mucho más inteligentes de lo que se pensaba: llegan equipados con la capacidad de desarrollar pensamiento abstracto o conceptos como la causalidad, de atribuir intencionalidad, de comprender una matemática y una geometría rudimentarias, y hasta de distinguir fonemas... Es más, algunas de estas capacidades las poseen casi desde el momento mismo en que nacen. 

 "Éste es uno de los más grandes cambios de paradigma de la historia de la ciencia contemporánea -dice Mariano Sigman, director del Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-. Pocos pilares de la filosofía recibieron una estocada tan contundente por evidencias experimentales."

 Claro que averiguar qué está pasando dentro de la cabecita de esas irresistibles criaturitas no es sencillo. Como es imposible preguntarles, se utilizan herramientas como la "permanencia de la mirada" (miran durante más tiempo lo que les interesa) o registros del ritmo de succión del chupete y de la actividad eléctrica del cerebro. 

 "Uno de los experimentos clásicos -explica Sigman- es pasarles una grabación con voces que hablan en castellano y que de repente empiezan a hablar en japonés. Típicamente, se ve que los bebes se sorprenden mucho." 



 Uno de los pioneros en este campo de investigación, Jacques Mehler (ver aparte), mostró que al nacer ya existen ciertos procesos perceptivos que funcionan con especificidad hacia el lenguaje. Por ejemplo, ellos distinguen si se les habla en su lengua natural o con frases invertidas. Reaccionan distinto.

Mehler y colegas demostraron con neuroimágenes que bebes ¡de cuatro días! tienen la capacidad de distinguir entre una gramática "de juguete" que tiene repeticiones (con palabras trisilábicas, como "melolo, terrarra, bofufu"), y otra sin repeticiones (como "melote, falado"). 

 La investigadora chilena Marcela Peña Garay, de la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile, está entre los que sostienen que los bebes vienen equipados con un aparato cognitivo que les permite identificar características importantes para la especie. "Por ejemplo -ilustra por vía telefónica, para respaldar esta hipótesis-, aunque un bebe viva con un perro, no aprende a ladrar, y por más que escuche el timbre del teléfono celular, no reproduce estos sonidos, sino el lenguaje de sus padres o cuidadores."

 En otro trabajo que se publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences, la científica francesa Veronique Izard, que trata de entender las bases del pensamiento matemático y estudia la adquisición de los números y la geometría, pudo comprobar en recién nacidos de dos días que éstos discriminan la cantidad de sonidos que escuchan y los aparean con la misma cantidad de elementos en una imagen. 

 "Se les hacía escuchar AAAA y se les mostraban cartones con cuatro u ocho figuras de colores -detalla en su publicación-. Los bebes miraban durante más tiempo la imagen con una cantidad de figuras que coincidía con el número de sonidos que habían escuchado." 

 Otro indicio de que ya vienen equipados con los rudimentos de la matemática surge de un experimento que consiste en agregar tres pelotitas en una caja en la que ya hay dos. Si en lugar de cinco pelotitas aparecen ocho, los bebes se "sorprenden" por la incongruencia. 
 Peña y su equipo observaron las reacciones de un grupo de bebes de entre dos y cuatro días de vida mientras distintos locutores repetían la sílaba BA. Usando electroencefalograma y potenciales evocados (es decir, el registro de las modificaciones producidas en el sistema nervioso en respuesta a una estimulación sensorial o a una actividad cognitiva), pudieron constatar que reconocían la sílaba aunque las voces cambiaran. 

 MÁQUINAS DE CONCEPTUALIZAR 

 En un experimento con bebes de cuatro meses, pusieron a prueba teorías que postulan que muchos aspectos de la fonología de los lenguajes derivan de condicionamientos físicos y fisiológicos. "John Ohala, de la Universidad de California en Berkeley, propuso, por ejemplo, que hay una tendencia a aparear las vocales abiertas con los objetos grandes y las cerradas, con los pequeños -dice Peña-. Nosotros les hicimos escuchar a los niñitos palabras con i [vocal cerrada] y con a [abierta], mientras les mostrábamos un objeto pequeño y uno grande. Efectivamente, miran más hacia el objeto pequeño cuando la vocal es i y hacia el grande cuando es a .

" Otro argumento a favor del origen innato del lenguaje es que los chicos nacidos prematuramente deben esperar hasta que sus circuitos cerebrales maduren para ejercitar ciertas destrezas lingüísticas. "Bebes normales de cuatro meses y medio son capaces de discriminar no sólo entre lenguajes, sino entre tonadas y dialectos -explica Peña-. Si dependiera de la experiencia, los prematuros podrían adelantar ese aprendizaje. Sin embargo, lo que nosotros vimos fue que no lo hacen.

" Sigman también descubrió algo notable: a los tres meses, cuando se les habla, en el cerebro de los bebes se activa el área de Broca. "Como es la región vinculada con la producción del lenguaje, nuestra hipótesis es que aunque no esté hablando, el bebe ya lo está produciendo internamente", dice el científico. 

