lunes, 23 de septiembre de 2013

Multitudinaria caminata por la detección temprana del cáncer de mama

Unas 10.000 personas se juntaron en Costanera Sur
 
Unas 10.000 personas se juntaron en Costanera Sur.
 Foto: Prensa Fundación Avon

Unas 10.000 personas participaron hoy en Buenos Aires de una caminata para fomentar el autoexamen y la detección temprana del cáncer de mama.

La actividad se realizó en la Costanera Sur con el auspicio de la Fundación Avon y el con el objetivo de concientizar a la población sobre la importancia de detectar a tiempo esta enfermedad, curable en el 98% de los casos.


Además de la marcha, se llevaron a cabo simpáticos bailes, denominados "Mama Style", "una coreografía que busca generar conciencia y salvar vidas", informaron a la agencia Télam desde la organización.

La iniciativa abarcó un trayecto de 8 kilómetros en carrera competitiva y 3 kilómetros en caminata participativa. "Estamos muy contentos con la convocatoria a la caminata y el éxito del Mama Style; invitamos a todos a compartirlo para que se conviertan en millones las mujeres que asumen el autoexamen y la detección temprana como una actividad que puede salvar su vida", dijo Silvia Zubiri, directora ejecutiva de la Fundación.
 
El Mama Style, una simpática coreografía para detectar
 a tiempo la enfermedad.
 Foto: Prensa Fundación Avo
El mamógrafo móvil donado por la entidad a la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (Lalcec), que recorrió más de 191.000 kilómetros y realizó más de 118.000 estudios, estuvo presente durante todo el evento.

Como es habitual, todo lo recaudado en la caminata fue donado a Lalcec para que el mamógrafo móvil pueda seguir su recorrido por el país y lograr que más mujeres puedan detectar a tiempo el cáncer de mama.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Fotos de talleres de 2012




                                              Regalos y materiales para el taller,
                                un bebe para practicar y Emilia mi muñeca embarazada.


Fernanda y Mariano, una pareja muy joven,
se fueron así de contentos luego del taller.





        
 Regalos y materiales para el taller,
                                un bebe para practicar y Emilia mi muñeca embarazada.


Diferentes momentos del taller al que vinieron Inés,
 con pocas semanas de embarazo que tuvo a Lucía.
Karina y Cristian una pareja muy agradable,
 que escuchó con atención y preguntó sin temor, 
tuvieron un bebe muy  lindo, llamado Danilo.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Mitad papá, mitad abuelo: tener otro hijo... a los 50

lanacion.com |
Sábado 21 de septiembre de 2013 | Publicado en edición impresa
Vínculos

Por qué los hombres maduros refuerzan sus nuevas relaciones de pareja con la paternidad
Por Ludmila Moscato  | Para LA NACION
    
 
Gerardo Freideles, de 53 años, y su hija Juana, de
1 año y medio, juegan en el parquede su casa en Núñez. Foto: Fernando Massobrio
"Bienvenido @cuervotinelli al club de los mitad papá-mitad abuelo! Lo más lindo que te puede pasar en la vida!", escribía esta misma semana Mauricio Macri, en Twitter, para felicitar a Marcelo Tinelli, quien, según se supo, será padre a los 53 años, junto con su novia Guillermina Valdés, de 36. Tanto el jefe de gobierno como el conductor televisivo forman parte de una ola de hombres "maduros" que, al encarar una nueva relación, apuestan otra vez a la paternidad.

A una edad en la que generaciones anteriores pensaban más en ser abuelos que padres, hoy es cada vez más común ver hombres divorciados que, luego de décadas de matrimonio y con hijos ya grandes, vuelven a creer en el amor con mujeres más jóvenes, lo cual lleva, en muchos casos, a tener otros hijos. Pero ¿es necesario tener un hijo para consolidar un vínculo? "No es imprescindible, hay parejas que sólo deciden consagrarse el uno al otro", sostiene Andrés Rascovsky, psicoanalista y ex presidente de APA.

