viernes, 1 de noviembre de 2013

La increíble mirada de un recién nacido

30 septiembre, 2013 de Pepa j.Calero


Reconozcámoslo, hay algo mágico, conmovedor, milagroso en esa primera mirada de un recién nacido en sus primeros minutos de vida.

A pesar de haberlo visto miles de veces, me sigue provocando la misma ternura y asombro que al resto de compañeros.  Esa mirada contiene, estoy convencida,  el misterio del ser humano.

Un bebé mira a quien lo mira con una intensidad y fijeza tal que fascina a aquel que lo ve. Esos ojos claros o gris azulado que lloran sin lágrimas son el centro de atención de todos.

Expresiones como: si parece que está mirando o tiene los ojos abiertos y parece que mira, son expresadas por el padre o la abuela de la criatura. La madre, sin embargo, parece no sorprenderse, como si ella supiera ya muchas cosas de su pequeño,

Recién llegado al mundo, sus ojos abiertos cómo platos establecen contacto visual a una distancia más o menos de 25 cm. La distancia que media entre el pecho y los ojos de su madre.

Permanece alerta un par de horas, las necesarias para agarrar el pecho y contactar por fuera con esa piel que él ha vivido por dentro, percibir  el fantástico ritmo del corazón de quien lo transportaba y, por fin, oír  esa voz que escuchó siempre atenuada a través del líquido amniótico.

A los ojos de su madre es donde dirige su primera mirada. Es el periodo de alerta tranquila, con la mirada brillante, escasos movimientos y la atención puesta en la fuente de estímulos.

Resumiendo, hoy se puede afirmar que un recién nacido:

Reacciona a estímulos luminosos y es capaz de seguir un objeto cercano (20-30 cm) con la mirada.
Detecta los colores brillantes, en especial el rojo.
Ve muy bien a un palmo, palmo y medio de distancia, la distancia que existe desde el bebé cuando está mamando hasta la cara de su madre.
Distingue entre la luz y la oscuridad
Prefieren las imágenes redondeadas, como los rostros humanos, a las formas geométricas.
Si les miramos, fijan su mirada en la nuestra.
Pueden imitar nuestra expresión facial
Le atrae el contraste areola-seno
Le gustan los rostros sonrientes.

Esas miradas que una madre o un padre intercambian con sus hijos recién nacidos son necesarias. Se ha descrito que los padres que cambian miradas con el bebé en el posparto inmediato, las dos primeras horas de vida, son mejor reconocidos por el bebé al cabo de un mes.

Ya lo decía Shakespeare:

“Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón”.
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