viernes, 18 de julio de 2014

Enfermeras, contra los males del frío

En todo el país / Trabajan por la prevención Domingo 07 de junio de 2009

Son 500 profesionales que organizan talleres gratuitos sobre infecciones respiratorias para padres de prematuros y chicos pequeños

Susana Espíndola, con mamás de prematuros en la
Unidad de Cuidados Intensivos de la Maternidad.
 Foto: LA NACION / Andrea Knight

En su vida, dice, hubo muchos momentos importantes. Pero nada supera lo que sintió cuando su hija María, de 25 años, le dijo: "Mamá, ya lo decidí: dejo medicina y me paso a enfermería. Es lo mío". 
Ese día, Ana María Mansilla sintió que la semilla que su madre y su abuela habían hecho germinar en ella seguía su ¿inevitable? destino.






"Y sí? es que con María tendremos la cuarta generación de enfermeras en la familia", dice esta activa mujer de 45 años mientras acomoda carteles con las palabras "virus", "bacterias", "tos", "fiebre" y otras no demasiado amigables, sobre un pizarrón portátil que dentro de unos minutos le permitirá dar -una vez más- un taller de educación para padres de bebes y niños pequeños, con el objetivo de que la educación ayude a disminuir las reinternaciones, las secuelas y la mortalidad que producen las infecciones respiratorias agudas bajas (IRAB), la principal causa de consulta médica y de internación en menores de 2 años (ver recuadro).

Los talleres que Ana María Mansilla ofrece a papás de bebes prematuros recién nacidos y en seguimiento en el Policlínico de San Justo, donde es enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN), son la reproducción de la capacitación que ofrece a los enfermeros el laboratorio que produce el anticuerpo monoclonal que se indica, con el aval de las principales sociedades científicas, a bebes prematuros extremos con enfermedades respiratorias o cardiopatías, para dotarlos de mayor inmunidad frente al virus sincicial respiratorio (VSR). Este virus causa una enfermedad muy mencionada cada invierno, la bronquiolitis, una de las IRAB más frecuente en la población pediátrica -para la que no existe vacuna- y que es especialmente riesgosa entre los prematuros, los bebes más vulnerables.

La propuesta inicial fue que enfermeros especializados en terapia intensiva neonatal se capacitaran para capacitar a su vez a padres y cuidadores de prematuros. Pero la tarea se extendió, y los talleres empezaron a darse también a los padres antes de las visitas de control al pediatra, en los barrios (a veces, casa por casa) y en escuelas.

"Se formaron unos 80 enfermeros especializados de todo el país, en la ciudad de Buenos Aires, el conurbano, provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Rosario y Tucumán", dice la licenciada Susana Espíndola, jefa de Enfermería de Terapia Intensiva Neonatal, turno tarde, de la Maternidad Sardá, coordinadora del grupo Enfermeros por la Prevención de los hospitales de la Capital Federal.

"Los colegas transfieren luego la formación a otros, que suman alrededor de 500. Sí, todos trabajamos ad honórem -agrega Susana Espíndola con una sonrisa entre triste e irónica-; y no somos sólo mujeres: hay enfermeros varones en los grupos."

AMAR Y EDUCAR

"Qué bien que explica, qué útil", murmura Débora, la mamá de Ambar, de un año, que desde las 8 de la mañana espera la consulta con el pediatra en el hospital de San Justo, donde nació su hija. Escucha el taller de la enfermera Mercedes Barrera, que detalla la importancia de lavarse bien las manos luego de cambiar los pañales y antes de dar de mamar, y de que todos los adultos se vacunen si llega a la casa un prematuro.

"Es una satisfacción tener este contacto con la gente -dice Mercedes, de 55 años y enfermera hace 9-. La enfermería es mi vocación: crié tres hijos y cuando fueron grandes me puse a estudiar. Hice la secundaria, la carrera de auxiliar de enfermería y después la de enfermera profesional. La gente nos agradece, pero las agradecidas somos nosotras."

En la Maternidad Sardá los talleres se proponen también a los abuelos y a los hermanos mayores de prematuros. "Hay una importante proporción de mamás adolescentes -explica Susana Espíndola-, y los abuelos se ocupan de sus nietos. Y también asisten a los talleres los hijos mayores, que no entienden por qué mamá volvió a casa sin la panza pero sin el bebe, y se sienten aliviados al ver que el hermanito, aunque sea en esa cajita (por la incubadora), finalmente existe."

Gabriela Navarra LA NACION
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