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martes, 24 de diciembre de 2013

Hoy hace mucho calor!!!

Los riesgos en los días de mucho calor!!!

El verano suele ser esperado por los niños y jóvenes con gran entusiasmo por las vacaciones, el tiempo libre, las salidas y los juegos al aire libre
Los días de alta temperatura y humedad (ola de calor) pueden transformarse en un gran riesgo para la salud por lo que debemos informarnos, estar atentos y tomar las medidas necesarias de prevención
Cuando hace calor
  • El cuerpo trata de disipar el calor que genera, a través de la sudoración (por evaporación)
  • También aumenta la circulación de la piel para perder calor (por radiación) aunque este mecanismo no es muy útil en los días calurosos
  • Si la edad del niño le posibilita hacerlo solo: se desabriga, busca lugares frescos y ventilados e ingiere más agua (los bebés y niños pequeños dependen de la ayuda de un adulto)
Cuando hace mucho calor

  •  El cuerpo tiene dificultades para regular su temperatura y ésta puede elevarse (más de 37° medida en la axila) por deshidratación, agotamiento del mecanismo natural del sudor y desajuste del centro cerebral que controla la temperatura corporal
  • Si esto ocurre sobreviene el agotamiento por calor y de persistir, más grave aún, el golpe de calor
El agotamiento por calor se manifiesta con estos síntomas:
  • Sudoración excesiva
  •  En los bebés puede verse la piel muy irritada por el sudor en el cuello, pecho, axilas, pliegues del codo y la zona del pañal (sudamina)
  • Piel pálida y fresca
  • Sensación de calor sofocante
  • Sed intensa y sequedad en la boca
  • Calambres musculares
  • Agotamiento, cansancio o debilidad
  • Dolores de estómago, inapetencia, náuseas o vómitos
  • Dolores de cabeza
  • Irritabilidad (llanto inconsolable en los más pequeños)
  • Mareos o desmayo
Qué debemos hacer?
  • Ofrecerle agua fresca (también agua + sal: ½ cucharita en 1 litro)
  • Ofrecerle con más frecuencia el pecho a los lactantes
  • Trasladarlo a un lugar fresco y ventilado, si es posible con aire acondicionado frío
  • Desvestirlo
  • Ducharlo o mojarlo en todo el cuerpo con agua fresca
  • Aquietarlo y ponerlo a descansar
  • Consultar a su pediatra o a un Centro de Salud
El golpe de calor (cuando el agotamiento se agrava)
 Debemos estar alertas a estos síntomas y consultar con urgencia
  • Temperatura del cuerpo 39° o mayor (medida en la axila)
  • Piel roja caliente y seca (se agota la sudoración)
  • Agitación
  • Dolor palpitante de cabeza
  • Vértigos y desorientación
  • Delirios, confusión o pérdida de conocimiento
  • Convulsiones
¿Qué debemos hacer?
  •  Llamar sin demora a un servicio de emergencia o trasladarlo al Centro de Salud más próximo 
  •  Llevarlo inmediatamente a un lugar fresco y ventilado, si es posible con aire acondicionado frío
  •  Quitarle las ropas y enfriarlo lo más rápido posible, mojando con agua fría todo el cuerpo
  • Ofrecerle agua si está consciente
  • No se debe administrar medicamentos antifebriles (no son útiles en esos casos y pueden empeorar al niño)
  • No se debe friccionar la piel con alcohol (causa intoxicación)  
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
  •  Los menores de 5 años y más aún los menores de 1 año
  •  Los que padecen enfermedades crónicas, cardíacas, renales, mentales o neurológicas 
  •  Los niños con fiebre por otra causa o diarrea
  • Los niños obesos o desnutridos
  • Los que tienen la piel quemada por el sol
  • Los jóvenes que usan y abusan de bebidas con alcohol y drogas
 Con ellos se debe aumentar las medidas de prevención, estar muy alertas para detectar la presencia de estos síntomas y en este caso o ante la duda no demorar la consulta médica
Consejos para la prevención!!!
Cuando hace mucho calor:
  • Ofrecer a los niños agua o jugos naturales en forma frecuente sin esperar a que los pidan
  • Ofrecer el pecho más seguido a los lactantes
  • No ofrecer bebidas con cafeína o azúcar en exceso
  • No ofrecer bebidas muy frías (causan dolor de estómago)
  • No ofrecer líquidos o comidas calientes o pesadas
  • Incorporar sal en mayor cantidad que lo habitual
  • Bañarlos o mojarles todo el cuerpo con frecuencia
  • Proponer actividades tranquilas y evitar juegos intensos
  • Evitar que transiten y jueguen expuestos al sol, menos aún en horario del mediodía o a la tarde temprano
  • Si deben transitar bajo el sol, ponerles sombrero de ala ancha, usar protectores solares (factor 15 o mayor) y hacer frecuentes descansos a la sombra.
  • Procurar que permanezcan en los lugares más frescos y ventilados
  • Si están en casa, usar ventiladores teniendo en cuenta que no son suficientes para refrescar cuando la temperatura ambiente es muy elevada
  • De ser posible, estar por momentos en ambientes con aire acondicionado frío, en su casa o en los lugares públicos que lo posean
  • Vestirlos con ropa holgada, liviana, de algodón y colores claros o mejor aún, desvestirlos
  • Nunca los deje dentro de un vehículo estacionado y cerrado
El golpe de calor puede ser muy grave, con los primeros síntomas o ante la duda no demore la consulta con su pediatra o en el Centro de Salud más cercano
Para jóvenes y adolescentes
  • No consumir bebidas con alcohol ya que aumentan la temperatura corporal y las pérdidas de líquido. No es conveniente tomar cerveza ante la sed y el calor
  • Evitar esfuerzos físicos o actividades deportivas exigentes. Mejor reunirse y charlar con amigos, escuchar música o leer
  • Sentarse y descansar cuando sientan mareos o fatiga
  • Recordar las recomendaciones generales
  • Tratar de visitar a los abuelos mayores para ver cómo están. Ellos también, como los más chicos, son muy vulnerables al calor
Fuente Sociedad Argentina de Pediatría