"Pero indudablemente el compromiso de tener un hijo, que es eterno, de protección y cuidado parental, genera una situación diferente, les da a ambos integrantes de la pareja una dimensión temporal de eternidad, es una gestación de algo entre dos y eso, claro, es una experiencia maravillosa", agrega el psicoanalista.

Así lo entiende la mayoría de los testimonios consultados para esta nota, en especial, teniendo en cuenta que se trata de casos en los que la mujer aún no había sido madre. Por eso hay quienes piensan que con la llegada de un hijo no solamente se podría llegar a reafirmar el vínculo, sino que incluso es una forma de preservarlo... "El hecho de que ella no haya tenido hijos antes de conocerme hizo que pactáramos al comienzo de la relación que íbamos a tener uno, ella quería ser madre. Al principio le dije que no, que yo quería disfrutar, que ya había pasado ese momento para mí. Pero después entendí que no podía negarle su maternidad", confiesa Alberto Odíz, de 54 años, padre de Franco, de siete.

Para Marcelo Sencio, que a los 52 tuvo otro hijo, esta circunstancia no tuvo que ver sólo con la consolidación del vínculo, sino con un deseo suyo y de su nueva mujer, de 37. Además, él considera que la llegada de Agustín lo hizo sentirse mejor y cuidarse más: "Es un rejuvenecer, te obliga a estar mucho más activo, estar en forma, hacer cosas en función de una expectativa de vida más alta que en otros tiempos", concluye. "Tener un hijo a los cincuenta puede ser tremendamente estimulante, un relanzarse a la vida de pareja de una manera distinta con una mujer joven", refuerza Rascovsky.

Por supuesto que tomar esta decisión no siempre resulta sencillo, sobre todo si el hombre en cuestión creía que la persiana de la paternidad ya estaba cerrada para él. "En un primer momento, me asusté un poco al preguntarme cómo me iba a llevar con esto. Después, durante el embarazo, me fui amigando con la idea, y una vez que apareció Juana, me cambió el mundo", recuerda Gerardo Freideles, que, a pesar de tener dos hijos grandes, volvió a ser padre hace un año y medio, a sus 52. Los fantasmas que tuvo antes de ser papá en esta segunda vuelta, los disipa mediante el stand up, ya que además de empresario es. comediante. "Siempre digo en chiste que cuando fui a anotar a mi hija al jardín maternal, toqué el timbre y me dijeron que el Día del Abuelo ya había pasado. Tenés ese miedo al principio, el temor de ir y que sean todos papás jóvenes, después te das cuenta de que no es cierto, casi no hay papás de 24 o 25 como en mi época -cuenta-. Hoy la mayoría de los padres son de 35 en adelante, y hay muchos casos como el mío, de papás que ya están en la segunda vuelta."

LOS HIJOS MÁS GRANDES

La reacción de los hijos más grandes puede ser otra fuente de conflictos. Los de 30, por ejemplo, están transitando una etapa en la que, probablemente, ellos mismos estén siendo padres, y no siempre aceptan vivir el mismo proceso a la par de su progenitor. "Al principio fue un golpe para mis hijos la llegada de Franco porque ellos ya eran grandes: tengo una hija de 30, otra de 28 y uno de 23, pero cuando nació el bebe se allanó todo, tienen una buena relación, de total cariño y respeto", detalla Alberto Odíz.

Por su parte, el doctor Rascovsky explica que estas situaciones pueden llegar a ser bastante problemáticas: "Estos días me comentaban el caso de un hombre cuya hija iba al jardín de infantes con su nieta, y la nieta le decía: «Vos sos mi tía». Las familias ensambladas no siempre logran una armonía suficiente, no siempre los hijos del primer matrimonio aceptan gustosamente a los del segundo".

¿Y qué motivaciones puede tener un hombre de 50 para reincidir en la paternidad? Enrique Novelli, miembro titular de APA, arriesga: "Una lectura posible es que el hombre, en cierto sentido, está mostrando una especie de poderío en relación con la sexualidad, porque a veces no alcanza el poderío económico, como un buen puesto laboral; entonces esto lo pone en una línea de «yo todavía puedo, y puedo con mujeres más jóvenes»".

