miércoles, 23 de enero de 2013

La cesárea no duele II


Por Eva María
La cesárea.
En fin, un montón de imágenes y de frases se me agolpan en la cabeza cuando escucho esa palabra.


Para mí, antes, antes de mi hijo, antes de mi propia experiencia, la cesárea era solo una opción más... una opción que se utilizaba como solución ante una posible complicación. La verdad es que nunca me había parado a pensar en ello.

Cuando me quedé embarazada nunca contemplé esa opción. Era joven, estaba preparada para un parto, no tenía miedo al dolor... una cesárea jamás entró en mis planes. A mí no me iba a pasar...

Cuando me puse de parto, (se me rompió la bolsa), estaba a término. Después de una duchita y demás nos fuimos a la clínica... allí y tras una inducción que fracasó me propusieron (¿impusieron?) la operación.

Y ahí empezó el dolor. ¿Dolor? No. Ahí empezó el miedo... pánico, pavor.

Una camilla fría, no me dejan despedirme de mis seres queridos, ni un beso a mis papás, que estaban conmigo, ni un beso a mi marido... Una camilla que corría (no había motivo ni prisas), un pasillo con luces, un quirófano frío y unos "profesionales" más fríos aún...

Pinchazos (hasta 8 agujas distintas) para poner la anestesia... aún no había dolor, más que el provocado por las contracciones de oxitocina sintética... solo había miedo...

Una vez pinchada, y por primera vez en mi vida en un quirófano, por primera vez en mi vida en un hospital, me atan las manos, los brazos... estoy semidesnuda, atada... vulnerable... sin saber qué pasa, nadie me habla, yo no soy nada ni nadie ahí… Miedo, mucho miedo y frío.

Un celador se apiada y me da la mano. Lloro. Me siento TAN pequeña...

Sacan a mi bebé y no me lo enseñan, no pasa nada, solo es que no lo hacen... pido verlo, y me lo enseñan tres segundos, lo sacan con el papá. Sé que todo (mi hijo, mi amor) está bien, yo me doy igual. Me cosen, me llevan a la habitación.

Mientras dura todo el proceso no hay dolor, solo sensaciones extrañas semiadormecidas por sedantes y analgésicos.

Quiero coger a mi bebé, el médico entra en ese momento y no me deja, me dice que "con la tripa abierta en canal" no se puede, me puedo desangrar. “Quietecita”.

Recuerdo frío de nuevo, hambre, sed...

Al día siguiente y en lo sucesivo, recuerdo dolor físico, pero poco, no quiero ningún analgésico, quiero estar despierta, coger a mi bebé, ponerle al pecho...

Recuerdo "asco" al saber que la herida me la tenía que curar yo... No quería. Me ayuda mi madre. Yo soy incapaz de mirar la cicatriz.

Después llega el miedo a reír. (Dios!!! acabas de tener un bebé, eres feliz y no puedes demostrarlo, no puedes soltar una carcajada, eso se abre!!)... no puedes expresar sentimientos, el llanto también te lo prohíbes, al llorar sí que duele. Duele la herida... También duele toser, estornudar... puf!!! Pasas unos días temiendo que eso se abra y temiendo que se descuelguen por ahí las tripas, ahora sí que duele, duele mucho... andas mal, no puedes ir erguida del todo para que no tire y no demuestras mucha viveza, tu cuerpo se amolda a estar semidormido para no sentir dolor...

Pero esto pasa... sin pena ni gloria, son unos días, míseros días.



Luego llega EL DOLOR.

El fracaso, la sensación de impotencia, el despertar... Ya ha pasado lo que tú soñabas que sería el momento más importante y feliz de tu vida. Ese momento que cada día soñabas tocándote  la tripa,  deseando vivirlo. Colaborar con tu hijo,  ese primer trabajo juntos...

Ya ha pasado y ¿qué queda? Dolor, soledad, vacío. Una pena TAN infinita y grande.

No te queda nada. Nadie te entiende.

A tu alrededor baile de colores, gente feliz, "ha sido lo mejor", "estabas sufriendo mucho", "no todo el mundo dilata", "ha nacido por la puerta grande", "mira qué bonito, naciendo sin sufrir"... y nadie, nadie te entiende y lloras sola, encerrada en el baño.

Sientes que no te enamoraste al principio, no le oliste ni le reconociste... no se despierta tu lado mamífero... pierdes esa conexión.

Y duele TANTO.

Es un agujero en el pecho, grande. ¿Cuántas oportunidades más en la vida te quedan? Y aunque el resto sean favorables, te han robado esa!!!! el parto de tu hijo!!!!! ya jamás volverá!!!!

Y cuatro años y medio después, aquí frente a un ordenador y recordando sigue doliendo, y sigues añorando esa vivencia. La que nunca volverá... y no puedes dejar de llorar y preguntar por qué... y te das cuenta de que, aunque te mueras con 100 años, ese dolor jamás desaparecerá... forma parte de ti: la cicatriz te ha marcado para siempre el cuerpo y el corazón...

Y te preguntas ¿por qué? ¿Cómo puede ser que, en ocasiones, la cesárea sea algo elegido? ¿Cómo se puede banalizar algo así? A estas preguntas no suelo tener respuesta. O sí. Hay una frase que dice mucho: "En ocasiones se es más feliz por la ignorancia que por el conocimiento" y supongo que aquí es así... porque a mí, la cesárea, físicamente no me dolió, pero NUNCA  superaré el posparto eterno que me está haciendo pasar...
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...