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miércoles, 5 de octubre de 2016

Volver al trabajo y amamantar

Antes de arrancar con el tema, quería contarles que estoy esperando a mi primer hijo. Se llama León. Deseaba compartirlo con ustedes porque, de alguna manera, me siento cerca de cada una de las mujeres que leen esta querida revista. Ahora sí, con la sonrisa dibujada me propongo continuar con la segunda parte de la nota.

En el número anterior hablamos de la organización como el eje que nos tiene que guiar y, en ese mismo sentido, vamos a hablar ahora de cómo continuar la lactancia, aún fuera de casa. Lo primero que voy a afirmar es que se puede. ¡Sí, se puede! Con constancia y voluntad, podés perfectamente seguir lactando a tu hijo.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Volver al trabajo…¡Ahhhhhhhhhh !!! Segunda parte Maternar en Tribu 4

 Antes de arrancar con el tema, quería contarles que estoy esperando a mi primer hijo. Se llama León. Deseaba compartirlo con ustedes porque, de alguna manera, me siento cerca de cada una de las mujeres que leen esta querida revista. Ahora sí, con la sonrisa dibujada me propongo continuar con la segunda parte de la nota.

En el número anterior hablamos de la organización como el eje que nos tiene que guiar y, en ese mismo sentido, vamos a hablar ahora de cómo continuar la lactancia, aún fuera de casa. Lo primero que voy a afirmar es que se puede. ¡Sí, se puede! Con constancia y voluntad, podés perfectamente seguir lactando a tu hijo.

Lo más importante es continuar estimulando los pechos para que tu producción no baje. Este tiene que ser tu norte y no la cantidad de leche que te extraigas cada vez. En base a esto, lo que debés tener en cuenta es la cantidad de horas que vas a estar fuera de casa, incluyendo las del viaje, y extraerte la misma cantidad de veces que tu bebé hubiese tomado en ese tiempo. Así vas a poder mantener la producción, que es lo que más nos interesa.

¿Cómo te extraés? En principio, buscá el lugar más tranquilo que puedas. Es necesario el correctísimo lavado de manos y los masajes al pecho con movimientos circulares y verticales descendentes antes de extraerte.

Conectate mentalmente con tu bebé. Podés ayudarte con alguna ropita con su olor, su foto o lo que quieras. Después, colocá el recipiente y comenzá. La extracción puede ser manual o con sacaleche y no te fijes cuánto estás sacando, es muy difícil llenar una mamadera. Acá lo que importa es que el pecho no pierda el estímulo. Si tenés la suerte de que el lugar sea limpio, podés conservar lo que te sacaste y mantenerlo refrigerado (recipiente de telgopor y conservante para vacunas es una opción). Sino, pedile al pediatra que te recomiende alguna leche de fórmula para que tu cachorro tome mientras vos no estás.

Todas sabemos las ventajas que tiene la leche de mamá, pero considero que la obsesión puede llevarnos a la angustia. Si se puede, maravilloso, pero si no se puede, se completa con fórmula (si ésta no es en polvo puede mezclarse con la materna) y le das pura teta cuando están juntos.
Mientras estés en casa, dale sólo teta. Una apenas se despiertan, otra justo antes de irte (aunque tome muy poquito) y apenas llegas también: lavado de manos, a la teta y el resto del mundo que espere. Y los fines de semana, por supuesto, todo el tiempo. Esto es fundamental para regularizar la producción.

Tenés que saber que con tu vuelta al trabajo puede que tu hijo comience a despertarse más seguido de noche. Él sabe y entiende todo lo que ocurre a su alrededor y es claro que sabe que ya no estás tanto en casa, por lo cual, se despertará más seguido para asegurarse de que estas ahí. Te sugiero que continúes con el colecho y que no introduzcas ningún cambio hasta que estén acomodados a esta nueva situación.

Y para finalizar, cuatro temillas importantes para empezar con el pie derecho:
• Comenzá a extraerte unos 15 días antes de volver al trabajo, para ir agarrándole la mano. Con dos veces por día es suficiente. Estas dos extracciones podés acumularlas y que alguien más se la dé con mamadera o vasito para que vaya practicando. Si se la das vos, no va a querer. Te va a buscar la teta.

• Si lo va a cuidar alguien en casa, que venga cuando todavía no empezaste a trabajar para que tu bebé se vaya habituando. Si es en algún maternal, atendé las indicaciones que te den en cuanto a la adaptación y, en lo posible, comenzá a trabajar un jueves para comenzar la separación de a poco.

• En cuanto a la conservación, la leche se puede acumular por día. No olvides fecharla. En el freezer dura 15 días y en la heladera (en el fondo, no en la puerta) entre 2 o 3, según sea invierno o verano. Para descongelarla, bajala la noche anterior o colocala bajo el chorro de agua caliente. O bien, calentá agua en la hornalla, apagala, y colocá el recipiente adentro. En todos los casos, después agitala para que vuelva a homogeneizarse.

• Guardá de a 40 o 60 ml, ya que lo que tu hijo no tome hay que tirarlo.

Sé que parece muuucho trabajo, pero la verdad no es tanto y los beneficios son enormes. Y si te quedan dudas o hay algo en el proceso que creés que puedemejorar, consultá con cualquier puericultora que te va a asesorar y apoyar en este complejo, pero satisfactorio, camino de sostener la lactancia en el tiempo. ¡Éxitos madres!

Giselle López Ponce es puericultora universitaria FUNDALAM / UNSAM
Extraído de Maternar en Tribu

LA LEGISLACIÓN LABORAL:
Fuentes: www.anses.gov.ar

Los 90 días son 45 antes y 45 después, pudiendo trabajar hasta 30 días antes dejando 60 para el momento luego del nacimiento.
Se puede solicitar la extensión de la licencia por 6 meses más después de los 90. El pago, en este caso, es no remunerativo. Pero el monto a cobrar debe ser igual al monto que hubiera percibido en caso de estar trabajando.

