viernes, 7 de febrero de 2014

De las aves que vuelan me gusta...

Domingo 01 de diciembre de 2013 | Publicado en edición impresa
Ciencia a lo loco
En mi balcón una paloma torcaza empolla sus huevos
En general son los pajaritos los que cantan para seducir a las pajaritas, quienes, como casi siempre, son las que eligen con quién compartir nido, huevos, lombrices y pichones
Por Diego Golombek  | LA NACION
   
Ya se sabe: hay otros mundos, y están en éste o, mejor dicho, sobre éste. Porque esas máquinas voladoras que vienen a nuestras plazas, nuestros balcones, nuestras playas y nuestros árboles son verdaderas maravillas de la naturaleza. Empecemos por lo más obvio: cantan, como buenos zorzales de París o del Abasto, pero con cantos que pueden ser considerados como frases, con sus sílabas, sus temas, sus aprendizajes. Como todo bicho que camina (o vuele, o nade), en general son los pajaritos los que cantan para levantarse a las pajaritas, quienes, como casi siempre, son las que eligen con quién compartir nido, huevos, lombrices y pichones. Investigaciones como las de Gabriel Mindlin, un físico de la Universidad de Buenos Aires, nos muestran cómo muchas de estas aves aprenden de un maestro y van perfeccionando su canto hasta poder competir en mercado pajaril. Y por si fuera poco, en algunas especies este canto cambia de temporada a temporada (de hecho, fue esa observación la que llevó al argentino Fernando Nottebohm, de la Universidad Rockefeller, a postular que debieran formarse nuevas neuronas en el cerebro de los pajaritos con sus nuevos cantares, toda una herejía que, una vez demostrada, fue la base del estudio de la neurogénesis, un área importantísima de investigación hoy en día).

Pero cantar no lo es todo: también hay que mirar el mundo, sobre todo cuando se trata de dos ojos bien a los costados de la cabeza, que curiosamente pueden tener funciones distintas. En pollos recién nacidos, por ejemplo, el ojo derecho tiende a usarse más para buscar comida, mientras que el izquierdo se encarga de mirar el horizonte en busca de posibles peligros (esto parece tener que ver con qué ojo ve primero la luz al salir del huevo). Y si la luz no alcanza, hay aves capaces de ecolocalizar, emitiendo sonidos y orientándose por los ecos, de forma similar a los murciélagos (que, claro, de aves no tienen nada). Pero también hay campeones de la vista lejana, como las rapaces que desde allá arriba descubren al mísero ratón corriendo por el desierto.

Si mirar no alcanza, ¿por qué no tocar un poco? Al menos a eso se dedican los patos, que en la punta del pico tienen estructuras conectadas a receptores de tacto, que funcionan como dedos para probar la textura de lo que pueda ser comido (o, en el mejor de los casos, de áreas similares en una pata, sí, como una especie de beso patero). Por supuesto, aunque a veces no estén tan desarrollados como en otros grupos, las aves también tienen sentidos de gusto y olfato, y hasta pueden ser verdaderos gourmands a la hora de elegir el menú.

Pero si en algo se destacan estos bichos volantes es en su capacidad de orientación: las aves migradoras recorren enormes distancias y llegan exactamente donde quieren llegar, año a año y temporada a temporada. Diversos experimentos -incluyendo algunos realizados en planetarios- demuestran que pueden orientarse por el sol y las estrellas. Hay más sorpresas: hay aves que tienen algo así como imanes en la cabeza (sí, cristales de magnetita) con los que pueden orientarse de acuerdo al magnetismo terrestre. Otra que un GPS en el parabrisas: mejor tener una brújula dentro del cuerpo.

¿Alguna vez vieron una gaviota estornudar en la playa? Miren con más atención: cada tanto, estas aves van a agitar de forma bastante brusca sus picos y liberar una especie de moco blancuzco. No, no es moco: es sal. Igual que nosotros, una función primordial del cuerpo de las aves es regular la cantidad de sodio que tengan en la sangre, más aún si por largas temporadas lo único que hay para tomar es agua de mar. Tanto sodio se tienen que sacar de encima que a veces es necesario expelerlo a través de un órgano especializado, la glándula de la sal, que tiene una salida al mundo a través de agujeros en la base del pico (de ahí los supuestos estornudos).

Ver, oír, sentir. ¿cosas de pajaritos? Sí, tanto como la monogamia, ya que el de las aves es uno de los grupos con mayor índice de fidelidad y crianza conjunta entre los animales. Muchas se quedan en pareja por toda la vida. Y eso que pueden volar cuando quieran.

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