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martes, 10 de junio de 2014

Florencio Escardó Pediatra








« Los niños son anarquistas. Y por lo tanto antisociales. Practican un individualismo atroz. Exigen una madre para cada uno. Como no están agremiados recurren a extremos como la huelga de hambre. Y a deshonestidades, como la trata de abuelas. Algunos agitadores profesionales exigen para ellos leche barata. Pero a los chicos, de la leche, lo que más les interesa es el envase. Por eso, prefieren la humana. »

Piolín de Macramé 
Dr Florencio Escardó Pediatra (1904-1992)



jueves, 27 de septiembre de 2012

LA MEJOR PACIENTE ES LA QUE MAS SABE


Martín Attié, 37, médico ginecólogo, especialista en obstetricia y fertilidad, aceptó responder al cuestionario de Las/12, cosa que no sucedió con otros varones profesionales del ramo, que prefirieron abstenerse. Quizás la edad y el enfoque democrático –no tan frecuente entre sus colegas– del doctor Attié expliquen por qué accedió sin vueltas a esta entrevista. “Desde la Facultad, yo absorbí enseñanzas sobre la importancia de la relación médico-paciente, ni por arriba ni por debajo, en fin, lo que debería darse en cualquier relación humana, no puedo hablar de otras época ni por el resto de los médicos, pero para mí eso fue parte de mi formación académica, a la que se incorporaron en los 90, y aun antes, materias que aportaban a esa cuestión. Para mí es obvio que todo paciente tiene derecho a entender lo que le está pasando, las razones del tratamiento, Por otra parte, hay que decir que más que rebelarse, como suele comentarse livianamente, hoy los pacientes están teniendo una evolución, muchos exigen la mayor información, dan su opinión. Esto es bueno, pero yo creo que aunque esa demanda no exista, igualmente hay que darles todas las explicaciones. Porque, en ginecología por ejemplo, hay todavía muchas pacientes que tienen creencias equivocadas, como que el Papanicolau sirve para detectar cáncer de ovario... Creo que esos errores de información que se instalan tienen que ver con la falta de educación sexual. Yo no la tuve en el colegio, y hasta que empecé a estudiar ginecología, no sabía bien qué era una pastilla anticonceptiva. Ni hablar de cómo eran las cosas para atrás.”

¿Se advierte este cambio de mentalidad en médicos y médicas más jóvenes?

–Creo que sí: en general, no es lo misma la consulta con un médico de 30, 40 años, que con uno de más de ‘60, que puede tener más fácilmente esa actitud de subirse a un lugar de omnipotencia, decidir por la paciente. En lo personal, por el contrario, creo que cuanto más sabe la paciente, más me facilita el trabajo. Una mujer que conoce las ventajas de controlarse, ciertos mecanismos, no va a caer en las pavadas que dice una cadena de mails. No te podría enumerar la cantidad de consultas que generan esas cadenas que siembran preocupaciones infundadas. Creo que la nuestra es una generación bisagra, porque la de nuestros padres, al carecer de mucho elemento diagnóstico, estaba influida por los mitos que circulaban de boca en boca. Hoy en ginecología y obstetricia trabajamos con un montón de estudios complementarios que pulverizan aquellas creencias. Pero también la paciente tiene que hacerse cargo cuando no recibe información básica: encuentro mujeres que van por su segundo o tercer embarazo y que no tienen idea clara de por qué fueron sometidas a una cesárea. Y te estoy hablando de clase media, clase media alta. “Pero ¿vos no preguntaste?”, les insisto. “No”, me responden. Sentiría como un fracaso que alguien operado por mí dijese que no sabe por qué lo hice. Pensaría que ahí fallé como médico. Debo aclararte que creo que creo que el médico cura más con la palabra, con la contención, que con un acto médico en sí. Y te podría citar montones de ejemplos para corroborar esta afirmación. Aunque la medicina que se está practicando en la Argentina hoy, mal remunerada, falta de tiempo, no propicia este encuentro.

¿Por qué elegiste especializarte en ginecología y obstetricia?

–Mi padre es pediatra y yo pensaba seguir ese camino. En mi último año de formación se había introducido lo que se llamó internado rotario: un año por el que vas por rotando las cuatro especialices principales. Mi última rotación fue Pediatría. Y el primer día que entré en la sala de internación pediátrica, me asignaron un residente para que lo ayudara y tuve que agarrarle el brazo a un chico que empezó a gritar, me di cuenta de que eso no era para mí. Como me había gustado muchísimo un parto acuático que había visto en el hospital, hecho por Gustavo Katz, ese recuerdo me decidió, aunque también me interesaba la parte quirúrgica, pero me parecía que le faltaba la relación médico-paciente. Entonces, me decidí por estas especialidades que lo reunían todo. Por supuesto que durante la formación, uno idealiza mucho la profesión y después la práctica te trae a la cruda realidad. Me recibí en el ‘96, hice residencia, llevo siete años de práctica y debo decir que he tenido mucha suerte en cuanto a oportunidades.

Cuando hacías la residencia, ¿te chocaban algunas prácticas de los hospitales, donde no se tiene en cuenta el pudor medio de las mujeres, su estado de ánimo, el derecho a decidir?

–Tengo que reconocer que en el hospital donde yo estuve eran particularmente cuidadosos, sobre todo en el caso de adolescentes. Siempre explicando antes lo que se iba a hacer, no actuando nunca directamente. Personalmente, no concibo que sea de otra manera, me parecería francamente violento. Seguramente, existe esa forma de trato, pero en este hospital, aunque faltara el camisolín, se trataba de respetar el pudor aunque fuese con la ropa que traía puesta la paciente, nunca exponerla desnuda, más allá del grado de pudor que demostrara.