 Según Sigman, los antiguos dogmas "fueron demolidos experimentalmente". 
 "Como afirma [la científica de la Universidad de Berkeley] Alison Gopnik -destaca-, los bebes son pequeños científicos: son expertos en sacar mucho de muy poco. Los seres humanos desarrollamos una teoría sobre los dinosaurios a partir de unos huesos fósiles; construimos una teoría del universo a partir de registros de luz, tenemos una teoría de la evolución a partir de ciertos rasgos físicos. Es decir, somos capaces de ir más allá de los datos. Somos máquinas que conceptualizamos, y lo somos desde que venimos al mundo."

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miércoles, 13 de febrero de 2013

Carlos González: "Queremos que los bebés coman más que los adultos, ¡y luego que están obesos!"


 Acabo de tropezarme con una nueva y muy interesante entrevista realizada a Carlos González, esta vez en el diario Heraldo.es, a cargo de Nuria Casas.

El libro 'Entre tu pediatra y tú' recoge la peculiar visión de este médico de Zaragoza sobre la atención infantil y los consejos que ha dado a cientos de madres.

Tras leer sus tesis, da la impresión de que el bebé es como el cliente, que siempre tiene la razón.

En realidad, sí, según va creciendo se le quita un poco, pero el bebé solo pide cosas razonables. Un niño mayor a lo mejor llora porque quiere un bicicleta, pero un bebé solo llora para que le cojan en brazos. Quiere el cariño y el amor de sus padres.

Se pregunta si creemos que los reformatorios y las cárceles están poblados de personas a los que cogieron demasiado en brazos. Es una forma de verlo.

Cuando doy conferencias me gusta hacer una pequeña encuesta: ¿A cuántos de los padres y madres presentes les ha dicho alguna vez un profesional sanitario que no cojan a su hijo en brazos? ¿Y cuántas veces les han dicho que pongan tapones de seguridad a los enchufes para que el niño no meta los dedos? Parece que el mayor peligro que corre un bebé es que lo cojan en brazos. Insisten más en eso que en que le vacunen.

Respecto a la alimentación, defiende que no hay que obligarles a los niños a comer.

Jamás.

¿Por qué?

Porque es innecesario, contraproducente y peligroso. Innecesario porque todos los niños comen lo que necesitan. Contraproducente, porque la mayoría de los niños lo que hacen es enfadarse muchísimo y comer todavía menos. Y peligroso porque algunos pobrecitos son tan buenas personas que si ven que sus padres insisten, por no llevarles la contraria comen de más, y en este momento tenemos una epidemia de obesidad infantil en España. Y la obesidad infantil es debida a que los niños comen demasiado, no tiene otra explicación.

¿Queremos que coman como adultos?

Mucho más que adultos, porque la típica papilla infantil que se da a bebés de seis meses, de media pera, media naranja, media manzana y cuando viene la abuela una galleta María, eso se lo dan a niños de seis kilos. Es decir, yo tendría que comer doce veces esa cantidad. ¡A ver cómo me como yo seis peras, seis naranjas, seis manzanas y doce galletas María!

Sí defiende que se les acostumbre a comer de todo.

Que se les ofrezca la comida normal de la familia, que es el objetivo, que vaya aprendiendo a comer normal. Luego te encuentras a muchos padres que se quejan de que niños de dos y tres años solo comen triturado. Es que había que empezar mucho antes, si no se les pasa las ganas, los niños a los seis, los ocho y los nueve meses están deseando llevarse a la boca comida normal. A los bebés les encanta probar de todo, de hecho se comen hasta las llaves del coche.

Considera que dar el pecho es mano de santo, vale para todo.

Para casi todo. Los niños no siempre lloran por hambre, no siempre que piden el pecho es por hambre. El pecho va bien para cuando se despierta por la noche, está despierto y no sabe por qué.

¿Hay que dárselo a demanda y el tiempo que quiera?

El tiempo que madre e hijo quieran. Lo importante es que cada cual pueda decidir, porque en esto hay un poco de discriminación, porque hay madres que deciden dar el pecho y hay madres que deciden dar el biberón, cada una toma sus decisiones. Pero nunca he oído a una madre que intente dar el biberón y fracase, ni que el médico le dijera: "No hay que ser fanáticos, si rechaza el biberón dale el pecho que también se cría".

Pero es más fácil compaginar el biberón que el pecho cuando la mujer trabaja.

Sí, pero es que llevamos una vida un poco arrastrada. Tradicionalmente siempre se ha dicho que trabajabas para dar de comer a tus hijos, y ahora resulta que dejas a tus hijos para irte a trabajar. Si lo importante en esta vida es cuidar a nuestros hijos, todo lo demás está supeditado a eso.

Ese recado también irá destinado a los padres.