viernes, 16 de agosto de 2013

Niños descalzos, más inteligentes (y sobre todo, más felices)

05 de agosto de 2012 | 10:55 CET



Hace un tiempo ya os explicamos cuáles eran las posibles razones de que los niños se descalzaran tan a menudo. A pesar de ello, los padres muchas veces insistimos en ponerles los zapatos, incluso cuando no los necesitan, porque no caminan.

Sabíamos lo cómodos y felices que están los niños explorando sus pies descalzos. Ahora, un estudio señala que la costumbre de calzar precozmente a los bebés y los niños puede afectar negativamente a su desarrollo y que, por contra, los niños descalzos desarrollan mejor su inteligencia:

En la actualidad hay una tendencia a calzar a los niños precozmente. Existen calzados denominados calzado para preandantes y calzado para gateo. En este artículo se pretende ofrecer argumentos científicos que justifiquen la necesidad de dejar descalzos los pies de los bebés no andantes. Como método se ha utilizado el análisis y lectura crítica de distintas fuentes bibliográficas en relación al desarrollo psicomotriz del niño, tratados de neurología y las principales Teorías sobre el desarrollo de la inteligencia en el niño. Encontramos que el movimiento físico y el estímulo sensorial del bebé a través de los pies descalzos es factor de aceleración de maduración, del desarrollo propioceptivo y del desarrollo intelectual del niño.

Así comienza el estudio, titulado “Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes“, elaborado por Isabel Gentil García, Profesora de la Escuela Universitaria de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la Universidad Complutense de Madrid.

En él, se hace una crítica a la profusión de publicidad y comercios de calzado para “preandantes”, así como a la excesiva recomendación pediátrica de calzar a los bebés. En su opinión, este acto solo debería ser necesario con el fin de abrigar los pies, y como demostración ofrece argumentos científicos que justifcan la necesidad de dejar descalzos los pies de los bebés no andantes, a través de un enfoque interdisciplinar.

Por qué son tan importantes los pies del bebé
Desde el punto de vista del desarrollo neurológio y de la sensibilidad táctil, los pies del recién nacido tiene una sensibilidad mucho más fina que la de la mano hasta los ocho o nueve meses.
Por ello en los primeros meses los pies tienen una función esencial: informar del mundo exterior al bebé, que toca con ellos todo lo que tiene a su alcance, los manipula con sus manos y los lleva a la boca donde las terminaciones nerviosas sensitivas son mayores. A partir de esta edad el pie de forma gradual pierde este tipo de sensibilidad.

El hecho de calzar continuamente a los bebés que no caminan les priva de información táctil y la percepción de la posición y movimiento de los pies en relación con el espacio, que juegan un papel importante en el sistema nervioso central. Por ello para la maduración de las habilidades motoras son necesarios el desarrollo de la coordinación visual manual y la adquisición de estas informaciones táctiles y perceptivas.
El estudio además se basa en las etapas de Piaget de desarrollo de la inteligencia, centrándose en la primera, en la etapa sensomotriz (desde el nacimiento a los dos años), cuando son importantes la manipulación, el movimiento y aprender a organizar de forma hábil la información sensorial. Se adquiere la primera noción del yo, del espacio, del tiempo y la idea de causalidad.



