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martes, 24 de diciembre de 2013

Nació Emilia, una beba que hace historia

16 de enero de 2013
Esta nueva familia formó parte de mi atención en el trabajo 
el sábado y domingo pasado, una felicidad atender a Juliana,
 sobre todo porque sé que la pude ayudar!!! 
Gracias Juliana por tus palabras!!!


Emilia parece sonreír en brazos de Juliana y Gerardo,
sus orgullosos padres. Foto: LA NACION / Maxie Amena

Por primera vez, logran llevar a término un embarazo obtenido por técnicas de reproducción asistida de alta complejidad después de un trasplante cardíaco; Juliana, la mamá, había recibido el corazón donado hace trece años
Por Fabiola Czubaj  | LA NACION

La voz de Juliana es de pura felicidad. Y se sonríe al borde de un risa corta durante toda la charla. Tiene en brazos a Emilia, que desde el jueves pasado no deja de provocar elogios del equipo médico que la recibió en la maternidad del Cemic y de todos los que ya vieron su foto de presentación en sociedad que sus papás subieron a Facebook.

La alegría de Juliana no es sólo porque a los 39 años cumplió el sueño que persiguieron con Gerardo, su marido, de ser padres. La llegada de su beba es el mejor regalo que pudo recibir a pocos meses de cumplir 13 años con un corazón trasplantado que, a los 26, le quitó súbitamente un 75% de probabilidades de poder ser mamá. Sin embargo, y como se lo dicen sus amigos y familiares, ¡lo logró! Algo inédito: no hay descripción en la literatura médica de otro nacimiento por fertilización asistida de una mamá trasplantada.

La beba, que nació a término y por cesárea para reducir todo riesgo, pesó 2580 gramos. "Hoy [por anteayer] fuimos al primer control y dejó de bajar de peso. Ya está en 2435 gramos", contó Juliana Finondo a La Nacion con la precisión que aportó la memoria de su esposo, Gerardo Tuya. "Toma la mamadera, porque no le puedo dar la teta y ¡es de lo más glotona! -dijo hablándole, en realidad, a Emilia, en sus brazos-. La tengo a upa y me derrito..."

"¡Es una muñeca!", acotó desde más lejos la abuela Pupita. Y a Juliana la emoción le quiebra la voz cuando cuenta lo tranquila que se queda Emilia en brazos de su propia mamá.

Ahora, uno de los cuidados que tiene que tener Juliana es no amamantar a la beba para no pasarle a través de la leche materna nada de los 10 medicamentos diarios que estuvo tomando desde el trasplante para evitar el rechazo del corazón y prevenir cualquier complicación, como la hipertensión, el aumento del colesterol o las infecciones. Poco a poco, su cardiólogo irá restableciendo esa batería de fármacos.

PASO A PASO

Un mes antes del tratamiento de fertilización, a la entonces futura mamá se le realizó una biopsia cardíaca y otros estudios para conocer el estado de su corazón. También tuvo que dejar de tomar las drogas que podían causar malformaciones fetales, le reemplazaron otras y le ajustaron las dosis de algunas para que pudiera tomar hormonas para estimular sus ovarios. El tratamiento hormonal fue en dosis muy bajas para evitar la retención de líquido y que el corazón tuviera que bombear más sangre.

Todas estas decisiones las tomaron en equipo los doctores Sergio Perrone, cardiólogo de cabecera de Juliana y especialista en trasplante cardíaco y pulmonar de varios centros del país; Gustavo Leguizamón, jefe de la Unidad de Embarazo de Alto Riesgo del Cemic, y los reproductólogos Ricardo James y Nicolás Paul, del área de Endocrinología y Fertilidad del Cemic, y Ramiro Quintana, director de Preservar Fertilidad, un grupo de estudio sobre pacientes oncológicas pediátricas y adultas.

A los 10 días del inicio del tratamiento, los reproductólogos pudieron aspirar tres óvulos "de calidad", a los que en el laboratorio les inyectaron espermatozoides del esposo. Esta técnica se conoce como ICSI o inyección intracitoplasmática de un espermatozoide. Y a las 48 horas, los médicos le transfirieron un embrión para evitar un embarazo gemelar, que pondría en riesgo la vida de Juliana.