En relación a la lactancia, la madre tiene derecho a dos períodos de 30 minutos dentro del horario laboral para poder salir a amamantar a su hijo. En algunos casos, puede llegarse a un acuerdo informal con el empleador para tener la posibilidad de acumular esos 30 minutos y retirarse una hora antes.

Volver al trabajo…¡Ahhhhhhhhhh !!! de Maternar en Tribu 3

El retorno al mundo laboral nos despierta sentimientos como angustia, incertidumbre y miedo.
Cómo organizarnos y que hacer para enfrentar esa vuelta Primera parte
Por: Giselle López Ponce

Este es un tema difícil de abordar en pocas líneas, ya que presenta varias aristas.
Las puericultoras podemos asesorar en cri­anza además de lactancia, pero también, conocemos los derechos de las futuras madres. Esto también es parte de nuestro rol de cuidar al que cuida.

La vuelta al trabajo despierta varios sentimientos en una mamá. Por un lado, angustia por tener que dejar a su cachorro tan chiquito (y en este aspecto 45 días o 9 meses es lo mismo… para una madre siempre es chiquito). Por el otro, incertidumbre de no saber si se podrá sostener la lactancia en el tiempo. Además, el miedo de no sa­ber si lo estamos dejando en buenas manos (en casos donde el cuidador es una persona ajena a la familia). Como vemos, ninguno de estos sentires es positivo y es importante para las mujeres contar con la ayuda y el apoyo necesarios para poder en­frentar esta situación.

Pero, ¿Quiénes son los encargados de sostener y apoyar? Podemos decir que el primer cuidador debería ser el Estado. En países europeos como Suecia, por ejemplo, los afortunados bebés gozan de 16 meses compartidos entre mamá y papá. Pero aquí, y en varios más, contamos sólo con 90 días si trabajamos de manera formal (en blanco).

Dicho esto, vamos a abocarnos a dos ejes centrales de la vuelta al trabajo: orga­nización y lactancia.

Sabemos que de por sí, llevar adelante una casa no es simple. Con un bebé y muchas horas fuera, se puede complicar aún más. Mi sugerencia es que se pueda delegar lo más posible y organizarse.

Por ejemplo:
•Armar un plan semanal de comidas, cocinar los fines de semana la mayor cantidad posible y freezar.
•Dedicar un día para hacer las compras en base al plan semanal.

•Si hay abuelas macanudas en la familia, pueden ser ellas las que se encarguen de ayudar a las mamás, lavando o planchando la ropa, por ejemplo. Cada una sabe con qué ayuda puede contar. Lo que intento decir es que sé que, a veces, nos cuesta pedir esa ayuda porque nos gusta hacernos cargo de todo: Pero finalmente terminamos agotadas y en el poco tiempo que nos queda para disfrutar de nuestro hijo seguimos trabajando, esta vez en casa.

Un tema para nada menor es hablar con la pareja. Si los dos trabajan y el hijo es de ambos, considero que ambos tienen que ocuparse. Hoy en día esto es más simple que en la época de nuestras madres, en la que los maridos no levantaban ni un plato de la mesa. Propongo un diálogo del tipo: “Mi amor, yo sé que estás cansado tanto como yo, pero si me ayudas con el gordo y con algunos quehaceres, vamos a terminar más rápido y más rápido vamos a poder descansar” ¡Vamos mujeres! Ustedes seguramente tienen más de un as bajo la manga para llevar adelante esta conversación.
¿O no?
Giselle Lopez PoncePuericultora universitariaFUNDALAM / UNSAM

Extraído de Maternar en Tribu

jueves, 22 de agosto de 2013

Volver al trabajo, otro gran obstáculo frecuente

Jueves 22 de agosto de 2013 | Publicado en edición impresa

Por la falta de lactarios en empresas, es uno de los motivos de abandono que más se mencionan
Otros motivos que aceleran el destete antes de tiempo es el regreso de la mujer a su trabajo y la falta de lactarios en las empresas o las fábricas. "Si tenemos en cuenta estos datos, se entiende por qué, como relevó el Ministerio de Salud, sólo el 60% de las madres sostiene la lactancia materna por dos meses, un 45% lo hace hasta el cuarto mes y apenas el 30% llega hasta los 6 meses", dice Paz Martín, de Fundalam.

Según indica un informe de Unicef Uruguay, los bebes de las mujeres que trabajan 7 horas y de hogares con altos ingresos tienen dos veces más posibilidad que el resto de los chicos de no recibir leche materna de manera exclusiva hasta el sexto mes. En el país vecino, el 65,2 por ciento de las madres amamanta de manera exclusiva hasta el sexto mes.

En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, funcionan más de 40 lactarios en los edificios públicos y empresas. Esto es porque una ley porteña obliga sólo a las dependencias públicas. Para los privados, es voluntario. "Debería haber legislación que acompañe más a la mamá. La licencia por maternidad sigue siendo corta", agrega Martín.

El regreso al trabajo es, para Cecilia Karplus, de la Liga de la Leche Argentina, "otra etapa crítica", en la que las mujeres "necesitan el apoyo de su entorno para poder seguir amamantando". La ONG promueve extender la licencia por maternidad a seis meses.
Hay empresas que les ofrecen a sus empleadas un regreso progresivo. "Aún falta mucho por hacer y son muy pocas las mamás que acceden a lactarios y pueden reintegrarse de a poco", dice Martín.

Para poder combinar trabajo y lactancia, Karplus señala la importancia de una mayor disponibilidad de lactarios, lugares exclusivos en las empresas con las comodidades necesarias para que las empleadas que están amamantando puedan extraerse la lehce y conservarla en condiciones adecuadas hasta el horario de salida. Las comodidades de ese espacio, que debe ser privado y no necesariamente muy grande, son una mesa, un sillón confortable, una heladera y un lavatorio para la higiene de la mujer y los utensilios.

La primera Encuesta Alimentaria y Nutricional de la Ciudad de Buenos Aires (EAN-CABA) reveló el año pasado que casi todos los bebes comienzan la lactancia materna, pero que apenas uno de cada cinco la recibe de manera exclusiva hasta el sexto mes. Las dos excusas más utilizadas son "Me quedé sin leche" y "Tuve que empezar a trabajar".

