Resumen
Se define como “período de transición” el
proceso que sucede entre el nacimiento de un recién nacido y las primeras horas
de vida. Se caracteriza por cambios muy importantes que surgen, fundamentalmente,
como resultado del paso de la dependencia materna del feto, a la independencia
en la vida neonatal.
La valoración de enfermería en el período
de transición de la vida fetal a la neonatal resulta indispensable para la
detección precoz de signos de mala adaptación. Este artículo revisa algunos
conceptos de fisiología de la adaptación de los distintos sistemas, los signos
de alarma y los cuidados apropiados para favorecer la estabilidad
cardiorrespiratoria, térmica, nutricional, metabólica, renal y neurológica del
recién nacido.
El período inmediatamente posterior al
nacimiento representa uno de los momentos más complicados e inestables en el
ciclo de la vida humana. De la dependencia materna, el recién nacido debe
adaptar sea un medio completamente distinto al ambiente intrauterino e independizarse
de la relación fisiológica que mantenía con su madre.
La gran mayoría de los recién nacidos no
presentan dificultades, pero los cuidados iniciales y el ambiente adverso en la
recepción pueden comprometer la estabilidad en este período.
Adaptación
cardiovascular
En el proceso de adaptación neonatal, el
inicio de la respiración y los cambios cardiocirculatorios son los primeros que
ocurren y resultan determinantes para la sobrevida en el medio extrauterino.
La circulación fetal está estructurada
para posibilitar el intercambio gaseoso a través de la placenta. Se caracteriza
primordialmente por una alta resistencia vascular pulmonar (RVP) secundaria a
un estado de vasoconstricción de sus arteriolas que tienen bien desarrollada su
capa muscular. La circulación sistémica cuenta con la circulación placentaria,
sector de muy baja resistencia vascular.
El sistema cardiovascular fetal está
diseñado de tal manera que la sangre con mayor nivel de oxigenación se transfiere
preferentemente de la placenta al cerebro y al corazón, al tiempo que es
desviada delos pulmones.
En el feto, los ventrículos constituyen
un circuito en paralelo, a diferencia del circuito en serie del recién nacido.
Luego de la oxigenación en la placenta,
en los espacios intervellosos la sangre fetal sale por la vena umbilical, hacia
el hígado.
Alrededor de un 50% a 60% de esta sangre no
ingresa al hígado, sino que saltea la circulación hepática a través del ductus venoso,
que ingresa en la vena cava inferior.
La sangre carbooxigenada que proviene del
hígado también desemboca en la vena cava inferior, pero circulan paralelamente sin
mezclarse con el objetivo de mantener la PO2. Desde la vena cava inferior, la
sangre alcanza la aurícula derecha, y allí toma dos direcciones. Casi la
totalidad de la sangre se dirige hacia la aurícula izquierda, a través del
foramen oval. Esta dirección que adopta el flujo sanguíneo es consecuencia de
la alta presión en la aurícula derecha y el ventrículo derecho.
De la aurícula izquierda, la sangre pasa
al ventrículo izquierdo y a la arteria aorta, que lleva la sangre a todos los
órganos del feto. Esta es sangre con una PO2 más alta que en el resto de la
circulación fetal, ya que va a irrigar a través de las arterias carótidas el
cerebro, además de miocardio, riñones e intestino. Finalmente, la sangre es
recogida y devuelta a la placenta a través de las arterias ilíacas, desde donde
salen las dos arterias umbilicales. La otra pequeña proporción
de sangre toma otra dirección: pasa a través de la válvula tricúspide al
ventrículo derecho, para desde aquí ser expulsada del corazón, a través de las
arterias pulmonares.
En los pulmones sólo ingresa una pequeña cantidad
de flujo sanguíneo, con el objeto de perfundir el parénquima pulmonar, pues están
en situación de vasoconstricción; y el resto del flujo sanguíneo se deriva a través
del conducto arterioso, a la arteria aorta descendente y, de allí, por las
arterias umbilicales a la placenta a oxigenarse.
En el nacimiento, al clampear el cordón umbilical,
se elimina la circulación placentaria de baja presión, con lo que aumenta la
resistencia vascular sistémica. La sangre de la aurícula derecha fluye hacia el
ventrículo derecho y de allí a los pulmones, pues se
encuentran con menor resistencia a este nivel. Durante los primeros días de vida
se cierran los vasos y orificios propios de la circulación fetal: conducto
venoso, foramen oval y conducto arterioso.
Otro aspecto de la adaptación
cardiovasculares la evaluación de la variabilidad dela frecuencia cardiaca.
Durante el trabajo de parto, la frecuencia cardiaca fetal en respuesta a las
contracciones es un método de valoración sobre el estado del feto que anticipa si
el parto será de alto o bajo riesgo.
La frecuencia cardiaca es el resultado de
una variedad de factores que incluyen el ritmo del nódulo sinusal, la
conducción intracardiaca, la influencia del sistema simpático y parasimpático,
y la concentración de catecolaminas circulantes.
La variabilidad en la frecuencia cardiaca
fetal está afectada por numerosos factores tales como el sueño fetal, los
movimientos respiratorios fetales, las contracciones uterinas, la medicación
que haya recibido la madre, la prematurez, hipoxia y acidosis.
Inmediatamente después del nacimiento la
frecuencia cardiaca está aproximadamente entre 160 y 180 latidos por minuto, y
comienza a descender después de los 30 minutos de vida. Las fluctuaciones en la
frecuencia cardiaca y en la tensión arterial están relacionados con los cambios
de conducta del recién nacido. Ante movimientos y llanto, la frecuencia
cardiaca aumenta. En las horas siguientes, la frecuencia cardiaca disminuye a
valores entre 120 y 140 latidos por minuto.
Adaptación
respiratoria
Durante el período fetal los pulmones no son
funcionantes y la sangre del feto se oxigena en la placenta, llevada hasta allí
por las arterias umbilicales. El pulmón fetal está expandido en el útero, pero
los sacos aéreos potenciales, los alvéolos, están llenos de líquido en vez de
aire. Estas arterias se capilarizan en la placenta y, a través de ella, intercambian
oxígeno y nutrientes con la sangre materna. La sangre vuelve al feto por la
vena umbilical, que lleva entonces sangre arterial.
Al momento del nacimiento, lo primero que
ocurre es la disminución de las presiones pulmonares debidas a la expansión mecánica
de los pulmones y a la elevación arterial de la presión parcial de oxígeno, como
consecuencia de la respiración del recién nacido. Luego de la desconexión dela
placenta, el recién nacido dependerá de los pulmones como única fuente de
oxigenación.
En pocos segundos los pulmones se
llenarán de oxígeno, y los vasos sanguíneos del pulmón deberán relajarse para perfundir
al alvéolo, absorber el oxígeno, transportarlo y distribuirlo al resto del
organismo.
