miércoles, 12 de junio de 2013

La crianza con apego es ancestral y no caduca

Salud al Día
2 de junio de 2013
Ese modelo busca lograr una relación de afecto seguro entre el infante y su cuidador principal, lo cual favorecerá en lo relativo a la socialización y a las emociones.



Esta filosofía de vida está íntimamente relacionada con 
la crianza respetuosa, pues toma en cuenta las demás
 necesidades, etapas y ritmos del niño.




Por Andreína Monasterio/ El Nacional Venezuela


La diatriba de cargar o no al bebé cuando llora, dejarlo dormir solo en su habitación o compartir el lecho es motivo de discusión entre padres y expertos. Es gracias a ese debate que los términos crianza con apego y crianza respetuosa resuenan en blogs, libros y redes sociales. Pero, ¿en qué consisten y qué es lo que proponen esas premisas? Todo empieza por confiar en el instinto materno y apostar por el contacto físico.

Louma Sader Bujana, venezolana radicada en España, es odontóloga y bloguera. Su mayor ocupación es ser mamá. Desde que quedó embarazada de su hijo, que nació en 2008, se ha dedicado a investigar sobre crianza respetuosa y temas relacionados. En su blog, Amor Maternal (www.amormaternal.com), dicta cursos que ayudan a las madres a manejar berrinches y a ejercer una crianza respetuosa.

Sader explica que la crianza con apego propone seguir la teoría desarrollada por John Bowlby, psicoanalista, quien concluyó que el apego emocional dependía de la cercanía de una figura -generalmente la madre- que se muestra sensible a las necesidades del niño. Ese modelo busca lograr una relación de afecto seguro entre el infante y su cuidador principal, lo cual favorecerá en lo relativo a la socialización y a las emociones.

Berna Iskandar, comunicadora, mamá, locutora y autora del blog Conoce mi mundo (www.conocemimundo.com) destaca el apego como una necesidad primaria: “somos mamíferos, primates, aunque muy sofisticados. Por lo tanto, requerimos el contacto piel con piel para sentir afecto y seguridad, sobre todo cuando somos crías completamente dependientes para sobrevivir”.

Esta filosofía de vida está íntimamente relacionada con la crianza respetuosa, pues toma en cuenta las demás necesidades, etapas y ritmos del niño. Esta se basa en cuatro aspectos fundamentales: la horizontalidad, que no es más que tratar a los niños como iguales; empatía, la capacidad de ponerse en los zapatos de los pequeños; dar respuesta inmediata a sus necesidades, e inculcar respeto hacia los límites.

Beneficios a largo plazo

Guadalupe Pérez, psicóloga clínica y terapeuta de familia, afirma que los modelos de apego y respeto empleados en la crianza evitan relaciones conflictivas en el futuro. “Se trata de algo evolutivo. Los adolescentes problemáticos suelen formarse desde la primera infancia”, señala.

La crianza con apego también favorece a la madre: la ayuda a profundizar el vínculo con su hijo y a que descubra por sí misma el modo indicado, y particular, de cuidarlo.

“También es un marco perfecto para la lactancia. La leche materna fluye mejor en la medida en que los cuerpos de mamá y bebé permanecen cerca y en sincronía”, afirma Iskandar.

La seguridad es otro de los beneficios derivados de esta práctica. “Una madre que sigue y confía en sus instintos tiene confianza en sí misma”, explica Sader.

Sobrevivir a los berrinches

El manejo respetuoso de los arrebatos de enojo en los niños es una de las cosas que más les cuesta lograr a muchas madres, especialmente si los hace en un espacio público. “Los berrinches son productos de las confusiones emocionales de los pequeños y de la falta de herramientas que tienen para manejarlas. Ellos procuran hacer valer su voluntad, poner en práctica sus criterios”, explica Iskandar.

Para que ambas partes salgan ilesas de esta situación hay que concentrarse en el sentimiento del niño y olvidar lo que puedan pensar los demás. Podemos hablar con él cuando se calme, contenerlo y sacarlo del lugar, si intenta ponerse agresivo. Cuesta mucho hacerlo por la presión social, pero, en la medida en que se comprenda cómo actuar respetuosamente, los berrinches irán disminuyendo y pasarán por sí solos.

Sader propone llegar a un acuerdo en el que se otorgue cierto poder al niño dentro de lo razonable. Debemos marcar lo que es inamovible para que podamos conversar con él en lo demás. No se obligará al niño a meterse en la ducha, por ejemplo, pero se le explicará que es necesario que lo haga y que puede leer un cuento antes o después del baño.

Pérez destaca que los padres deben estar estables emocionalmente para manejar esos momentos de tensión. Iskandar recomienda mantener una higiene emocional: tener un espacio para descargar el llanto y el estrés, hacer actividades que ayuden a drenar o tomar una ducha para dejar atrás la tensión.

Evitar el castigo físico

Los modelos de crianza respetuosa descartan el uso del castigo físico. En su lugar sugieren negociar por medio de la empatía y la coherencia. “Si yo no le daría un golpe a la cajera del supermercado por equivocarse en mi factura, ¿cómo se lo voy a dar a un hijo indefenso que depende de mí y a quien le llevo ventaja de tamaño, peso y edad?”, sentencia Sader.

Establecer los límites es un asunto de suma importancia que evitará conflictos en el futuro. Una vez que el niño adquiere habilidades tales como expresarse a través del lenguaje, socializar, comprender límites razonables y mantener algunas reglas, los padres están en la obligación de hacerles ver que la libertad de dar rienda suelta a determinados impulsos se termina cuando se daña a los demás o se pone en riesgo la propia integridad.

Iskandar afirma que eso no es más que registrar y respetar los límites connaturales de la vida y la convivencia. No se trata de ponerles límites a los hijos, sino de ayudarles a reconocerlos y a comprender la importancia de respetarlos.

Pérez agrega que si entre los primeros tres y cinco años de vida ambos conceptos se han integrado bien todo será más fácil para la familia.

Fuente: Grupo de Diarios América-GDA/El Nacional/Venezuela

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