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lunes, 23 de junio de 2014

Cuidados al recién nacido en el periodo de transición



Resumen
Se define como “período de transición” el proceso que sucede entre el nacimiento de un recién nacido y las primeras horas de vida. Se caracteriza por cambios muy importantes que surgen, fundamentalmente, como resultado del paso de la dependencia materna del feto, a la independencia en la vida neonatal.
La valoración de enfermería en el período de transición de la vida fetal a la neonatal resulta indispensable para la detección precoz de signos de mala adaptación. Este artículo revisa algunos conceptos de fisiología de la adaptación de los distintos sistemas, los signos de alarma y los cuidados apropiados para favorecer la estabilidad cardiorrespiratoria, térmica, nutricional, metabólica, renal y neurológica del recién nacido.

El período inmediatamente posterior al nacimiento representa uno de los momentos más complicados e inestables en el ciclo de la vida humana. De la dependencia materna, el recién nacido debe adaptar sea un medio completamente distinto al ambiente intrauterino e independizarse de la relación fisiológica que mantenía con su madre.
La gran mayoría de los recién nacidos no presentan dificultades, pero los cuidados iniciales y el ambiente adverso en la recepción pueden comprometer la estabilidad en este período.

Adaptación cardiovascular
En el proceso de adaptación neonatal, el inicio de la respiración y los cambios cardiocirculatorios son los primeros que ocurren y resultan determinantes para la sobrevida en el medio extrauterino.
La circulación fetal está estructurada para posibilitar el intercambio gaseoso a través de la placenta. Se caracteriza primordialmente por una alta resistencia vascular pulmonar (RVP) secundaria a un estado de vasoconstricción de sus arteriolas que tienen bien desarrollada su capa muscular. La circulación sistémica cuenta con la circulación placentaria, sector de muy baja resistencia vascular.
El sistema cardiovascular fetal está diseñado de tal manera que la sangre con mayor nivel de oxigenación se transfiere preferentemente de la placenta al cerebro y al corazón, al tiempo que es desviada delos pulmones.
En el feto, los ventrículos constituyen un circuito en paralelo, a diferencia del circuito en serie del recién nacido.
Luego de la oxigenación en la placenta, en los espacios intervellosos la sangre fetal sale por la vena umbilical, hacia el hígado.
Alrededor de un 50% a 60% de esta sangre no ingresa al hígado, sino que saltea la circulación hepática a través del ductus venoso, que ingresa en la vena cava inferior.
La sangre carbooxigenada que proviene del hígado también desemboca en la vena cava inferior, pero circulan paralelamente sin mezclarse con el objetivo de mantener la PO2. Desde la vena cava inferior, la sangre alcanza la aurícula derecha, y allí toma dos direcciones. Casi la totalidad de la sangre se dirige hacia la aurícula izquierda, a través del foramen oval. Esta dirección que adopta el flujo sanguíneo es consecuencia de la alta presión en la aurícula derecha y el ventrículo derecho.
De la aurícula izquierda, la sangre pasa al ventrículo izquierdo y a la arteria aorta, que lleva la sangre a todos los órganos del feto. Esta es sangre con una PO2 más alta que en el resto de la circulación fetal, ya que va a irrigar a través de las arterias carótidas el cerebro, además de miocardio, riñones e intestino. Finalmente, la sangre es recogida y devuelta a la placenta a través de las arterias ilíacas, desde donde salen las dos arterias umbilicales. La otra pequeña proporción de sangre toma otra dirección: pasa a través de la válvula tricúspide al ventrículo derecho, para desde aquí ser expulsada del corazón, a través de las arterias pulmonares.
En los pulmones sólo ingresa una pequeña cantidad de flujo sanguíneo, con el objeto de perfundir el parénquima pulmonar, pues están en situación de vasoconstricción; y el resto del flujo sanguíneo se deriva a través del conducto arterioso, a la arteria aorta descendente y, de allí, por las arterias umbilicales a la placenta a oxigenarse.
En el nacimiento, al clampear el cordón umbilical, se elimina la circulación placentaria de baja presión, con lo que aumenta la resistencia vascular sistémica. La sangre de la aurícula derecha fluye hacia el ventrículo derecho y de allí a los pulmones, pues se encuentran con menor resistencia a este nivel. Durante los primeros días de vida se cierran los vasos y orificios propios de la circulación fetal: conducto venoso, foramen oval y conducto arterioso.
Otro aspecto de la adaptación cardiovasculares la evaluación de la variabilidad dela frecuencia cardiaca. Durante el trabajo de parto, la frecuencia cardiaca fetal en respuesta a las contracciones es un método de valoración sobre el estado del feto que anticipa si el parto será de alto o bajo riesgo.
La frecuencia cardiaca es el resultado de una variedad de factores que incluyen el ritmo del nódulo sinusal, la conducción intracardiaca, la influencia del sistema simpático y parasimpático, y la concentración de catecolaminas circulantes.
La variabilidad en la frecuencia cardiaca fetal está afectada por numerosos factores tales como el sueño fetal, los movimientos respiratorios fetales, las contracciones uterinas, la medicación que haya recibido la madre, la prematurez, hipoxia y acidosis.
Inmediatamente después del nacimiento la frecuencia cardiaca está aproximadamente entre 160 y 180 latidos por minuto, y comienza a descender después de los 30 minutos de vida. Las fluctuaciones en la frecuencia cardiaca y en la tensión arterial están relacionados con los cambios de conducta del recién nacido. Ante movimientos y llanto, la frecuencia cardiaca aumenta. En las horas siguientes, la frecuencia cardiaca disminuye a valores entre 120 y 140 latidos por minuto.

Adaptación respiratoria
Durante el período fetal los pulmones no son funcionantes y la sangre del feto se oxigena en la placenta, llevada hasta allí por las arterias umbilicales. El pulmón fetal está expandido en el útero, pero los sacos aéreos potenciales, los alvéolos, están llenos de líquido en vez de aire. Estas arterias se capilarizan en la placenta y, a través de ella, intercambian oxígeno y nutrientes con la sangre materna. La sangre vuelve al feto por la vena umbilical, que lleva entonces sangre arterial.
Al momento del nacimiento, lo primero que ocurre es la disminución de las presiones pulmonares debidas a la expansión mecánica de los pulmones y a la elevación arterial de la presión parcial de oxígeno, como consecuencia de la respiración del recién nacido. Luego de la desconexión dela placenta, el recién nacido dependerá de los pulmones como única fuente de oxigenación.
En pocos segundos los pulmones se llenarán de oxígeno, y los vasos sanguíneos del pulmón deberán relajarse para perfundir al alvéolo, absorber el oxígeno, transportarlo y distribuirlo al resto del organismo.
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