La primera rara vez es un motivo real. Las ONG que promueven la lactancia comprueban a diario que la aparente falta de leche es producto del desconocimiento de la técnica adecuada. Para la segunda, las ONG insisten en la importancia de aprender a extraerse la leche en casa y la oficina, a transportarla y almacenarla correctamente. Otras opciones son el teletrabajo, la flexibilzación de los horarios y las exigencias de las empleadas que amamantan hasta el año de vida del bebe.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Amamantar en el lugar de trabajo: bueno para las madres, los niños y las empresas


Derechos laborales

Con motivo de la semana mundial de la lactancia materna (1-7 de agosto) la especialista de la OIT en protección de la maternidad, Laura Addati, explica por qué amamantar en el lugar de trabajo tiene sentido para todas las partes involucradas.
Analísis | 5 de agosto de 2013



GINEBRA (OIT Noticias) – Los esfuerzos mundiales para promover la lactancia materna en el lugar de trabajo comienzan a dar resultados y más del 65 por ciento de los países del mundo tiene algún tipo de legislación que confiere el derecho a interrupciones remuneradas para el amamantamiento o a una reducción de las horas de trabajo.

Pero todavía una cuarta parte de los países no ofrece interrupciones para la lactancia materna en el lugar de trabajo – sobre todo en Asia, América Latina y el Caribe – y esto tiene que cambiar, declaró Laura Adatti, la especialista en protección a la maternidad y vida laboral y familiar.


Combinar el trabajo y el amamantamiento no sólo es posible sino que además es esencial tanto para la madre como para el niño”
“Las cifras de nuestra base de datos muestran que es necesario intensificar los esfuerzos para convencer a los gobiernos, los empleadores y algunas veces hasta a los trabajadores de que combinar el trabajo y el amamantamiento no sólo es posible sino que además es esencial tanto para la madre como para el niño”, explicó a OIT Noticias.

El acceso al permiso de maternidad y la información a este respecto no son suficientes, agregó Addati. Un lugar de trabajo que es “favorable a la lactancia materna” ofrece a las mujeres lugares cómodos y privados para extraer la leche, un refrigerador para conservarla, un ambiente limpio y sano, así como servicios de atención diurna, a ser posible.

La falta de apoyo en el lugar de trabajo es uno de los principales motivos por el que las mujeres dejan de amamantar antes del permiso de maternidad recomendado (al menos 14 semanas) y vuelven a trabajar.

“Aun cuando la cantidad y calidad nutritiva de la lactancia materna no se ven afectadas cuando la mujer trabaja, algunas veces es difícil para las mujeres seguir amamantando cuando regresan al trabajo demasiado pronto después de dar a luz, sobre todo si no están previstas las interrupciones y no hay instalaciones para el amamantamiento en el lugar de trabajo”, señaló Addati.

“La actitud de los empleadores y de los colegas también puede ser un estímulo para dejar de amamantar”, agregó.

Bueno para los negocios
La lactancia materna no es un obstáculo para la productividad. Al contrario. Los estudios demuestran que es más probable que las mujeres permanezcan en su empleo durante más tiempo si pueden amamantar en el trabajo, que es una buena manera para retener a trabajadores cualificados.

El apoyo de la lactancia materna por parte de los empleadores sólo conlleva costos limitados, tanto en términos del tiempo empleado como de la infraestructura necesaria.

Addati cita el ejemplo del Departamento de Energía y Agua de Los Ángeles, que ofrece un programa exhaustivo de lactancia materna para apoyar a las trabajadoras, incluyendo salas de lactancia y horarios flexibles.

Desde que el programa fue introducido, las demandas de atención médica disminuyeron en un 35 por ciento. Un 33 por ciento de las madres primerizas regresaron al trabajo antes de lo previsto, la tasa de absentismo fue un 27 por ciento inferior y un 67 por ciento pensó en permanecer en la empresa a largo plazo.

También en los países en desarrollo se han alcanzado algunos progresos.

Laura Addati explicó: “Hace algunos meses fui a Mozambique y me reuní tanto con los empleadores como con los trabajadores de la industria del turismo que se habían beneficiado de uno de nuestros programas dirigidos a mejorar las condiciones de trabajo, que incluía la protección a la maternidad. Me impresionó ver cómo los empleadores estaban felices de constatar las ventajas en términos de reducción de absentismo y de mantener a su personal a largo plazo, una vez que decidieron establecer servicios para el amamantamiento”.

Países como Filipinas y Sudáfrica también están comenzando a extender la protección a la maternidad y en particular los acuerdos de lactancia materna a los trabajadores informales, domésticos u ocasionales. Otros países como India ofrecen transferencias en efectivo a las mujeres embarazadas o en período de lactancia si cumplen con algunas condiciones, como el amamantamiento.

“En contra de la opinión general, los trabajadores informales también afrontan problemas para seguir amamantando cuando regresan al trabajo, ya que con frecuencia no pueden llevar a sus hijos consigo al campo, a recoger leña o agua o – en el caso de las trabajadores domésticos – al hogar del empleador. Cuando lo hacen, con frecuencia implica un riesgo para la salud y el bienestar del niño y una participación prematura en el trabajo infantil”, destacó Addati.

El papel de la OIT
El Convenio sobre la protección a la maternidad de la OIT, 2000 (núm. 183) y su recomendación respectiva (núm. 191) exigen la adopción de un conjunto de medidas esenciales para ayudar a iniciar, establecer y mantener buenas prácticas en relación a la lactancia materna.

