viernes, 9 de agosto de 2013

¿Por qué fracasa una lactancia?



A menudo nos preguntamos
¿Por qué fracasa una lactancia?
¿Por qué en las últimas décadas nos fuimos convenciendo de que es bastante normal que una mujer pueda o no pueda amamantar a su bebé?
¿Qué la lactancia es algo que “podría funcionar”, cómo no?
¿Es tan común que una hembra humana no tenga suficiente leche para su cría?
¿Cómo hace el resto de las mamíferas?

El hombre pisó la faz de la tierra hace aproximadamente medio millón de años. La leche de fórmula hizo su aparición hace algo de 60 años atrás. ¿Cómo fue que llegamos hasta aquí y sobrevivimos como especie dominante si la lactancia fuera algo tan susceptible de fallar? ¿Cómo fue que una preparación originalmente ideada para alimentar a los niños huérfanos de la posguerra sea hoy en día una opción para tantas madres sanas y bebés sanos, disponible en la góndola de cualquier supermercado?

Quizás la ciencia, que tanto nos ha beneficiado a lo largo de los años y que, sin dudas, salva vidas todos los días, nos ha jugado una mala pasada en este aspecto, desde el momento en que la trilogía “Embarazo – Parto – Lactancia” empezó a vivirse como un hecho médico.

Pasamos los 9 meses del embarazo con controles mensuales como si realmente se tratara de una enfermedad que hay que seguir de cerca, desconfiando de nuestra capacidad de gestar un bebé sano. Luego, vamos a parir rodeadas de un enorme equipo médico, entregadas y confiadas, pensando que dependemos de ellos para que nos digan qué hacer, qué posición adoptar, cuándo pujar, sin mencionar todas las prácticas de rutina que manipulan el curso natural del nacimiento, como inducciones, episiotomías y, en el peor de los casos, cesáreas innecesarias. Y cuando llega la hora de hacernos cargo de esas crías que parimos, también tenemos miedo de no poder alimentarlas con nuestra leche, porque podemos ser de “esas madres que no tienen". Algunas mujeres sentimos una altísima presión al respecto, como si estuviéramos rindiendo un examen que nos ubicará en la categoría de mejor o peor madre, sin entender que a veces nosotras mismas somos quienes boicoteamos nuestra propia esencia femenina, los saberes ancestrales que están grabados en el ADN de cada una de nosotras. Esos que nos guiarían por el mejor camino si realmente fluyéramos con el pulso de la vida y confiáramos en nosotras mismas y en nuestra capacidad de gestar, parir y amamantar. Nos olvidamos de que estamos diseñadas para las tres cosas por igual, porque son parte de un mismo ciclo. El ciclo de la vida.

Volviendo a la lactancia, ¿pueden surgir problemas? Sí, claro que sí. Como en todos los órdenes de la vida. Y así como aparecen, pueden resolverse con el apoyo adecuado y la información correcta. Pero el deseo y la confianza en que podemos amamantar son vitales para el éxito de la lactancia.

¿Existen mujeres que no producen suficiente leche? Sí, existen. Pero la hipogalactia real (no la que a veces nos quieren hacer creer que padecemos), se reduce a casos muy específicos, principalmente relacionados con:

Hipotiroidismo
Retención de placenta post-parto
Agenesia de tejido mamario (que es cuando las mamas no se han desarrollado adecuadamente y no han cambiado demasiado de tamaño durante el embarazo)
Cirugía de reducción mamaria
Síndrome de Sheenan (que es la necrosis de la hipófisis por falta de riego sanguíneo durante el parto, debido a la pérdida de sangre)
Déficit congénito de prolactina (que es hereditario y sumamente raro)
Desnutrición materna.

Descartando estas cuestiones, la hipogalactia que algunas madres creen tener a veces, no es tal
.
¿Qué sucede entonces en el resto de los casos en los que la lactancia no prospera?
Pensemos por un segundo que si hasta una madre adoptiva puede dar el pecho (con un plan de estimulación intensiva y el uso de galactogogos), ¿por qué no podría hacerlo una madre natural?

Que no se nos mal entienda, por favor. Lo último que pretendemos es hacer sentir mal a ninguna madre que haya tenido dificultades que la han llevado a abandonar la lactancia. Pero nos parece de vital importancia que todas las mujeres sepan que la lactancia es posible en aproximadamente el 99% de los casos, y que por eso muchas veces usamos la generalidad de que “todas las mujeres pueden amamantar”. Y que si alguna mamá tuvo problemas en la lactancia de su primer hijo, que sepa que las cosas pueden ser diferentes en una futura experiencia.

Desde nuestro lugar, aportaremos incansablemente nuestro granito de arena para alentar, informar y acompañar a todas las madres que deseen amamantar y estén atravesando por alguna dificultad. Necesitamos volver a creer en el poder de la mujer, en su naturaleza creadora y dadora de vida. Y de una vez y para siempre desterrar los fantasmas y mitos que rodean a la lactancia y que son día a día sostenidos y difundidos por miles de profesionales de la salud (y madres, y suegras, y amigas y vecinas y perfectos extraños) que poco saben de la materia, y que por más buenas intenciones que posean, no hacen más que lastimar la confianza que toda mujer-madre necesita tener en ella misma.
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