Claro, a todo el mundo. Y así ha sido siempre, en la Edad Media un campesino no decía: trabajo para hacerme rico o trabajo para realizarme como persona, sino para darle de comer a los hijos. Ahora parece que trabajar es un bien en sí mismo y, si nos sobra tiempo, cuidamos al niño.

Dice que acostumbrar a los niños a un horario no tiene ninguna ventaja.

No, y además sería un serio problema, porque si lo acostumbras a desayunar a las siete, ¿qué pasa el domingo? Tú quieres que el domingo desayune a las 9.30. El otro día me contó una madre que en la guardería donde iba a llevar a su hijo un mes más tarde le dijo la directora: "Es muy importante que los niños tengan un horario fijo". Y la madre respondió: "Sí, eso ya lo hago bien porque mi hijo siempre come a las dos". "Ah, no, pues eso lo tienes que cambiar porque aquí se come a la una".

Así que el horario es bueno para el que lo pone, no para el niño.

Claro. Si fuera tan importante el horario del niño, se acomodaría la guardería en lugar del pequeño.

Tampoco cree en la teoría de que si el bebé duerme mal es porque está mal criado.

No, salvo en el sentido que se considere malcriar. Pegar bofetones es criarlo mal. Abandonar a un niño, no hacerle caso, es malcriar. Un niño al que por la noche no hacen caso, no consuelan y no atienden pues es posible que duerma mal. Un bebé se despierta cada dos horas para comprobar si su mamá está. Si es así, se vuelve a dormir, y si no, llora hasta que mamá viene.

¿Está diciendo que el método Estivill, basado en dejar llorar al niño es un caso de maltrato?

No maltrato en el sentido de pegar o hacer daño, pero no está bien. No me gustaría que me tratasen así. Imagina que estás en el hospital con una pierna enyesada, llamas al timbre y la enfermera no viene. Se asoma a la puerta y te dice: es de noche, tienes que dormir de un tirón, adiós. Pues no dirías que en ese hospital te tratan bien.

Pero si el enfermo es un pesado que no para de tocar al timbre para llamar la atención... ¿o no hay bebés así?

Es que a los bebés sí les pasa algo. A un niño que está llorando lo coges en brazos, le dices unas cuantas cositas y se calma.

Caso práctico: mi hijo de cinco años viene a las cuatro de la madrugada a nuestra cama. ¿Qué hacemos?

Nada, salvo un hueco. Es lo más cómodo que se me ocurre.

A él también le parece lo más cómodo.

¿Qué otras soluciones hay? Irse a dormir con él requiere más esfuerzo. A los padres les han hecho muy difícil el sueño de los niños. Nuestros abuelos ni se lo planteaban, ha empezado a ser un problema cuando los padres han considerado que es obligatorio que duerman en otra habitación.

¿Ustedes qué opinan? ¿Sus hijos comen las cantidades que "recomienda el pediatra"?

A mí me parecen exageradísimas. Carlos González aquí sólo menciona el ejemplo de las frutas, pero pasados los 12 meses, cuando ya comen carne, pollo, pescado y huevos; la lista se va engrosando significativamente. Yo me pregunto cómo le puede caber a un niño 2 huevos a la semana, encima de los 40 gramos de pescado, carne o pollo en el almuerzo y la cena, que van acompañados de verduras, y arroz o pasta (eso  para los padres que no les meten un yogurt infantil encima :S Esto además de dos meriendas y el desayuno y luego ¿dónde entra la teta a demanda hasta los dos años?

Por otro lado la literatura más a favor de la lactancia materna, y más acorde con las recomendaciones de la OMS, corroboran que la leche materna entre los 12 y 24 meses de edad aporta el 40% de los nutrientes requeridos para el desarrollo del niño. Esta literatura aconseja también que la alimentación complementaria no substituya una toma de pecho; es decir ofrecerle comida al niño, sin negarle la teta si la pide antes de comer. Creo que es un tema complicado.

Personalmente creo en el apetito biológico del niño, sobre todo cuando es un niño que no ve televisión. A mi parecer la publicidad ejerce una influencia fuerte sobre nuestro apetito, condicionándonos a buscar alimentos convenientes y poco nutritivos, a través de mensajes subliminales e imágenes irreales. Por eso opino que un niño que no está sometido a esta programación, sabrá elegir adecuadamente lo que su cuerpo necesita, siempre y cuando le ofrezcamos opciones nutritivas.

Acerca del tema de la alimentación, existe un libro de este mismo autor titulado: "Mi Niño No Me Come", que les recomiendo ampliamente.

Este artículo pertenece a la mini-colección de entrevistas a Carlos González. Las demás entrevistas pueden leerse en los siguientes vínculos:

Carlos González: "Deberemos cambiar totalmente nuestro sistema productivo"

Carlos González: "Ahora los niños sufren una gran presión"

Carlos González: "Criar a un hijo exige más cariño y menos instrucciones"

Carlos González: "A la mujer se la ha engañado con la liberación"

Carlos González: "Hoy exigimos más a los niños y les damos muy poco"

Foto © Jamie Grill/Corbis



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