Gerardo Freideles coincide con esta hipótesis, pero también se hace cargo de la edad que tiene, la etapa que hoy transita y cómo lo hace. En este sentido, destaca algo fundamental: para ellas, la experiencia también tiene su matices. "Yo creo que una mujer de treintaypico que tiene un bebe con un hombre de 50 tiene que saber que no es lo mismo que tenerlo con uno de 30. Se te va a levantar menos a la noche, va a cambiar un pañal menos, estás un poco más gastado. Cuando tenes 28 te codeás a ver quien va, a los 50 va más la mamá que el papá".

PUERTAS ADENTRO DE LA PAREJA

Una decisión así puede tener que ver, a su vez, con otro plano: el de la intimidad de la pareja. Según Rascovsky, "la mujer va reduciendo su apetencia sexual mucho más rápido, y si el hombre siente que no es deseado por ella y aparece deseado por otra, entonces bueno, el camino está muy facilitado".

En palabras del psicoanalista, el hecho de que los hijos sean más grandes y falten en el hogar, a muchos hombres les puede hace añorar la escena familiar de tiempos pasados. Por eso buscarían, de alguna forma, revivirla: "De repente los hijos tienen más de veinte años, se van retirando, y se pierde esta escena familiar, del hogar, que han disfrutado mucho en la primera secuencia de sus vidas".

Modelos heredados o autoimpuestos también pueden tener incidencia en la voluntad de estos hombres de ser otra vez padres. Esto ocurriría, según los especialistas, porque "quizás en el núcleo masculino esté la idea de tener una gran familia, que es una suerte de marca biológica; esa antigua matriz de tener muchos hijos que colaboraban con la familia y con el padre... Lo que sucede es que la economía y la vida actual limitan mucho un deseo que es primario en ciertos hombres".

MOMENTOS DIFERENTES

Sea por el motivo que fuese, todos los casos consultados lo viven con plenitud. Y todos, también, aseguran que la vivencia es muy diferente a la de haber sido padres de muy jóvenes. "Esta vez, yo fui al pediatra en la primera consulta con conceptos que tenían 20 años de antigüedad, ponele, que tienen que dormir boca abajo al lado de la madre, le recité toda la lección al pediatra, canchereando delante de mi mujer, y el pediatra me miró y me dijo: «cambió todo, todo lo que me dijiste ya no sirve»-bromea Gerardo Freideles-. Pero hablando en serio, a los 50 te parás de otra manera con los berrinches, con las mañas, te asustás menos, llamas menos al médico, estás más tranquilo para todo. Las cosas que te podés perder por tener un bebe no te importan. A los 20 o a los 30 es una etapa en la que te querés comer el mundo, estás a mil y te cuesta parar por un hijo. Además, estás menos armado económicamente. En cambio, éste llega cuando vos le das más valor al disfrute. Ir a Palermo a leer el diario y dar una vuelta con el cochecito, por ejemplo, es un plan increíble para mí", agrega.

Más allá de toda la experiencia que se pueda haber tenido, lo cierto es que no hay un solo mapa posible: cambian los tiempos, las coyunturas e incluso los paradigmas, pero un hijo siempre enseña. Y, según parece, hay muchos cincuentones que están dispuestos a seguir aprendiendo.

ALGUNOS CASOS FAMOSOS

MARCELO TINELLI / Conductor, 53 años
Esta semana se supo que será padre por quinta vez junto a la modelo Guillermina Valdés, su nueva pareja

MAURICIO MACRI / Jefe de Gobierno, 54 años
Tiene tres hijos grandes (Agustina, de 31; Jimena, de 27, y Francisco, de 24) y fue papá de Antonia, de casi dos años, con la diseñadora Juliana Awada

ALEJANDRO BORENSZTEIN / Humorista, 55 años
Hace tres meses fue padre de Martina con la conductora Viviana Canosa, madre primeriza a los 42

viernes, 20 de septiembre de 2013

Por qué los bebés de Finlandia duermen en cajas de cartón

 Helena Lee
BBC
 Martes, 4 de junio de 2013

Durante 75 años, las mujeres embarazadas en Finlandia han recibido cajas de cartón del Estado. Es como un paquete inicial con ropa, sábanas y juguetes que a su vez puede ser usado como camita. Muchos argumentan que esta política ha ayudado a que al país nórdico sea una de las naciones con menor tasa de mortalidad infantil en el mundo.
Se trata de una tradición que data de la década de los años 30 y busca dar a todos los niños finlandeses, sin importar su condición social, un comienzo de vida equitativo.