Estas incluyen:
  • Licencia de maternidad de al menos 14 semanas con una remuneración del 66 por ciento de su sueldo anterior a cargo de la seguridad social o de los fondos públicos, o 18 meses con salario completo como promueve la Recomendación núm. 191.
  • Atención médica prenatal, durante el parto y postnatal para la madre y el bebé y prestaciones en efectivo para las mujeres que no cotizan en el seguro social obligatorio.
  • Protección de las trabajadoras embarazadas o lactantes frente al trabajo considerado como como perjudicial para su salud o la de su hijo.
  • El derecho a regresar al mismo cargo o a uno similar, con el mismo sueldo y con protección frente a la discriminación laboral.
  • El derecho a una o más interrupciones o a una reducción de los horarios de trabajo con el propósito de amamantar.

martes, 11 de junio de 2013

Lactancia y Trabajo

Todas las mamás trabajan. 
Criar un hijo, nutrir a una familia, es uno de los trabajos más importantes para la sociedad.
Algunas madres, por necesidad o elección, además de trabajar como tales tienen un empleo fuera de su hogar. Se dice que estas mujeres tienen un carga de trabajo doble: por un lado su empleo rentado y por el otro, todas las tareas domésticas y de cuidado una vez que regresan al hogar. Algunas son madres jefas de hogar. Otras tienen pareja que participan de la crianza y las tareas domésticas.
Imagen: Daquellamanera bajo licencia cc
Una madre que amamanta y trabaja fuera de su hogar necesita apoyo. Las leyes argentinas brindan un marco mínimo de contención: licencia por maternidad de 12 semanas (el mínimo propuesto por la Organización Internacional del Trabajo) y una hora de lactancia durante el primer año de vida. Las madres que cuentan con un centro de cuidado o guardería en su lugar de trabajo o muy cerca de él pueden usar esa hora de lactancia para ir a amamantar a su bebé. Otras madres que no tienen a sus hijos cerca durante el horario de trabajo usan ese tiempo para extraerse leche que sus hijos tomarán en su ausencia.

La situación ideal sería que las madres pudieran quedarse con sus hijos durante el tiempo que dura la lactancia materna exclusiva (6 meses). Existe en Argentina un movimiento que promueve una licencia por maternidad con seis meses efectivos posparto. Este cambio exige, además de leyes, un cambio de paradigma en la manera que pensamos la crianza. Criar a un hijo es un acto social aunque se ejerza en la esfera privada. Estamos formando una parte de la sociedad, y un ser humano bien vinculado y criado nos beneficia a todos.

En ausencia de un posnatal de seis meses, y aun como complemento del mismo, los centros de cuidado infantil en el lugar de trabajo o muy cerca de ellos son necesarios para mantener la lactancia exclusiva y cumplir con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud: seis meses de lactancia exclusiva y continuando después hasta los dos años o más. Los bebés amamantados se enferman menos, y si la madre puede amamantar a su bebé en el medio donde él o ella pasa sus días, le transferirá los anticuerpos a los patógenos a los que está expuesto y el bebé se enfermará menos todavía.

Si la madre no tiene acceso a un centro de cuidado y no puede amamantar a su bebé, deberá extraerse leche para mantener su producción y para que su bebé la tome cuando ella no esté. La extracción de leche es una habilidad que se adquiere con práctica. Puede hacerse de manera manual o con un sacaleches mecánico o eléctrico.

Una de las preocupaciones de las madres es cómo conservar la leche que se extraen, como manejarla y cómo resolver los problemas que puedan surgir. También preocupa cómo ofrecer la leche al bebé y cuánto darle cada vez. Es importante que la persona o personas que cuiden al bebé sepan cómo manejar la leche materna, reconozcan el valor de mantener la lactancia y apoyen a la madre. Centros de cuidado amigos de la madre y el niño serán centros donde la lactancia materna se considere un valor que hay que proteger. Otra de las preocupaciones es cuánta leche recibirá el bebé en cada toma.

Es posible trabajar y amamantar, muchas madres en todo el mundo lo hacen. Es importante informarse de antemano y buscar apoyo de otras madres que estén amamantando o que lo hayan hecho, investigar y explorar alternativas, sumar a la familia, compañeros de trabajo y supervisores. Encontrar quien te dé aliento cuando parezca difícil, elegir lo mejor para vos y tu familia y apoyar las iniciativas que garanticen a los bebés el derecho a recibir la leche de sus mamás.

Este documento tiene fines informativos y no reemplaza la atención médica.

Preparado por: V. Garea IBCLC
©GALM Bariloche. Permitida la reproducción sin modificaciones y citando la fuente.

lunes, 3 de junio de 2013

Mujeres orquesta

El tiempo no para y ellas tampoco. Un día en la vida de las argentinas de hoy
Por Fabiana Scherer  | LA NACION

MARU (42)


Maru Botana (42). Mamá, empresaria,
 cocinera, conductora de televisión
Maru Botana (42). Mamá, empresaria, cocinera, conductora de televisión.
Mamá, empresaria, cocinera, conductora de televisión

Tengo que dormir por lo menos 6 o 7 horas para funcionar. Pero duermo menos y funciono igual", dice Maru de frente a una colorida taza a la que da vueltas una y otra vez como si no pudiera quedarse quieta. En eso suena el celular. Pide disculpas, atiende y asegura que sus días son así. Son pocos los momentos en los que María José González Botana de Solá hace una cosa por vez. Se detiene, piensa e intenta encontrar en su memoria uno de esos ratitos. No lo consigue. "Aprovecho cada momento", asegura y es lógico que así sea. Sólo basta pensar que es mamá de Agustín (14), Lucía (11), Matías (9), Sofía (7), Santiago (6), Juan Ignacio (3) e Inés (10 meses); tiene una revista mensual que lleva su nombre, está al frente de cuatro locales de gastronomía, da clases de cocina, tiene un programa de TV en Elgourmet, está casada hace 18 años con Bernardo Solá y es la imagen de productos que van desde hamburguesas a colchones.

"Comé", dice. Se levanta. Prepara el café y le avisa a una de las chicas que la ayudan en la casa, Ede y Aurora, que le agreguen leche. Se sienta de frente a la mesa que da a la gran cocina de su casa ubicada en un barrio cerrado de Pacheco. Hay de todo. Desde frascos enormes de vidrio con barritas de granola hasta una degustación de pequeñas porciones de tortas colocadas en largos y delgados platos rectangulares (no está su favorita, la charlotte). "Este es mi lugar en el mundo".

