viernes, 19 de septiembre de 2014

Dejar que el bebé decida cuando nacer

11 de septiembre de 2014 | 16:00 CET
 Lola Rovati
Editor en Bebesymas
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La gestación es el proceso humano más complejo que tiene un principio, el momento de la concepción, y un final, el nacimiento del bebé. Durante 38 semanas (40 contando desde la fecha de la última menstruación) el bebé se desarrolla dentro del útero materno hasta que está preparado para salir al mundo.

El embarazo, leí alguna vez y disculpen la alegoría, es como cocinar un guiso a fuego lento. No se puede apurar el fuego para que esté listo antes, porque no sale bien, el sabor no es el mismo. El guiso está en su punto justo, si tenemos paciencia y lo mantenemos a fuego lento el tiempo que necesite. En condiciones normales, el bebé también debe permanecer en el vientre materno hasta que el parto se desencadene naturalmente, es él quien decide cuando nacer.


Partos... ¿a término?
El parto se desencadena por una conjunción de factores biológicos sincronizados entre la madre y el bebé. Es este último quien envía señales endocrinas a la placenta y a la madre para que su organismo ponga en marcha la segregación de oxitocina, hormona encargada de provocar las contracciones uterinas que dan lugar al nacimiento.

Se considera un parto a término aquel que se produce entre la semana 37 y 42 de embarazo, pero evidentemente nacer en la semana 37 no es lo mismo que nacer en la 42. Hay nada menos que cinco semanas entre una y otra, una diferencia que puede ser abismal cuando hablamos del desarrollo del bebé.

Cada día que pasa dentro del útero es fundamental para su salud. Entre la semana 37 y la 39, órganos principales como los pulmones, el cerebro y el hígado siguen completando su desarrollo.

De hecho, el Colegio Estadounidense de Obstetricia y Ginecología ha decidido introducir algunos matices en las definiciones de lo que es un parto a término aclarando que los partos inducidos y las cesáreas programadas antes de cumplir la semana 39 no son considerados partos a término normales, y por tanto se desaconsejan.

Márgenes de cálculo
El bebé nace en la semana 40, en teoría, pero esto no siempre sucede así. No hay que desalojarlo al cumplir la semana 40 como si tuviese fecha de vencimiento, si el niño aún no ha nacido es porque todavía no está preparado para hacerlo

Se calcula un parto a término tardío el producido entre las semanas 41 y 42 pues se establece un margen de cálculo, ya que la concepción podría haber sucedido más tarde de lo que se creía, por tanto la fecha de parto se mueve una o dos semanas.

Superadas las 42 semanas existen ciertos riesgos para la salud de la madre y del bebé, como placenta envejecida, reducción de líquido amniótico, macrosomía o aspiración de meconio.
Es poco probable que el bebé no haya decidido nacer antes de la semana 42. Sólo un 10 por ciento nace en esta semana. Si esto sucede, que cumplida la semana 42 el bebé no haya dado señales de salir, es fundamental llevar un control médico exhaustivo para detectar cualquier posible riesgo y en su caso valorar la inducción.

Impaciencia, dudas, temores


A medida que se acerca la fecha de parto la ansiedad por tener al bebé en brazos va en aumento. Pasadas las 37 semanas cualquier pequeña anormalidad puede hacernos plantear la conveniencia de adelantar el parto, pero es importante informarse adecuadamente con el médico sobre el alcance de dicha complicación y valorar qué es lo mejor.

La inducción con oxitocina sintética y la cesárea electiva (sin razón médica de peso) no siempre son la mejor alternativa, pues las complicaciones que traen acarreadas pueden ser mayores.

Dejar que el bebé decida
La gestación es un proceso maravilloso, casi milagroso diría. Parece increíble que esa personita tan perfecta se haya formado dentro de nosotros durante nueve meses.

Cuando el bebé está listo para nacer, volviendo a lo anterior, cuando el guiso ha llegado a su punto, se desencadena una respuesta hormonal de la madre que lo prepara para nacer. El bebé se vuelve alerta y receptivo para reconocer a su madre y al entorno, para favorecer lo que se conoce como el momento de impronta, que en el caso de los partos que no se desencadenan de forma natural, esa respuesta se ve alterada.


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