El paquete de maternidad, un regalo del gobierno, está disponible a todas las que esperan un bebé.
Contiene monitos, sacos de dormir, ropa para el aire libre, productos para el baño, así como pañales y un colchón pequeño.

Con el colchón en el fondo, la caja se convierte en la primera cama del bebé. Muchos niños tienen su primera siesta dentro la seguridad que brindan las paredes de cartón.
Las madres pueden escoger entre tomar la caja o recibir efectivo (unos US$214), pero el 95% opta por la caja, pues su valor es mucho mayor.
Esta tradición nació en 1938. Al principio era sólo para familias de bajos recursos, algo que cambió en 1949.

"No sólo fue ofrecido a todas las futuras madres, sino que la nueva legislación también significó que, para obtener la caja, tenían que visitar a un médico y una clínica pública prenatal antes de los cuatro meses de embarazo", cuenta Heidi Liesivesi, quien trabaja en Kela, la institución de seguridad social finlandesa.
La caja les daba a las madres lo que necesitaban para cuidar a sus bebés, pero también ayudaba a guiar a las mujeres hacia los brazos de los profesionales de la salud del Estado de bienestar naciente de Finlandia.

Cambio brusco
En Finlandia, el índice de mortalidad por nacimientos
 ha bajado de más de 70 por cada 1.000 bebés a menos de cinco.
 En los años 30, el país nórdico era muy pobre y la mortalidad infantil era alta, con 65 muertes por cada 1.000 nacimientos. Pero estos datos mejoraron rápidamente en las décadas siguientes.
Mika Gissler, un profesor del Instituto Nacional de la Salud y Bienestar en Helsinki, ofrece varias razones para esto: a la caja de maternidad y los cuidados prenatales para todas las mujeres en los años 40 les siguieron, en los 60, un sistema de seguridad social nacional y una red de hospitales centralizada.

Con 75 años, la caja está ahora institucionalizada en Finlandia como la transición hacia la maternidad, algo que une a varias generaciones de mujeres.
Reija Klemetti, de 49 años, vive en Helsinki. Recuerda ir a la oficina de correos y recoger la caja de uno de sus seis hijos.
"Era emocionante recibirla y que de alguna forma fuera la primera promesa de bebé. Mi mamá, mis amigos y mis familiares estaban ilusionados con ver qué tipo de cosas recibiría y qué colores habían escogido para ese año".
Su suegra, de 78 años, contó en gran medida con la caja cuando tuvo al primero de sus cuatro hijos en los años 60. En ese punto, tenía poca idea de lo que podía necesitar.
Más recientemente, la hija de Klemetti, Solja, compartió con 23 años la emoción que su madre sintió una vez, cuando se hizo poseedora de la "primera cosa substancial" incluso antes que el bebé. Ahora tiene dos hijos.
"Es fácil saber en qué año nacieron los bebés, porque cada año cambia un poco la ropa que viene. Está bien comparar y pensar 'ese niño nació el mismo año que el mío'", dice Titta Vayrynen, una madre de 35 años que tiene dos hijos.

"Las más felices"
Algunas familias no podrían costear el contenido de la caja si no fuera gratuito, a pesar de que para Vayrynen fue más una cuestión de ahorrar dinero.
Ella trabajaba muchas horas cuando quedó embarazada de su primer hijo y agradeció no tener que buscar tiempo para salir de compras y comparar precios.

"Hubo un reciente informe en el que se asegura que las madres finlandesas son las más felices del mundo, y la caja es una de las cosas que me vienen a la mente. Nos cuidan muy bien, incluso ahora que algunos servicios públicos han sido recortados", agrega Vayrynen.
Cuando tuvo a su segundo hijo, Ilmari, ella optó por el dinero en efectivo en lugar de la caja y sencillamente volvió a usar todo lo que le habían dado para su primogénito Aarni.
Un niño también puede pasarle ropa a una niña y viceversa, pues los colores son deliberadamente neutrales.

