miércoles, 13 de marzo de 2013

Hacer difícil lo fácil



 *Wumo, by Wuff & Morgenthaler: "birth"
¿Esto es todo? ¡Cómo nos tienen de engañadas! Estas son las impresiones de una mujer que vivió un parto normal, fisiológico, respetado y sin medicalizar, tras otras dos experiencias anteriores no satisfactorias, una de las cuales terminó en una cesárea innecesaria. Cuantas más historias de parto conozco y cuantos más relatos de parto leo, más segura estoy de una cosa y es que la medicalización rutinaria e injustificada del parto consigue “hacer difícil lo fácil”.

Hartos de ver en los medios y a nuestro alrededor toda la parafernalia de la que se ha rodeado el parto a partir del siglo pasado, creemos que sin las máquinas, los guantes de látex, las agujas y los bisturís, el parto no es posible. Cuando la realidad es que la fuerza de la naturaleza es tal, que consigue que el parto se produzca “a pesar de” todo ese revestimiento innecesario y perjudicial. Aunque, eso sí, de manera traumática en muchos casos y con secuelas tanto para la madre como para el bebé.

¿Es fácil parir? Yo me atrevería a afirmar que SÍ, que parir es fácil, siempre y cuando se den unas determinadas circunstancias. Y hablo de circunstancias y no de la utilización de “herramientas” de ningún tipo. Estas circunstancias son, por un lado, internas, referentes a la mujer que va a dar a luz: su grado de consciencia, sus miedos, sus expectativas y su confianza en sí misma y en el proceso de parto. Y, por otro, circunstancias externas relativas al ambiente en el que se desarrolla el parto, las personas que acompañan a la mujer y la confianza que le inspiran. Con unas circunstancias óptimas, las probabilidades de que el parto se desarrolle con facilidad y sin contratiempos son altas.

¿Y qué se necesita para parir? Despojar la idea que tenemos del parto de toda la parafernalia “médica” de la que hemos hablado antes, es complicado, pues tenemos grabadas a fuego en nuestra mente las imágenes de batas verdes, focos, camillas y estribos. Por eso muchas mujeres creen que todo eso forma parte intrínseca del parto, así que esperan encontrarlo. Si no lo reciben, llegan incluso a pedirlo. Pero parir es mucho más sencillo que todo eso. Para que un bebé nazca solo se necesita a una mujer de parto (efectivamente de parto, no en pródromos), tiempo y un acompañamiento respetuoso por un profesional, formado no solo para resolver los problemas que pudiesen surgir, si es que se presenta alguno, sino sobre todo para atender un parto fisiológico. En un parto normal no se necesita nada más; ni pinchazos, ni medicamentos, ni quirófanos.

En un parto hay varios actores: los protagonistas son la madre y el bebé, los secundarios son las personas que les asisten y acompañan en el proceso, y por último está la suerte.

Al contrario de lo que se suele sugerir sobre la falta de “capacidad” de las mujeres para dar a luz y de los bebés para nacer, el sentido común y la experiencia nos dicen que tanto unas como otros saben perfectamente lo que tienen que hacer y que pueden hacerlo, a su ritmo y sin ayudas externas.

La suerte es impredecible y no se puede controlar, pero las futuras madres sí que podemos influir de alguna manera en el devenir de los acontecimientos a través de la variable de la atención sanitaria, buscando y eligiendo la más adecuada para nosotras y nuestros bebés. ¿Sabes si los profesionales que van a atenderte consideran el parto un proceso fisiológico? ¿O, por el contrario, lo afrontan como si fuese una enfermedad peligrosa que tienen que tratar? ¿Saben atender un parto normal? ¿Crees que con ellos vas a poder parir cuando y como lo necesites, de una forma tranquila y sin intervenciones innecesarias?

Es importante plantearse estas cuestiones porque, realmente, parir es fácil, pero una atención inadecuada nos lo puede poner muy difícil.
Fuente: http://www.elpartoesnuestro.es/blog/2013/03/13/hacer-dificil-lo-facil
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