domingo, 27 de julio de 2014

Del libro entre tu pediatra y tú de Carlos Gonzalez

Para Melina, una madre  de estreno

Les escribo para hacer una consulta sobre lactancia materna al doctor Carlos González, colaborador de su revista. Les rogaría que me contestaran cuanto antes porque la situación que a continuación les relato me crea mucho estrés y temo que el niño acabe notándolo.
Estoy amamantando «a demanda» a mi hijo (el primero) que acaba de cumplir dos meses.
El niño está muy bien, sano, dentro de su peso y talla, muy despierto y alegre. El problema es que no sigue ningún horario regular en las tomas y hay veces (sobre todo por las tardes) que no aguanta más de una hora. Su pediatra me ha dicho que le tengo que aguantar mínimo dos horas para ofrecerle el pecho pero no consigo que aguante tanto. Aparte que en cada toma solo coge un pecho (o bien se duerme, o si está despierto, aunque le pongo, es imposible que mame el segundo) y el otro me lo tengo que vaciar con el sacaleches. ¿Aguantaría más tiempo si tomara los dos pechos? y ¿cómo distinguir si llora porque tiene hambre o por otra causa? No sé si le pongo demasiado pronto al pecho o tendría que dejarle llorar más para ver si es otra cosa (gases, pañal sucio, sueño…). No sé si le estaré acostumbrando a que se calme con el pecho tenga o no hambre, y las consecuencias que esto podrá tener más adelante. Por eso les ruego me indiquen si lo estoy haciendo bien, porque aunque quiero seguir dándole el pecho, se me hace muy duro porque es igual por la noche y no se descansa nada, el cansancio y el sueño te hace ver todo más negro y te dan ganas de abandonar la lactancia.
Muchas gracias.
Pilar


Apreciada amiga:
No logro entender qué interés puede tener su pediatra en que su hijo «aguante» dos horas entre toma y toma. Todo el asunto, sencillamente, no se «aguanta» de puro ridículo.

Supongamos que su hijo toma un pecho, lo suelta, y al cabo de quince segundos toma el otro. ¿Tiene su pediatra algo que objetar? Supongamos que toma un pecho, hace el eructo y algunos gorgoritos, y al cabo de cinco minutos toma el otro. ¿Algún problema?
¿Y si pasan quince minutos entre pecho y pecho? ¿Y si pasan sesenta minutos? Si sesenta minutos es «muy poco» tiempo, estará usted de acuerdo en que cinco minutos es menos, y quince segundos es todavía menos. Menos mal que su hijo solo toma un pecho, porque según las normas que le han dado, tendrían que pasar al menos dos horas entre pecho y pecho.

Los niños necesitan a veces un pecho, y a veces dos. A veces necesitan amar veinte minutos de un solo pecho, y a veces acaban en dos minutos y no quieren más. A veces vuelven a mamar al cabo de unos segundos de soltar el pecho, y a veces no lo piden en varias horas. Nadie puede decidir por ellos; su hijo es el único en el mundo que sabe cuándo y cuánto necesita mamar.

Para saber si lloran por hambre o por otra causa, lo más cómodo suele ser ofrecerles el pecho. Si maman y se callan, es que querían pecho; si siguen llorando, es que querían otra cosa. Por supuesto que jamás tendría que dejar llorar a su hijo; no siempre podrá calmar su llanto, porque a veces no sabemos por qué lloran o nos es imposible consolarlos; pero como mínimo se ha de intentar. Si quien llora no es su hijo, sino su marido, su cuñada o su amiga, ¿cuánto rato esperaría usted sin hacer nada antes de intentar consolarles?
Los niños se calman con el pecho cuando tienen hambre, y muchas veces también cuando no la tienen. El pecho no es un simple método de alimentación, sino que aporta mucho más: consuelo, cariño, calor, compañía… Si el pecho solo fuera comida, los niños que toman el biberón no necesitarían nada más; pero en la práctica casi todos los niños necesitan también un chupete. Y les basta con esas dos cosas porque se las da su madre, porque toman el biberón y el chupete en sus brazos; a un huerfanito a quien nadie hiciera de madre, todos los biberones y chupetes no bastarían para evitarle graves daños psicológicos o probablemente la muerte.

Usted no está acostumbrando a su hijo a calmarse con el pecho. Su hijo se calma con el pecho, que es distinto. No sé si se entiende el matiz. Un ejemplo: cada vez que su hijo llore, dele 50 euros y váyase. ¿Cree que se calmará la primera vez? ¿Cree que se calmará cuando lleve un millón gastado y «se acostumbre»? Evidentemente no (tal vez se calmaría si le da el dinero y se queda. Pero es por usted, no por el dinero, si lo coge en brazos también lo puede entretener con una revista vieja). En cambio, con el pecho, no ha hecho falta insistir hasta que «se acostumbró»; la primera vez que se lo dio, ya se calmó. El pecho, o el contacto con mamá, son intrínsecamente calmantes. ¿Qué consecuencias tendrá más adelante el que usted le atienda rápidamente cada vez que llore? Cada vez llorará menos, porque verá que no necesita llorar mucho para que le atiendan. Aprenderá que puede confiar en usted, y a través de usted en los demás. Aprenderá que es importante, que es digno de atención y que puede esperar un buen trato de los demás. Eso le dará confianza en sí mismo y seguridad, capacidad para establecer relaciones interpersonales sólidas de amistad recíproca con otros seres humanos. En definitiva, la felicidad. Desde luego, es agotador tener hijos y criarlos. Pero es más agotador todavía si tienes que seguir ridículos horarios, o dejarlo llorar a media noche para cumplir extraños preceptos seudorreligiosos. Si duerme junto a su hijo y se lo pone al pecho en cuanto dice «ajo», ambos recuperarán el sueño enseguida y podrán descansar bastante bien. Es posible que, para cuando reciba esta respuesta, hayan conseguido obligarla a darle a su hijo algún biberón. Puede dejar de dárselos. Siempre se puede. Solo tiene que tirarlos a la basura y darle solo el pecho. La leche vuelve a salir. Espero que estas reflexiones le sean útiles, y le deseo toda la felicidad con su hijo. Ya nos contará más adelante cómo le va. Saludos cordiales.

Carlos González
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