En dos semanas, un test casero de embarazo y un análisis de laboratorio confirmaron la buena noticia. Pero las familias se enteraron recién con el video de la segunda ecografía. "Fue un momento muy lindo -recordó Juliana-. Tardamos en contarlo porque queríamos estar tranquilos de que todo estuviera bien."

Durante los nueve meses, su corazón "¡se portó de diez!", como dijo la flamante mamá. Cada dos o tres semanas iba a las consultas con su cardiólogo y el especialista en embarazo de alto riesgo. Perrone le detectó extrasístoles (latidos adelantados), que disminuían si se sentaba. "Era que la cabeza de la beba me hacía presión debajo del estómago cuando se estiraba", detalló Juliana, que pidió expresamente agradecer a su obra social, Ostpba, y su equipo médico.

Para Quintana, la llegada de Emilia "es algo muy importante para la medicina argentina, porque es el primer nacimiento en el mundo con estas características. Es un trabajo en equipo, pensado y cuidado paso a paso -dijo ayer a LA NACION-. Abre una posibilidad para muchas chicas y mujeres que son trasplantadas, algo cada vez más frecuente, para que si el día de mañana tienen un problema de fertilidad, podamos ofrecerles una estrategia terapéutica seria y controlada".

ÚNICO EN SU TIPO

En mayo pasado, cuando se confirmó el embarazo, James ya había adelantado a LA NACION: "No existen antecedentes aquí ni en el resto del mundo de un embarazo logrado con técnicas de fertilización asistida de alta complejidad. Sí sabemos, por ejemplo, que hay unas 50 mujeres en los Estados Unidos que quedaron embarazadas espontáneamente".

Y Perrone había recordado que, aquí, el equipo del doctor René Favaloro había publicado en los 80 el primer nacimiento por vía vaginal del bebe de una trasplantada cardíaca. "Independientemente de eso, no recomendamos que las pacientes queden embarazadas", había aclarado.

Por eso, Juliana dijo: "No puede ser una locura, sino que todo tiene que estar planeado, consensuado (entre los especialistas). No es tener un hijo y que pase lo que pase. Les digo a otras chicas que están en mi situación, que es posible quedar embarazada si todo se hace a conciencia y con los profesionales adecuados, que son los que saben".

