viernes, 11 de enero de 2013

También habla con el cuerpo

A partir de su llegada al mundo el bebé necesita de su entorno para sobrevivir. Para ello -ante la incapacidad de hablar- aprende ante todo a comunicarse con su cuerpo.
El adulto que lo acompañe será el que significará adecuadamente o no las señales que este bebé lanza al entorno, en espera de la satisfacción de sus necesidades.
No sólo necesita de los cuidados, sino también emitir las señales susceptibles de desencadenar y afinar estos cuidados, explorar el entorno físico en busca de los estímulos necesarios para ejercer sus potencialidades y activar su desarrollo sensomotor.
Las posibilidades que le brinde este adulto al bebé, de hacer, de expresarse, harán factible que se establezca la sensación de ser "capaz de", inicio de una alta autoestima. Por ejemplo, a pocos instantes de nacido el bebé es "capaz de" buscar el pezón y succionar, reflejo que se ha instaurado y ejercitado desde el vientre materno.
Podemos ver, claramente, a través de ecografías, como el feto se succiona el pulgar y es capaz de tragar pequeñas cantidades de líquido amniótico como ejercitación para la deglución futura. Un bebé un
poquito mayor es capaz de, si damos lugar a ello, colaborar cuando se lo viste acercando su mano, dejándonos tomar su pie para pasar una media con delicadeza y armonía en los movimientos, sin tironeos ni tensiones.
Qué me dice cuando se mueve?
Sabemos que el niño muy pequeño está limitado en sus desplazamientos y en la autonomía, dependiendo del adulto, pero simultáneamente para relacionarse con este. Está equipado de un repertorio de comportamientos que lo ligan al adulto para lograr las respuestas a sus demandas. En los avatares de estas primeras interacciones, en la manera de apaciguamiento, de envoltura y sostén, asfixia o seguridad, temor o consuelo que le provean, su rigidez o flexibilidad estarán en la base de la construcción de las matrices afectivas, relacionales y sociales.
Es a través de la forma en que el adulto sostiene, cambia y transporta al bebé que éste recobra la contención perdida y la calma proporcionándole estímulos continuos que le provocan sensaciones primero y percepciones después, necesarias en la construcción de su esquema corporal y de la imagen de sí.
El niño adquiere la percepción de la piel como superficie, por las experiencias de contacto de su cuerpo con el cuerpo de la madre y dentro del cuadro de una relación aseguradora de apego con ella. Se le
tiene en brazos, estrechado por el cuerpo de la madre cuyo calor, olor y movimientos, percibe, se siente llevado, manipulado, frotado, lavado, acariciado y todo ello acompañado generalmente de un baño de palabras y de canturreos.
El adulto también comunica
El niño al nacer tiene un "yo" rudimentario que es eminentemente corporal, tanto nuestras interacciones como intervenciones, de adultos acompañantes, son decisivas. Somos nosotros los que iremos organizando sus expresiones a partir de nuestras respuestas.
Si el cuerpo con sus movimientos quiere "decirnos algo" debemos tratar de "leerlo". A partir de allí comenzaremos a establecer un diálogo corporal, gestual que poco a poco se irá organizando, estableciendo pautas de comunicación no verbal entre la mamá y el bebé que se profundizarán y complejizarán en el transcurso de su desarrollo. Siendo fundamental hacerlo desde las interacciones más tempranas con el niño, pues junto con la modalidad que tengan se irán instaurando, lo que ya he mencionado, matrices emocionales y relacionales, y también las matrices de aprendizajes futuros.
Esto nos lleva a pensar sobre permitir, facilitar, favorecer el lenguaje corporal y gestual. Aquí se nos hace innegable la importancia que tiene en el desarrollo de este bebé como persona, en la estructuración de su aparato psíquico, el Vínculo de Apego y el Desarrollo Postural Autónomo. A través de esta conjunción indispensable es que el bebé realmente se sentirá seguro, capaz de..., el sostén afectivo y la libertad en los movimientos le permitirán expresarse, al poder elegir, tomar, buscar, experimentar, decidir, comprobar, colaborar, participar espontáneamente en cada uno de los momentos de vigilia, tanto en los de la interacción con el adulto, comida, higiene y vestido, como en los de actividad de juego autónomo.
¿Qué debo hacer para facilitar su lenguaje corporal?
Si pensamos que el bebé puede decirnos algo a través de sus movimientos, nos estaríamos contradiciendo por ejemplo, si lo sentáramos largos períodos en un bebesit, sin posibilidad de manifestarse. El bebé, así semisentado, sólo podría expresarse a medias o bien manifestaría sus incomodidades y necesidades llorando y gritando. Pues es la expresividad motriz su forma de darse a conocer en el mundo y por esto debemos tener presente la importancia del movimiento a tan temprana edad.
Para facilitar entonces su lenguaje corporal se debe disponer de un espacio seguro y firme, porque de ser mullido se hunden sus talones y no logra un verdadero apoyo.
En los primeros meses podremos ubicar al bebé en la cuna sobre un colchón firme y a partir del 3ro. o 4to. mes sobre el piso, comenzando con la posición boca arriba (decúbito dorsal). De esta forma tendrá la posibilidad expresarse mejor ya que podrá mover sus extremidades libremente y de esta forma comenzar un proceso de fortalecimiento y ejercitación necesario en esta etapa tan temprana de desarrollo. Esta posición también estimulará su visión ya que podrá rotar su cabecita para ver todo el medio que lo rodea. De otra forma sólo vería una sola porción del espacio circundante ya que no podrá mover su cabeza por sus propios medios y se perderá la capacidad de "explorar" su propio espacio.
Todo este fortalecimiento y ejercitación que se le facilita se manifestará en sus músculos y articulaciones, en el movimiento de ambas cinturas (escapular y pélvica) en la capacidad de adquisición, por la acción constante primero sobre su cuerpo y luego sobre los objetos de su entorno y también en la coordinación óculo manual.
Procesos para un correcto desarrollo postural autónomo.
Cuando hablamos de desarrollo postural autónomo nos referimos a la adquisición de cada una de las posturas a su tiempo y ritmo, evolucionando de decúbito dorsal a ventral, girando y luego rolando (darse vuelta), reptando, pasando a cuadrupedia (gatear), a posición de sentado y progresivamente arribando a la posición parado hasta acceder a la marcha.
Por Lic. Marisa Russomando, Psicóloga (MN) 23189, www.marisarussomando.com.ar
Directora del espacio La Cigüeña, www.espaciolc.com.ar
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