miércoles, 7 de agosto de 2013

Las distintas caras de la adopción

Reflexiones adopción



Quienes deciden incorporar un niño a su familia mediante la adopción encaran un universo particular en el que las leyes, los deseos personales, la realidad de los chicos en situación de ser adoptados y los tiempos de espera organizan un recorrido particular. Más allá del deseo y de la ley: diversos aspectos de un tema siempre controversial. Por Gabriela Baby

Existen muchos tipos de familias y muchas maneras de constituirlas. Cuando una pareja, o una persona sola, quieren tener hijos y no puede procrear (o por algún motivo decide no hacerlo) la adopción es un camino posible que tiene sus propias características.

Una de ellas, y definitoria, es que se trata de un procedimiento judicial, en el que las leyes, los derechos de los niños, los casos concretos de niños en situación de adoptabilidad y los tiempos procesales tienen su propio peso.

Por eso, quienes toman la decisión de adoptar y se inscriben en los registros como postulantes, suelen asombrarse antelas preguntas que deben responder en las sucesivas entrevistas con funcionarios del
Estado: ¿Qué edad podría tener el chico que quiere adoptar?; ¿Nena o nene?; ¿Aceptaría un chico con alguna enfermedad?; ¿Podría usted adoptar un grupo de hermanos? Preguntas que desconciertan, incomodan o asombran, pero que de alguna manera inauguran un espacio donde replantearse el significado social de la adopción.

Del niño soñado al hijo real
Yael Bendel, presidenta del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires, describe el procedimiento legal para adoptar: “Hace nueve años se creó a nivel nacional el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (RUA): un listado unificado, organizado por provincias. Los postulantes tienen que presentar una serie de papeles, se les hacen entrevistas y se los invita a participar de algunos talleres. Hay una serie de acercamientos para conocerlos antes de aprobarlos como postulantes”. Estas entrevistas implican para muchas personas un baño de realidad, empezar a conocer a los chicos que están en situación de ser adoptados.

Porque, del mismo modo que en la familia biológica el hijo ideal deja lugar al hijo concreto –que no es tan perfecto como fue soñado-, en el proceso de adopción también el hijo posible va desplazando a aquel niño idealizado.

Bendel explica: “Una vez que los postulantes están aprobados integran una lista, que en la ciudad de Buenos Aires se llama RUAGA (Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos). Cuando aparece un chico, chica o un grupo de hermanos que pueden ser adoptados porque así lo dictaminó el juez, se toma el más antiguo de esa lista y se cruzan los datos, manteniendo en lo posible la cercanía territorial”.

La coincidencia entre los niños en situación de adoptabilidad y los postulantes parece sencilla, pero la edad actúa la mayoría delas veces como un impedimento. “Sólo un20 por ciento de los chicos que viven en hogares de menores está en situación de ser adoptado. Y de ellos, sólo el uno por ciento es menor de tres años, que es la edad que pide la mayoría de los postulantes a adoptar”, describe Bendel.

En números concretos la situación es la siguiente: en Buenos Aires hay alrededor de 1.100 postulaciones aprobadas y unos 800 chicos en hogares, de los cuales solo un 20 por ciento está en situación de adoptabilidad.
“En ese pequeño número hay que observar además otros factores: si tienen hermanos –muchos postulantes no quieren parejas de hermanos y nuestra política es mantener los lazos primarios todo lo que se pueda- o si tienen alguna enfermedad o capacidades especiales, porque la mayoría de la gente que se postula para adoptar tampoco quiere chicos que tengan alguna enfermedad”, señala la funcionaria. Números que no encajan dan como resultado una situación en la que todos pierden.

Padres, madres y después familias
“Decir que los postulantes quieren solamente bebés es una lectura bastante facilista de la situación”, dispara Laura Salvador de Ser familia por adopción, una organización creada por dos madres que se conocieron haciendo trámites para adoptar a sus hijos, y que actualmente brinda orientación a los postulantes a través de su sitio web y de numerosas actividades (www.serfamiliaporadopcion.org ).

“Cuando un juez pone a un niño en un hogar–continúa Salvador-, lo institucionaliza para protegerlo y siente que lo salvó de una situación muy grave. Pero después pueden pasar años sin revincularlo con su familia de origen, ni declarar la adoptabilidad o buscar una familia de guarda. Entonces, ese chico, que entró a una institución con 7años de edad, al poco tiempo tiene 12. Y a ese juez le va a costar encontrar un papá o mamá adoptivos”.

Salvador tiene gran experiencia en adopción: primero adoptó a la hija de su marido cuando ésta tenía 6 años (hoy tiene 37); la segunda vez adoptó un bebé y la tercera vez adoptó a Luciano, con 12 años, quien ahora tiene 21 (ver recuadro: “Y un día llegó mi hijo grande”).

“Es verdad que hay que tratar de que los  chicos vuelvan con sus familias biológicas, y esto lleva tiempo. Pero, en general, los tiempos se podrían acortar”, completa Laura Rubio (apodada Joyla), su socia.

Ambas participaron en las audiencias públicas para la reforma del Código Civil aportando ideas contra la burocratización y a favor de acelerar los tiempos en la dinámica de la adopción. Su trabajo se focaliza sobre los postulantes a adoptar. “Tiene que haber un acompañamiento para el que quiere adoptar durante su proceso de espera; para que pueda pensar profundamente sus posibilidades, sus deseos y sus necesidades, y también para considerar ir ampliando el rango de edad. Porque psicológica y culturalmente somos padres de bebés, nadie dice: ‘me caso y voy a tener un hijo que tenga12 años’”, afirma Joyla.