El contenido de la caja ha cambiado bastante con el paso de los años. Durante las décadas del 30 y del 40, tenían telas porque las madres estaban acostumbradas a confeccionar ropa de bebés.
Pero durante la Segunda Guerra Mundial, el algodón y los tejidos eran requeridos por el Ministerio de Defensa, así que en las cajas había sábanas de papel y un cobertor de tela.
En los años 50 hubo un incremento de la ropa fabricada, y en los 60 y 70 la indumentaria incorporó nuevas telas elásticas.

Sin desechables ni biberones
 El saco de dormir apareció en 1968, y al año siguiente hubo pañales desechables por primera vez.
Pero no por mucho tiempo.
Con la llegada del nuevo siglo, retiraron los pañales desechables y regresaron los de tela, cumpliendo con lineamientos de protección del medio ambiente.
Motivar una buena maternidad y paternidad siempre ha sido parte de la política de la caja.

"Los bebés solían dormir en la misma cama que sus padres y se recomendó dejar de hacerlo", explica Panu Pulma, profesor de historia finlandesa y nórdica en la Universidad de Helsinki. "Incluir la caja como cama significó que la gente empezó a dejar que sus bebés durmieran aparte".
En determinado momento, las botellas de bebés (biberones o teteros) y los chupetes o chupones fueron retirados para promover la lactancia materna.

"Uno de los principales objetivos de todo el sistema ha sido lograr que las mujeres den más el pecho", dice Pulma, quien agrega que "ha funcionado".
El experto también piensa que incluir un libro de cuentos ilustrado ha tenido un efecto positivo, pues motiva a los niños a manipular libros y, un día, a leerlos.
Además de todo esto, Pulma asegura que esta caja es un símbolo.
Un símbolo de la idea de igualdad y de la importancia de los niños.
1938: dos tercios de las mujeres que dieron a luz ese año fueron candidatas al subsidio en efectivo, la caja de maternidad o una mezcla de las dos. Desde el principio el paquete podía ser usado como una cuna en hogares más pobres, donde las condiciones higiénicas no eran las más apropiadas para el bebé.
1940: a pesar de la escasez en tiempos de guerra, el programa continuó cuando muchos finlandeses perdieron sus casas en los bombardeos y evacuaciones

Historia de una caja

1942-6: El papel remplazó a la tela en artículos como envolturas de pañales y sábana para la madre.
1949: El paquete es ofrecido a todas las madres en Finlandia, siempre y cuando se hicieran controles de salud prenatal (el paquete de la foto de arriba es de 1953).
1957: Las telas y material para coser fueron remplazados por prendas ya confeccionadas.

1969: Se añaden pañales desechables al paquete.
1970: Con más mujeres trabajando, las ropas blancas se sustituyen por algodones elásticos y fáciles de lavar.
2006: Se reintroducen los pañales de tela y se retira el biberón para fomentar la lactancia materna.


La caja de hoy en día


Colchón, funda de colchón, edredón, manta, saco de dormir / edredón para dormir
La misma caja funciona como una cuna
Traje para la nieve, gorro, guantes y botas aislantes
Traje ligero encapuchado y monos de punto
Calcetines y manoplas y sombrero y pasamontañas de punto
Monos y ropita en diferentes colores y estampados unisex
Toalla de baño con capucha, tijeras de uñas, cepillo de pelo, cepillo de dientes, termómetro de baño, crema de pañales, estropajo para el baño
Pañal de tela y trapos para limpiar a los bebés
Libro de imágenes y juguetes para la dentición
Parches para los pechos, condones


·        Fuente:

Parto sin epidural, ¿duele mucho?