Sin duda los pies, como receptores privilegiados, contribuirían a un mejor desarrollo de la inteligencia del bebé, y ello es así porque la inteligencia se desarrolla mediante:
  • La maduración del sistema nervioso, esto es la capacidad de diferenciar y discriminar cada vez un mayor número de estímulos y tiene que ver con la diferenciación de las células nerviosas.
  • La experiencia de interacción con el mundo físico, esto es la manipulación, el manejo de los objetos. Significa conocer el funcionamiento de los objetos a través de manipular con ellos. El desarrollo de la inteligencia no sería posible sin esa manipulación, pues la maduración del sistema nervioso no es independiente de la experiencia. Junto a las manos y la boca, los pies también tienen un papel fundamental.
  • La necesidad de aprender. La mente humana tiende al equilibrio cognitivo. Cada vez que hay un estímulo exterior que no comprendemos tendemos a comprender. El sistema cognitivo tiende a buscar nueva información para reequilibrar, por eso el interés por aprender tiene que ver con buscar estructuras de conocimiento cada vez más complejas y estables.

Además de Piaget la autora se centra en otros autores para demostrar su teoría, y es que al final todos coinciden que el desarrollo es fruto de una compleja interacción entre el ambiente y el organismo y que uno de los factores ambientales que más interviene en su desarrollo es el propio cuerpo y su autoconocimiento.

Una de las imágenes más graciosas que descubrimos del bebé hacia los tres meses es que se mira y se toca las manos y los pies con curiosidad. Empieza a descubrir su cuerpo, y los zapatos en buena medida le restan sensibilidad, movimiento… A partir de los seis-siete meses, los bebés se suelen llevar los pies a la boca en ese proceso de autoconocimiento y aportando nuevas sensaciones y experiencias motoras que contribuyen al desarrollo de su inteligencia.

Además, el hecho de apoyar el pie descalzo en todo tipo de superficies, también irregulares, contribuye al desarrollo muscular. El calzado denominado preandante o el calzado para el gateo impide recibir sensaciones, además añade un peso excesivo a los pies impidiendo que se muevan libremente. Todo ello explica por qué los niños, cuando tienen un mayor control de su cuerpo, se quitan los zapatos continuamente.

Unos calcetines valdrían para que no tuvieran frío, aunque si los bebés se suelen llevar los pies a la boca no son convenientes, y de todas formas aprenden muy rápidamente a quitárselos también. Y, como comenté hace tiempo, considero que los zapatitos para bebés son muy bonitos pero poco útiles, mis hijas los llevaron realmente poco, también por el tema del precio: probablemente sean las prendas más caras en relación a su tamaño.

En definitiva, el estudio concluye que calzar a los más pequeños cuando aún no saben caminar puede perjudicar su desarrollo, y que esos zapatos “preandantes” no tienen justificación. Parece esta una nueva razón para dejar que los niños, si no hace frío, vayan descalzos por casa, aunque nos bastaba con ver lo cómodos y lo contentos que estaban explorando los pies, ¿no os parece?

Fotos | Dermot O’Halloran y lou & magoo en Flickr-CC

¿Por qué se descalzan los niños?

01 de diciembre de 2008 | 10:30 CET



Creo que todo padre y madre en algún momento de la vida de su hijo/a ha pensado algo similar al título del post: “y ahora, ¿por qué se quita los zapatos?“
Hay diferentes momentos de la vida en que los niños tienden a quitarse los zapatos (e incluso los calcetines). De pequeñitos, digamos a partir de los 8-9 meses, están en plena fase de exploración de su cuerpo, hace poco que conocen sus pies y quieren verlos, quieren sentir con ellos y eliminar esas barreras que lo impiden (llamadas zapatitos de bebé). Es algo así como una búsqueda de libertad, un “eh, que yo nací descalza…”.

Cuando son un poco mayores, hacia los 2-3 años esta necesidad regresa (si es que algún día se fue). Caminar, correr y saltar son acciones que ya no tienen truco ni misterio para ellos, sin embargo están en las mismas, no sienten el suelo que pisan y ellos, que están volviendo a conocer su cuerpo desde un punto de vista más comprensible, dando nombre a sus manos y brazos, a sus piernas y pies, quieren volver a sentir con ellos y eliminar esas barreras que lo impiden.