No se trata sólo de la desnudez en la revisación: un tacto no deja de ser una forma de penetración, por más justificado que esté.

–No hace falta decir que el médico debe disociar y tranquilizar a la paciente, crear un clima que la distienda. Si es el primer Pap, explicarle en qué consiste el espéculo, que no le va a doler, que cuanto más se afloje, mejor. Si es su primera experiencia realizada de esta manera, incidirá para que lo siga haciendo regularmente en su propio beneficio. Obviamente, no se trata de ninguna concesión, todo esto forma parte de los derechos de la paciente. Por otra parte, cuando yo tenga 50, aunque ahora hay otros métodos, quizás me tenga que hacer un tacto rectal por año por el tema del cáncer de próstata, y no me divierte la idea...

¿Frente a la necesidad de un tratamiento quirúrgico tu conducta es la misma?

–Al menos en mi caso, cuando indico un tratamiento quirúrgico es porque no hay otra alternativa, porque he descartado otros procedimientos menos invasivos. La decisión depende de muchos factores, entre los cuales puede figurar la edad de la mujer. Si se trata de una paciente de 35 que está en el tercer quiste, hay que buscarle la vuelta para que no se sigan recidivando, porque sacar el ovario es negarle otras posibilidades. Yo sé que hay cosas equivalentes que no me gustaría que me las hicieran a mí, entonces trato de darle a la paciente la mayor cantidad de herramientas para que pueda elegir. Si le doy pocas herramientas, la estoy induciendo, diciéndole indirectamente lo que tiene que hacer. Y eso no está bien.

¿Cómo te llevás con toda esa mitología teñida de cierto morbo que ronda la ginecología, los lugares comunes picarescos?

–Existen esos mitos, es cierto, y tengo algunas respuestas preparadas para esos chistes, respuestas que remiten a cuál debe ser la actitud del médico en cualquier especialidad. Por supuesto, como en otras profesiones, ha habido y hay abusos, incluso casos graves que han salido en los diarios. Así como también hay curas que han violado a seminaristas o a alumnos. Obviamente, se trata de gente perversa que hace cosas penadas por la ley. Creo que en Perú hubo un ginecólogo que dormía a las pacientes y las violaba. Según la información que manejo, son excepciones. Te aclaro que otras formas de abuso en el consultorio, que se podrían considerar menores, para mí están en el mismo nivel moral. En cuanto al trato de tipo más autoritario, como te decía antes, me parece reprobable y poco fructífero, pero también hay que decir que a veces es aceptado por algunas pacientes que no cambian, pudiendo elegir. O sea que es algo bilateral.

Por tu especialización, solo atendés mujeres. ¿Te interesan además como personas?

–Totalmente, creo que son tan interesantes como los hombres, hasta te diría que no hago una división tajante entre varones y mujeres, más allá de los datos biológicos. También esto se debe a que ellos y ellas han ido cambiando, han intercambiado cualidades en décadas recientes. Me parece un anacronismo inaceptable creer que la mujer vale menos que el hombre, aunque no voy a negar que el sexismo sigue existiendo. Tengo dos hijas, a mi mujer, una gata y una perra. Para mis hijas, deseo que sean lo más libres posible, para lo cual el conocimiento es una buena herramienta que se puede aplicar a muchas cosas, incluso, claro, a la elección de un tratamiento médico.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Con capacitación, reducen 30% la mortalidad en recién nacidos

Estudio internacional / La Argentina participó de una evaluación
Con capacitación, reducen 30% la mortalidad en recién nacidos
Consiste en enseñar cuidados neonatales esenciales a parteras, médicos y enfermeras
Sebastián A. Ríos
LA NACION
Un programa que enseña a parteras, enfermeras, médicos y otros agentes sanitarios a brindar cuidados esenciales a los recién nacidos -como, por ejemplo, medidas básicas de reanimación pulmonar- ha demostrado que es capaz de reducir 30% la mortalidad. La puesta en práctica de este programa que demanda tan sólo de 3 a 4 días de capacitación en forma de taller podría evitar un millón de muertes perinatales al año. Del total, el 98% ocurre en países en desarrollo.
"Las principales causas de mortalidad perinatal en nuestro país son la asfixia y el bajo peso al nacer, y es por eso que queríamos averiguar si brindando un entrenamiento a médicos no especialistas en pediatría o neonatología, a parteras y agentes sanitarios de zonas rurales ayudábamos a reducir la mortalidad por estas causas", dijo a LA NACION el doctor Fernando Althabe, director del Departamento de Investigación en Salud de la Madre y el Niño, del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS).
Althabe coordinó, junto con el doctor Edgardo Szyld, el estudio que, con el financiamiento de la Fundación Bill y Melinda Gates y el patrocinio del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos, comparó la efectividad de dos programas de entrenamiento en cuidados esenciales para recién nacidos en seis países (la Argentina, la República Democrática del Congo, Guatemala, la India, Paquistán y Zambia), lo que demandó el monitoreo de 120.000 nacimientos.
Las conclusiones del estudio, que acaban de ser publicadas en la revista The New England Journal of Medicine , muestran que el más sencillo y menos especializado de los dos -el de la OMS- es también el más efectivo para ser impartido entre el personal de salud que atiende partos fuera de hospitales que cuentan con infraestructura y personal especializado para la atención perinatal.
"En la Argentina, la mitad de los nacimientos se da fuera de las grandes ciudades -comentó el doctor Althabe, profesor adjunto de salud pública de la Universidad de Buenos Aires-, y de éstos aproximadamente la mitad no son atendidos rutinariamente por neonatólogos o médicos entrenados en técnicas de reanimación."
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