 Hablábamos el otro día sobre si el parto sin epidural es ya una opción accesible a todas la embarazadas. Cada vez más hospitales abogan por partos menos intervenidos en los que la anestesia empieza a ser un complemento y no necesariamente una parte fundamental del protocolo.
Sin embargo, a veces parece que para una embarazada no es fácil obtener una respuesta clara a una de las preguntas básicas que cualquier mujer se plantea antes de tomar una decisión en un sentido u otro: un parto sin epidural ¿duele mucho?
Hablando en plata

Por lo visto, en ciertos foros está mal visto decir que sí, que un parto sin epidural duele mucho, muchísimo a veces. Como si negar lo evidente fuera una estrategia para atraer más incautas a nuestra secta de sufridoras natas.
Creo en cambio que es perfectamente compatible animar a cualquier mujer a tener un parto natural por todo lo positivo que conlleva sin necesidad de negar, maquillar u ocultar lo obvio: un parto sin epidural duele. Bastante

Cada parto es un mundo
Cierto es que cada parto y cada mujer son un mundo. No seré yo quien le niegue a nadie sus experiencias orgásmicas en plena expulsión o contradiga a todas aquellas mujeres que pasaron por el parto sin despeinarse ni enterarse casi. Pero digamos que no es lo habitual.

De la misma manera que podemos afirmar con cierta rotundidad que un cólico nefrítico duele – independientemente de que haya personas que los hayan sufrido sin dolores – no es descabellado tampoco afirmar con cierta vehemencia que, para la inmensa mayoría de las mujeres, un parto sin anestesia implica dolor. Que éste pueda ser perfectamente tolerable y no empañe en absoluto lo que es a todas luces una experiencia maravillosa, no es excusa para no contar la realidad con todas sus caras.

Dilatación, esas contracciones que todas conocemos
Muchas veces escuchamos cómo se equiparan los dolores de parto a los de una regla dolorosa. Si bien esta comparación no le hace justicia a la intensidad del parto, es cierto que los dolores de dilatación son muy parecidos a los menstruales, sobre todo en los inicios de la dilatación.

Las contracciones de dilatación, esas que permiten que nuestro cuello del útero se dilate lo suficiente para dejar que pase la cabecita de nuestro bebé, son muy parecidas a los retortijones que algunas mujeres sufren cada mes.

Muchas veces también estas contracciones empiezan en los riñones y producen desasosiego en las piernas igual que los dolores menstruales. A diferencia de éstos sin embargo, las contracciones de parto van ganando intensidad progresivamente y cada vez son más difíciles de compatibilizar con una actividad normal.

A medida que la dilatación avanza lo normal es que no podamos hablar durante una contracción, ni andar y que necesitemos toda nuestra concentración para sobrellevarlas. La frecuencia de las contracciones también va siempre en aumento, por lo que cada vez tenemos menos tiempo para recuperarnos entre contracción y contracción. Si nos cansamos en exceso la sensación de dolor o incomodidad puede acentuarse independientemente de que las contracciones sigan siendo igual de intensas.

Las buenas noticias son que estos dolores pueden hacerse mucho más llevaderos con ejercicios de respiración, cambiando de postura, baños relajantes o simplemente con una mano experta en los riñones. La misma contracción que tumbada en la cama sin ayuda puede ser un infierno, puede ser algo completamente soportable en la postura adecuada y respirando correctamente.

La peor forma de dilatar es tumbada, es cómo más duele. Normalmente cualquier postura que nos permita reclinarnos hacia delante para que la tripa cuelgue con libertad, como apoyar los brazos sobre una cama, de rodillas o a gatas, se hacen mucho más llevaderas aunque algo más cómicas.

La diferencia durante la dilatación la marca sobretodo la duración de la misma y el agotamiento que la mujer vaya acumulando. Si con la asistencia adecuada, se ayuda a la embarazada a permanecer tranquila y relajada este es un dolor soportable y perfectamente llevadero.

La transición, el verdadero coco
La transición es una fase muy breve del parto entre la dilatación y la expulsión. Y la más dolorosa. La transición se nota perfectamente, es un cambio brutal, las contracciones ya no son algo seco que nos aprieta la espalda y el abdomen, un dolor conocido. La transición no se parece a nada que hayamos sentido antes y es de una intensidad sobrecogedora, animal.