Todavía tiene el pelo húmedo y los bucles, esos que hacen que Maru sea Maru, aún se están formando. La ducha fue la recompensa tras una hora de intenso entrenamiento. Sí, Maru también entrena. "Me levanto muy temprano. Si tengo una reunión en el colegio o de trabajo, me despierto a las 5.45 y me pongo a entrenar. Si no tengo nada programado -arma el schedule en el aire-, despierto a las nenas. Ellas son las que se van primero al cole, en combi. Después levanto a los varones. Cambio a los chiquititos y desayunamos. Dos veces por semana hago carpool (viaje compartido). Cuando termino con los chicos entreno de 8 a 9. Me baño y si tengo cosas de laburo salgo corriendo, porque desde acá estoy lejos de la Capital". Toma aire y en el mismo instante que iba a seguir con su rutina entra en escena Lía, la manicura.


 Foto: Martín Lucesole

La cara de Maru se transforma. "Para mí es sagrado hacerme las manos y los pies". Se la ve feliz. Lía acomoda su maletín y sonríe con complicidad. No necesita mucho espacio. Maru estira las manos y sin perder el hilo y el ritmo de la conversación continúa con la cronología de sus días. "Si puedo lo voy a buscar a Juani, que sale del cole a las 12 y lo llevo a comer. Otras veces, lo traen a casa y lo espero con la comida -mueve una mano y sólo los dedos de la otra se introducen delicadamente en un bol con agua-. Con Inés estoy transitando la etapa de la siesta. A veces la gorda duerme, otras no. Es muy pegota a mí. Me extraña mucho, por eso intento llevarla conmigo al recorrido de todos los días por los locales. Reviso la mercadería, chequeo que todo esté bien. Voy a los dos locales de 11 de Septiembre y en el de Belgrano R tengo una encargada que es cocinera, así que con ella más que nada me manejo por celular, igual que con el local de Suipacha." Sacude la cabeza. Vuelve a atender el celular. Se acomoda en la silla y sube los pies desnudos al regazo de Lía. Suena el timbre. Aurora lleva en brazos a Inés hasta la puerta. A los pocos segundos aparece en escena Joaquín López Patterson, su peinador y maquillador personal. Maru sonríe y le asegura que estaba preocupada por su tardanza. "Tuve un problema en casa. Pero ya estoy acá", responde él, para darle tranquilidad. Con peine y secador en mano, da fe que los días de Maru son todos así. "¿Le contaste cómo te depilás?" Los tres se miran como si estuvieran a punto de develar un gran secreto. "En este rincón hago de todo -confiesa Maru-. Él puede estar peinándome mientras hablo por teléfono y con el brazo en alto Lía me depila las axilas."





Un rincón donde pasa de todo. Maru se reserva espacios para mantenerse linda  
sin descuidar el día a día con sus hijos (en la foto, con Juan Ignacio).
Foto: Martín Lucesole                                                             

        







Así es Maru, una perfecta equilibrista. "En qué estábamos?" Sin dar tiempo a responder se acomoda ya con los bucles más formados y con las uñas de los pies con algo de brillo. "¡Ah! Sí. Trato de que mi oficina central sea acá. Mi casa es mi centro de operaciones. En esta misma mesa reviso las páginas de las revistas. En aquel rincón hago las fotos para cada edición. Cuando salgo -dice sin parar- , intento estar de vuelta a las 4 o 5 de la tarde, así ya a las 6 me pongo a cocinar. Preparo las launcheras para el día siguiente. Y los martes doy clases en un colegio de por acá."

 
De recorrido. No hay día que no la acompañe
uno de sus niñosa los locales de repostería
que llevan su nombre. Foto: Martín Lucesole
Cada vez que el tren pasaba por el puente que estaba cerca de su casa de Belgrano, la Maru niña pedía tener muchos hijos. "No soñaba con casarme, sólo quería tener hijos." El deseo se cumplió y en su vida lo más importante es su familia. "Valoro cada instante con ellos. Después de lo que nos pasó con Facu [su sexto hijo, falleció en 2008 a los seis meses] empezás a mirar la vida de otra manera. Abrazás cada momento. Trato de hacerme los tiempos necesarios para compartir con cada uno de mis hijos."

Estar presente, ése es el desafío de Maru. "Definitivamente corrés de un lado a otro. Intento estar siempre cuando los chicos vuelven del cole. Son los momentos que me reservo. Los baño, hacemos la tarea, vamos al médico -respira, se mira los pies, cambia de posición-. Como somos una familia numerosa es importante que encuentre la manera de estar un ratito con cada uno." Cada vez que ve un tren pasar por un puente, ahora sólo pide que la vida siga sorprendiéndola.

Por sus medios

En pantalla
  • Maru volvió a la tele con Siempre Dulce. En el programa que emite Elgourmet, todos los lunes, a las 22, ella recibe el pedido de una torta específica. Lo que no sabe es para quién será esa torta. A través de pistas que le darán intentará descubrir el personaje en cuestión. "Es muy divertido -dice del ciclo, que ya fue grabado en su totalidad-, porque soy un desastre para eso. Soy muy despistada". Entre otros, encargaron sus tortas Julián Weich, Claribel Medina, Matías Martin y Mex Urtizberea.

Más datos: www.elgourmet.com

Revista Maru
  • "El otro día analizaba todas las cosas buenas que tiene la revista -dice-. Cada página busca ofrecer ideas claras, dar una ayuda a la mujer que trabaja todo el día, que tiene que atender una familia. Intento que encuentren tanto en papel como online ( revistamaru.com ) ideas simples, pero buenas. Soluciones para el hogar, para la cocina, para el día a día. Disfruto mucho haciéndola." En la revista Maru, que sale hace tres años todos los meses y se vende en quioscos de todo el país, hay un plan semanal para organizar el menú de todos los días; una sección de tortas y una nota de tapa con recetas especiales (este mes, cocina para hombres). A partir de julio tendrá nuevo diseño y nuevos contenidos.