En los talleres de Ser familia por adopción se analiza la construcción imaginaria de ese hijo que va a venir. Fantasmas, miedos y anhelos: todos presentes. “Se trata de reflexionar sobre las fortalezas y las debilidad es de cada uno. Porque somos más fuertes de lo que creemos, solo que no tenemos confianza en nosotros mismos. Y por otro lado, tenemos que trabajar la visión del hijo posible, que no es el ideal. En la adopción, el ideal tiene que ver con el bebé: se piensa que por ser bebé una madre o un padre lo va a modelar bajo su propia forma. Y esto no es así: todo hijo tiene una historia previa”, subraya Salvador.

La perspectiva social Marisa Graham, especialista en adopción y directora de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, comenta: “Socialmente, adoptar chicos grandes es visto como una complicación. Si una pareja–o una persona- deciden adoptar un chico de ocho años, por ejemplo, es esperable que le digan ‘te compraste un problema’ o ‘¿lo pensaste bien?, es un lío’. Entonces tenemos que desarmar prejuicios sociales fuertemente instalados”. A pesar de que en materia de adopción el panorama aún se muestra incierto, Graham es optimista. “Aunque hoy todavía en el 99por ciento de los casos el postulante pone como condición que el niño o niña tenga de cero a dos años, hemos avanzado. Porque hace unas décadas estas condiciones eran: de cero a seis meses, varón y sano”, describe. “Hemos logrado, como país, instalar el tema del derecho de los niños y las niñas a tener una familia y que el Estado sea quien tiene que garantizar ese derecho.

Y hemos avanzado en ese sentido, porque hace un siglo se pensaba que los ricos debían adoptar a los hijos de los pobres. O que trayendo un chico del campo a la ciudad se lo salvaba”. La reforma propuesta al Código Civil traería al tema de la adopción no solo el acortamiento de los plazos judiciales, sino también la obligación de escuchar al niño y a su familia biológica durante el proceso adoptivo. “Incluir a la familia biológica en el proceso tiene que ver con desarmar fantasmas y hacer adopciones sólidas, en las que todas las partes estén de acuerdo y se respete el derecho del niño a conocer su origen. Porque se trata de los derechos del niño, nada más que eso”, aporta la especialista.

Puesto en movimiento, el deseo de ser padreo madre teje en su camino una trama que se entrelaza también con las leyes civiles, con las necesidades de otras personas, las historias de otras familias, los derechos de la infancia y un panorama de realidades únicas y diferentes a la cotidiana de cada uno. Mente abierta, claridad, paciencia, escucha atenta y acompañamiento son condiciones que este camino impone. Que sostengan y alimenten esa primera llamita, el deseo primero de ser mamá y papá.

Y un día llegó mi hijo grande
“Me llamaron un martes a la mañana de dos lugares distintos donde estábamos inscriptos, diciendo que había dos nenes de 12 años”, cuenta su experiencia Laura Salvador, dela ONG Ser familias por adopción. "Increíble: ¡la misma edad! Finalmente fuimos a buscar a Luciano, que estaba viviendo a 250 km. de casa, y empezó el acercamiento: fuimos de visita un día, otro día fuimos a la plaza, al otro fin de semana hicimos una salida más larga. Mientras tanto, hacíamos las entrevistas en el juzgado para que nos fueran conociendo. Empezó a venir a casa los fines de semana, hasta que el cuarto o quinto fin de semana se quedó a vivir con nosotros. Al principio mi marido y yo éramos dos ilustres desconocidos para él. Y llevó mucho tiempo reconocernos como mamá, papá e hijo. A los6 meses de estar en casa cumplió los 13 años”. Luciano hoy tiene 21 años, y una familia compuesta por papá, mamá y dos hermanos.

Más info:
En www.serfamiliaporadopcion.org  hay mucha información: desde testimonios hasta jurisprudencia, orientación psicológica, encuentros nacionales y acompañamiento.
En el Hogar Buenos Aires hay un programa de voluntariado y actividades para compartir con la comunidad: www.hogarbsas.org.ar

Para inscribirse como adoptante
• En ciudad de Buenos Aires: RUAGA (Registro Único de Aspirantes a Guardas con finesAdoptivos) Bartolomé Mitre 648 Piso 8º Tel. 4331-3254/3340/3207
• Y en todo el país: RUA (Registro Único de Adopción).Av. Belgrano 1177, 1º Piso. CABA. Tel. 4384-9107/08/09

Para seguir pensando
Películas:
Los chicos invisibles, de Mario Levit, ilustra la situación de desencuentro entre los postulantes a adoptar y los chicos viviendo en hogares. Aunque los números que presenta no son actuales, bien valen los testimonios. (www.facebook.com/loschicosinvisibles)
Romper el huevo, de Roberto Maiocco, cuenta la historia de Manso, un hombre solitario que está deprimido y quiere suicidarse. Hasta que llega a su vida el Pollo, un niño que esperó durante doce años ser adoptado. Bajo la pregunta quién adopta a quién, la película plantea, con mucho humor y ternura, los desencuentros que llevan a esta dupla padre-hijo a un lugar de encuentro.
El niño de la bicicleta, de Jean-Pierre y Luc Dardenne, cuenta la historia de un chico abandonado por su padre, que vive en una granja estatal y establece un vínculo de amistad con la peluquera del pueblo.


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