Nadie tiene que decirte que algo ha cambiado, tú lo sabes, el bebé va a salir y tú notas como te abres por dentro para dejarle pasar. Probablamente si hasta ahora nos hemos contentado con resoplar y algún gemido quejicoso ahora tengamos que gritar o mascullar abiertamente. Es un dolor húmedo difícilmente comparable con nada que hayas podido sentir antes.

En este momento es posible que pienses que no puedes más, que alguien haga algo, que tu lo dejas, se acabó. Lo bueno es que esta fase suele ser muy corta y en lo que tardas en decir esta boca es mía ya se ha pasado. Lo mejor es rendirte a tu naturaleza y hacer lo que te pida el cuerpo, gritar, ponerte de cuclillas, a cuatro patas o insultar a tu marido. Éste es el mejor momento.

La expulsión
La expulsión no es necesariamente dolorosa per se a no ser que sufras un desgarro o se alargue demasiado. Durante la expulsión se siente el alivio de haber pasado la transición y más que dolor lo que puede sobrevenirnos es una sensación tremenda cuando la cabeza del bebé corona y tu cuerpo se abre al máximo.
Un momento que recuerdo muy claramente es tener la cabeza fuera y el resto del cuerpo dentro. La sensación de impaciencia porque saliera de una vez y aliviar la tensión en la que estaba todo mi cuerpo. Es una sensación muy fuerte, más intensa que dolorosa y se pasa en cuanto sale el resto del bebé con la siguiente contracción. Como un milagro, salen los piececitos y no te duele nada, el alivio es instantáneo y el bienestar inmediato. Tú bebé está aquí y tú estás en plena forma para disfrutarlo al máximo.

El alumbramiento
Es posible que en pleno éxtasis con tu bebé nuevo sientas una contracción y pienses: no puede ser… ¿otra vez? Pero tranquila, es la placenta que saldrá tranquilamente un rato después de haber nacido tu bebé.

El subidón
Muchas veces oímos hablar de las endorfinas y del subidón que nos invade después de dar a luz sin epidural como si fuera un cuento chino que nos venden para colarnos el parto sin anestesia. No es así. Realmente, después de dar a luz sin epidural – siempre y cuando no haya habido complicaciones en el parto – nos encontramos fenomenal, nos vuelven las fuerzas a una velocidad sorprendente y tenemos el ánimo y la energía perfecta para ponernos al bebé al pecho y disfrutarlo al máximo.

Esto no quiere decir que cuando tenemos un bebé con epidural o mediante cesárea no lo disfrutemos o no nos enamoremos de él al instante. Para nada. Recuerdo con la misma ternura el nacimiento de mis dos primeras hijas con su epidural que el de las dos pequeñas sin epidural. Pero sí es cierto que tras un parto sin anestesia estamos en un estado de alerta y excitación que nos permite vivirlo de otra manera. Es una sensación difícil de explicar como si nos dijéramos “así tenía que ser y ha sido”.

De bonus además este subidón dura días, incluso semanas, y hace del puerperio una experiencia mucho más agradable porque tenemos la energía suficiente para cuidar de nuestro bebé sin agotarnos.

En cualquier caso no hay vencedores ni vencidos, traer un niño a este mundo, con o sin anestesia, es una experiencia inolvidable y maravillosa para cualquier madre. Habiendo vivido dos partos con epidural y dos sin epidural quería aportar mi granito de arena para esclarecer en la medida de lo posible lo que puede sentirse durante un parto sin anestesia aunque los ritmos del mismo y lo cansadas o nerviosas que estemos puede hacer que tomemos más consciencia y recordemos más nítidamente unas sensaciones que otras.