Algo así como sentirse libre de sentir (valga la redundancia) y conectar con el mundo a través de aquello que contacta con él continuamente, nuestros pies.
También puede ser, y esto sí hay que tenerlo más en cuenta, que las zapatillas simplemente le vayan pequeñas o le molesten por alguna razón. Si sólo lo hace con un par determinado, es probable que sea esto. Si lo hace con todos, es probable que sea lo que ya he comentado.
La foto que veis es de mi hijo Jon, de uno de estos días de Noviembre en que se quitó una zapatilla y, por supuesto, un calcetín y un rato antes de que se quitara la otra.

A veces Jon va más allá y una vez ha acabado desnudando sus pies, decide desnudarse por completo. Confieso, no trato de evitarlo. Imagino que es más de lo mismo, querer sentirse libre, redescubrir su cuerpo ahora que sabe como se llaman sus partes, sentir el entorno desde su piel. Quizás alguien opine que no hacemos bien dejándole que se desnude, pero yo pienso ¿cómo voy a limitar semejante manifestación de vida?

Volviendo a los pies, ¿cuándo dejan de hacerlo?
Pues depende. Algunos lo dejarán de hacer cuando dejen de sentir la necesidad de libertad y de conexión con el entorno. Otros no dejarán de hacerlo nunca y llegarán a la edad adulta haciéndolo también.
No hay nada malo en ello, es libertad.

Por qué no hay que dejarles llorar: el cerebro de los niños no es un músculo, sino más bien una flor

07 de junio de 2013 | 12:01 CET


Durante mucho tiempo los padres y educadores han pensado que el cerebro de los bebés es como un músculo, una estructura endeble al principio que va fortaleciéndose y curtiéndose gracias a los malos momentos, a las situaciones duras de la vida, a sufrir soledad y separaciones y a todas aquellas acciones que ayuden a un niño a ser capaz de vivir solo sin depender emocionalmente de nadie.

Bien, es cierto que haciendo todo eso se puede conseguir la meta, que un niño sepa estar solo. El problema es que se corre el riesgo de que además de saber estar solo, el niño llegue a preferir estar solo, o que no sepa cómo estar en grupo, ni expresar las emociones, o incluso que no sepa demasiado bien cómo sentirlas, como no ahogarlas para volver a confiar en los demás. Y es que como padres debemos tener mucho cuidado con el estrés de nuestros hijos pequeños, porque el cerebro de los niños no es un músculo, sino más bien una flor.

Pero los niños son muy resistentes…
Es cierto, los niños son muy resistentes emocionalmente, y tienen que serlo así, porque durante toda la historia la vida ha sido muy dura para ellos. Muchos morían jóvenes o veían morir a sus hermanos o padres cuando aún eran pequeños, muchos han sido niños que nadie ha amado, muchos… Pero eso no quiere decir que puedan soportarlo todo sin que ello afecte a su manera de ser y más ahora, en la actualidad, porque ahora ya no tienen que vivir las penurias que vivieron nuestros antepasados (o las que viven los niños en los países pobres, sin irnos tan lejos).
El cerebro y el estrés no son demasiado buenos compañeros y, si un niño se ve inmerso en un estilo de crianza, digamos, más bien intenso, más bien autoritario, carente de respeto y de puntos de diálogo o negociación, los sistemas de respuesta pueden alterarse y llegar a permanecer de ese modo durante mucho tiempo.

La amígdala: la alarma del cerebro
Prueba a acercarte al Dr. Bruce Banner y moléstale hasta que se enfade. ¿Qué sucede? Pues que en un periquete se vuelve verde y grande, y pasa a llamarse “Hulk”. Exacto, este doctor tiene un problema con su amígdala, que se hiperexcita y funciona demasiado. La amígdala es el sistema de alarma de nuestro cerebro, el que nos pone en alerta ante un peligro, ante un ruido amenazador, cuando estamos a punto de dar una conferencia multitudinaria, etc., es la que nos hace sudar y acelera nuestro corazón preparándonos para la huida o para la lucha.

Lo interesante, lo que todo el mundo busca, es la técnica o la manera de controlarla, sobre todo si sabemos que el entorno es seguro. El ejemplo de la charla es muy válido, porque nadie quiere plantarse delante de un gran número de personas a hablar con el corazón a cien, la boca seca y el sudor empapando su cuerpo. La persona debe coger confianza, debe hacer que el raciocinio supere a la emoción, que la controle. Lógicamente, es difícil hacerlo si nunca has dado una charla, pero si has dado unas cuantas, la costumbre ayuda mucho y al final los síntomas apenas aparecen.
Los adultos, pues, con nuestro raciocinio, somos capaces de dominar a nuestra amígdala en muchas ocasiones porque somos conscientes de qué es peligroso y qué no lo es. Los niños, en cambio, tienen muchos menos conocimientos y mucha menos experiencia y el simple hecho de sentirse solos ya les hace llorar y ya les activa. Se estresan si están solos, si no les haces caso, si les llevas en cochecito pero quieren que les cojas, si están en la habitación de al lado y necesitan que les abraces, si les gritas, si les tratas mal, si les pegas, si les castigas, si…


