viernes, 11 de enero de 2013

El cuerpo tiene la palabra por Sergio Sinay


Domingo 24 de octubre de 2010 / Publicado en edición impresa
Oxígeno / Diálogos del alma

Señor Sinay: ¿todas las enfermedades son psicosomáticas? Ultimamente he leído notas, informes y hasta vi películas sobre el poder de la mente con respecto a la enfermedad y a la salud. ¿Cree usted que somos capaces de fabricar emociones tales que enfermen nuestro cuerpo? Tengo un duro debate sobre este tema. Yo sigo la línea de la querida Nana Schnake, y me gustaría conocer otras opiniones.
Patricia F. Alegre
La querida Nana Schnake, a quien se refiere nuestra amiga Patricia, es la médica, psiquiatra y psicoterapeuta Adriana Schnake, figura legendaria y respetada en el ámbito de la psicoterapia humanística, formadora y referente de varias generaciones de terapeutas en el mundo. En La voz del síntoma (libro que con Diálogos del cuerpo y Enfermedad, síntoma y carácter completa su valiosa trilogía acerca del enfoque holístico de la salud y la enfermedad), Schnake propone conocer lo que cura, no lo que enferma, y basándose en esta consigna inquiere: "¿Es de utilidad preguntarse qué aspectos nuestros pueden favorecer la presencia de una enfermedad que nos abruma?". Su respuesta es afirmativa. Darse cuenta de la relación entre persona y enfermedad, señala, beneficia a quien enferma y contribuye a su armonía. El vínculo entre la persona y su órgano afectado, sostiene la gran médica chilena, va mucho más allá de lo fisiológico. Nuestro cuerpo habla, los síntomas son su voz. Además, somos nuestro cuerpo; no hay disociación entre él, la mente, lo psíquico, lo emocional, lo espiritual.
Cada órgano tiene características únicas y esenciales. Es necesario conocerlas más allá de lo anatómico y fisiológico, propone Schnake. Ella suele escuchar (a través de trabajos profundamente vivenciales con los pacientes) la "voz" de los órganos enfermos. Si la función del corazón es recibir sangre para alimentarse de ella y distribuirla y entregarla a todos los demás órganos, cuando no recibe esa sangre no puede darla. "El sabe recibir y dar", dice Nana. Pero no puede dar más de lo que recibe. La doctora Schnake ha comprobado la sintonía asombrosa que hay entre corazones enfermos y debilitados y el carácter o las actitudes de muchas personas que padecen esas cardiopatías. Y esas mismas afinidades las ha descubierto en otros órganos, sobre todo a partir de que los pacientes afectados pudieron ponerse en el lugar del órgano aquejado, dejar de verlo como algo ajeno, de enojarse con su defección y de luchar con él o con la enfermedad sin escuchar el mensaje de la misma.
De esos mensajes también se ocupa intensamente el médico alemán Ruediger Dahlke, que irrumpió hacia los años ochenta con La enfermedad como camino (escrita con Thorwald Dethlefsen), una revolucionaria mirada sobre las enfermedades más allá de lo orgánico. La salud no es algo exterior -dice Dahlke-: nace en un punto muy profundo de nuestra interioridad. Lo mismo ocurre con la enfermedad. El lenguaje de los síntomas es el más hablado en el mundo, señala en La enfermedad como símbolo, otro de sus libros. Todos lo hablamos, "aunque no seamos conscientes de este hecho y muchos ya ni comprendan su propio lenguaje corporal". Si pudiéramos volver a escucharnos en las voces de nuestros síntomas (en lugar de acallarlas, urgidos por el miedo o por prisas a menudo banales), recuperaríamos, afirma Dahlke, "un inabarcable tesoro de conocimientos que yace adormecido en nosotros."
Psicosomático es un término que integra a otros dos, de origen griego: psyké (alma) y soma (cuerpo). En medicina refiere a manifestaciones orgánicas que, se cree, tienen un origen psíquico. ¿Todas las enfermedades son psicosomáticas? Tanto una respuesta afirmativa como una negativa pueden ser reduccionistas, simplificadoras. Decir que sí puede disparar, como advierte Dahlke, un furor interpretativo; sería una invitación a juzgar y criticar al paciente. Decir que no equivaldría a cerrar la puerta al conocimiento integral de la persona (cosa que el gran médico y alquimista suizo Paracelso pedía a los médicos ya en el siglo XVI). En todo caso, convendría no olvidar que nunca es un órgano el que enferma, sino una persona. Y que esa persona es mucho más que su presencia física. "La enfermedad desvela la sombra", escribe Dahlke. La sombra es aquella parte de cada uno de nosotros más oculta y a menudo más negada. Si dejamos que el cuerpo nos hable y lo escuchamos con respeto y honestidad, sin intentar acallarlo o negarlo, tendremos en él, como señala el médico alemán, al mejor terapeuta. El que nos ayudará a estar más sanos en toda la dimensión de nuestro ser.
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