LILIANA (48)

En plena actividad. Para Liliana es importante 

saber delegar para poder llevar una vida balanceada
 entre su vida laboral y personal.
 Foto: Martín Lucesole
Gerente en NCR Argentina, madre, deportista
  
En plena actividad. Para Liliana es importante saber delegar para poder llevar una vida balanceada entre su vida laboral y personal. Foto: Martín Lucesole
Ser creativo todos los días, esa es la clave para balancear tu vida laboral con la familiar", define Liliana Karayan. "Lo que hago no lo veo como un sacrificio ni como una obligación, intento disfrutar de mi trabajo, de mi familia, de mis amigos."

Orgullosa de sus 48 años, es la primera mujer en ocupar en NCR Argentina (empresa líder en soluciones de self service) el puesto de Gerente de Ventas para la Industria del Retail (supermercados, cadenas comerciales). "Mi vida está atravesada por la compañía -confiesa-. Ingresé en diciembre de 1988 y me casé [con Martín, licenciado en Administración de Empresas] en abril de 1989", dice para poner énfasis en cómo el crecimiento profesional y familiar fueron de la mano. "Todo sucedió en paralelo. Mis clientes y mis compañeros vieron mis tres panzas y conocen a mis hijos: Ignacio (20), Lucila (18) y Agustina (14)". Es una realidad que las mujeres ocupan cada vez más cargos de importancia en las empresas. "Sin ir más lejos cuando entré en la compañía en el área comercial estaba solita. En cambio hoy, ocupamos casi el 50 por ciento en todos los sectores".

Boulogne, San Isidro. A las 6 suena el despertador."Nos levantamos en cadena para entrar a la ducha. A todos nos gusta bañarnos por la mañana. Por suerte Ignacio va a la Facultad a la tarde -agradece-, por lo que la pelea se reduce."

Después del desayuno se dividen las tareas. "Hay días que mi marido lleva a Lucila a la Facultad (estudia diseño industrial) y yo alcanzo a Agustina al colegio. Así arrancamos." El trabajo le exige reuniones permanentes con clientes; muchas las realiza en zona norte, otras desde su oficina en el centro porteño. "Uno sabe cuándo empieza a trabajar, pero no cuándo termina. Creo que hoy, la mayoría de las mujeres somos workaholic -arriesga-. A través de mi teléfono o de la laptop me mantengo en contacto con los clientes, con mis hijos, con mi marido y con mis amigos. De esta manera intento balancear la jornada."

Tres veces al año, por lo menos, viaja al exterior, sobre todo a Estados Unidos, donde se encuentra la central de la compañía. También hace varios recorridos por provincias argentinas. "Puedo hacer los viajes porque mi marido me ayuda mucho. Los dos nos hacemos cargo de la familia, somos un equipo, siempre fue así. El año que viene festejamos las bodas de plata."

Delegar. Para Liliana es clave. "Si uno pretende hacer todo sola, terminás volviéndote loca. Es importante aprender a aceptar ayuda. Mis hijos están creciendo y ellos cada vez son más solidarios. En casa, por suerte, cuento con la maravillosa ayuda, desde hace 18 años, de una misma persona. Es importantísimo poder armar un equipo para que todo se articule." Cuando la jornada de trabajo llega a su fin, mediante llamadas telefónicas o mensajitos, Liliana coordina las visitas al médico y las actividades extracurriculares de los chicos. "La cena es el momento en el que estamos todos. Hablamos, organizamos el día siguiente: la tarea, la ropa. Siempre hay algo que lavar o planchar de urgencia."

Los fines de semana los tiene reservados a la familia y al deporte. "Todos los sábados acompaño a Agustina a jugar al hockey, lo hace a nivel competitivo. Me subo al ómnibus hasta el club al que le toque jugar." No sólo la acompaña, también es la coordinadora del grupo y de cierto modo la fotógrafa del equipo. "A las 7 estamos arriba y salimos para cumplir con la jornada. Me encanta. A eso de las 14 estamos de vuelta en casa. Almorzamos y de ahí me voy a jugar al tenis. Hace 8 años que retomé. Jugaba de chica. Es terapéutico, además armamos un grupo maravilloso. Mi marido dice que lo que más me divierte es el tercer tiempo [se ríe], puede ser. Todo lo que encaro intento ponerle una cuota de positivismo, es la única manera de poder seguir adelante. Si no, al primer bajón te caés y hoy no podés permitírtelo."

MARITÉ (64)
Empleada doméstica, repostera, mamá y abuela

Pasión por lo dulce. Estudió repostería para hacer
 la torta de comunión de sus hijas. Foto: Martín Lucesole
Las adversidades me fortalecen", asegura Marité, una mujer que a lo largo de su vida tuvo que hacer frente a varios reveses para no apartarse de sus sueños. "Tener trabajo, formar una familia, tener una casita", enumera lo que alguna vez fueron anhelos y hoy alimentan su día a día. "Para lograrlo no paré", dice ya en tiempo de descanso en una de las casas donde trabaja. Su tono de voz es firme. Ya nada queda de la tonada que trajo de Paraguay hace 40 años. "Soy de Asunción. Me vine con mi marido y una hija chiquita", hace una pequeña pausa. "Mi hijo mayor quedó allá. Alejandro tenía 3 años y era de mi primer matrimonio. Mi ex no me permitió traerlo, pero estuvimos en contacto todo el tiempo." El dictador Alfredo Stroessner estaba en el poder cuando Marité, su marido y Patricia de 21 días decidieron dejarlo todo para arrancar de cero en Buenos Aires. A diez meses de su llegada dio a luz a Roxana. Nació prematura y tuvo que pasar un buen tiempo en la incubadora. "En aquel entonces estábamos sin casa. Vivíamos en pensiones, pero salimos adelante. Con mi esposo trabajamos sin parar. No teníamos sábados, domingos, feriados ni nada."