Estrés y cerebro de los bebés
Y ellos tienen un problema gigante, enorme. No saben cómo calmar la amígdala, no saben cómo respirar hondo y superar el mal trago, no saben cómo entrar en el Facebook y decir “Qué mal día, por Dios”, a la espera de que decenas de amigos les pregunten “¿Qué te pasa tío?, cuenta…”, no saben cómo abrir el congelador y zamparse un helado entero “porque me lo merezco” y no saben cómo llamar a las personas que les importan para que les ayuden a desahogarse, precisamente, porque las personas que les importan, las que deberían ayudarles a calmarse, han decidido que no les pasa nada por llorar un rato, que deben aprender a dormir solos y que no tiene sentido que dependan tanto de ellos y que cuanto antes aprendan a no necesitarles mejor.

Entonces, ¿si no les ayudamos a calmarse?
Si no les ayudamos a calmarse, si no frenamos el estrés, si hacemos caso a los consejos de dejarles llorar, lo que acaba sucediendo es que la amígdala se acostumbra en cierto modo a estar activada y lo que acaba haciendo es hiperactivarse, o lo que es lo mismo, estar cada vez más pendiente del entorno, más vigilante, para dar respuesta antes.

Esto se traduce en niños que actúan de un modo exagerado, asustándose por cosas que no tienen importancia, agobiándose por cosas insignificantes, estando preocupados por todo y perdiendo la paciencia muy fácilmente.

“Ya, pero la mayoría de niños son así”, me diréis. Y es cierto, la diferencia en este caso es que muchos niños que no han aprendido de pequeños a calmarse llegan a la edad adulta con muchos vestigios de esa infancia, siendo personas más asustadizas, más desconfiadas, con dificultad para expresar emociones o, como he dicho al principio, para sentirlas, con poca tolerancia al estrés y con poca paciencia.

¿Qué podemos hacer los padres?


Como supongo que ningún padre quiere que su hijo llegue a ser uno de esos que a la mínima está gritando y tirando las cosas por el suelo porque no tiene autocontrol (que no quiere decir que los niños salgan así, sí o sí, porque hay niños muy capaces de vivir con las adversidades), lo ideal es ayudarles cuando son pequeños a calmarse, ayudarles a racionalizar los momentos de estrés, a darles sentido, a ser ese amigo que te permite desahogarte, a ser el helado de medio kilo, a ser lo que necesitan para suspirar y relajarse de nuevo.

No podemos protegerles de todos los males ni debemos resolverles todos los problemas, porque los niños necesitan retos, necesitan intentar cosas y tomar decisiones para crecer, pero sí podemos y sí debemos estar ahí, a su lado, para echarles una mano cuando la necesiten, para que sientan nuestro apoyo. Dicho de otro modo, en esos momentos en que pierdan los papeles, cuando las emociones les superen y les invada la rabia, la ira, o incluso el miedo, debemos estar ahí para dar significado a las emociones, para que vean que nosotros sabemos controlarnos, entiendan por qué pueden vivir los problemas de otro modo y vean que allí donde no parece haber salida posiblemente la hay, si la buscan con más paciencia y dándose tiempo.

De este modo los niños van sumando experiencias, van sumando logros, van aprendiendo a controlarse y van tomando cada vez más decisiones, siendo más capaces de afrontar los problemas y de controlar los impulsos y las emociones negativas. De este modo, cuando crezcan, serán adultos que ante el estrés y la ansiedad serán capaces de afrontar los problemas con mayor tranquilidad, pudiendo trabajar incluso cuando presión, buscando soluciones y luz ahí donde otros sólo verán oscuridad.

El problema, como he dicho y asumiendo que me repito, viene cuando esas emociones no se trabajan, cuando no les ayudamos, cuando tienen que ser ellos los que las calmen, a veces siendo ahogadas, pero no resueltas. En definitiva, cuando se las guardan para sí, haciendo la conocida “pelota que va creciendo y creciendo” hasta que un día explota, a veces hacia afuera, o peor, a veces hacia adentro (con síntomas de depresión, de baja autoestima,…).

Foto | Daniel lobo, Nate Grigg, Aurimas Mikalauskas en Flickr

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