En mi caso particular, cuando me preguntan si duele mucho el parto sin epidural mi respuesta siempre es la misma: Sí, pero compensa.
Foto | Lou Bueno en Flickr

El rechazo hacia el recién nacido



Ante el nacimiento de un bebé, los padres suelen experimentar períodos de confusión en los que es necesario pasar por el primer tiempo en donde la pregunta acerca del futuro de su hijo es lo que orienta sus vidas: si serán buenos padres, si crecerá sano y feliz...sumado a la adaptación que cada madre y padre necesitan a sus nuevos roles. Es importante para ese nuevo vínculo, darse el permiso para conocer a este nuevo hijo, conectarse con él, aprender a ejercer la función materna y paterna en las experiencias fascinantes que nos esperan cada día, recordando que todos los bebés necesitan para su desarrollo del contacto físico, de la mirada de su madre y de su palabra ya que así se propiciará el encuentro, el vínculo entre ellos y se apostará a la singularidad de ese pequeño.

Este proceso no siempre es sencillo ya que el nacimiento de nuestro hijo nos enfrenta una vez más con todo el bagaje que acerca de la maternidad y la crianza fuimos construyendo a lo largo de la vida: lo que nos dijeron, lo que no nos dijeron, lo que observamos, lo que intuimos y por supuesto lo que vivimos.

Es por eso que muchas mujeres refieren haber sentido ese amor profundo del que tanto se habla en el instante mismo del nacimiento y muchas otras se encuentran en general con sorpresa, que sienten cercanía hacia ese bebé, saben que tienen que cuidar de él, alimentarlo, acunarlo pero no lo sienten como un amor profundo.

En paralelo a este sentimiento esto suele despertar mucha culpa, ya que no es lo esperado.
Es importante tener presente que el vínculo con el bebé, como todo vínculo, se construye.
El acto del nacimiento incluye para la mamá reciente dos procesos:
1- Reconocer a su hijo como un ser independiente a ella, son dos personas y no una como el imaginario del embarazo nos permite fantasear.
2- Amar a ese pequeño con sentimiento fraternal
En relación a estos procesos podemos decir que para muchas mamás se dan en un solo impulso al sostener a su bebé por primera vez en la sala de parto y para otras llevará otros tiempos.
Si sabemos que esto sucede, que el vínculo se construye, nos permitiremos transitar esta etapa como una etapa de adaptación, de reconocimiento y aprendizaje mutuo, dando lugar a propuestas que favorecen esa relación.

En sus primeras horas de vida el bebé vive el período de mayor sensibilidad: respira a su mamá, huele, mira, escucha, siente por medio de su piel, construyendo en ese instante las primeras impresiones acerca del mundo externo tanto físico como emocional.

Por todo ello es tan importante que ese tiempo sea un tiempo de intimidad: madre, padre, hijo o hijos intentando conocerse, descubrirse, sintonizarse para poder transmitirle sensaciones de seguridad, de confianza y sostén para facilitar su llegada al mundo, su adaptación y desarrollo.
Desde el primer momento de su llegada, el bebé intenta a su manera comunicar lo que siente, lo que necesita. Se trata entonces de estar abiertos a recibir sus mensajes que en principio tendrán forma de llanto: único medio de expresión hasta la adquisición del lenguaje tanto verbal como corporal.

Las madres en general tienen poca tolerancia al llanto de su bebé: las angustia, las inquieta. Se trata de enfrentarse cada vez, con esa necesidad, esa demanda del bebé que en los primeros días es total y que por supuesto no se satisface del todo. Esta situación de sentirse imprescindibles, que para algunas es muy satisfactoria, para otras mujeres se vuelve una exigencia y una sensación de vulnerabilidad que no les permite maternar de una manera tranquila.

Es allí donde el padre tiene todo un lugar que espera ser ocupado: brindarle a su mujer el sostén necesario para que pueda desde allí acercarse al bebé, vincularse con él y por lo tanto maternar.
Si esto no fuera suficiente, es sugerible una consulta con un profesional de la salud de confianza.
Por todo esto, el nacimiento de un hijo es también es una oportunidad para replantearnos esas ideas concebidas con anterioridad a nuestra propia experiencia como madres, y dar lugar a las sensaciones más espontáneas, nuestro instinto, nuestra intuición para ver qué nos pasa en ese encuentro único con nuestro bebé y aceptar nuestra singularidad.

Lic Marisa Russomando
Psicóloga especialista en Matrenidad, Paternidad y Crianza
Directora del espacio La Cigüeña
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