viernes, 11 de junio de 2010

Cirugía innovadora para trasplante

Donó un riñón / En el hospital Británico de Buenos Aires
El órgano se extrajo por vía transvaginal; es la primera vez en América latina y sólo se hicieron ocho en Barcelona
Claudia, ya en su casa y con uno de sus hijos,
Tomás, tres días después de donarle un riñón a su padre
Foto: LA NACION / Hernán Zenteno
Nora Bär
LA NACION
Apenas tres días después de haber sufrido la ablación de un riñón, Claudia Sabater, madre de Tomás, de siete años, y de Sol, de tres, está de regreso con su familia. Cansada, pero feliz: inmediatamente después de que le fuera trasplantado a su padre, el órgano comenzó a funcionar y a restablecer el equilibrio de un organismo que hacía mucho tiempo dependía de la diálisis para sobrevivir.
"No habíamos salido del quirófano y él ya estaba haciendo pis -cuenta esta joven maestra jardinera de 38 años-. Además, me operé el lunes y hoy [por ayer] ya tenía el alta."
Semejante celeridad en la recuperación fue posible gracias a una técnica quirúrgica que acaba de aplicarse por primera vez en el país y en América latina, y que sólo se empleó hasta ahora en ocho pacientes operados en Barcelona.
"¿Dolor? Ninguno -dice Claudia-. Apenas habré sentido alguna molestia. ¡Ahora mismo estoy parada caminando! No tengo palabras de agradecimiento para todo el equipo de Nefrología del hospital..."
"Tradicionalmente, en los casos de trasplante a partir de un donante vivo relacionado se hacía una lumbotomía, que exigía una incisión importante en la zona lumbar -explica el doctor Marcelo Featherston, cirujano urólogo que tuvo a su cargo la intervención-. A comienzos de esta década comenzó a aplicarse la laparoscopia. Se hacían dos o tres pequeñas incisiones para hacer la resección del riñón y luego había que hacer un corte de unos cinco a ocho centímetros en la parte baja del abdomen para extraerlo. Pero igual había una incisión; igual había dolor... Nosotros ya estábamos empleando la laparoscopia para extirpar el riñón en pacientes con enfermedades renales. El problema con el trasplante es que hay un tiempo limitado entre que se «clampea» o se cierra la circulación y se libera el órgano, hasta que se enfría para poder injertarlo en el receptor. No puede superar los ocho minutos, aproximadamente."
El año pasado, en Barcelona, el doctor Antonio Alcaraz fue el primero en extirpar un riñón para donación por vía transvaginal. Los especialistas del Hospital Británico tomaron contacto con él para solicitarle algunos detalles importantes, que finalmente pudo revelarles la semana última, durante un congreso en la ciudad de San Francisco.
"Esa información, sumada a las condiciones de la paciente (ya que no se puede hacer en todos los casos), nos animó a hacerlo -comenta Featherston, que trabaja con los doctores Alejandro Nolazco, jefe del servicio de Urología, Cayetano Vallone, subjefe, y José Juan Rozanec-. Ella, por supuesto, sabía que era la primera vez que lo intentábamos y que no era algo seguro, porque lo primero que teníamos que asegurar era que el riñón funcionara..."
El papá de Claudia tiene 64 años y una larga lista de comorbilidades, además de la insuficiencia renal: es diabético, hipertenso; tiene problemas cardíacos y arteriopatía periférica [enfermedad en las arterias de las piernas].
"Discutimos mucho este caso en ateneos y en nuestro comité de ética -dice Featherston-, sobre si era correcto extirparle un riñón a una joven sana de 38 años para dárselo a un hombre con un estado general deteriorado. Hablamos sobre las ventajas y desventajas durante más de un año entre nosotros, y también con los pacientes y sus familiares. Pero cada vez que les preguntábamos, ellos nos decían que querían seguir adelante."
Claudia, cuya mamá había fallecido hace trece años, explica que su papá había empezado con diálisis hace dos años y el trasplante se presentaba como la única solución .
"Yo era compatible, pero primero tuve que hacer una dieta para bajar de peso 22 kg -cuenta-. Por suerte, aunque tengo dos hijitos, mi marido, Fernando, nunca tuvo dudas: me dijo que él lo hubiera hecho por su papá y me apoyó en todo. Ahora, se ocupa de la casa, de los chicos..."
Según Nolazco, como toda persona con un solo riñón, Claudia podrá hacer una vida totalmente normal con sólo tomar la precaución de evitar los deportes de contacto y de controlar algunos parámetros fisiológicos, como la presión.
"Creemos que esta técnica es muy superior a la cirugía convencional -afirma-, porque evitamos la incisión, con todas las posibles complicaciones, además del dolor posoperatorio."
En el Hospital Británico, la cirugía laparoscópica en urología empezó a aplicarse hace siete años. "Primero, con las nefrectomías [extirpación del riñón], que después pasaron a ser la técnica de primera elección en el mundo -detalla Nolazco-; luego hicimos la prostatectomía radical [extirpación de la próstata] y ya estamos extirpando la vejiga. O sea, tenemos un servicio bien entrenado que nos permitió enfrentar este desafío."
De cara a un nuevo futuro, Claudia, la gran protagonista, no se considera especialmente valiente: "Esta es una historia de amor mutuo -dice-. Sólo le estoy devolviendo a mi papá lo que él nos entregó a mí y a mi hermano durante todos estos años. Y un grupo extraordinario de médicos, como el doctor Mariano Forrester y Hernán Trimarchi, que tanto nos apoyaron emocional y afectivamente, lo hizo posible".
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