Al principio dejaba a las chicas en una guardería para poder ir a trabajar. "Vivíamos en una pensión cerca de la cancha de Huracán, en Parque Patricios, hasta que nos dijeron que no podíamos estar más ahí con las niñas. Así que nos fuimos para Merlo, donde alquilamos una casilla. Estuvimos cuatro años ahí, hasta que pudimos comprar nuestro terreno y una casita prefabricada. Poco a poco con esfuerzo y honestidad fuimos mejorando." Por más de 28 años en su casa vivió una mujer paraguaya que cuidaba a sus nenas cuando salía a trabajar. "No le decía no a nada. Todo sumaba. Iba de una casa a otra y de esa, a otra más. Trabajaba por hora. Los domingos por la mañana limpiaba una heladería en Parque Patricios -recuerda-. Además de lo que me pagaban me daban dos kilos, así que las chicas esperaban ansiosas mi llegada porque los domingos a la tarde eran nuestros y comíamos helados."

''Lo más agotador es el viaje''. En el tren Sarmiento
ida y vuelta:de Merlo a Once. Foto: Martín Lucesole
El desarraigo es difícil de transitar. "Había días que me sentaba en el piso a llorar porque extrañaba a mi hijo, a mis padres, a mis hermanos -reconoce-. Fue muy duro, pero me decía a mí misma que tenía que salir adelante. Tres veces al año viabaja a ver a Alejandro, y llevaba a las chicas, porque siempre quise que se relacionara con sus hermanas. Iba con las dos nenas en un asiento. Era un viaje de 20 horas. Valió la pena, porque hoy se quieren mucho."

Eterna agradecida a Dios, Marité quiso que la torta de la primera comunión de sus hijas fuera especial. Era un momento único. "Pero era tan cara... no podía comprarla, así que decidí hacer un curso de repostería y hacérselas yo misma -cuenta orgullosa-. Estudié tres años y empecé a vender tortas de casamientos, de cumpleaños de 15, a preparar mesas de dulces. Les hacía las galletitas que las chicas llevaban al colegio. Se las preparaba y las guardaba en bolsitas. Mi nieto de 16 años me dice todo el tiempo que tengo que dejar mi legado", se ríe. Once son los nietos. "Tengo una muy buena relación con todos. Mis hijos y mis nietos son los soles de mi vida."

Amante de lo verde. En su casa, por culpa de
 los perros, no puede tener su propia huerta.
Se da el gusto en el hogar donde trabaja.
Foto: Martín Lucesole
Siempre pensó en el futuro de sus hijos. "Hice lo posible para que pudieran estudiar (Marité hizo el secundario en Paraguay). Para mí el yo no puedo no existe y eso siempre le inculqué a mis hijos. Alejandro (42) es Licenciado en Informática y vicerrector en una universidad; Patricia (38), profesora de Informática y catequista; Roxana (37), maestra de grado. Valió la pena tanto esfuerzo."

Trabajar es parte de su vida. "No me imagino haciendo nada." Religiosamente se levanta a las 5 para comenzar el día. Ya a las 5.45 está en la parada del colectivo que la lleva hasta la estación de Merlo. "Ahí me tomo el tren Sarmiento hasta Once y de ahí otro colectivo hasta mi lugar de trabajo. Depende el día. Hay veces que me toca Recoleta y otras, Palermo. Los miércoles voy hasta un country en Pilar donde me encargo de las plantas. Lo más agotador es el viaje -asegura-. Ya no me dedico a la limpieza. En una casa cocino para toda la semana, preparo el menú y lo freezo; en la otra, organizo, hago los mandados y cocino. Tengo la suerte de trabajar con gente que me hace sentir como parte de una familia."

Los fines de semana son de María Claudelina Molinas, tal como la bautizó su madre, a pesar de que su papá quería llamarla María Teresa. Para todos, ella es Marité, no se reconoce de otra manera.

Nada parece detenerla. "A mí las adversidades me fortalecen -confiesa sin titubear-. Hace poquito, Patricia sufrió un ACV leve. Por suerte está bien. Siempre le digo que mire lo que tiene, que es mucho, que intente ser positiva. A mí la vida me llevó a ver el lado positivo de las cosas. Después de que nacieron las nenas padecí un embarazo ectópico. Casi me muero. Estuve en coma. Vi ese túnel, la luz blanca. Después de eso hice un clic y mi vida cambió para siempre."

MARIELA (41)

Los deberes, en la cocina . A pesar de sus largas 
jornadas, la médica se ocupa de ayudar a sus hijos 
con las tareas. Rocío, Micaela y Camila, agradecidas.
 Foto: Martín Lucesole
Neonatóloga full time y mamá

Enérgica. No hay duda de que Mariela Irañeta es una mujer bien enérgica, inquieta, polvorita. Al escucharla hablar uno puede imaginársela como una hormiguita trabajadora, esas que van y vienen sin perder el tiempo. Así, aunque sea menudita y de aparente fragilidad. Fragilidad que nada tiene que ver con su día a día como neonatóloga, madre de cuatro chicos -Matías (15), Rocío (11), Camila (7) y Micaela (6)- y mujer divorciada. En su departamento de Caballito y vestida de civil, Mariela prepara el café y sirve unas masitas que ella misma preparó la noche anterior. "Me encanta cocinar. Durante los primeros años de la carrera de Medicina hice un curso con Marta Ballina. Para bancarme los estudios vendía tortas y postres. Hasta hice la torta de mi casamiento y la del casamiento de mi hermana."

Ya con el primer bocado no hay duda. Mariela es buena cocinera. Al living se acercan Micaela, Rocío y una compañerita del colegio, dispuestas a llevarse algunas masitas entre manos. La más chica ya estuvo comiendo y deja una prueba de chocolate en el rostro de su mamá. "Son muy cariñosas", asegura con una típica sonrisa maternal. La pausa dura sólo un instante. "Ah, tengo un nuevo trabajo." Tal confesión no resultaría extraña en boca de otra persona, pero en el caso de Mariela la pregunta Cómo hace no tarda en llegar. Es que esta mujer de 41 tiene tres trabajos fijos (en la Clínica Maternidad Suizo Argentina, en el Cemic de Saavedra y hace traslados de alta complejidad con la empresa Infant), además de preparar masitas y cursar una beca de perfeccionamiento. "Uno se acostumbra a dormir poco", dice con total naturalidad. "Duermo 4 o 5 horas, a veces menos, depende de las guardias, de las tareas de los chicos."

¿Ojeras? No, no se le ven. "No siempre es así. Hay veces que no sé cómo taparlas." De lunes a jueves, el despertador suena a las 6.45. "Los chicos ya están bañados de la noche anterior, así que prolijitos están. Matías hace la mayoría de sus cosas solo. A las nenas las ayudo a vestirse, las peino y después de desayunar las llevo al colegio, que está acá a la vuelta. Son re buenitas" Con el trabajo nuevo en la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina la rutina de Mariela cambió. En la avenida Rivadavia se toma un colectivo que la lleva hasta Belgrano y Combate de los Pozos, a las oficinas de la Uocra, donde se dedica a las autorizaciones médicas.

"Ahí estoy hasta las 14. Después me voy para la Suizo (Pueyrredón y Santa Fe). Los martes, a las 20, salgo para el Cemic de Saavedra y me quedo hasta el miércoles. A la mañana siguiente voy para la Suizo, donde trabajo en investigación para la beca. A la tarde me presento en la Uocra", resume a modo de ejemplo un día en su vida laboral. Tarea que no resulta nada fácil. "El miércoles a la noche estoy con los chicos y hay veces que si puedo escaparme al mediodía, nos vemos un ratito."

Recién recibida de la Universidad de Buenos Aires trabajó en el hospital Piñero y en el Hospital Materno Infantil de Grand Bourg. "Después arranqué en el Cemic. Hace seis años que trabajo ahí. Antes hacía los domingos completos, después pasé a los viernes. En la Suizo soy médica de guardia los sábados a la noche y hace dos años que comencé en la maternidad la beca de perfeccionamiento. Voy casi todo los días. El primer año de la beca estuvo enfocado en lo asistencial. Trabajaba 8 horas y además cumplía con dos guardias, sumadas a las que ya hago como médica. Este último año tiene su parte de asistencial, pero además se suma el área de investigación. Estoy haciendo un trabajo acerca de cardiopatías congénitas."

Urgencia y alta complejidad. Hace cinco años Mariela
hace trasladados neonatales que son
un verdadero desafío. Foto: Martín Lucesole
Escucharla es fascinante, Mientras habla es inevitable pensar en su organización y confesar. el clásico yo no sé si podría.

"Son cuatro las noches que paso afuera de casa", parecería decirse a sí misma en voz alta. "Sí, cuatro noches. Con mi ex marido llegamos a un acuerdo. De lunes a viernes nuestros hijos están comigo y los fines de semana con su papá. Ya el lunes a la tarde están en casa." Pero aún hay más. Hace cinco años que Mariela también trabaja en el área de traslados pediátricos y neonatales para la empresa Infant. "Te llaman y vas con la ambulancia a buscar al chico que tenés que trasladar a un lugar de referencia y complejidad según su situación. Quizá vamos hasta Junín y lo traemos a un centro de salud de Capital o de La Plata. Es un desafío porque el traslado en estos casos es clave".

Como toda madre que trabaja fuera de casa, Mariela debe hacer frente a los reclamos de sus hijos y a su propio costado culposo. "Tienen razón para hacerlo porque trabajo un montón, es verdad. Intento que cada momento que estoy con ellos cuente. Antes de ponerme a hacer la beca lo hablé con ellos. Les comenté lo que implicaba, las horas, las guardias, la necesidad de perfeccionarme para tener mejores oportunidades. Ellos saben que trabajo para que estemos mejor, que hay un desafío personal pero también una cuestión económica. Estoy sola. Ellos lo entienden. Y esto no quiere decir que no me hagan reclamos y que yo no sienta culpa. Yo misma me hago reclamos."

Estar fuera de casa no implica no estar atenta a lo que pasa con ellos. "Estamos conectados vía Facebook, Skype. Estoy todo el tiempo con los mensajitos, llamándolos. Hasta hacemos la tarea a la distancia -confiesa-. Cuando estoy en casa la cena es sagrada y hacer los deberes desparramados en estos mismos sillones o en la cocina es fantástico. Obviamente no todo es color de rosa, también tenemos momentos difíciles."

Como toda mujer separada intentó amigarse con la soledad. "Me costó manejarla. Me decía a mí misma cómo iba a entrar yo sola a un lugar a desayunar o a comer algo. Sentarme con un café no fue fácil. Con el tiempo empecé a disfrutarlo". Reconoce ser medio workaholic. "Pero amo quien soy. Si volviera a nacer sería lo que soy. Tengo una familia maravillosa y trabajo en lugares donde me da gusto trabajar."

RADIOGRAFÍA DE LA MUJER ARGENTINA


  • Fortaleza. Los argentinos definen a la mujer con una sola palabra: fuerte. Le siguen maternal, bella, compañera y trabajadora.
  • Madres. El 47% de la población argentina considera que la mujer necesita tener hijos para realizarse. Un 45% opina lo contrario.
  • Trabajo. El 71% de los argentinos cree que la mujer tiene iguales oportunidades de trabajo que el hombre, mientras que un cuarto de la población cree lo contrario. La opinión acerca de que hay igualdad de oportunidades laborales para la mujer es significativamente mayor entre los hombres (75% contra 67% entre las mujeres).
  • Movimiento. Las argentinas se mueven más durante el fin de semana: 2.2 km promedio, por día (en la semana, son 2 km). Las actividades que más disfrutan son: el ocio, tener sexo, ir de compras, hacer gimnasia, bailar, practicar un deporte, darse un baño de inmersión, moverse en el trabajo, salir con los hijos e ir y venir del trabajo.
  • Lo que menos le gusta. Cocinar, lavar, ordenar. Las tareas domésticas.
  • El 40% de las mujeres produce el mayor movimiento temprano a la mañana y el 22% por la tarde.
  • En simultáneo. El 67% de las argentinas asegura que son más activas que los hombres en la semana. El 48% de las que cree esto se lo atribuye a que las mujeres realizan más tareas en simultáneo que los hombres.
Fuente TNS Gallup//Perfect Crowd para Rexona Women.

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